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Portada de la novela Secretaria del Sexo

Secretaria del Sexo

El deseo carnal que experimento por ella se ha vuelto una carga incontrolable; cada gesto suyo intensifica mis deseos más profundos. Justo cuando planeaba sugerir un encuentro íntimo sin compromisos, sus declaraciones me tomaron por sorpresa. Con una calma absoluta, ella se anticipó a mis intenciones admitiendo que mi magnetismo le fascina. Reivindicando su derecho a decidir, me lanza un desafío directo para culminar nuestra tensión en la alcoba.
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Capítulo 1

Eli.

Caminé por la calle transitada hasta llegar a 'Dulce azúcar' un nombre muy estúpido, sí. El lugar es muy frecuentado y las ventas son altísimas, por lo tanto no me quejo, porque me gusta cocinar postres. Y las recetas de mi madre y de mi abuela, son un manjar que se vende mucho,como todos los que hacemos aquí. Pasé a la tienda y me acerqué para saludar a Abril —la hermana de Will, dueño del lugar—.

—¡Elisse, ¿cómo estás?! —pregunta soltando mucha energía.

—Estoy muy bien Abril, ¿y tú? —dejé mi bolso en su oficina, me puse un delantal y empecé con mi día a día.

—¡Ya te imaginarás! —exclama acercándose a mi, a punto de soltar chisme—. André me invitó a salir—dijo susurrando por lo bajo.

Abril era lo más cercana a una amiga, después de Carolina —mi hermana mayor—, y digamos que nos contamos todo tipo de secretos, hasta lo más íntimos. Así que si, Abril la considero como una amiga, sabe dar sus buenos consejos, actúa de la forma más madura posible y reacciona ante una situación cualquiera de buena manera. Abril es la palabra «perfección». Aunque no tanto, tiene sus defectos bien guardados, que pocas veces habla de ello.

—Era lo que querías —tomé un bowl y eché ingredientes para mezclar—. ¿Cierto? Bien, eso creí. Eh Abbs, mañana me presento como secretaria de O'Conner Hilerson.

Su grito me dejó aturdida completamente. —¡Qué, qué!

Asentí. Tendría algo de diversión estos meses, ya que conseguí trabajo estable que no deseche por nada más ni nada menos que el sexo puedo seguir con mis juegos de secretaria. Quiera o no, aún deseaba llevar a Conner a mi cama, el tipo estaba hecho caramelo para comerse muchas veces.

—Me imagino que será todo en las mañanas—dice—. ¡Tienes que contarme todo! Y si es posible, con detalles también.

Reí, —No te pases, eh.

El tintineo de la puerta nos dijo que era hora de ponerse a trabajar, que Will había llegado junto a los demás trabajadores —Emmie, André, Diana y París—. Yo me quedé horneando tartas de frambuesa y mora, una delicia total, mientras Abbs se encargaba de las galletas con malvaviscos rellenos,¡otra delicia! Diana estaba encargada de los helados caseros, París de llevar pedidos y encargarse de las ricas malteadas que se hace —nutritivas también—. Emmie suele ser la cajera unos días, y otros nos ayuda con pasteles. André se encarga de hornear panecillos, y otro poco más. Debo decir que los panecillos que sabe hacer son una delicia, ¡y todo es casero!

Esta gente tiene una muy buena mano, hay que admitirlo. Will me pide que vaya a su despacho y lo hago. Ya me veo en la situación que se llevará a cabo. Me siento tranquilamente en un sofá alejada lo más posible de él, cruzando mis piernas cómo siempre; y limpiando harina que tengo en el delantal, también un poco en la cara.

—Will... —comienzo pero él me interrumpe, yo alzo una ceja hacia él haciendo un gesto de desaprobación.

—Annelisse,por favor—suplica y me vuelvo a sentir en un vacío.

Por lo tanto, niego con la cabeza para reajustar las palabras que tengo que decir. Hace un tiempo, tuve un ligero romance con Will, cabe admitir que me gusta y está bien bueno. Pero se fue a la borda al saber que yo no sentía nada hacia él nada más que deseo sexual. Se lo dejé bien clarísimo, pero él hacia caso omiso a mis palabras, suplicaba por una relación dónde solo abría mentiras de mi parte y sólo placer. Nada, pero nada de romanticismo y eso era algo que yo no le podía dar porque no lo sentía, y no lo veía justo.

—Ya te lo dije, Will—susurré con desgana—. No haría más nada que herirte mintiéndote, sería muy egoísta de mi parte y tuya también, porque estaría con una persona la cuál no siento nada más que deseo sexual. ¿Comprendes?

Desvió la mirada. —Sólo soy un capricho tuyo, Will. Tal vez la persona a la que busques esté esperándote allá afuera y tú que ni cuenta te das por estar pendiente de una mujer como yo.

—Eres hermosa, Elisse—murmura—. Y porque sé que te amo, te dejaré estar.

Suspiré aliviada, y a la vez un tanto asombrada. ¡Hoy era mi día! Al fin lo había dejado estar,ya se dió cuenta que no soy la mujer correcta de estar en su vida. No soy esa clase de mujer que otorga amor si no lo siente.

—Gracias, Will—le sonreí honesta—. Pronto llegará la indicada para ti.

Salgo de su despacho, y me fijo en la hora.

Hora de irme a casa, a descansar y a buscar el atuendo perfecto para presentarme mañana ante el guapísimo O'Conner Hilerson.

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