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Portada de la novela Secretos en la Cima

Secretos en la Cima

Ethan Lancaster y Adrien Moreau, dos magnates enfrentados por el dominio corporativo, mantienen una rivalidad pública que oculta una realidad muy distinta. Tras sus impecables fachadas y el desprecio mutuo frente a la prensa, ambos ceden a una atracción prohibida en encuentros secretos. En un entorno de élite donde la imagen lo es todo, el riesgo de ser descubiertos es constante. Ahora, deberán decidir si protegen su estatus o apuestan por sus sentimientos.
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Capítulo 3

Los titulares de la mañana siguiente fueron un recordatorio de por qué Ethan tenía razón en preocuparse.

"Guerra de titanes: Lancaster y Moreau se enfrentan en una negociación sin tregua"

"La rivalidad empresarial que define el futuro del mercado"

"Ethan Lancaster y Adrien Moreau: ¿competencia o enemistad personal?"

Ethan dejó el periódico sobre la mesa con un suspiro pesado. No era la primera vez que los medios explotaban la narrativa de su enemistad, pero cada vez parecía más intensa.

Lo peor era que no podían saber cuán cerca estaban de la verdad.

-Vas a acabar rompiendo ese bolígrafo -comentó su asistente, señalando la pluma entre sus dedos que Ethan estaba apretando con demasiada fuerza.

Respiró hondo y la dejó sobre la mesa.

-¿Hay algo nuevo?

Su asistente hojeó su tableta antes de responder.

-Moreau Enterprises ha confirmado que enviarán su respuesta hoy. Pero también hay rumores de que Adrien está planeando algo grande.

Ethan frunció el ceño.

-¿Algo grande?

-Una adquisición. Nadie sabe de qué empresa se trata aún, pero podría cambiar muchas cosas en el mercado.

Ethan cerró los ojos por un momento, sintiendo una punzada de frustración. Por supuesto que Adrien haría algo así. Siempre buscando la manera de tomar ventaja, siempre un paso adelante.

Siempre una maldita provocación.

Se levantó de su silla con decisión.

-Dile a mi equipo que quiero un informe completo de todos los movimientos recientes de Moreau Enterprises. Quiero saber exactamente qué está planeando.

Su asistente asintió de inmediato y salió de la oficina.

Ethan exhaló lentamente, mirando por la ventana de su rascacielos.

Si Adrien pensaba que podía ganar esta vez, estaba equivocado.

Porque aunque en la intimidad Ethan pudiera perder contra él una y otra vez... en los negocios, no pensaba ceder ni un solo centímetro.

El murmullo en la sede de Lancaster Corp. era más fuerte de lo usual. Se respiraba tensión en el aire. Los empleados caminaban de un lado a otro con sus teléfonos pegados a la oreja, las pantallas de los monitores reflejaban gráficas en tiempo real y los ejecutivos de más alto rango mantenían reuniones improvisadas en los pasillos.

Ethan se paseaba por su oficina, el ceño fruncido, observando con detenimiento el informe que su equipo acababa de entregarle.

Adrien Moreau no estaba planeando solo una adquisición. Estaba comprando una de las empresas clave en la red de suministros de Lancaster Corp., una compañía que, aunque pequeña, jugaba un papel fundamental en la logística de su cadena de distribución.

Si Moreau cerraba el trato, podía obligarlo a renegociar términos. Podía dificultar las operaciones de su empresa.

Podía hacerle la vida imposible.

Ethan apretó los puños. Sabía que Adrien no hacía nada sin un propósito oculto. Y esto no era solo un movimiento estratégico. Era una declaración de guerra.

-Señor Lancaster -su asistente, Olivia, apareció en la puerta-. Adrien Moreau está en la línea. Quiere hablar con usted.

Ethan entrecerró los ojos. Por supuesto. Adrien nunca perdía la oportunidad de saborear su victoria.

-Pásamelo.

Se dejó caer en su silla y tomó el teléfono con calma.

-¿Qué quieres, Moreau?

Al otro lado de la línea, Adrien soltó una carcajada suave.

-Qué manera tan fría de saludarme, Ethan. Casi me haces pensar que no te alegró recibir mi llamada.

Ethan apoyó el codo en el escritorio, masajeando su sien.

-No tengo tiempo para tus juegos.

-Oh, pero este no es un juego -Adrien bajó el tono de su voz, haciendo que su tono sonara casi íntimo-. Es un negocio.

Ethan podía imaginárselo perfectamente: sentado en su lujosa oficina, con esa sonrisa arrogante y la confianza de alguien que sabía que tenía la ventaja.

-Vas a comprar Vanguard Logistics, ¿verdad? -Ethan fue directo al punto.

Hubo una pequeña pausa antes de que Adrien respondiera.

-Veo que tienes buenas fuentes -su tono sonaba divertido-. Sí, es cierto. Y si todo sale bien, para esta noche la adquisición estará cerrada.

Ethan apretó la mandíbula.

-Dime qué quieres.

-¿Así de rápido vas a rendirte? Me decepcionas, Lancaster.

-No me rendí. Solo quiero saber qué estás buscando realmente.

Adrien guardó silencio unos segundos, disfrutando el momento antes de hablar.

-Una cena.

Ethan parpadeó.

-¿Qué?

-Cenemos juntos esta noche -repitió Adrien, como si estuviera sugiriendo algo tan inofensivo como un café-. Si lo haces, tal vez podamos renegociar los términos de mi compra.

Ethan se frotó el puente de la nariz, exasperado.

-¿Quieres chantajearme con una cena?

-No lo llames chantaje -Adrien dejó escapar una risita-. Llámalo... una oferta de colaboración.

Ethan suspiró. Sabía que esto era una mala idea, pero también sabía que no podía dejar que Adrien se saliera con la suya tan fácilmente.

-Está bien. Pero no esperes que sea una velada agradable.

-Oh, Lancaster -la sonrisa en la voz de Adrien era evidente-, nuestras noches siempre son interesantes.

Ethan colgó sin responder.

Apoyó la cabeza contra el respaldo de su silla, exhalando lentamente.

¿Por qué sentía que estaba caminando directo a una trampa?

⸻***

El restaurante era un lugar exclusivo, con luces tenues y una atmósfera sofisticada que parecía hecha para negociaciones privadas y citas discretas.

Ethan llegó puntual, sabiendo que Adrien probablemente ya estaría esperándolo.

Y, por supuesto, tenía razón.

Adrien estaba sentado en una mesa al fondo del restaurante, con una copa de vino en la mano y una expresión de absoluta calma. Vestía un traje negro impecable, con la corbata ligeramente aflojada, lo que le daba un aire de descuido calculado.

-Lancaster -lo saludó con una sonrisa cuando Ethan se sentó-. Me alegra ver que no escapaste.

-No me des tanta importancia -respondió Ethan, llamando al mesero para pedir un whisky-. Ahora dime qué quieres.

Adrien apoyó el codo en la mesa y lo observó con atención.

-Tal vez solo quería verte.

Ethan rodó los ojos.

-Moreau.

Adrien sonrió.

-Está bien, está bien -se inclinó un poco hacia adelante-. Quiero un trato.

-No me sorprende.

-Voy a cerrar la compra de Vanguard Logistics, eso no va a cambiar. Pero... podríamos llegar a un acuerdo donde tú no salgas perjudicado.

Ethan entrecerró los ojos.

-¿Y qué quieres a cambio?

Adrien se tomó su tiempo antes de responder.

-Una fusión.

Ethan casi deja caer su vaso.

-¿Estás bromeando?

Adrien negó con la cabeza.

-Piensa en ello. Si unimos nuestras fuerzas en este sector, ningún otro competidor podrá igualarnos. Seríamos imbatibles.

Ethan se quedó en silencio por un momento.

Lo que Adrien proponía tenía sentido desde un punto de vista empresarial. Sería una jugada estratégica que garantizaría que sus empresas dominaran el mercado.

Pero eso también significaba que tendrían que trabajar juntos.

Constantemente.

Verse todos los días.

Pasar de ser rivales a... algo más.

Adrien debió notar su vacilación, porque sonrió con suficiencia.

-Te lo dejaré pensar -dijo, tomando su copa de vino-. Pero sé que la idea te intriga.

Ethan apretó la mandíbula.

-No juegues conmigo, Adrien.

-Nunca lo haría.

Y lo peor era que, por primera vez, Ethan no estaba seguro de si Adrien estaba mintiendo o no.

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