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Portada de la novela SINNERS

SINNERS

Tras la estructura de la iglesia, Jolie se entrega a un encuentro clandestino con el atleta más popular del instituto. Sin embargo, no están solos: el padre Maxime la observa atentamente mientras sostiene un vaso de whisky. Entre el rigor de su sotana y un deseo reprimido, el sacerdote vigila cada gesto de la joven. Una oscura promesa de castigo y tentación acecha a Jolie, quien sabe que, una vez sea capturada por él, no habrá salvación posible.
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Capítulo 3

Viernes.

Era viernes por la tarde, día de confesarme y salir por la noche a divertirme en un club con Caleb y sus amigos.

Tomé el móvil de mi encimera con la esperanza de llamar a mi padre, pero no pude, no encontré el valor, me di cuenta de que lo pensé horas mientras estaba sentada en mi cama.

Me prometí que lo intentaría mañana.

Poco tiempo después estoy en el confesionario, sentada con las manos sudorosas, esperando a Maxime del otro lado.

-Ave María purísima.- llegó, su profunda voz se coló por mi piel.

-¿No podríamos saltarnos esa parte? Sabe que soy yo.- hablo cansada de repetírselo siempre.

-Son las reglas pequeña.- se burla.- ahora dime de que te arrepientes esta semana.

No había nada, no muchas cosas malas que contar, pero quería que dejara de verme como una niña pequeña, así que me quede callada durante un minuto hasta que pude pensar en confesarlo, ante Dios (si es que existía uno) y ante él.

-Creo que me enamore.

Silencio del otro lado.

-El amor no es un pecado Jolie así que no deberías….

-Me enamore de alguien prohibido.- cierro los ojos recordando el último sueño que tuve con él.

-¿A qué te refieres con prohibido?

-Es mayor que yo, y alguien más lo tiene ya.

Dios lo tiene ya, para siempre.

-Eres joven aún, demasiado joven para decir eso, estoy seguro de que encontrarás a alguien que sea adecuado para ti.

-Tengo pensamientos impuros con esa persona.- lo ignoro y continuó con mi confesión.- comencé a tocarme pensando en él, imaginando cómo sería si pusiera su boca sobre mi cuerpo, si me tratase como un objeto, y amo la idea de ser maltratada por él, de cederle el control.

Un carraspeo del otro lado, mierda hable mucho más de lo que debí y la incomodidad se encontró con mis entrañas revolviéndome el estómago, jamás me había comportado así, no era que me avergonzara sentirme sexualmente atraída por nadie, era que no quería compartirlo con Maxime y que pensara que estoy sucia.

-Dime que es lo que imaginaste.

Me quedé en silencio y cerré los ojos para recordar.

-Su boca estaba lamiendo mi cuello con desesperación y bajaba hasta mis pechos, su mano se enredó en mi desordenado cabello, pude sentir sus manos, como si fuera real… y me corrí cuando me toque pensando en que él lo hacía, grite su nombre y casi pude oler su colonia.

No hubo nada después de eso.

Quizá estuviera juzgándome, rezando por mi y pensando en hablar con todo el pueblo para descubrir si algún hombre estaba abusando de mí.

-Este hombre… ¿te corresponde?.- logre escuchar su respiración, era irregular, quizá solo estaba molesto

-No, puede que no sea lo suficientemente atractiva para él.

-Pequeña…- algo en su voz había cambiado y me enorgullecí por primera vez de que me llámese así.

-¿Dios me perdonara por esto?.- hable después de que se mantuviera en silencio.

-Somos hijos de Dios, si te arrepientes con la fuerza suficiente él te perdonará.

Asentí con la cabeza, su voz se había vuelto fría e intensa y mi cuerpo hormigueaba, me sentí agradablemente diferente.

-Tengo que irme, gracias, Padre, lo veré dentro de poco.

Me despedí sin pensar que “dentro de poco” serían apenas unas horas cuando entré con mis shorts ajustados y un top negro aterciopelado en el bar de la ciudad, era el lugar al que venían los ancianos, los hombres con problemas en casa y nosotros como un precopeo antes de ir a bailar y beber a un lugar menos pusilánime.

Maxime estaba sentado en la barra junto a un hombre de traje, riendo mientras se bebía un whisky, no llevaba la sotana ni el cuello blanco, simplemente iba completamente vestido de negro con sus ropas costosas.

-Ya vuelvo.- le dije a Caleb alejándome.- ¿hay algo que quieras beber?

-Una cerveza estará bien.- mi amigo Caleb se alejó con los demás chicos hasta la mesa de billar y yo me acerqué a paso seguro a la barra.

-Hola, una cerveza y lo mismo que él.- señale con la mirada el vaso del padre a mi lado, quien me miró lentamente.

-¿Jolie qué haces aquí?

-¿Que hace usted aquí? ¿Se le permite beber?

Una sonrisa curvó sus lindos labios.

-No es un pecado.

Sonreí con él cuando el bartender me entregó mis bebidas.

-No deberías hacerlo, aún no tienes la edad suficiente, ¿lo sabes verdad?.- hablaba en voz baja para que el tipo detrás de la barra no pudiera escucharnos, pero sabía que estaba vendiéndole alcohol a menores de edad y no le importaba mientras le dejáramos una buena propina.

-Lo agregaré a las cosas que debería confesarle la siguiente semana, padre.

Otra vez su risa amable.

-No bebas demasiado, no es bueno para la salud.

-Lo veré por ahí, supongo.- le dedique una risa traviesa y me di la vuelta para volver con mi amigo.

Caleb y los demás jugaban al billar, las chicas estaban todas metidas en sus cosas y me recargue en la vieja rockola observando fijamente al Padre, su amigo a su lado me dedico una mirada y se recargó también en la barra en mi dirección, ladee la cabeza y le sonreí, un hombre de la misma edad que Maxime, pero no se comparaban, de ninguna manera.

Observe cómo susurro algo y el padre lo tomo del cuello girando su cuerpo haciendo que dejara de mirarme, sonreí internamente y me mordí el labio, entonces la noche continuó y cuando iba por mi segundo vaso del picoso licor el único mesero del lugar me entregó uno nuevo con una nota en una servilleta.

“Si pago por este será tu último y volverás a casa”

Sabía de quién venía porque se giró en la vieja silla y me miró serio.

Le pedí al chico que me trajo el vaso que me prestara lápiz y papel, cosa que hizo inmediatamente, me recargue de espaldas a él consiente de que le daría una vista de mi trasero y escribí en el papel.

“Lo beberé con gusto… pero ¿qué puedo hacer? He venido con mis amigos y seguro que ninguno querrá llevarme a casa temprano”

Cuando tuvo la nota en sus manos, se levantó y se acercó a mí con pasos decididos.

-Te llevaré a casa pequeña, es tarde y peligroso para ti.

-¿Se preocupa por mí?

-Me preocupó por todos en este pueblo.

-Un buen hijo de Dios ¿eh?

Me ignoro por completo y le di el último y profundo trago a mi bebida derramando por accidente un poco por la comisura de mis labios, la gota se deslizo por mi mentón hasta mi cuello, perdiéndose en mi escote, su mirada se posó Justo ahí pero pronto la apartó y cerró los ojos con fuerza.

Me despedí de Caleb quien no parecía sorprendido y le pidió a Maxime que me cuidara después de abrazarme.

Salimos del lugar y el frio me pego inmediatamente, me regañe mentalmente por no traer conmigo una chaqueta y camine detrás de Maxime quien se adelantó a llegar a su auto estacionado en la esquina del lugar, se trataba de un simple Nissan en color negro, me abrió la puerta del copiloto invitándome a entrar y lo hice, mientras daba la vuelta al auto aproveche para ponerme el cinturón de seguridad y no hable incluso cuando comenzó a conducir.

-¿Usted también me tiene lastima?

No era un secreto que la mitad del pueblo me tenía lastima y la otra mitad miedo, mi padre nos había abandonado por su amante 20 años menor a mi madre y a mi cuando cumplí 7 años, seis meses más tarde mi madre se suicidó dejando una simple nota tras de ella y claro que este maldito pueblo se lo iba a atribuir a que yo estaba maldita no a que me había tocado una vida realmente jodida.

-¿Por qué iba a hacerlo?

-Lo sabe…- junté mis rodillas contra mi pecho y envolví mis brazos alrededor, no pareció molestarle.

-No tengo permitido sentir lastima Jolie, no soy nadie para castigar a las personas juzgándolas de ninguna manera.

-Entonces tampoco debería llevarme a casa, no tiene permitido verme como una hija, en especial porque soy huérfana.

-No te veo como una hija, pequeña, en especial porque no eres huérfana.

Buen punto.

Mis ojos descansaron en sus brazos, fuertes tomando el volante su sonrisa volando por todo el lugar y su voz…

Por todos los putos cielos su voz.

La electricidad que emanaba de su cuerpo era increíblemente fuerte y cada uno de los rincones de mi piel lo sentían cuando se erizo y rogué por no ser la única que lo sentía, aunque eso era egoísta, traerlo conmigo al infierno no era justo para un buen hombre como él, quien solo pensaba en llevarme a casa porque un loco podría hacerme algo en la calle.

El resto del camino fue silencioso, miré por la ventana todo el tiempo y él tampoco dijo nada hasta que estuvimos frente a mi casa, abrí la puerta del auto para bajar y me detuvo, su mano envolvió mi muñeca y juro que sentí un pequeño choque eléctrico.

Un segundo basto para que me soltara y hablara.

-No eres una pecadora Jolie, así que deja de torturarte.

Me quedé en silencio, Maxime podía ver más allá del muro que construí y lo encontré peligroso, así que respondí lo mejor que pude para evitarlo.

-Tal vez me gusta ser una pecadora, Maxime.

Su mirada se oscureció y mi estomago se contrajo, sus cejas se encontraron en el medio y volvió el rostro al frente.

-Buenas noches, Pequeña.

-Buenas noches, Padre.

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