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Portada de la novela Seguirás siendo mía

Seguirás siendo mía

Tras el maleficio de Bárbara, la antigua Luna, Sandra queda atrapada en un ciclo de reencarnaciones infinitas. En esta aventura de peligro y secretos, la protagonista descubre que sus parientes aún viven, desafiando un destino marcado por el despecho. Decidida y valiente, deberá elegir entre dos almas gemelas, aunque eso suponga un sacrificio letal. Sandra no se rendirá hasta hallar su verdadera identidad y alcanzar la felicidad que tanto le han negado.
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Capítulo 1

Regrese por ti esas palabras que se repetía cada 5 segundos en mi cabeza como si fuera un reproductor rotativo, ¿cómo puede alguien regresar como si nada después del dolor que ha provocado?, es como si a un niño le rebatas la paleta en la calle y tres días después se la regresas diciendo te la regreso, después de haberlo hecho llorar, sufrir, es de pocos hombres, un hombre de verdad jamás haría sufrir a alguien que dice que la amaba más que a su propia vida.

No podía asimilar nada, toda la gente nos miraba y él aún estaba acariciando mi mejilla que rebeldes lágrimas resbalaban, lágrimas de sufrimiento, de ser tan ingenua, tan estúpida en creer que él me había dejado, que ya no estaría, me siento sucia, engañada, detengo su mano y la aviento a un costado, su caricia quema en mi piel, el me mira analizando cada movimiento que hago como cada uno de los presentes.

-Es tarde, no quiero saber de ti, me hiciste sufrir, me engañaste, solo pensaste en ti, ¿por qué regresar ahora?, Bárbara no te quiso, puedes morirte mil veces pero yo por ti no siento nada- un dolor en mi pecho se instala, pero lo ignoro- jamás te voy a perdonar, por lo que me hiciste, por lo que nos as echo- señalo a todos- y por lo que les hiciste- señalo a sus padres, que no me había percatado que su madre lloraba abrazada a su esposo- ¡jamás!- grito haciendo énfasis a la palabra- no necesito tus regalos, tu opinión o tus ordenes, la conexión es débil y yo misma me encargare de romperla- mi discurso es frío, seca, sin corazón, con un nudo en la garganta.

-Eres mía y seguirás siendo mía- con un aire de amenaza se acerca diciéndome esas frases que anteriormente me ponía la piel de gallino, hoy no es la excepción pero lo ignoro.

-Jamás lo volveré a ser, me mentiste, me engañaste…- sus ojos se vuelven oro, su quijada se vuelve dura y sus puños están cerrados con tanta fuerza que los nudillos están blancos.

-¿Y quién dijo que me perdones?- y con eso me eleva en sus hombros y camina con migo a su casa.

-Bájame, quiero terminar el ritual- digo enojada, pataleándolo y golpeándolo, sabiendo que me duele más a mí.

-Cállate- y una dura mano impacta en mi trasero

-Eres un cobarde, porque hacer esto ¿qué ganas?, a mí nunca me tendrás y…-

-¡Te callas de una vez por todas!- grita llegando a su casa, me baja y me tapa la boca donde yo seguía pataleando e insultándolo en su cara sin que me escuchara, el niega y me mete a la casa, atrás venia Francisco con la cola entre las patas, lo veía cohibido y temeroso, se había ganado mi confianza pero él también me traiciono, todos los hombres son iguales, hijo de pu…

Santiago me carga, sabiendo que no podía con migo andando y me lleva a las habitaciones o mejor dicho a su habitación, entra con migo y deja la puerta abierta para que Francisco entre también.

Aun enojada lo empujo y me alejo de unos cuantos pasos sin tener energía de escapar.

-Eres un estúpido, confié en ti- le grito a Francisco el baja más la cabeza, si es que posible.

-Lo siento señorita solo cumplía los órdenes del señor rey- dice balbuceando rápido

-¿Y yo donde quedo?- le pregunto mirándolo, sin siquiera esperar una respuesta prosigo hablando- que me destruyeran hasta y cuando por fin estoy decidida de olvidar todo regresas como si nunca hubiera pasado nada durante estos meses- digo ahora recriminando a Santiago-

Él solo me veía, sin decir nada y eso me enojaba más porque no se defendía solo escuchaba, veía como poco a poco me autodestruía, lloraba sin parar por todo lo que me había lastimado sin él darse cuenta, todo se fue a la basura, ahora entiendo porque a veces no necesitaba la pastilla, era porque él estaba cerca de mí, me vigilaba y veía mis lágrimas nunca lo podré perdonar.

-Nunca digas nunca, cariño- me dice Santiago, lo miro a los ojos intentando matarlo y enterrarlo a tres metros bajo tierra, pero a la vez abrazarlo, llorar en su hombro, no sabía lo que sentía simplemente estaba confundida.

Camino hacia atrás hasta que encuentro la cama y me siento intentando tranquilizarme, para poder pensar mejor en lo que ahora estaba a punto de suceder, pero ahora no es el ciclo en el que estaba acostumbrada, ahora es peor, porque mi mundo cambiara a 90° de nuevo.

-Nos vamos Sandra, a casa- dice Santiago acercándose a mí, tendiéndome su mano para ayudarme a levantar

-¿A casa?- aturdida me limpio las lágrimas mientras me paro sin aceptar su mano falsa.

-Si, a nuestra antigua vida, arregle tu universidad, regresaras a donde estabas y punto, no está en discusión- mis ojos se agrandan, como es posible que el haga todo eso sin decir nada, aun se cree el dueño de mi vida, bueno en cierto términos si lo es, pero NO, no me dejare

-No….-

-No es pregunta amor mío, es una orden- y ahí va con sus ojos de oro- por cierto tu familia llega mañana a su casa nueva- toma mi mano a la fuerza y me saca de su cuarto, Francisco ya tenía mi maleta que me había traído días anteriores.

Al bajar las escaleras y llegar a la sala nos encontramos a los padres de Santiago, la mamá más estable con su esposo a su lado, frío como el hielo.

-¿Por qué lo hiciste?- dice su padre al vernos entrar, se para poder acercarse a Santiago, puedo ver como su mano es rígida y en un segundo la tiene en la mejilla de su hijo, donde la cachetada suena por toda la casa, su mamá Daniela se apresura a acercarse a su marido para alejarlo un poco de su hijo, Santiago no dice nada, solo mira a su padre sin expresión alguna- ¡contesta o eres cobarde!- se desespera el señor por el gran silencio que se generó en la casa.

-No me entenderían, jamás lo harían- dice viendo a su mama, se acerca y la abraza- solo pido que me apoyen en mis decisiones, porque lo hice por un bien a la familia, cuando pase el tiempo les explicare, pero no me hagan hablar cuando sé que no es el momento, hay muchas cosas que decir pero no ahora- dice viendo a su padre sin soltar a su madre y mi mano, que por un momento pensé que iba a dormirse por el agarre posesiva.

-Sabes muy bien que para nosotros, eres muy importante y te daremos el tiempo necesario, pero quiero que me prometas algo- dice su madre, él se separa un poco y la mira sin entender, sube su ceja intentando decir que prosiga- no lastimes más a tu mate, porque si no yo me encargare de deshacer su conexión con tal de que ella sea feliz, con quien se le plazca- dice seria, con una mirada de regañando a un niño de 5 años, sonrío ante su atrevimiento, pero su rugido borra esa sonrisa en un segundo.

-¡Jamás, ella solo es mía y no tienes permitido de deshacer la conexión!- me toma de la cintura atrayéndome a él, mentiría si digo que no me duele su agarre, ruge de nuevo, pero su madre ruge más fuerte

-¡A mí no me gritas, soy tu madre!- y con eso un Santiago enojado y una Sandra fuera de su órbita salen de la casa hacia su nuevo y antiguo hogar que compartía con aquel hombre-lobo posesivo, sabiendo que siempre seguiría siendo suya sin importar que se escondiera debajo de la tierra él la encontraría y la levaría a su lado, donde sentía paz, tranquilidad, odio y temor.

Nos adentramos al auto negro ya conocido por mí, donde muchas veces fui perseguida y arrojada como si estuviera secuestrada, pero no, ahora no es el caso, ahora sé que es amar y odiar a una persona, saber que estas destinada para ser solo uno, pero tengo miedo a lo que se avecina, lo único bueno en esta historia es que tendré cerca a mi familia y espero con ansias a Jay.

-Me obligaras- digo afirmando un cambio

-Es por tu bien- contesta al igual que yo, frío y distante

-¿Por mi bien o por tu bien?- volteo a verlo, donde ambos encontramos nuestras miradas, vacías, pero con un obscuro secreto dentro, un secreto que nos mata a los dos, pero que nos mantiene unidos, un secrete que yo ya sabía, pero que no estaba dispuesta a aceptarlo, no aun.

-Por nuestro bien- y con eso, el silencio reino el auto, el simple silencio lo dijo todo; nuestro bien es aceptar que no me dejara nunca, de ahora en adelante porque simplemente seguiré siendo de él.

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