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Portada de la novela Sensaciones Que No Mueren Con El Tiempo

Sensaciones Que No Mueren Con El Tiempo

Tras ser traicionada por su pareja y vendida a un extraño, una mujer enfrenta el dolor de perder a su hijo recién nacido bajo engaños. Años después, la vida le da un giro sorprendente al cruzar su camino con un misterioso niño. El pequeño, sintiendo una conexión inexplicable, decide llevarla a su hogar con un plan inusual: contratarla para que sea su madre. Entre secretos y riqueza, ella descubrirá que los vínculos del pasado aún no han muerto.
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Capítulo 2

"¿Qué hay acerca del bebé? ¿Dónde está mi nieto?".

Lo primero que escuchó Elise al despertar fue la voz ansiosa de su suegra.

'¡Ah, el bebé, es cierto!'.

Al pensar en el niño por el cual ella acababa de arriesgar su vida para poder traerlo al mundo, una enorme sonrisa se dibujó en sus labios.

¡Su hijo! Ella realmente quería verlo.

"¡Victor, por favor, déjame ver al bebé!", pidió la chica. aun sintiéndose débil gracias al parto, pero luchando por poder sentarse. Entonces, miró a su alrededor, sin encontrar la cuna que esperaba ver.

¿Sería que el recién nacido seguía en el área de enfermería?

Al instante, ella se volteó para mirar a su esposo y, sin embargo, este evitó aquella mirada indagadora, y afirmó: "Acabas de dar a luz, el doctor dijo que necesitas descansar bien".

La mirada evasiva del hombre, junto a su hábito de lamerse los labios cada vez que estaba mintiendo, hicieron que el corazón de Elise dejara de latir por un momento, ella lo observó, sintiéndose confundida, y preguntó: "¿Sucede algo? Victor, ¿algo anda mal con nuestro bebé?".

El silencio absoluto el hombre la atemorizó mucho más y, al instante, comenzó a crear innumerables escenarios en su cabeza de lo pudo haber sucedido.

'¿Acaso está enfermo? ¿O será que hay algo mal con él debido a que el parto fue complicado?', se preguntó.

"¡Victor, habla de una vez!", exigió.

"¡Sí! Yo también quiero saber, ¿dónde está mi nieto?", dijo Marion, la madre del hombre, quien también estaba ansiosa por ver al recién nacido. Ella no entendía por qué su hijo estaba dudando tanto para dar una respuesta, por ello, insistió en que hablara.

Por otro lado, el hombre estaba más que nervioso y abrumado, gracias a aquel interrogatorio, entonces, frunció el ceño, para luego mirar a su esposa, cuyo rostro estaba completamente pálido. Y, tras un rato largo, tragó pesadamente, y habló con lentitud: "Murió".

'¿Está muerto?

¿Qué significa eso?

Hace solo un momento, yo escuché al bebé llorar. Entonces, ¿cómo puede estar muerto?

¿Cómo puede ser eso posible?', pensó la chica.

"Me estás mintiendo, ¿no es así?", indagó Elise, sintiéndose mareada. "Por favor, no hagas ese tipo de bromas. ¿Puedes traérmelo?", agregó.

"Así es, ella tiene razón. ¡No bromees de esa manera!", exclamó Marion, comenzando a preocuparse por las palabras de su hijo. ¿Cómo podía ser posible que el bebé hubiera muerto? "¿Acaso todas las pruebas y exámenes no decían que no había nada malo con mi embarazo?", interrogó la mujer sobre la camilla.

Luego, tiró del dobladillo de la camisa de su esposo, esperando con ansias que aquello no fuese más que una broma. Sin embargo, las siguientes palabras de su esposo la hundieron profundamente.

"Elise, cálmate, por favor. El bebé se quedó dentro de tu vientre durante mucho tiempo, es por eso que no lo logró. Murió al poco de salir.

El doctor te puede dar fe de que no estoy mintiendo".

Tales palabras se sintieron como un cuchillo afilado, clavándose en el corazón de la mujer, luego de ello, no fue capaz de pensar en algo coherente.

Al instante, ella rompió en llanto, y su mente se quedó completamente en banco.

Las maldiciones de Marion y los intentos de Victor por tranquilizarla no llegaron a sus oídos.

Ellos hablaban en voz alta, pero Elise no era capaz de escuchar nada y, de repente, sintió una fuerte bofetada, tanto fue el dolor que pudo volver a sus sentidos.

"¡Eres una maldición!

¡Todo esto es tu culpa, perra! Nunca dejaste de molestar a Victor. ¡Y ni siquiera fuiste capaz de dar a luz a un niño!

No sirves para absolutamente nada. ¡Quiero a mi nieto!".

Las palabras tan crueles de su suegra lograron atravesar su corazón.

Ella siempre supo que la mayor la despreciaba, pues, en más de una oportunidad, esta había remarcado lo indeseable que era ella como su futura nuera, debido a que provenía de una familia sin dinero, con pariente pobres e inútiles.

De no haber sido porque Elise estaba embarazada, Marion la habría obligado a terminar su relación con su hijo.

¡Pero ya el bebé había muerto! '¡Mi bebé murió!

¿Cómo pudo suceder?

Eso es imposible', se dijo la chica.

"¡No, no lo creo! Mi niño estaba aquí hace solo un instante. Él sigue vivo. ¡Y lo voy a encontrar!".

Tras aquellas palabras, Elise apartó las sábanas y salió corriendo, sin tomar en cuenta lo agotado que se encontraba su cuerpo por haber dado a luz.

Ella había estado en aquel hospital antes, por lo que sabía perfectamente dónde mantenían a los bebés recién nacidos. '¡Victor debe estar mintiendo! ¡Yo misma traeré a mi bebé!', se dijo.

En su camino a la sala de enfermería, fue tropezando con todo, además, sus lágrimas nublaron su vista, por lo que era incapaz de ver su entorno con claridad. Sin haber llegado muy lejos se topó con un hombre y, gracias a lo débil que estaba, terminó por caer al piso.

Cuando estaba por disculparse, escuchó el llanto de un bebé, entonces, levantó su mirada y vio al sujeto sosteniendo a un recién nacido en sus brazos.

Tal sonido fue exactamente el mismo que había escuchado antes de desmayarse.

'¡Mi bebé!

¡Ese es mi niño!', se dijo.

Como si fuese capaz de leer la mente de aquella criatura, pudo saber con certeza que se trataba del suyo.

"¡Mi niño! ¡Ese es mi hijo!".

Al instante, se agarró con fuerza de la camisa del hombre, mientras las lágrimas no paraban de salir de sus ojos.

Shepherd Li miró con disgusto a esa asquerosa loca que se encontraba a sus pies y, con el ceño fruncido, espetó fríamente: "Suéltame".

Sin embargo, la mujer tan solo se aferró con mucha más fuerza, incluso intentó agarrarlo del brazo.

Ante eso, la mirada del hombre se volvió más fría, al tiempo que su cuerpo emitía un aura de rudeza, lo que ocasionó que los espectadores a su alrededor se estremecieran por completo.

Justo en el momento en que Elise estaba por alcanzar al niño, Harrow Gong, quien llegó después porque estaba manejando algunos trámites, vio a una mujer que usaba una bata de hospital manchada de sangre molestando a su jefe. Entonces, tomando una profunda respiración, hizo un gesto hacia los guardaespaldas para que alejaran a esa loca que se aferraba a su jefe.

"¡Suéltenme! ¡Ese es mi hijo! ¡Devuélveme a mi bebé!".

Mientras la mujer veía cómo su hijo se alejaba cada vez más, la desesperación por poco le hizo perder la poca cordura que le quedaba, no obstante, ello también le dio mucha más fuerza. De un momento a otro, logró liberarse del agarre de sus apresadores y corrió lo más rápido que pudo hacia Shepherd, al tiempo que extendía sus manos para llevarse al bebé.

No obstante, de la nada, los brazos de Victor la sujetaron por detrás antes de que pudiera tocar al bebé.

"¡Elise, cálmate ahora mismo! ¡Ese bebé no es el tuyo! ¡Tu hijo está muerto!".

Luego, abrazándola con fuerza, le acarició la espalda, en un intento por tranquilizarla. Después, de volteó hacia Shepherd, y se disculpó: "Lo siento mucho, mi esposa acaba de perder a nuestro hijo y no se encuentra muy bien. Me la llevaré".

'Este hombre es peligroso', se dijo él.

Pese a que Victor no lo conocía, sabía que no era algo usual que el hospital permitiera que los guardaespaldas entraran y salieran del lugar.

Así que, no se podía permitir ofenderlo.

Además, el niño que llevaba en sus brazos podría ser realmente el de Elise.

Tras ello, Shepherd echó un vistazo a la mujer, a quien se llevaron a la fuerza, entonces, cerró los ojos disgustado para evitar ver las manchas que estaban en el piso. En ese momento, un olor extraño mezclado al de la sangre inundó sus fosas nasales, haciéndolo sentir extremadamente incómodo.

Su respuesta ante ello fue fuerte, pero no solo física, pues, dicho olor también jugó con su mente.

El aroma de esa mujer se le hacía muy familiar, era como si lo hubiese olido aquella noche. ¡Era realmente extraño!

Sin embargo, eso no tenía importancia, él no quería quedarse en un lugar como aquel durante mucho más tiempo.

"Harrow, trasládala a otro hospital de inmediato, y pídele que no regrese a ese sitio de nuevo.

¡Este lugar es asqueroso!".

Al decir esas palabras, Shepherd frunció el ceño con disgusto.

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