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Portada de la novela Salvada por el Alfa

Salvada por el Alfa

Tras una emboscada letal, Luna es socorrida por Axel, un Alfa imponente. El suceso desvela que ella pertenece a una estirpe única con un poder ancestral latente. Unidos por un vínculo indisoluble, enfrentan un deseo irrefrenable mientras escapan de enemigos feroces. Axel se debate entre la lealtad a su clan y el instinto de proteger a Luna, quien representa tanto la salvación como la posible destrucción de su mundo. ¿Prevalecerá el deber o su corazón?
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Capítulo 3

Luna despertó lentamente, con la sensación de estar flotando entre los límites de la conciencia y el sueño. La luz de la luna entraba a través de una ventana pequeña, bañando la habitación con un brillo plateado que la hacía sentirse ajena al mundo exterior. Estaba acostada en una cama que no reconocía, cubierta con una manta gruesa y cálida. A su alrededor, todo estaba en silencio. Un silencio absoluto, como si el tiempo mismo hubiera decidido detenerse.

Al principio, no recordó cómo había llegado allí, ni qué había sucedido. La última imagen que tenía en su mente era la de Axel, su lobo, luchando ferozmente contra el extraño encapuchado en el bosque. Había sentido un miedo indescriptible, pero también algo más: una conexión, algo profundo e irrompible, que la había mantenido alerta. Pero después de eso... todo se había vuelto borroso.

Se incorporó con lentitud, el dolor recorriendo su cuerpo. No era un dolor físico, sino una especie de agotamiento, como si su energía vital hubiera sido drenada. Su cabeza daba vueltas, pero, a pesar de la confusión, algo le decía que debía moverse, que no podía quedarse allí.

El lugar en el que se encontraba era modesto pero acogedor. La cabaña tenía un aire rústico, con paredes de madera envejecida y muebles sencillos pero funcionales. Un fuego tenue crepitaba en una chimenea, iluminando el espacio con destellos naranjas. El aire estaba impregnado de un aroma a madera quemada, tierra húmeda y algo más, algo que no podía identificar.

Se levantó con cuidado, observando cada rincón de la habitación. Había una pequeña mesa de madera, algunas sillas dispersas, y un estante con libros que parecían antiguos, pero lo que más le llamó la atención fue la gran ventana que daba al bosque. El paisaje era sobrecogedor, con árboles altos que se perdían en la neblina nocturna. La luna llena brillaba con fuerza, como si fuera un faro en medio de la oscuridad.

Luna se acercó a la ventana y miró afuera, el viento susurrando entre las hojas de los árboles. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que Axel la había rescatado, pero el pensamiento de él la hizo sentir un nudo en el estómago. ¿Dónde estaba él ahora? ¿Qué había pasado después de la pelea? ¿Y, más importante aún, qué era él? No podía sacudirse la sensación de que algo había cambiado dentro de ella desde esa noche, algo que no entendía, pero que la atraía con una fuerza inusitada.

De repente, escuchó unos pasos fuera de la habitación. Su cuerpo se tensó, el miedo regresó rápidamente a su pecho. No sabía qué esperar, si era Axel o alguien más. No estaba lista para enfrentarse a lo desconocido, no aún. Sin embargo, cuando la puerta se abrió, se encontró con la mirada de Axel, de pie en el umbral.

Sus ojos dorados brillaban suavemente bajo la luz de la luna, y su presencia llenaba el espacio con una intensidad palpable. Luna sintió una mezcla de alivio y ansiedad al verlo. Algo en su interior la hacía querer correr hacia él, abrazarlo, pero al mismo tiempo, había una barrera invisible que la mantenía distante. Era como si no pudiera acercarse sin romper algo dentro de ella.

"¿Cómo te sientes?" Su voz era grave, pero suave, cargada de una preocupación que Luna no había esperado.

"¿Dónde estoy?" La pregunta salió de sus labios antes de que pudiera pensar en cómo formularla. Su mente estaba un caos, pero la necesidad de respuestas era más fuerte que todo lo demás.

"Estás en mi territorio", respondió Axel, sin moverse. "En la cabaña de la manada. Estabas inconsciente cuando te traje aquí. Has estado dormida varias horas."

Luna asintió, tomando asiento en la cama, tratando de procesar sus palabras. Su mirada se desvió hacia las manos de Axel, las cuales estaban entrelazadas en frente de él, como si estuviera luchando por mantener la calma.

"¿Qué pasó después de... después de la pelea?" Preguntó, con un hilo de voz. No sabía si quería saber la respuesta, pero su curiosidad era más fuerte que su miedo.

Axel suspiró, y por un momento, Luna vio cómo su expresión se endurecía. "La amenaza fue neutralizada. El hombre que atacó no era solo un enemigo cualquiera, era un cazador, uno de los más peligrosos. Estaba buscando algo... y me temo que ahora te has convertido en su objetivo."

"¿Por qué?" La pregunta salió de sus labios como un susurro, pero tenía el peso de todas las respuestas que aún no conocía. "¿Por qué me quieren a mí?"

Axel hizo una pausa, y Luna notó cómo su cuerpo parecía tensarse aún más, como si las palabras que estaba a punto de decir fueran difíciles de pronunciar.

"Tú no eres una simple humana, Luna", dijo finalmente, con una intensidad que hizo que su corazón latiera con fuerza. "Eres descendiente de una línea antigua, una línea de mujeres que poseen sangre lunar, una sangre que tiene el poder de fortalecer a los alfas. Eres... algo mucho más importante de lo que imaginas."

Luna lo miró, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. "¿Qué quieres decir con eso?" Preguntó, su voz temblando ligeramente. "No entiendo."

"Tu madre, Luna, no era una mujer común. Ella fue parte de un linaje muy antiguo, y tú... eres su heredera", explicó Axel, su mirada fija en ella, como si estuviera buscando una reacción. "Esa sangre que corre por tus venas tiene el poder de alterar el equilibrio entre los licántropos. No solo puedes potenciar a un alfa, sino que también puedes controlar la transformación misma. Y hay aquellos que quieren usar ese poder... para sus propios fines."

El peso de sus palabras cayó sobre Luna como una pesada losa. Todo lo que pensaba saber sobre sí misma, todo lo que creía conocer sobre su vida, estaba empezando a desmoronarse. Pero había algo más en la manera en que Axel la miraba, algo que la hacía sentir a la vez aterrada y atraída. Como si no pudiera escapar de lo que estaba pasando, ni de la conexión que comenzaba a formarse entre ellos.

"Pero tú estás bajo mi protección, Luna", dijo Axel de repente, interrumpiendo sus pensamientos. "Y eso no cambiará. Nadie te hará daño mientras yo esté aquí."

Luna lo miró a los ojos, viendo la firmeza de sus palabras. Había algo en su presencia, algo en su mirada que la hacía sentir segura, aunque no lo entendiera todo. Un instinto, algo primal, le decía que podía confiar en él, que no debía temerle. Pero la pregunta seguía en su mente, retumbando con fuerza: ¿por qué ella? ¿Por qué la habían elegido?

"Y ahora, Luna," continuó Axel, "tienes que entender que tu vida está a punto de cambiar para siempre. No serás solo una espectadora en este mundo. Tienes un papel que jugar, y las decisiones que tomes afectarán mucho más que solo tu destino."

Luna tragó saliva, sin saber cómo responder. El miedo, la confusión y la curiosidad la envolvían, pero había algo más en sus entrañas, una certeza de que, de alguna manera, estaba destinada a esto. Y sin embargo, no podía evitar preguntarse: ¿Estaba lista para todo lo que eso implicaba?

Axel dio un paso hacia ella, acercándose lentamente. "Tú y yo tenemos un vínculo, Luna. Algo que no podemos ignorar. Y aunque no lo comprendas ahora, te lo demostraré."

Luna sintió un escalofrío recorrer su espalda. Había algo en esas palabras, algo tan profundo que la hizo sentir que su vida jamás volvería a ser la misma.

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