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Portada de la novela Siete años, un desamor, un nuevo amor

Siete años, un desamor, un nuevo amor

Durante siete años, viví relegada a la sombra del famoso actor Leo Herrera, soportando el desprecio de su público mientras él priorizaba siempre a Kiara, su colega. El punto de quiebre llegó en mi cumpleaños; tras una cruel mentira para consolar a su coprotagonista, decidí poner fin a tanto maltrato psicológico e indiferencia. Cuando Leo intentó recuperarme, ya era tarde: lo desafié besando a un nuevo amor frente a él, cerrando nuestro pasado.
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Capítulo 1

Durante siete años, fui la novia perfecta de Leo Herrera, la estrella de cine y televisión. Puse mi vida en pausa, horneé sus postres favoritos y soporté en silencio el odio en redes de las fans que lo querían con su coprotagonista, Kiara.

Luego llegó mi cumpleaños número 29. Dijo que tenía una junta nocturna para un guion, pero descubrí la verdad: estaba en una clínica privada en Polanco, consolando a Kiara mientras ella le confesaba sus sentimientos.

Él defendió públicamente a Kiara del acoso en línea, pidiendo amabilidad. Pero cuando yo recibí amenazas de muerte de sus fans, me llamó "dramática" e "insegura".

Era capaz de sentir empatía y de proteger, pero nunca a mí. El hombre que decía amarme estaba destruyendo sistemáticamente mi autoestima mientras jugaba a ser el héroe para el resto del mundo.

Así que me fui. Y cuando finalmente me encontró, intentando recuperar lo que había perdido, hice algo que nunca pensé que haría. Me volví hacia el nuevo hombre a mi lado, el que de verdad me veía, y lo besé justo frente a mi ex.

Capítulo 1

Adela Navarro POV:

El pastel, perfectamente decorado, esperaba sobre la barra de la cocina, un pequeño y desafiante faro en el silencio. Era mi cumpleaños número veintinueve y Leo me había mentido. Otra vez.

Había dicho que estaba con un productor, una junta nocturna para revisar un guion. Pero el mensaje que vi por accidente en su celular desbloqueado, brillando intensamente sobre el cargador, contaba una historia diferente. "Por fin se lo dije", decía el mensaje de Kiara, seguido de un emoji llorando. "Fue intenso. Gracias por estar ahí. No puedo creer que faltaras a tu junta por mí". El estómago se me retorció, más apretado que cualquier nudo que hubiera hecho con fondant. No solo había mentido; había pasado mi cumpleaños consolando a su coprotagonista, quien le estaba confesando su amor.

Me quedé mirando el pastel. Siete años. Siete años de mi vida, horneados en innumerables postres de celebración, cada uno una plegaria silenciosa por un amor que se sentía cada vez más vacío. Mis dedos, usualmente tan firmes con la manga pastelera, temblaron mientras tomaba mi celular. La cara de Leo me miraba desde mil titulares en portales de chismes. "¿Leo Herrera y Kiara Ferrer: El romance más candente del espectáculo?". "¿Son o no son? ¡La química es innegable!". Las publicaciones estaban por todas partes, alimentando los rumores, construyendo una narrativa donde yo era solo la novia desafortunada y olvidada.

Revisé los comentarios, un dolor familiar comenzando en mi pecho. "Adela es tan aburrida, solo lo está frenando". "Él se merece a alguien vibrante, alguien como Kiara". El veneno digital era un goteo constante, erosionando todo lo que creía ser. Leo siempre lo minimizaba, llamándolo "chismes de fans", diciéndome que estaba "exagerando". Decía que era "dramática" o "insegura". Pero no había nada de dramático en la forma en que mis manos se apretaban, en la forma en que se me cortaba la respiración cada vez que veía otra foto de ellos, sus sonrisas demasiado brillantes, sus miradas demasiado cercanas.

Entró en ese momento, con el saco colgado del brazo y una sonrisa ensayada en su rostro perfecto. Olía ligeramente al perfume de Kiara, un aroma dulce y empalagoso.

—¡Feliz cumpleaños, amor! —dijo, intentando jalarme para darme un abrazo.

Me eché hacia atrás, el movimiento brusco e involuntario.

—No me toques.

Su sonrisa vaciló.

—¿Qué pasa? ¿Día difícil en la pastelería?

—No —dije, mi voz sorprendentemente firme—. Siete años difíciles. —Lo miré, realmente lo miré, y las palabras, que antes me aterraba siquiera pensar, salieron a borbotones—. Terminamos, Leo.

Sus ojos se abrieron de par en par, la encantadora fachada resquebrajándose al instante.

—¿Qué? Adela, ¿de qué estás hablando? —Su voz estaba cargada de incredulidad, como si el concepto de que yo lo dejara fuera completamente ajeno.

Siete años. Ese era el tiempo que llevábamos juntos. Siete años desde que conocí al actor ambicioso, pero aún con los pies en la tierra, que luchaba por salir adelante. Ahora era una gran estrella del espectáculo mexicano, y yo era... seguía siendo yo. La chica que amaba hornear, la chica que cruzó el país por él, la chica que se volvió invisible bajo su deslumbrante luz.

Él siempre había protegido a Kiara. Cuando comenzó el odio en línea, cuando los fans la atacaron por acercarse demasiado a él en pantalla, emitía comunicados, la defendía, pedía amabilidad. Cuando el odio vino por mí, cuando me llamaron "interesada" y "sanguijuela", él se encogía de hombros. "Es parte del juego, Adela. No dejes que te afecte". Como si las palabras no cortaran, no quemaran, no arrancaran pedazos de mi autoestima hasta que no quedara casi nada.

—Estás siendo dramática otra vez, Adela —dijo, su tono ya cambiando, tratando de hacerme dudar de mi cordura, de mis propios sentimientos—. Este es solo otro de tus episodios de inseguridad. Ya hemos hablado de esto.

Parecía genuinamente desconcertado, como si mi repentina declaración fuera un acto de locura irracional.

—En serio, ¿de qué se trata todo esto? No puedes simplemente... terminar conmigo. No ahora. No después de todo.

—¿Todo? —repetí, una risa amarga escapando de mis labios—. ¿Quieres saberlo todo? Bien.

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