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Portada de la novela Scarlet

Scarlet

Descubre la inquietante realidad de Scarlet Andreina Gomez Sequera, una joven cuya vida está teñida por la tragedia. Tras un suceso traumático que marcó su destino, ella deberá enfrentar aterradoras apariciones paranormales que invaden su entorno. Esta obra de misterio y horror profundiza en el origen de su tristeza, revelando cómo lo sobrenatural se entrelazó con su existencia. Una búsqueda desesperada por comprender los enigmas que la acechan en las sombras.
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Capítulo 3

Han pasado ya diez años, ya tengo veinte por lo que he dejado de ser una niña para convertirme en una mujer y sinceramente agradezco no haberme quitado la vida, mis padres murieron en los atentados y fui parte de un internado hasta mis 16 años, con mis estudios y mi beca pude surgir y vivir bien, estudié, adelanté mis estudios de la secundaria por lo que me gradué de la primaria y cursé tres años de la secundaria, los cinco años restantes los dediqué a estudiar Educación Preescolar, con una beca que me permitiría desenvolverme perfectamente, gracias a ello pude ahorrar y comprarme mi casa, dejé el internado a los 16 luego de haberme emancipado, por supuesto.

Mi vida en el internado la resumiré a continuación: Por ser la niña rica y huérfana se metieron conmigo considerablemente, era rechazada por doquier, sin embargo encontré un lugar: El grupo de los marginados, grupo con el que hicimos una revolución para ganarnos el respeto de los demás niños y adolescentes, luego se vino el cambio de director, un sujeto bastante tirano cuyos castigos eran un real sufrimiento, pero no castigaba a los que de verdad se portaban mal: Castigaba precisamente al grupo de los marginados, por ser rechazados, vino otro cambio porque al director se le acusaba de haber abusado de uno de los miembros de nuestro grupo, creo que su nombre era Kevin. Este tercer director fue mucho más considerado, no nos quería por ser los marginados, pero nos daba el mismo apoyo que al resto de los miembros del internado, ese sí era un buen profesional.

Estuve cierto tiempo buscando trabajo, y pude conseguir algo, un trabajo que consiste en cantar, me pagan por hora, pero, quería también ejercer mi profesión.

Por esa misma razón estoy en camino a una guardería, pienso trabajar haciendo actividades para los niños, y que alguien más se encargara de sus necesidades, hoy mientras iba en la buseta, venía cantando una canción japonesa mientras veía la carretera por la ventana.

—Aparté la vista de las chicas que acababan de pasar porque parecían deslumbrarme, tenían las alas libres como la inocencia infantil. Aunque busque un rayo de luz en un lugar oscuro desplegando la única ala que me queda no podré alcanzar la verdad yo sola — canté hasta llegar a la parada.

Llegué a esta antes de haberme dado cuenta, ¿Por qué el tiempo se pasa tan rápido cuando me adentro en mis pensamientos? Bajé y di unos pasos hasta llegar a la institución. Tiempo atrás, tuve numerosos problemas para ser aceptada por mi dependencia con la muleta y el problema de la visión, al entrar estaba la directora. Supe que era la directora por su carnet, este estaba en posición horizontal y decía su nombre también

—Buen día, ¿Qué desea?— dijo la directora muy amablemente. Al fin no era rechazada a la primera, fue inevitable esbozar una sonrisa como respuesta.

— Buen día, mi nombre es Scarlet Gomez. Estudié Educación Preescolar y deseo un trabajo, pero para hacer actividades para los niños, en este momento— en eso guardo silencio, no es fácil decirlo a pesar de tantos años diciéndolo, diré lo que me ha mantenido desempleada todos estos años— Yo tuve un accidente y no puedo hacer muchas cosas, pero la que le mencioné la hago a la perfección...

— Lo siento, pero no acepto trabajos a medias, a menos que trajera a alguien que hiciera su otra mitad.

Mientras la directora decía eso llegó un chico, era guapísimo, a pesar de que veo en gris, puedo distinguir formas y caras y tamaños, sus rostro era algo digno de admirar, sus labios gruesos, se veían con una tonalidad clara, sus cabellos estaban un poco largos y peinados hacia arriba, sus ojos eran redondos, sus cejas rectas, su piel se veía de una tonalidad clara, más clara que la mía, por lo que asumo que es más blanco que yo, ¡Sin mencionar que tengo la piel casi tan blanca como la de un albino!

—Buen día, me llamo Jean Javier, disculpe ¿No tendrá de casualidad algún trabajo de complemento? Es decir, para cuidar niños, que no sea crear actividades, sino más bien como para sus necesidades.

Justo lo que necesitaba para conseguir trabajo, una larga y alegre sonrisa se me formó al percatarme de que estaba viendo, observando, mejor dicho, ¡Contemplando! El milagro personificado que he necesitado todo este tiempo.

—Joven Scarlet ahí está su mitad, la mitad que a usted le faltaba— había tomado verdaderamente en serio esas palabras, como si él fuera algo que faltara en mi vida personal aparte de alguien que llenara la mitad de mi vida laboral— yo soy la directora de esta institución preescolar, la directora Marlene Páez, lo digo por si no han leído mi carnet— señaló el carnet que llevaba en su pecho izquierdo.

— Si justo eso era lo que nos faltaba— afirmó este chico con un tono jovial y lleno de vida, se escuchaba verdaderamente radiante, haciéndome exteriorizar aquello que había perdido por las experiencias que he vivido: Juventud.

—Has llegado, como un regalo caído del cielo. Muchas gracias, Jean Javier— él también ha llegado como un retoño que faltaba en mi vida, en ese preciso segundo sus ojos se encuentran con los míos rápidamente, una tierna mirada se torna en él, era inocente y dulce, incapaz de hacerle daño a alguien, o así lo veía mis ojos con mi grisácea visión.

—Scarlet será la chica que entretendrá a los niños y Jean Josué las necesidades...

—Jean Javier, señora directora— corrigió, su voz tenía algo que llenaba cualquier vacío de cualquier individuo, además de no ser ni tan gruesa ni tan aguda.

—Lo siento joven Jean Javier, prosiguiendo, ambos traerán los requisitos que dice esta hoja— entregó una hoja para cada uno de nosotros.

—Gracias, señora— le agradecí, hora de irme.

Una vez que le agradecí crucé, dando una media vuelta para comenzar a alejarme del lugar, fue cuando me di cuenta de que mis reflejos me habían traicionado, ya era tarde cuando supe que no había sujetado el bastón, ya había afincado mi pie izquierdo, que era como si no estuviera ahí en realidad, así que mi cuerpo se tambaleó de inmediato, ¡Tenía que haber olvidado eso! Un grito escapó de mi garganta y mis ojos se cerraron para esperar que mi cuerpo aterrizara en el suelo.

Algo suave pero firme y fuerte sujetó mi espalda amortiguando rápidamente mi caída, abrí los ojos y lo supe de inmediato, se trataba de Jean... ¡Él! Mis ojos se encontraron con los suyos de inmediato, nuestras miradas quedaron fijas, como atrapadas una con la otra, se trataba de la mirada que quería que se posara sobre la mía el resto de mi vida, el momento en el que nuestros rostros estuvieron frente al otro, deseé que se congelara el tiempo para siempre.

Era gracioso ver que a pesar de que no conocernos mucho, me hacía sentir de una manera fabulosa, tantas emociones al mismo tiempo, todas a la vez, todas tan poderosas e intensas, era único, inigualable, era la primera situación agradable que me sucedía luego de todos estos años. Al reaccionar, al momento en el que regresamos a la realidad por un parpadeo de mi parte, él terminó de recogerme con cuidado, me acercó a mi bastón y lo pude sujetar, una vez con este comencé a moverme despacio.

—Esto nos demuestra que usted tiene problemas de salud, bueno si traen todo hoy ¡Empiezan mañana mismo!

—Está bien, señora— Asintió Jean con su tono de esperanza.

— ¡Está bien! Hasta luego— digo despidiéndome.

— Hasta Luego, jóvenes— una vez que nos despedimos Jean y yo salimos.

Nos miramos una vez que estuvimos fuera de la institución, sonreí un poco tímida antes de preguntarle lo que le iba a preguntar, pero él se me adelantó.

— ¿No tiene más nada que hacer? — Me preguntó.

— Voy a casa a arreglar mis trámites.

— Scarlet— mi corazón se aceleró al momento en que oí mi nombre ser pronunciado por él— ¿qué le parece si la acompaño? Digo, vamos a trabajar juntos, sería idóneo conocernos ¿no lo cree de esa manera? — Sonreí al contemplar su propuesta.

— Sí, lo creo— respondí. He estado mucho tiempo sola, así que por más peligroso que sea voy a aceptar que me acompañe a casa, ya no quiero seguir estando sola, mucho menos si alguien me ofrece su compañía.

Por ende, lo primero que hicimos tras salir de la institución fue ir juntos hacia mi casa, decidimos hacer los movimientos juntos para así irnos conociendo, fue un trayecto que a decir verdad se nos hizo largo, pero entre conversaciones ni siquiera me di cuenta de cuándo habíamos llegado a la parada.

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