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Portada de la novela Se retira la Primera Dama, y entra Su Majestad

Se retira la Primera Dama, y entra Su Majestad

Después de tres años de humillaciones por su origen humilde, Allison es abandonada por Nolan al no darle herederos. No obstante, el divorcio destapa su verdadera identidad: una princesa perdida con una fortuna inmensa. Protegida por sus tres influyentes hermanos, expertos en medicina, lucha y negocios turbios, ella asume su trono. Cuando Nolan intenta recuperarla arrepentido, se topa con una soberana poderosa dispuesta a orquestar su total destrucción.
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Capítulo 1

"¿Su esposo todavía no ha llegado?".

Un joven médico residente estaba allí, con varios formularios de consentimiento quirúrgico en la mano, esperando que un familiar firmara por Allison Fulton.

La chica estaba acurrucada en la cama del hospital. Su rostro se había puesto pálido, y sostenía el celular con debilidad mientras el dolor en el abdomen le recorría el cuerpo en oleadas.

Le habían diagnosticado apendicitis aguda y necesitaba una cirugía de inmediato. Pero por más que llamaba, su esposo nunca contestaba.

Todo en el quirófano estaba listo, ¡y ella aún no lograba que alguien viniera a firmar!

"Está muy ocupado", respondió Allison.

Nolan Reid era su esposo. Como el actual Presidente, su agenda estaba llena desde la mañana hasta la noche. Su tiempo nunca le había pertenecido solo a ella.

"¿Demasiado ocupado para preocuparse por su bienestar?". El médico soltó un suspiro de frustración. "No importa cuán apretada esté su agenda, ¿puede estar más ocupado que el Presidente? Incluso el Presidente se dio tiempo para acompañar a su prometida a un control prenatal hoy".

Esas palabras la golpearon sin previo aviso.

"¿Q-qué dijo?", preguntó la chica, con voz temblorosa. "¿Quién acompaña a...?".

La mención del Presidente acompañando a su prometida a un control prenatal le oprimió el pecho y la dejó sin aliento.

En ese momento, un alboroto repentino surgió fuera de la habitación del hospital.

El médico señaló hacia el pasillo. "Mire. Ese es el mismísimo Presidente, uno de los hombres más ocupados del mundo. Incluso él se dio tiempo para acompañar a su prometida a un control prenatal hoy".

A pesar del dolor agudo que le retorcía el abdomen, Allison levantó la cabeza y miró. Un hombre alto, con un traje impecable, pasó por delante de la habitación. Filas de guardaespaldas lo seguían de cerca.

Sintió como si algo le estrujara el corazón.

Nolan era el hombre que había amado durante ocho años, el esposo al que había apoyado en silencio durante tres. En ese preciso instante, él empujaba la silla de ruedas de una mujer de aspecto delicado a un control prenatal.

La mujer era Hollie Pearson, miembro de la familia más rica del país y la misma persona que la había acosado durante sus años de escuela.

Allison observó lo que sucedía afuera y sintió como si algo le estrujara lentamente el corazón. El dolor le llenó el pecho mientras la suave voz de su esposo llegaba a sus oídos. "No te preocupes, Hollie. Estoy aquí contigo".

Allison parpadeó, atónita.

¿Y ella qué?

La ira la invadió. Hizo a un lado la manta e intentó levantarse, decidida a salir y exigir una explicación.

¡¿De quién era el hijo que esperaba Hollie, para que el propio presidente la acompañara a un control prenatal, ocultándoselo a su esposa?!

Pero el agudo dolor en el abdomen la golpeó de nuevo antes de que pudiera ponerse de pie. Su cuerpo se desplomó de nuevo en la cama, dejándola demasiado débil para levantarse.

El médico se acercó y la detuvo rápidamente. "No se mueva. ¿Por qué no intenta llamar a la oficina de su esposo?".

¿La oficina de su esposo?

¿Acaso alguien de la residencia presidencial la había tratado alguna vez como la Primera Dama?

Ese mismo día, cuando se desmayó, fue un extraño quien llamó a la ambulancia.

"Sería lo mismo que si ya fuera viuda", dijo con la voz llena de desesperación. Se revolvió en la cama mientras el dolor continuaba y arañaba las sábanas.

"¡Maldita sea!". Agarró la manga del médico con toda la fuerza que le quedaba. "¿Puedo firmar yo misma?".

La cirugía laparoscópica finalmente fue un éxito, y el hospital requirió que Allison se quedara allí por dos días.

Nadie vino a cuidarla. Yacía allí con el dolor recorriendo su cuerpo, y el sueño no llegaba.

A la una y media de la madrugada, estaba a punto de quedarse dormida cuando su celular sonó y la despertó.

Quien llamaba era Nolan.

"Allison, ¿desde cuándo te parece aceptable pasar la noche fuera?", cuestionó el hombre. "¿Solo porque no contesté tus llamadas durante el día, decidiste hacer un berrinche como este?".

Su voz transmitía una clara frustración y culpa, y carecía del cuidado y la preocupación que un esposo debería mostrar.

Incluso la comparó con Hollie, diciendo: "¿Cuánto tiempo piensas seguir actuando así? Si tan solo pudieras aprender a ser sensata como Hollie...".

La herida de Allison seguía palpitando, dejándola sin fuerzas para discutir con él.

Nolan no esperó su respuesta. "Vuelve ahora mismo", ordenó. "Necesito hablar contigo".

No había lugar para la negativa en su tono. "No me obligues a enviar a alguien para que te traiga".

Una hora después, la joven regresó a la residencia presidencial en un taxi.

Las luces del salón del segundo piso del edificio principal seguían encendidas. Adentro, un hombre estaba sentado en el sofá con las piernas cruzadas. Parecía frío y distante. Sin embargo, la iluminación a su alrededor hacía que su figura pareciera ligeramente cálida.

Por primera vez en sus tres años de matrimonio, Nolan era quien la esperaba. Eso conmovió el corazón de Allison por un breve instante.

"¿Por qué volviste tan tarde? ¿Dónde has estado exactamente?", preguntó él mientras se pellizcaba el puente de la nariz. No levantó la cabeza cuando ella se acercó.

Había repetido la misma expectativa muchas veces antes. ¡Lo que quería era una esposa obediente y comprensiva!

¿Por qué no podía simplemente actuar como él quería?

Una opresión creció en el pecho de Allison. Le respondió con un tono agudo: "¿Ah, sí? Fui a un club y disfruté de la compañía de ocho gigolós. ¿Te satisface esa respuesta, señor Presidente?".

Si Nolan la hubiera mirado bien, se habría dado cuenta de lo débil que parecía.

"¡Allison!". El otro finalmente dejó los documentos a un lado y levantó la vista, con clara irritación.

Sus ojos recorrieron el pálido rostro de ella y, por un breve momento, su expresión se suavizó ligeramente. La aspereza de su voz disminuyó. "¿Qué te pasa? ¿No te sientes bien?", inquirió.

La mujer no respondió a su pregunta.

Cuando realmente lo necesitó, su esposo no había estado allí para ella. Ahora que estaba de pie frente a él, ¿qué sentido tenía que fingiera preocuparse?

Solo preguntó: "¿Para qué me llamaste?".

Nolan la miró fijamente durante casi medio minuto. Después de esa pausa, deslizó un documento sobre la mesa hacia ella. "Divorciémonos. Hollie está embarazada y los resultados prenatales no son buenos. Está lidiando con depresión prenatal y tiene tendencias suicidas. El médico dijo que necesita el cuidado de su esposo".

Dejó de hablar por un momento, y un rastro de ternura apareció en sus ojos sin que se diera cuenta. "Allison, necesito que soportes esto por ahora. Nos separaremos temporalmente. Después de que Hollie dé a luz y el niño tenga un estatus adecuado, me divorciaré de ella y me casaré contigo de nuevo".

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