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Portada de la novela Siempre fuiste tú

Siempre fuiste tú

Tras casi veinte años de ausencia, el exitoso empresario Mateo Zabet se reencuentra con Elizabeth, el amor de su juventud. Pese a que él se alejó para respetar la relación que ella tenía entonces, verla de nuevo despierta pasiones que creía superadas. Aunque Elizabeth intenta resistirse por su matrimonio y sus hijos, Mateo está decidido a confesar lo que calló por décadas. Ahora, él busca recuperar a la mujer que siempre consideró su único y verdadero amor.
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Capítulo 4

— Puedo, aunque debería llevar a los niños. — sus niños, genial o si, Mateo el sarcástico ya llego a mi mente.

— Bien, sorpréndeme, tienes mi tarjeta de crédito, no escatimes en gastos, después de todo es mi cumpleaños.

— Como ordene señor. — mis testículos duelen, y estoy a punto de lanzarme sobre ella, cuando unos golpes en la puerta nos hacen girar.

— Adelante… Macarena. — digo con mi seriedad habitual, aunque estoy seguro de que Elizabeth sabe que estoy un poco sorprendido con la visita de esa latina a mi oficina, ¿Cuándo fue la última vez que estuvimos solos? Nunca, desde que la tome a la fuerza y mi familia se enteró, nunca más dejaron que estuviera a solas con ella.

— Hola… — Maca queda muda viendo a Elizabeth y se por qué.

— Elizabeth, ese es mi nombre. — se presenta con una sonrisa tirante el amor de mi vida. — Si me disculpan los dejare solos. — por un segundo las veo una al lado de la otra, tan iguales y a la vez tan diferentes, una siempre fue inalcanzable y la otra una víctima de mi lado… ¿frio? ¿insensible? ¿egoísta? No puedo ponerle nombre a lo que le hice a Maca.

— Hola Mateo. — la latina, madre de mi único hijo, camina tan rápido que apenas alcanzo a ponerme de pie para saludarla.

— Hola Macarena, ¿Cómo estás?

— Preocupada, ¿Cómo quieres que este? — le indico con la mano que tome asiento y lo hace.

— ¿Sigue sin aparecer?

— Si, y Hades solo dice que está bien, que si algo le hubiera pasado ya lo sabríamos. — sus ojos, sus ojos son cafés como los de Elizabeth, las dos son latinas, pero Macarena es baja y Elizabeth es… — ¿Me estas escuchando? — espeta la latina actual esposa de mi primo golpeando el escritorio.

— No, a decir verdad, no lo hacía. — Maca tiene esa mirada de te voy a matar y lo merezco.

— ¡Mateo te estoy hablando de nuestro hijo! — pura sangre latina, de eso no queda dudas, siempre fue una bomba de tiempo, y el hecho que su esposo sea el mejor asesino del mundo, solo la volvió más peligrosa.

— Un hijo que llama padre a mi primo Maca, dime ¿Qué te hace pensar que, si no contacta con ustedes, lo hará conmigo? — es lamentable, pero es la verdad y sé que lo merezco.

— Si él llama padre a Hades es porque sabe cómo quedé embarazada, no toques ese tema por favor, además los vi más unidos en Sicilia, creí que con todo lo que le sucedió a Alejandra…

— No, lamento decirte que no, él solo…

— ¿Qué?

— Lo de siempre Maca, me dijo que era una mierda y que antes de llamarme padre se cortaría la lengua, un digno hijo mío. — rebato con una sonrisa, eso es lo que más le molesta a Baltazar, podrá negar que soy su padre, pero lo rencoroso y vengativo lo heredo de mí, no de su madre.

— Lo siento, sé que tengo culpa en todo esto, debí obligarlo a ir a un psicólogo de niño, para que pueda comprender porque quien él pensó que era su tío, es en realidad su padre, pero… — se toma un momento para pasar sus manos por su larga cabellera, quitando un poco de estrés. — Eso ya no importa, lo importante aquí es que Baltazar está mal, está sufriendo Mateo, hablé con él y estuvo de acuerdo en pasar unos días contigo, entonces viaja con Hades aquí y luego desaparece, comprende que no es igual que su desaparición de hace un año, Baltazar te necesita. — sus ojos se escarchan reteniendo las lágrimas, algo que me hace sentir aún más culpable, no solo arruine mi vida, arruine la de esta mujer y la de mi hijo.

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