
Su Altaleza Renacida
Capítulo 2
El aire olía a sangre, a un dolor fantasma que se aferraba a mi cuerpo como una segunda piel. Abrí los ojos, confundida, la luz del sol de la tarde se filtraba por las cortinas de seda pesada, pintando el cuarto con rayas doradas. Mi mano fue instintivamente a mi vientre, plano, vacío. Pero no, al tocarlo, sentí una ligera, casi imperceptible curvatura. Estaba tibio, lleno de vida.
Un sollozo ahogado se escapó de mis labios. No era un sueño.
El recuerdo me golpeó con la fuerza de una ola: el frío del suelo de mármol, el dolor agudo y desgarrador en mi abdomen, la sangre caliente manchando mi vestido de seda. Y sobre mí, la figura de mi hermana, Valentina, con sus hermosos ojos llenos de una satisfacción cruel, y a su lado, mi esposo, el príncipe Alejandro, mirándome con una indiferencia que dolía más que cualquier herida física.
"Lo siento, hermanita", había susurrado Valentina, su voz era seda y veneno, "pero Alejandro me ama a mí. Siempre ha sido así."
Mi hijo. Habían matado a mi hijo nonato. Y luego, me habían dejado morir allí, sola y desangrándome.
Me senté de golpe en la cama, el corazón martilleando contra mis costillas. Mi criada, Ana, entró corriendo, asustada.
"¡Alteza! El médico dijo que debía descansar. ¡Acaba de recibir la noticia!"
La noticia.
Miré a Ana, luego miré mis manos, luego otra vez mi vientre. La noticia. El día que el médico confirmó mi embarazo. El día que comenzó mi descenso al infierno.
He renacido.
He vuelto al principio de todo.
Una risa seca y amarga brotó de mi garganta. No era una risa de alegría, sino de una furia fría y cortante. Tenía una segunda oportunidad. Y esta vez, no sería la víctima. Sería la que moviera los hilos.
"Ana", dije, mi voz sonaba extrañamente calmada, "prepara mi mejor vestido. El príncipe vendrá a verme pronto."
Ana me miró, confundida por mi repentino cambio de humor, pero asintió y se fue a cumplir mis órdenes.
Mientras me vestía, mi mente trabajaba a una velocidad vertiginosa. Recordé cada traición, cada palabra venenosa, cada mirada de desprecio. Valentina, mi egoísta hermana que renunció a este matrimonio por un plebeyo para luego arrepentirse y arrebatármelo todo. Alejandro, mi ambicioso esposo que me usó como un escalón y me descartó cuando ya no le servía. Mi madre, la Duquesa, que siempre favoreció a Valentina. Mi padre, el Duque, un hombre débil sin voluntad propia. Y Elena, mi otra criada, a quien Valentina corrompió para que me traicionara.
Todos ellos. Todos pagarían.
Unos minutos después, el príncipe Alejandro entró en la habitación. Su rostro, guapo y arrogante, estaba iluminado con una sonrisa radiante. Era una actuación, lo sabía. Estaba feliz no por mí, sino por el heredero que le daría poder.
"¡Sofía, mi amor!", exclamó, acercándose para abrazarme. Me estremecí por dentro, pero forcé una sonrisa tímida en mi rostro. "¡Un hijo! ¡Vamos a tener un hijo! ¡El Rey estará encantado!"
Me aparté suavemente. "Estoy tan feliz, Alejandro. Es la mejor noticia de mi vida."
"Debemos anunciarlo de inmediato. Organizaré una audiencia con mi padre el Rey esta misma tarde."
"No", lo detuve, mi voz suave pero firme. Él me miró, sorprendido.
"¿No? ¿Por qué no? ¡Esto asegura nuestra posición, Sofía!"
Puse una expresión de anhelo y amor familiar en mi rostro. "Es que... antes de decírselo a todo el mundo, me gustaría compartir esta alegría con mi familia. Con mis padres y... con Valentina."
Al mencionar el nombre de mi hermana, vi un destello fugaz en los ojos de Alejandro. Lo conocía tan bien. Valentina siempre había sido su debilidad, su capricho. Rechazado por ella, se había conformado conmigo.
"Quiero que organicemos una pequeña cena familiar, solo nosotros. Para celebrar", continué, mi voz temblaba ligeramente, como si estuviera abrumada por la emoción. "Significaría mucho para mí."
Alejandro lo consideró por un momento. La idea de ver a Valentina de nuevo era tentadora para él, podía verlo en su rostro. Yo le estaba sirviendo a su amante en bandeja de plata.
"Está bien, mi amor", dijo finalmente, su sonrisa volviéndose genuina por primera vez. "Como desees. Una cena familiar será."
Se inclinó para besarme, y yo soporté su contacto, mi corazón era un bloque de hielo.
El juego había comenzado. Y esta vez, yo dictaría las reglas.
También te puede gustar





