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Portada de la novela Seduciendo a mi enemiga

Seduciendo a mi enemiga

Victoria Kent, una ejecutiva de éxito, asume la dirección de Sutton International Design, dejando a Ethan Callaway sin el ascenso que tanto deseaba. Herido en su orgullo, el director de marketing inicia un plan de sabotaje para desplazarla y recuperar el poder. Mientras ella busca su apoyo profesional, él despliega una guerra de estrategias implacable. No obstante, la intensa rivalidad entre ambos pronto se transforma en un deseo prohibido que amenaza sus planes.
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Capítulo 1

No puedo evitar sentirme nerviosa en este preciso instante. Estoy eufórica. Hoy es el día en el que por fin logro materializar todos los esfuerzos y sacrificios de mi vida profesional. Soy una chica tímida e introvertida, no puedo negarlo, pero es vital no permitirme demostrar debilidades en este medio donde la testosterona ejerce su supremacía.

Me dirijo con pasos firmes y seguros a la oficina de Recursos Humanos para finiquitar todo el papeleo de contratación. Luego debo asistir a la sala de reuniones, lugar en el que se llevará a cabo la presentación oficial ante todos los trabajadores que dependerán de mí, una vez asuma el cargo como directora ejecutiva de Sutton Internacional.

―Buenos días, señorita, soy Victoria Kent, tengo una cita con el señor Evans.

La joven morena sonríe antes de devolverme el saludo.

―Bienvenida, señorita Kent, permítame anunciarla.

Le doy un rápido vistazo a las instalaciones e intento familiarizarme con el área mientras ella se comunica con su jefe.

―El señor Evans la atenderá de inmediato ―indica la chica al levantarse de su silla―, sígame por favor.

Estoy muy nerviosa, pero hago todo lo posible para disimularlo. La chica abre la puerta y me invita a pasar.

―Buenos días, señorita Kent, es un placer recibirla en su primer día de trabajo ―indica el hombre de cabello oscuro y actitud profesional al levantarse de la silla para recibirme. Abotona su chaqueta de diseñador y me tiende la mano para saludarme―. Por favor, tome asiento ―me indica con amabilidad para que ocupe una de las sillas que hay frente a su escritorio―. ¿Desea tomarse un café? ¿Agua?

Trago grueso y le devuelvo el saludo.

―Buenos días, señor Evans ―estrecho su mano y tomo asiento―, gracias por la bienvenida ―sonrío con agrado―, pero tomé suficiente café antes de venir. Un vaso con agua será suficiente.

Ocupa su silla y levanta la bocina de su teléfono para solicitarle a su secretaria que traiga la bebida.

―Bien, ya habíamos iniciado con todo el papeleo de contratación, pero necesito que firme algunos documentos que quedaron pendientes antes de asistir a la reunión con el personal.

Pocos minutos después llega la chica, quien con gentileza coloca el vaso sobre la mesa. Pregunta con amabilidad si deseamos algo más y ante nuestra negativa, se marcha dejándonos con nuestros respectivos asuntos.

El señor Evans tiende sobre el escritorio las carpetas con los documentos que he de firmar. Leo y constato el contenido de cada uno de ellos, luego procedo a firmarlos. Con mucho profesionalismo va señalándome el lugar en el que debo signar cada formulario. Al finalizar, procede a darme todas las instrucciones y a explicarme los aspectos más importantes sobre el cargo para el que fui contratada. Una vez finalizados todos los trámites, nos dirigimos al salón en el que se llevará a cabo el acto de presentación.

―Hoy conocerá a todo el personal que forma parte de la plantilla de empleados de Sutton. Somos una gran familia.

Explica orgulloso mientras nos dirigimos a la sala de conferencias.

―En un inicio haremos una presentación general con los empleados y luego procederé a presentarle a los ejecutivos en una reunión más formal ―escucho con atención todo lo que me va explicando―. Es posible que hoy conozca al jefe del departamento de marketing, es el único jefe que estará presente en esta primera reunión. Es uno de los ejecutivos más importante de nuestra empresa ―sonríe satisfecho―, y el hombre con más poder después del presidente ―aclara orgulloso―. Espero que tanto él como el señor Sutton puedan estar presentes en la reunión, siempre y cuando, sus obligaciones se lo permitan. De igual manera, si alguno de ellos no aparece, nos harán saber cuándo estén disponibles para hacerlo.

Asiento con un movimiento de cabeza. Me siento aturdida con la cantidad de información recibida desde que puse mis pies en este lugar. Llegamos al salón y no puedo evitar ponerme nerviosa. Dos puertas de madera maciza de color caoba, nos separa del bullicio que se escucha al otro lado de la habitación. Me detengo durante algunos segundos para calmarme antes de entrar y encontrarme con todas las personas que esperan conocerme.

―Tómese el tiempo que necesite, señorita Kent.

Asiento en respuesta. Aspiro pequeñas bocanadas de aire para calmarme, al mismo tiempo que paso las manos con suavidad sobre la tela de la falda para eliminar las arrugas que se aprecian a simple vista. Una vez logro mantener mis nervios a raya, le indico con un ligero asentimiento que estoy lista para hacerlo. Abre la puerta y me invita a entrar. Logro controlar la tensión de mi cuerpo y con la mayor seguridad procedo a enfrentar la situación.

El lugar esta abarrotado. Puedo notar de manera inmediata que los asistentes abandonan sus conversaciones para voltear en dirección hacia nosotros. El señor Evans procede a dar el discurso inicial, supongo que es el procedimiento acostumbrado para estas ocasiones. Al final de sus palabras se desata un coro de aplausos y aclamaciones como muestra de su bienvenida. Todos los empleados se acercan para saludarme y ponerse a disposición… excepto uno de ellos. Observo con atención y con un poco de confusión al hombre que permanece sentado al final de la larga mesa, ajeno y distante a lo que está sucediendo. No puedo evitar mirarlo con fijeza. Su mirada intensa es cautivadora, pero puedo percibir una especie de hostilidad desconocida en ella. Tal vez estoy malinterpretando su actitud.

Una vez concluyen las presentaciones todos vuelven a sus lugares. Ha llegado el momento de retribuir con palabras de agradecimiento todas sus atenciones. Daría cualquier para evadir este momento, porque no hay nada que me inquiete más que los discursos en público.

Con una corta alocución me dirijo a todos para agradecer su efusivo recibimiento. Mi atención se centra una vez más en al hombre que se mantuvo apartado en todo momento. No entiendo por qué razón estuvo tan distante. Decido ignorarlo, sin embargo, me causa cierta suspicacia y mucha curiosidad.

Pocos minutos después el señor Sutton aparece en la reunión. Logro identificarlo porque es un hombre muy importante en el mundo empresarial y financiero. Además, tuve la precaución de averiguar todo sobre él y su empresa, antes de postularme para el cargo que estaban ofertando.

Es un hombre fascinante, atento y educado. Su manera de saludarme me hace sentir avergonzada. No obstante, trato de recibir sus encantadoras palabras de la mejor manera posible. Le agradezco por haberme elegido y por permitirme formar parte de su empresa. No estoy dispuesta a desperdiciar una oportunidad como esta. Daré lo mejor de mí para que estén satisfechos con mi trabajo.

Me sorprendo cuando el desconocido que se mantuvo distante en todo momento durante la reunión, por fin decide acercarse. Sin embargo, pronto me doy cuenta que más que un aliado, este hombre es un fuerte contendor para mis aspiraciones.

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