Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Su amor invisible, su arrepentimiento ciego

Su amor invisible, su arrepentimiento ciego

Durante cinco años, él se entregó por completo a su esposa Jimena, pero una cena junto a Gael, el antiguo amor de ella, lo cambia todo. Ante un accidente con sopa hirviendo, Jimena decide proteger a Gael, permitiendo que su marido sufra quemaduras graves. Mientras ella huye para limpiar una mancha del otro, él enfrenta la soledad en urgencias. Decidido a no sufrir más, elige recuperar su beca de arte en París y abandonar la vida que ella le arrebató.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Jimena levantó la vista de su risotto cuando Adrián volvió a entrar, su rostro inusualmente sereno.

—¿Quién era? —preguntó, su tono casual, con un toque de acusación por la interrupción.

Adrián se deslizó de nuevo en su silla.

—Solo la directora de mi antigua casa hogar —respondió, su voz era uniforme—. Quería saber cómo estaba.

Ella emitió un "ah" sin comprometerse y su atención fue capturada una vez más por la pantalla de su teléfono.

Esa noche, Adrián yacía despierto en su dormitorio separado, la luz de la luna rayaba el suelo. Durante cinco años, esta habitación había sido su santuario y su prisión. Miró al techo, no con angustia, sino con una extraña y tranquila sensación de finalidad. La decisión estaba tomada. El camino estaba claro.

A la mañana siguiente, en el desayuno, Jimena apartó su plato de pan tostado con aguacate.

—El pan está duro —dijo, arrugando la nariz.

Adrián no levantó la vista de su propio plato.

—Lo compré en esa panadería que te gusta en la Avenida Moliere.

Mantuvo la cabeza gacha, dando un lento bocado a su tostada. Lo que no dijo fue que lo había comprado ayer, sabiendo que esta mañana estaría de un día. Fue un pequeño y mezquino acto de rebelión, el primero de muchos. Estaba empezando a desenredarse de la red de sus preferencias.

Jimena no insistió en el asunto. Estaba demasiado ocupada mirando su teléfono, su expresión una mezcla de ansiedad y anticipación. Adrián sabía lo que estaba esperando. Estaba esperando un mensaje de Gael, confirmando sus planes para el almuerzo. Había visto el nombre parpadear en su pantalla justo antes de que ella bajara.

Un momento después, su teléfono vibró. Una sonrisa brillante floreció en su rostro, iluminando sus facciones de una manera que Adrián no había visto dirigida a él en años. La vista ya no le dolía. Eran solo datos. Información que confirmaba su decisión.

La observó un momento más, luego metió la mano en el maletín que tenía al lado de su silla y sacó una carpeta de manila. La había preparado hacía meses, después del incidente de la gripe. Después de escucharla susurrar el nombre de Gael en sueños.

La colocó sobre la mesa.

—Jimena —dijo, su voz tranquila y firme—. Necesitamos divorciarnos.

—Mjm, está bien —murmuró ella, sus pulgares volando por la pantalla mientras enviaba un mensaje. No había oído ni una palabra.

Adrián no se sorprendió. Se lo esperaba. Durante cinco años, había sido ruido de fondo.

Abrió la carpeta y la giró hacia ella, deslizándola sobre la madera pulida. Tocó con el dedo la última página.

—Necesito que firmes aquí.

Ella levantó la vista, molesta por la segunda interrupción. Sin leer una sola palabra, tomó el bolígrafo que él le ofreció y garabateó su elegante firma en la línea. Ya estaba pensando en qué se pondría para almorzar con Gael.

Adrián tomó cuidadosamente el documento, sus manos firmes. Lo guardó de forma segura en su maletín.

—Me mudaré el viernes —dijo.

—Claro, como sea —respondió ella, agarrando su bolso. Se levantó, lista para irse.

Cuando llegó a la puerta, algo hizo que Adrián hablara una última vez.

—Jimena.

Ella se detuvo, volviéndose con un suspiro impaciente.

—¿Oíste lo que dije? —preguntó él.

Ella lo miró, con el ceño fruncido en genuina confusión.

—¿Sobre qué? ¿Mudarte? ¿Vas a ir a otro de tus viajecitos de pintura? Bien, solo asegúrate de que la casa esté abastecida antes de irte.

Una risa amarga y sin humor escapó de los labios de Adrián. No había oído. No había escuchado. Ni siquiera había registrado la palabra "divorcio". Por supuesto que no. ¿Por qué lo haría? Él era solo una parte del mobiliario.

Sacudió la cabeza, una pequeña y triste sonrisa jugando en sus labios.

—No importa. Que tengas un buen día.

Ella se encogió de hombros, se dio la vuelta y salió por la puerta, su mente ya a kilómetros de distancia.

Adrián no se movió durante mucho tiempo. Miró alrededor del silencioso y opulento comedor, una jaula dorada de la que finalmente estaba a punto de escapar.

Esa tarde, Adrián condujo hasta la casa hogar. Era un edificio modesto pero alegre en las afueras de la ciudad, un mundo aparte de la mansión de Jimena. Encontró a Doña Elodia Cruz en su oficina, rodeada de pilas de libros y dibujos de niños.

—Me voy —dijo Adrián, sin preámbulos—. Me voy a inscribir. Me voy a París.

El rostro de Lola se abrió en una amplia y aliviada sonrisa. Se levantó y lo abrazó con fuerza.

—Oh, Adrián. Estoy tan feliz por ti. Ya era hora.

Se apartó, su expresión se volvió seria.

—Sabes, estaba tan enojada cuando renunciaste a esa beca hace cinco años. Un desperdicio de tu talento divino.

Suspiró.

—Pero todavía eres joven. Tienes toda la vida por delante. ¿Y Jimena? Un matrimonio a distancia será difícil.

Adrián miró por la ventana a los niños que jugaban en el patio, sus gritos y risas llenaban el aire. Sacudió la cabeza lentamente.

—Estamos divorciados, Lola.

Sus ojos se abrieron de sorpresa, luego se suavizaron con un suspiro que parecía llevar el peso de los últimos cinco años.

—Tenía la sensación de que esto podría pasar. Honestamente, hijo, creo que es lo mejor.

Le dio una palmadita en el brazo, su tacto suave y tranquilizador.

—Esa muchacha... nunca estuvo en tu mundo.

Adrián sonrió, una sonrisa genuina y cálida esta vez. La abrazó de vuelta, sintiendo una profunda sensación de alivio que lo invadía.

—Lo sé —dijo—. Y es algo bueno. De verdad que lo es.

También te puede gustar

Portada de la novela Casi Perfecto
8.3
Madison es una abogada comprometida que ignora que su vida cambiará tras conocer a Enko Bogoloski. Este letal asesino finge ser el hombre perfecto para seducirla, ocultando un origen oscuro donde la felicidad es imposible. Entre mentiras y riesgos mortales, él sufrirá la traición de la mujer que ama. El conflicto estalla cuando ella descubre su identidad: ¿podrá Madison perdonar a quien la tortura y pone en peligro su existencia tras caer su máscara?
Portada de la novela ¿Cómo conocí al idiota de mi ex?
8.8
Max Rivas siempre se vio como una joven normal, dueña de un carisma natural y una vida apacible. No obstante, su tranquilidad se desmorona un lunes cualquiera debido a un incidente crítico. De camino a sus clases, la chica esquiva por poco la muerte tras toparse con un motociclista sumamente irresponsable. Este choque accidental con el imprudente desconocido no solo la deja atónita, sino que transforma su cotidianidad en un absoluto y divertido caos.
Portada de la novela Compañeros Amantes
8.5
Valeria es una mujer dedicada al hogar que lucha por su autonomía financiera en un entorno dominado por el machismo. Su camino se cruza con el de Ricardo, un profesional que, ante la falta de empleo, termina trabajando en una empresa inesperada. Al conocerse, surge entre ellos una conexión profunda y arrolladora que desafía sus realidades. No obstante, su intenso romance enfrenta un gran dilema: ambos están unidos en matrimonio con otras personas.
Portada de la novela El sicario
8.6
Shawn Evans destaca como el ejecutor más letal de todo el Reino Unido. Criado por su padre bajo una disciplina de tortura y muerte, este hombre de presencia gélida cumple sus contratos con una indiferencia absoluta hacia la vida ajena. La pérdida de su mentor y progenitor refuerza su soledad interna, consolidando una existencia desprovista de sentimientos. No obstante, el destino le prepara un cambio drástico que pondrá a prueba su falta de humanidad.
Portada de la novela Esposo Comprado.
8.7
Bajo una fachada de frialdad, Cassandra Morretti busca recuperar la herencia que su padre le quitó. Para lograr su objetivo, necesita pactar un matrimonio por conveniencia. Elian Navarro, agobiado por los gastos médicos de su hermana, decide aceptar la oferta monetaria de la joven. Aunque su unión nace como un frío contrato entre dos clases sociales distintas, la convivencia forzada y las deudas emocionales desafiarán los planes originales de ambos.
Portada de la novela Hermanos Durán
9.0
Alfonso Durán recibe una noticia que cambia su destino: padece un cáncer terminal y sus días están contados. Con el tiempo agotándose, el patriarca de la familia decide emprender una última misión vital. Su mayor deseo es garantizar la estabilidad emocional de sus cuatro hijos antes de morir. Así, se dedica a buscar personalmente a la pareja perfecta para cada uno de ellos, intentando dejar su legado de amor y felicidad bien asegurado.