Portada de la novela SU CIERVA, SU CONDENA

SU CIERVA, SU CONDENA

9.6 / 10.0
Resumen de SU CIERVA, SU CONDENA
Advertencia de contenido: Esta historia contiene temas maduros y contenido explícito destinada a mayores de edad (+18). Se recomienda discreción. Incluye elementos como dinámicas de BDSM, contenido sexual explícito, relaciones familiares tóxicas, violencia ocasional y lenguaje fuerte. No es un romance ligero. Es intenso, crudo y caótico, y explora el lado oscuro del deseo. ***** "Quítate el vestido, Meadow". "¿Por qué?". "Porque tu ex está mirando", dijo, recostándose en su asiento. "Y quiero que vea lo que perdió". ••••*••••*••••* Se suponía que Meadow Russell iba a casarse con el amor de su vida en Las Vegas. En cambio, encontró a su hermana gemela en una situación comprometedora con su prometido. Un trago en el bar se convirtió en diez. Un error en estado de ebriedad se volvió realidad. Y la oferta de un extraño se transformó en un contrato que firmó con manos temblorosas y un anillo de diamantes. Alaric Ashford es el diablo con un traje a medida de diseñador. Un multimillonario CEO, brutal y posesivo. Un hombre nacido en un imperio de sangre y acero. También sufre de una condición neurológica: no puede sentir: ni objetos, ni dolor, ni siquiera el tacto humano. Pero todo cambió cuando Meadow lo tocó, pues sintió cada emoción. Y ahora la posee. Legal y emocionalmente. Ella quiere que la destruya. Que tome lo que nadie más pudo tener. Él quiere control, obediencia... venganza. Pero lo que comienza como una transacción lentamente se transforma inesperadamente en un vínculo emocional que Meadow nunca vio venir. Obsesión, secretos que nunca debieron salir a la luz, y un dolor del pasado que amenaza con romperlo todo. Alaric no comparte lo que es suyo. Ni su empresa. Ni su esposa. Y mucho menos su venganza.
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SU CIERVA, SU CONDENA Capítulo 1

Punto de vista de Meadow:

"Hola. Tengo una reserva. Meadow Russell".

La recepcionista levantó la vista y luego retrocedió un poco, recorriéndome con la mirada de arriba abajo. Sus labios rojos se torcieron en una mueca de desprecio.

"Está bromeando, ¿verdad?", inquirió, volviéndose hacia su compañera que tenía una expresión similar en el rostro.

Parpadeé, frunciendo el ceño, y pregunté: "¿Perdón?".

Las mujeres intercambiaron otra mirada que me puso la piel de gallina. ¿Qué les pasaba? Lo único que quería era conseguir las llaves de mi habitación y esperar a mi prometido, Tyler.

Nos casábamos en unas horas. Iba a ser una ceremonia privada, solo él y yo. No iba a dejar que nadie arruinara mis planes, mucho menos un par de empleadas groseras.

La recepcionista ladeó la cabeza para mirarme. "Ya se registró hace dos horas. Si esto es una broma, le sugiero que la deje ya antes de que llame a la seguridad".

Fruncí el ceño. "¿Qué? Yo no me he registrado". Una risa nerviosa escapó de mi boca.

La segunda recepcionista me echó un vistazo como si estuviera considerando algo y luego se volvió hacia su compañera. "Enséñale".

La otra me fulminó con la mirada, pero hizo lo que le indicaron. Giró su computadora portátil hacia mí, haciendo clic en un botón. Y luego señaló algo.

La lista de registros.

Efectivamente, mi nombre estaba ahí. Meadow Russell.

"Oh". Solté una risa. "Probablemente sea mi prometido. Debe de haberse registrado con mi nombre. Aunque se suponía que yo llegaría antes que él... Por eso me sorprende tanto".

Ellas se miraron entre sí, con expresión de confusión.

"No es una broma graciosa, señorita", comentó la segunda recepcionista. "Se registró con un hombre hace dos horas. Lo sé porque le hice un cumplido por ese top tan bonito que lleva".

Miré el top blanco con la palabra "NOVIA" escrita en él.

Tyler me lo había regalado hacía unos días. Dijo que lo vio y pensó que me quedaría muy bien para la boda.

"Y luego dijo que se casaba muy pronto", terminó la de labios rojos por ella.

Algo pesado se me revolvió en el estómago, junto con mi corazón. Algo andaba mal.

"Tiene que ser un malentendido...". Me quedé callada.

Porque no había forma... No existía ni una maldita posibilidad.

"Esa no fui yo", dije con firmeza esta vez.

Intercambiaron otra mirada y, cuando ambas me miraron, pude ver algo parecido a la lástima en sus expresiones.

No me gustó esa mirada. Para nada.

Finalmente, la primera recepcionista suspiró. "No sé por qué, pero le creo". Luego se echó hacia atrás para buscar algo.

Apareció con una tarjeta de acceso. "Espero que lo arregle", murmuró, forzando una sonrisa en su rostro.

No pude respirar durante todo el trayecto en el elevador.

Esto no era posible. Ella no lo haría...

No. No después de todo.

Sin embargo, incluso cuando deslicé la tarjeta de acceso para abrir la puerta de nuestra habitación, mi corazón se aceleró y la bilis se me subió a la garganta.

Abrir la puerta solo confirmó mis temores.

Mi hermana gemela, Juniper, estaba ahí, en la misama cama con mi novio.

Durante un minuto entero, lo único que pude hacer fue mirar. Me quedé ahí de pie, y dejé caer mi bolso al suelo con un golpe sordo. El interior de mis mejillas me dolía por lo fuerte que las mordía. Las lágrimas ya me nublaban la vista.

Y ni siquiera se habían dado cuenta de mi presencia.

'Quizá él no lo sabía', me dije a mí misma. 'Quizá pensó que Juni era yo'.

Pero incluso sin decir esas palabras en voz alta, me di cuenta de lo terriblemente estúpidas que sonaban.

Tyler nunca me tomaba, pero ahora estaba con mi hermana.

Algo dentro de mí se quebró, gritándome que me diera la vuelta, que me fuera en silencio y no volviera a mostrar mi cara jamás.

Sin embargo, algo más fuerte me retó a quedarme.

Y eso fue lo que hice.

"¿Juniper...?". Se me quebró la voz. "¿Tyler?".

Ambos se volvieron para mirarme al mismo tiempo.

La sorpresa y algo más se encendieron en la expresión de Tyler, pero desaparecieron antes de que pudiera parpadear.

Él apartó a mi hermana de un empujón y ella tuvo el descaro de quejarse. "¿En serio, Ty? ¿Justo en este momento?".

¿Ty?

"Meadow", jadeó él mientras saltaba de la cama, sin molestarse siquiera en cubrirse sus partes. "Te juro que pensé que eras tú. Yo no...".

Empezó a agarrarme del brazo, pero me aparté de un tirón, con la mirada fija en una sola persona: Juniper.

Ella tenía una sonrisa de superioridad en la cara mientras se arreglaba el cabello despeinado. "Oh, por favor, cariño", dijo con aire despreocupado. "Es hora de que dejemos de actuar, ¿no crees? Esto se está volviendo demasiado patético".

Tyler se volvió hacia ella. "Vamos. Es divertido".

"¿Qué es...? ¿Qué están...?". Me quedé sin habla, atónita.

No parecía que fuera un error de una primera vez. Parecía que se conocían muy bien.

Y no había forma de que eso fuera posible. Porque yo nunca le había presentado Juniper a Tyler.

Ni siquiera había visto a mi hermana desde hacía dos años.

"¿Cómo...?".

Ella soltó una carcajada aguda mientras se levantaba. Tampoco se molestó en cubrirse.

"Está entrando en shock, cariño. Deberíamos acabar con su sufrimiento de inmediato, ¿no crees?", reflexionó, caminando hacia donde estaba Tyler.

Y luego tiró de él hacia sí y lo besó delante de mí, dejando escapar una risita.

Tenía muchas ganas de irme, pero mis pies no se movían.

Por alguna razón, estaban pegados al suelo.

Y por una razón aún más retorcida, no podía apartar la mirada.

"Tú dijiste...". Me costaba formar palabras. Ni siquiera reconocía mi propia voz. "Dijiste que aún no estabas preparado para esto, Tyler", murmuré, temblorosa. "Que esperarías hasta que estuviéramos casados".

Él echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Mis rodillas cedieron y tuve que agarrarme a la pared para sostenerme. "¡Creí que me amabas!", grité, sintiendo que las lágrimas empezaban a correr por mi cara.

Juniper soltó a Tyler y él dio unos pasos hacia mí.

Y cuando me tomó de la mandíbula, no pude moverme.

"¿Pensaste que te amaba, Meadow? No. Juni es el amor de mi vida".

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Tabla de contenidos de SU CIERVA, SU CONDENA

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Ch. 11
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