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Portada de la novela Secuestrada por un error

Secuestrada por un error

Después de años de sufrimiento, Juliana encara un destino letal. Un influyente narcotraficante, cegado por sospechas de traición, planea matarla tras rechazar la paternidad de su hijo. En su huida, ella encuentra refugio en el guardaespaldas que la rescató. A pesar del profundo amor que él le profesa, este hombre resguarda enigmas sombríos que amenazan con salir a la luz en una peligrosa red de mafias, engaños y secretos familiares por descubrir.
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Capítulo 3

Juliana esperó con el corazón palpitante durante horas, hasta que finalmente escuchó la puerta abrirse. Gael entró, sosteniendo de la mano a un pequeño niño de cabello castaño, y lo primero que notó fueron sus ojos, igual que los de su padre: uno verde y otro café, aunque el niño intentaba ocultarlos detrás de unos pequeños anteojos.

—Juliana, te presento a Iker —dijo Gael con una sonrisa tierna—. Él es mi hijo.

Juliana se agachó para quedar a la altura de Iker, sonriendo con calidez. El niño la miraba con timidez, nervioso de encontrarse en un lugar nuevo y con una persona desconocida.

—Hola, Iker —dijo Juliana suavemente—. Estoy muy feliz de conocerte.

Iker la observó por un momento, escondiéndose un poco detrás de Gael. Juliana notó su inseguridad, pero no lo presionó. Extendió su mano con delicadeza, permitiéndole tomar su tiempo para confiar en ella.

—No tienes que tener miedo, Iker —dijo Gael, acariciando suavemente la cabeza del niño—. Aquí estás a salvo, y Juliana y yo vamos a cuidarte.

Después de unos segundos, Iker finalmente dio un pequeño paso hacia adelante y tomó la mano de Juliana con timidez. Sus pequeños dedos se aferraron a los de ella, y Juliana sintió una oleada de ternura y protección.

—Vamos a ser una familia, Iker —le dijo con una sonrisa—. Tú, yo, tu hermanita… aquí estaremos todos juntos.

Iker no dijo nada, pero en sus ojos, ocultos tras los lentes, había una chispa de curiosidad y esperanza.

Iker miró a Gael con preocupación mientras hacía la pregunta que lo había estado atormentando.

—¿Quién es ella, papi? ¿Y dónde está mami?

Gael, con un tono tranquilizador, respondió:

—Muy pronto rescataremos a mami y a tu hermanito. Ella es Juliana, mi mujer.

Juliana, al escuchar esas palabras, miró a Gael con incredulidad. No podía creer que Gael tuviera otro hijo, y la revelación la llenó de dudas sobre qué más podría haberle ocultado. La preocupación y la confusión eran evidentes en su rostro.

Iker, con una expresión triste, continuó:

—Yo quiero ver a mami. En el orfanato me decían cosas feas por mis ojitos.

Juliana se agachó a la altura de Iker, su corazón se llenó de ternura al ver la tristeza en los ojos del niño.

—Pero qué dices, cariño —le dijo suavemente—. Tienes los ojitos más bellos del universo.

Le dio varios besos en las mejillas, intentando levantar su ánimo.

—Eres hermoso, y yo puedo ser tu mami mientras ella regresa, ¿sí?

Iker asintió tímidamente, y Juliana continuó jugando con él mientras Gael abrazaba a la bebé que comenzaba a llorar. Más tarde, mientras Iker miraba dibujitos, Juliana se acercó a la cocina, y Gael la siguió, agarrándola de la cintura.

—Amor, ya quiero que sea de noche y que nuestros pequeños estén dormidos. Me muero de ganas —dijo Gael, con un tono de deseo.

Juliana se apartó suavemente.

—Déjame, Gael.

—¿Qué pasa? —preguntó él, confundido.

—No entiendo por qué me has mentido, Gael. Tienes gemelos.

—Tampoco lo sabía, cariño. Mariana solo me dijo que nuestro hijo estaba en un orfanato y que su nombre es Iker. Entonces comencé a buscarlo y ahora sé que Ian también es mi hijo.

—¿Ian? ¿El hijo de Eugenio? La mamá de Iker es la esposa de ese miserable… no entiendo nada.

—Cariño, rescataré a Mariana y a mi gemelo, pero eso no significa que no te quiera.

Juliana sintió una mezcla de dolor y confusión. Gael, acercándose más, le dijo:

—La señora Mariana es la mamá de tus hijos. Debes estar con ella, Gael. Lo mejor será que Luz y yo nos marchemos.

Gael, abrazándola y dejando besos en su cuello, respondió con sinceridad:

—Te amo, Juliana, te adoro. Seré un padre presente, pero yo te quiero a ti.

A pesar de sus palabras, Juliana se encontraba en un torbellino de emociones, lidiando con la complejidad de la situación y la traición que sentía. La vida, que parecía haber encontrado un rayo de esperanza, ahora estaba envuelta en una serie de revelaciones dolorosas.

Juliana se apartó ligeramente del abrazo de Gael, su mente luchando para procesar la avalancha de revelaciones. La confusión y la traición la envolvían mientras intentaba comprender el alcance de la situación.

—¿Entonces, qué vamos a hacer ahora? —preguntó con voz temblorosa—. ¿Cómo podemos seguir así cuando hay tantas mentiras y secretos?

Gael, con una mezcla de arrepentimiento y desesperación, intentó consolarla.

—Te juro que no quise lastimarte, Juliana. La verdad es que no sabía nada de Ian hasta hace poco. Mi intención siempre ha sido protegerte a ti y a Iker.

Juliana se apartó un poco más, sus lágrimas comenzando a caer.

—Pero ¿cómo puedes esperar que confíe en ti después de todo esto? Me has ocultado a tus hijos y, para colmo, tu ex pareja es la esposa de ese miserable.

Gael la miró con pesar, sintiendo el peso de sus palabras.

—Lo sé, y lamento profundamente no haberte dicho la verdad desde el principio. Pero por favor, entiende que lo que más deseo es que estemos bien, que estemos juntos y que nuestros hijos estén a salvo.

Juliana sacudió la cabeza, sintiendo una mezcla de furia y tristeza.

—Lo siento, Gael, pero esto es demasiado para mí. Necesito tiempo para pensar y decidir qué es lo mejor para Iker, para la bebé y para mí.

Gael se acercó a ella, tratando de buscar una solución.

—Por favor, no te vayas. No puedo perderte, Juliana. Vamos a resolver esto juntos. Mi prioridad es nuestra familia.

En ese momento, el llanto de la bebé interrumpió la conversación. Juliana, secándose las lágrimas, se volvió hacia el niño que lloraba, mientras Gael intentaba calmar a Iker que observaba la situación con preocupación.

—Voy a cuidar de la bebé, —dijo Juliana con firmeza—. Necesito un poco de espacio para aclarar mis pensamientos.

Gael asintió, reconociendo que no podía forzarla a tomar decisiones rápidas. Sabía que la confianza se había roto, y que recuperar su lugar en la vida de Juliana requeriría mucho más que promesas.

Juliana tomó a la bebé en sus brazos y se dirigió a una habitación cercana, dejando a Gael con Iker en la sala. En su mente, trataba de organizar sus pensamientos y emociones, preguntándose cómo manejaría el caos que había entrado en su vida.

Mientras tanto, Gael, con una mezcla de tristeza y determinación, decidió que haría todo lo posible para demostrarle a Juliana que podía ser digno de su confianza. Tenía que arreglar lo que había roto y asegurarse de que su familia, aunque ahora estaba deshecha, pudiera encontrar una forma de unirse y sanar.

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