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Portada de la novela Secretos en la Cima

Secretos en la Cima

Ethan Lancaster y Adrien Moreau, dos magnates enfrentados por el dominio corporativo, mantienen una rivalidad pública que oculta una realidad muy distinta. Tras sus impecables fachadas y el desprecio mutuo frente a la prensa, ambos ceden a una atracción prohibida en encuentros secretos. En un entorno de élite donde la imagen lo es todo, el riesgo de ser descubiertos es constante. Ahora, deberán decidir si protegen su estatus o apuestan por sus sentimientos.
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Capítulo 2

La reunión transcurrió como todas las anteriores: intensa, calculada y con un aire casi asfixiante de rivalidad entre Ethan y Adrien. Cada propuesta era respondida con una contrapropuesta, cada observación con una corrección mordaz, cada palabra con una sonrisa afilada.

Pero lo que nadie más en la sala podía notar-o al menos, lo que Ethan esperaba que nadie notara-era la forma en que Adrien lo miraba.

No era una mirada hostil, tampoco puramente profesional. Era desafiante, sí, pero había algo más en la forma en que sus ojos se mantenían fijos en él, en cómo una pequeña sonrisa se formaba en la comisura de sus labios cada vez que Ethan perdía la paciencia.

Era como si disfrutara viéndolo reaccionar.

Ethan apretó la mandíbula, volviendo su atención a los documentos frente a él. No iba a caer en ese juego.

-La oferta que estamos presentando es más que justa -dijo finalmente, con tono firme-. De hecho, considerando las cifras de sus últimos trimestres, diría que estamos siendo generosos.

Adrien soltó una pequeña risa, apoyándose contra el respaldo de su silla.

-Oh, Lancaster, no dudo que seas generoso cuando te conviene -dijo, con un tono que casi parecía insinuante.

Ethan sintió el peso de las miradas de sus propios asesores, pero no permitió que su expresión cambiara.

-Lo que me conviene -respondió sin pestañear- es un acuerdo que beneficie a ambas partes. Si no estás interesado, podemos retirar nuestra propuesta y buscar otra opción.

Adrien lo estudió por un momento, con la paciencia de un depredador.

-Eso no será necesario -dijo finalmente, entrelazando los dedos sobre la mesa-. Revisaremos los términos y enviaremos una respuesta formal antes del final del día.

Con eso, la reunión terminó.

Los equipos comenzaron a recoger sus papeles, algunos saliendo de la sala para atender llamadas o discutir detalles. Pero Ethan sabía que no se iría sin que Adrien intentara algo más.

Y no se equivocó.

Cuando solo quedaron ellos dos, Adrien se puso de pie con calma, ajustando su reloj de manera casual antes de acercarse lentamente.

-Has estado muy a la defensiva hoy -murmuró, lo suficientemente bajo para que nadie más lo escuchara.

Ethan suspiró, mirando hacia la puerta como si eso fuera a evitar que Adrien continuara con su provocación.

-No estoy de humor para tus juegos.

-¿Juego? -Adrien alzó una ceja, fingiendo sorpresa-. Pensé que te gustaban.

Ethan le dedicó una mirada cortante.

-Déjate de estupideces. No aquí.

Adrien sonrió con satisfacción, como si hubiese conseguido exactamente lo que quería. Se inclinó apenas un poco más cerca, su voz lo suficientemente baja para que el aire entre ellos se sintiera más pesado.

-Entonces, ¿te veo esta noche?

Ethan apretó los labios, sin responder de inmediato.

Sabía que la respuesta debería ser no. Sabía que debería alejarse, que esto se estaba convirtiendo en una rutina peligrosa, que cada encuentro solo hacía que fuera más difícil volver atrás.

Pero cuando miró a Adrien y vio esa mirada desafiante, esa seguridad irritante que siempre lo sacaba de sus casillas, supo que la decisión ya estaba tomada.

-A las once -murmuró.

Adrien sonrió, satisfecho.

-No llegues tarde.

Y con eso, salió de la sala, dejándolo solo con sus pensamientos.

⸻***

La noche llegó más rápido de lo que Ethan esperaba.

Se dijo a sí mismo que podía cancelar. Que todo esto era un error. Que lo correcto era mantenerse lejos de Adrien.

Pero en lugar de eso, terminó en la puerta de la suite del hotel, la misma en la que habían estado la noche anterior.

Antes de que pudiera arrepentirse, la puerta se abrió, y Adrien lo miró con una sonrisa ladeada.

-Puntual, como siempre.

Ethan no dijo nada. Simplemente entró, y en cuanto la puerta se cerró detrás de él, todo lo demás dejó de importar.

Lo único que importaba era que, por unas horas, podía olvidarse de que eran enemigos.

Las luces tenues de la suite apenas iluminaban el espacio, lanzando sombras suaves sobre los muebles de lujo. El aire estaba impregnado con el inconfundible aroma del perfume de Adrien y un leve rastro de whisky. Ethan se apoyó contra la pared, mirándolo con una mezcla de cansancio e irritación.

-No entiendo por qué sigo viniendo aquí.

Adrien cerró la puerta con calma, desabrochándose lentamente los primeros botones de su camisa.

-Quizás porque no puedes resistirte a mí.

Ethan rodó los ojos, pero el leve escalofrío que recorrió su espalda lo traicionó. Había algo en la manera en que Adrien decía esas palabras, con esa seguridad inquebrantable, que siempre lograba sacarlo de su eje.

-O tal vez -continuó Adrien, acercándose poco a poco- es porque aquí puedes dejar de fingir que me odias.

Ethan lo fulminó con la mirada.

-Sigues siendo insoportable.

Adrien rió suavemente, inclinándose apenas lo suficiente para que sus labios casi rozaran los de Ethan.

-Y aun así, estás aquí.

No le dio tiempo de responder. En un solo movimiento, Adrien lo atrapó contra la pared, y sus bocas se encontraron con la misma intensidad de siempre: una mezcla de rabia contenida y deseo innegable. Ethan lo empujó ligeramente con ambas manos contra el pecho, pero en lugar de alejarlo, terminó agarrando con fuerza el cuello de su camisa, jalándolo aún más cerca.

La batalla entre ellos nunca terminaba. Solo cambiaba de escenario.

⸻***

Horas después, Ethan se encontraba de pie junto a la ventana, observando la vista nocturna de la ciudad. Desde allí, las luces parpadeaban como un océano de estrellas atrapado en un laberinto de concreto. Detrás de él, Adrien permanecía recostado en la cama, con una mano detrás de la cabeza y la otra sosteniendo un cigarro entre los dedos.

-¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si alguien nos descubriera? -preguntó Ethan, sin volverse.

Adrien exhaló el humo lentamente antes de responder.

-Todo seguiría igual.

Ethan dejó escapar una risa seca.

-No seas ingenuo. Sería un escándalo. Ambos perderíamos credibilidad. La prensa no dejaría de acosarnos.

Adrien se encogió de hombros.

-No me preocupa la prensa.

-Claro que no -Ethan se cruzó de brazos, girándose para mirarlo-. Tú disfrutas de la atención.

Adrien sonrió con suficiencia.

-Y tú disfrutas de pelear conmigo.

Ethan apretó los labios, pero no lo negó. Porque en el fondo, era cierto. Desde el primer día, la tensión entre ellos había sido inevitable. Habían peleado en salas de juntas, en entrevistas, en eventos de gala... pero ninguna de esas batallas había sido tan peligrosa como esta.

Porque esto no era solo rivalidad.

Era algo más.

Algo que ninguno de los dos podía permitirse.

-Voy a irme antes de que empiece a arrepentirme -murmuró, girándose de nuevo para tomar su chaqueta.

Adrien no lo detuvo. Solo lo observó, con esa mirada tranquila que siempre lo sacaba de quicio.

-Nos vemos en la próxima pelea, Lancaster.

Ethan no respondió. Solo salió de la habitación, sintiendo que, una vez más, había perdido contra él.

⸻***

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