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Portada de la novela Seduciendo a mi ginecólogo

Seduciendo a mi ginecólogo

Gisel vive fascinada por un cliente misterioso cuyo aura la tiene cautivada. El destino le revela una sorpresa inesperada: el hombre es enigmáticamente su nuevo ginecólogo. Durante la cita, su agitación y escalofríos confunden al médico, quien sospecha de una enfermedad real en lugar de notar su atracción. En el entorno clínico de las consultas, surge un vínculo prohibido. Gisel deberá ocultar su pasión mientras la tensión crece en cada examen.
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Capítulo 1

Seduciendo a mi ginecólogo

—¿Cómo encontrarás a ese chico?

Ana, miraba divertida a su compañera. Estaba, tomando un nuevo pedido.

—¡Quiero más papas! —comentó un niño, Gisel llenó un poco más su reciente.

—¿Prefieres atender niños caprichosos toda tu vida? —quiso saber, tenía una de sus manos: posando su cadera.

—¡Oye! —protestó el niño desconocido.

—Muchas gracias por venir a Lesig.

Suspiró, en ese día habian ido muchos pequeños revoltosos junto con sus padres. Aquello, en parte le agotaba.

Pero no le quedaba otra.

Era eso, o vivir en la calle.

—¿Estas de nuevo pensando, en el motivo por el cuál trabajas aquí?

—Asi es, Ana.

Muchas veces Gisel, se quedaba observando nada en particular, con su mano apoyada en su mejilla derecha.

Otras veces, sus ojos quedaban perdidos, en él.

En aquel muchacho, pulcro.

De cabellos rojizos, y sus luceros azules.

Era tan hermoso...

Siempre se lo quedaba viendo,hasta En aquellos momentos , los cuales él no estaba junto se queda pensando en el, en cada instante , la imagen de ese muchacho apareció en su mente.

Se había acercado, pero se había alejado en el instante.

Pero algo le hizo detenerse, a que el muchacho le hablo:

—Hola ¿Me traes un café con tostadas? No me han atendido todavía.

Ella, entendió enseguida el motivo por el cual no lo habían atendido aun, giró su cabeza , un poco molesta con sus amigas. Las cuales la saludaron, con disimulo . Ana, le sacó la lengua. Incluso le mostró un cartel, que decía habla con el.

Ella, empezó a hacerle señales de que iban a morir. Deslizando sus dedos, debajo de su cuello hacia sus amigas.

—¿Estas bien?

—Si, solo es que me dió calor.

—¿Calor?, hoy es de los días mas fríos del año.

—Es que me está por venir.

Apenas afirmó eso, quiso meter la cabeza en algún pozo de tierra, y no sacarla nunca más de ahí.

Se dió un cachetazo mental, por la torpeza que había mencionado a continuación.

—Ah ya veo, en realidad soy ginecólogo. No te preocupes es normal.

—¡Ahora vengo por su pedido!

Lo peor, es que lo hice gritando.

—¿Qué pasa? —me preguntó Ana.

—Le dije que tenía calor, porque me vino, quiero morir. Lo único bueno de esto, ya sé su profesión.

—¿A qué se dedica? —me preguntó Melissa.

—Es ginecólogo.

—Oh, tendrás a alguien que te pueda dar buenos masajes.

—¡Ana!

—Bueno niña, ve a llevarle su pedido.

—¿Qué? No, me niego.

—Gi, tienes que ir. Pobre hombre, abandonado.

Suspiré, sabe donde me han metido esas criaturas, que yo llamaba "amigas".

Trabajaba aquí, hace exactamente 2 años. Ahora tenía, 22 años de edad. Al principio, le había costado mucho renunciar a su carrera, pero no la había quedado de otro. Tenía que pagar su alquiler, y no se pagaba solo viviendo del aire.

Cuándo le llevó el pedido, sus manos , nunca temblaban.

—¿Está bien?, yo la veo muy alterada en su estado. Espere... —murmuró, y sacó una libreta —le daré un turno, asi la atiendo en mi consultorio ¿Le parece?

—Yo...

—¿A las nueve y media o más temprano?

—Yo...

—Si quiere la anoto a las nueve.

—Si...

—Genial, nos vemos mañana.

Asintió, mientras se alejaba algo confusa.

—¿Te dió su número? —preguntó emocionada Ana.

—No...

—¿Te lo pidió?

—No, Melisa.

—Ya se —exclamó Ana —quiere llevarte a un restaurante, o a un motel.

—¿Qué? No.

—Vamos Gi, cuentanos.

—Me dió un turno —bufé.

—Pero eso es bueno "mana".

—¿Tu lo dices, Ana? —comentó Gisel.

—Si, finge estar enferma... Muy enferma.

—Melisa, pero...

—Asi tendrás más citas con él.

—Ana, es para el ginecólogo.

—¿Y? Aprovecha.

Suspiró, entendiendo forma ferviente, que no haría cambiar de opinión a sus amigas. El momento que ya estaba el pedido, se acercó a la mesa redonda, la cual está ubicada en el lado derecho junto a una ventana . las manos, aún le temblaban, y no era por alguna enfermedad extraña , el al parecer suponía.

Estaba muy nerviosa, por su presencia.

El hombre, la miro un poco de extrañado. Era una muchacha delgada, con un cabello extrañamente rebelde. Se notaba, el esmero por a,darlo hacia arriba , pero habían algunos mechones sueltos acariciando a su frente . él no pudo evitar , por algún motivo que el desconocía, mirar sus labios.

Sus labios, eran muy rosas, y estaban entreabiertos. En ese momento los estaba mordiendo, soltando los poco a poco hasta que quedaron un poco hinchado por la acción anterior.

Julian, por algún motivo que desconocía, cerro los ojos momentáneamente, intentando olvidarla.

Demasiados problemas tenía, para prestarle atención a alguien, qué no sé peinaba.

Miro con frustración, su teléfono. En ese día, tenía que ir a buscar a su pequeña hija de 4 años llamada Emma. Él se había divorciado hace 2 años, porque su esposa le había engañado. Lo peor , no había sido El engaño en sí, sino que vienes todos juntos desde que eran unos pequeños niños.

—Aqui tiene su pedido ¿Necesita algo más? —Gi, se mordía los labios con nerviosismo.

—No gracias, puedes retirarte.

—Con permiso, provecho.

Ella, no podía creer lo que había ocurrido. Se había sentido tan temblorosa, y por un momento no puedo apartar la vista de sus bonitos ojos. Se quedó suspirando, mientras limpiaba una y otra vez la barra. Podía apreciar , a pesar de la distancia , , sus brazos se contraían en músculos fuertes, cada vez que cortaba un trozo de su comida.

"¿Por qué era guapo hasta cuando comía?"

Lo único que sabía cómo era que se sentía muy atraída por el . estaba completamente ansiosa, por ir a ese turno, que le había invitado. Nunca en la vida , había esperado que nombre así , le hablara. Aunque seguramente, fuera porque pensaba que estaba enferma. Debía aprovechar eso, para poder conocerlo ñ, sea lo más difícil que pueda ser. Y Giss, no era una persona que se rinda. Y esa vez tampoco.

No le importaba , Ahora más que nunca intentaría seducirlo a , dé lugar.

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