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Portada de la novela Rompiendo tus Reglas

Rompiendo tus Reglas

Su vida es un sistema de control absoluto, regido por horarios estrictos y una rutina inamovible que no deja espacio al azar. Mi mundo, en cambio, es un desorden impredecible y vibrante. Cuando el destino fuerza el choque de nuestras realidades, mi presencia se convierte en el soplo de aire que lo libera de su aburrida perfección. Logré lo que parecía imposible: penetrar en su blindaje emocional, desafiar su estructura y destrozar cada una de sus reglas.
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Capítulo 3

-Mañana es viernes -me dejó saber.

-Lo es.

Sin dudarlo me dejé caer en el sofá acostándome completamente en él.

-¿Saldremos este finde? -yo negué efusivamente.

-Definitivamente no, no tengo ganas.

Ella apagó la estufa y comenzó a buscar los platos para servir nuestra cena.

-Bien, entonces podemos ir al parque en la tarde y regresar con pizza y helado para ver algo el sábado.

-¿No trabajas? -le cuestioné levantando mi cabeza para observarla atenta.

-Gracias a Dios no, cubrí a Jimmy la semana pasada, por lo que tendré libre dos fines de semana seguidos este mes.

-Bien por ti.

Una vez puso nuestros platos en la mesita del sofá yo encendí el televisor y coloqué un show de chistes que daban todos los jueves. Y luego ambas comenzamos a comer despacio procurando masticar adecuadamente antes de tragar.

-Conocí a una chica -susurró Mónica -es una chica que fue por violencia intrafamiliar, tomé su declaración y al final su número.

-Llévala despacio, si la violencia fue por parte de una pareja no estará lista para una relación ahora.

-Lo sé.

-Pero si te interesó sigue por ahí, hazle saber que estarás si te necesita y si ella decide buscarte entonces ya la tienes.

-Para saber cómo comenzar una relación es extraño que estes soltera -mi sonrisa fue suave.

-Del orfanato a la casa no hay mucho que pueda encontrar.

-Sin mencionar que nunca sales.

-Dejemos el tema.

-Espero verte envuelta con un hombre antes de morir, Teffy -yo rodé mis ojos.

-Estaré sola hasta que no llegue quien entienda que esos niños van incluso primero que yo.

Y con esa última afirmación dejé zanjado el tema que siempre sacaba a relucir cada que podía con cualquier argumento pobre de fundamento.

Capítulo 2

-No puedo creer que se me haya hecho tan tarde -se quejó Moni mientras escuchaba las sirenas de una patrulla frente a la casa.

Yo comencé a reírme escandalosamente mientras me terminaba de alistar.

-Ya verás, maldita -y aun riendo me agaché cuando la vi por el rabillo de mi ojo lanzando un objeto que iba directo a mí.

El zapato al yo agacharme terminó impactando contra la pared junto a mí y ella salió echando chispas del departamento al no haber podido darme mi merecido antes de irse.

Mónica se despertaba todos los días a las seis de la mañana, salía a correr media hora y regresaba a casa para ducharse y vestirse para estar lista a las siete y poder esperar a su compañero abajo antes de que pasara a buscarla en la patrulla para llevarla a la estación.

Pero anoche domingo ambas hicimos maratón de Game Of Thrones y por supuesto, la televisión nos vio quedarnos dormidas en el sofá en la madrugada y a penas a las tres con treinta fuimos cada una a nuestra habitación.

Y eso dio como resultado que Moni no fuera a correr y terminara vistiéndose con su uniforme a una velocidad atemorizante a las seis con cincuenta.

Yo por mi parte me estaba vistiendo despacio agradeciendo que no lloviera ese día, ya que podría llegar con mi vestido y mi cabello lacio intacto al orfanato.

Ese día había varias cosas importantes por hacer, por lo que tenía que dar mi mejor impresión, aunque fuese con un vestido que conseguí en una venta de garaje.

Una vez lista tomé mi maletín con los documentos que había estado revisando en el fin de semana en casa y luego salí de casa con la tarjeta del autobús en mano para evitar tener que abrir el maletín.

Ese día en especial llevaba mis auriculares inalámbricos puestos mientras escuchaba la sexi música de una rapera para que me diera la seguridad que necesitaba ese día.

Y es que abría una reunión con los representantes de la compañía que nos daban el presupuesto para hacer todo lo que hacíamos en el orfanato y aunque mi vestimenta no era tan sofisticada me sentía segura, y es que unos tacones de suela roja hacían ver seguro a cualquiera.

Me los había regalado el señor Wolsky para mi cumpleaños el año pasado y lo había usado pocas veces ya que no visitaba lugares tan sofisticados como para tener que usarlos.

Pero ahí estaba ese día, portando un vestido negro ajustado a mi figura, pero recatado y mis zapatos sensuales que me hacían sentir más segura.

¿Y la razón por la que me había elaborado tanto?

Pues las arpías representantes de la compañía que nos daban los fondos, eran todo un caso, esas mujeres eran hermosas, sí, muy sofisticadas por demás, pero tenían una vibra de víboras que te hacían no querer estar en su radar, pero como yo no me dejaba de nadie me ponía mis mejores prendas y me preparaba para contestar todos sus cuestionamientos.

Pues lo que tenían de víboras lo tenían de inteligentes.

Una vez en la estación esperé paciente unos cuantos minutos hasta que el autobús hizo su aparición y pude subirme en él.

Mientras este avanzaba yo iba calculando los minutos que debía estar montada en él sumándole un par de minutos por el tráfico de la hora pico y al final el resultado fue claro. Llegaría temprano y me podría evitar cualquier sermón que pudiesen darme y eso a su vez evitaría que mi lengua viperina saliera a relucir para ponerlas en su lugar a las dos.

De esa forma todos estaríamos felices, porque, aunque ganas les faltaran, no podían despedirme, el señor Wolsky nunca lo permitiría.

Mientras Chlorine de Twenty One Pilot se reproducía bajé del autobús y me recorrí todas las cuadras que me separaban del orfanato.

Al llegar pude escuchar el ajetreo dentro y es que, aunque todo siempre se mantuviera en orden, cuando esas mujeres venían, se arreglaba todo más de la cuenta, ya que con un solo informe negativo podrían destituirnos a todos de nuestros cargos aquí dentro.

Y eso sería terrible, pues todos los que hacíamos esto, lo hacíamos por amor a estos niños y separarnos de ellos sin poder ayudarlos sería devastador para cualquiera de nosotros.

-Al fin llegaste -mi sonrisa se extendió por todo mi rostro al ver a Tiara a mitad del lobby.

Ella era una castaña de baja estatura, maestra de los niños y de paso su cuidadora, pues se quedaba a dormir aquí todos los días para mantenerlos seguros de ellos mismos y estar al pendiente si cualquier cosa llegaba a suceder. Incluso si un niño enferma con sus conocimientos de enfermería ella podía darle los primeros auxilios.

-¿Qué tan malo es? -ella negó nerviosa.

-Están aquí, llegaron más temprano de lo esperado.

Un suspiro escandaloso escapó de mis labios y sin remedio alguno le pasé mi maletín para caminar hacia la oficina del señor Wolsky en donde suponía ya estaban las señoritas Stella y Alice. Dos rubias despampanante de ojos azules y que, aunque trabajan juntas parecían detestarse más que a cualquier cosa.

Pero era difícil que dos víboras convivieran juntas por mucho tiempo, se terminaban lanzando el veneno entre ellas al sentirse amenazadas.

Al entrar en la oficina sin tocar interrumpí una charla vana que se estaba llevando a cabo, pero no me importó en lo absoluto y en completo silencio pasé junto a ellas para quedar del otro lado del escritorio y sentarme en la silla que había sido colocada para mí como siempre.

Dentro del orfanato el señor Wolsky y yo éramos los más importante, él porque llevaba el orden del dinero y yo porque llevaba el orden de la entrada y salida de los niños, por eso éramos los únicos en las reuniones con las señoritas y una vez terminábamos, les dábamos la información a los demás empleados si era necesario.

-Esta reunión será corta, pues ya nos habíamos reunido hacía menos de quince días.

-¿Aprobaron el presupuesto para la construcción de más habitaciones en el último nivel?

La rubia de nombre Stella negó lentamente.

-El presupuesto que tienen es lo que hay, no se puede hacer nada más.

Pero claro que si podía ¡yo lo sabía! Y no precisamente porque tuviesen más dinero para darnos, sino por otra razón más sencilla.

Si el benefactor diera la cara a los medios estaba segura de que los demás millonarios de su entorno donarían de todo su dinero para esta causa.

Era bien sabido que quien nos daba los fondos era dueño de una compañía muy prestigiosa, pero ellos nunca habían querido dar la cara a los medios para que de esta forma pudiésemos tomar su imagen y usarla a nuestro favor.

Y eso de una forma u otra hacía mi sangre enervar, ya que podríamos hacer tantas cosas que no podíamos ¿qué le costaba salir a la luz? ¿Qué le costaba usar su imagen para darle mejor vida a más niños?

Y sí, hacía muchísimo por este lugar, pero yo había sacrificado tantas cosas por este orfanato que no entendía como los demás no podían dar un poco más de todo lo que tenían para mejorar cada vez más más este asqueroso mundo.

Con un suspiro escandaloso interrumpí el montón de palabras que estaba soltando, excusándose en que la imagen de los benefactores se debía mantener así por seguridad de ellos mismos y que si queríamos continuar administrando debíamos seguir las reglas.

Ella frunció su ceño algo incómoda, pero por primera vez dejó pasar mis comentarios y continuó hablando y para mi sorpresa, nunca esperé escuchar esas palabras saliendo de su boca.

-El motivo de esta reunión es tu ascenso, Estefanía. Es bien sabido que el señor Wolsky hace mucho tiempo desea retirarse y pidió que fueras evaluada para ocupar su puesto y todos estuvimos de acuerdo en que eres La más apta, tienes más tiempo aquí que cualquiera y podrás cumplir con la responsabilidad perfectamente ya que estas preparada para ello.

-Lo único que necesitamos es que firmes tu nuevo contrato y el anterior será cancelado, tendrás mejor salario, mejores horarios y podrás apoyarte de un contable que estará ocupando su puesto mañana por la mañana, lo hemos elegido nosotras mismas -las palabras de Stella de por si me habían dejado choqueada y aunque no asimilaba del todo las anteriores, hice el intento por entender las de Alice.

-Te dejaremos una copia del contrato para que analices todas las cláusulas y así mañana nos lo envías a la dirección pautada y recuerda, debes cumplir con todo lo impuesto y una de esas cosas es mantener el nombre del benefactor en secreto, aun cuando sabemos que quieres usar su imagen para expandir los alcances del orfanato.

Inevitablemente mis ojos se rodaron, cosa que ella no notó al estar poniéndose de pie para irse al igual que Alice.

Y sorpresivamente no se despidieron de mí, aunque el sarcasmo es notable en esa oración ¿no?

En cuanto ellas cerraron la puerta de la oficina me levanté de mi lugar para pegar un brinco que me dejó los pies alucinando ante el impacto contra el piso al caer gracias a los tacones.

-Seré directora del orfanato, seré directora del orfanato -repetí incrédula.

-Eres, cariño, eres -rectificó.

Mis ojos en automático se llenaron de lágrimas y él se levantó para envolverme entre sus brazos.

-Gracias, señor Wolsky, gracias, de verdad.

-Te lo ganaste, hija, te lo ganaste con creces, porque toda tu vida se ha resumido a esto y sé que serás capaz de sacar adelante este orfanato y ayudarás a más niños de los que nunca pudimos ayudar.

-Lo haré, prometo que seguiré su legado, prometo salvarlos como usted salvó a otros tantos.

Él besó mi cien y pronto las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.

-Ahora, señorita Estefanía, lea su contrato para que sea oficial su cargo, yo por mi parte daré mi último recorrido como director para dejarte tu puesto desocupado antes del mediodía.

-Sabe que lo van a extrañar -susurré aun entre sus brazos.

-No voy a perderme, Fany, esta también ha sido mi vida entera.

Separándome de él sequé mis lágrimas y me extendí para tomar el contrato en la mesa y encaminarme a la salida.

-Fany -me llamó antes de que pudiese salir.

-¿Sí? -cuestioné dándome la vuelta.

-Si lees bien el contrato encontraras muchas respuestas y cuando lo hagas, no dudes en ser como realmente eres, esa mujer que lucha por lo que cree y que defiende lo que más ama que son estos niños.

Asentí un par de veces y luego de una suave sonrisa me di la vuelta para salir de la oficina y encaminarme a la mía.

Definitivamente una de las primeras cosas que haría sería derribar la pared del pasillo y moverla un metro más adelante para que la oficina tuviera más espacio para el nuevo contable.

Sí, llegaría mañana, pero eso era cosa de desmontarla intentando conservarla y moverla más adelante, barnizar el piso en donde estaba y ordenarla y eso podría hacerlo con ayuda de los niños grandes.

Una vez en la oficina, comencé a recoger todas mis cosas y las fui metiendo en una caja de madera que me servía como basurero vintage, pero que realmente no usaba ya que en el orfanato reciclaban los papeles para hacer más papel para los niños en la escuela.

No eran tantas las cosas que tenía, eran más fotografías enganchadas que me había tomado junto a los niños en diferentes épocas del año y que había decidido enmarcar para mantenerlas a la vista y poder verlas siempre que pudiera.

Una vez terminé de tomar todas mis pertenencias, me senté en mi cómoda silla y tomé el contrato para comenzar a leerlo.

Ciertamente esto se me daba bien, después de todo había estudiado durante cuatro años para lograr ser una buena abogada y aunque nadie me consideraba la mejor por mi falta de renombre en el mundo legal, yo si me consideraba una de las mejores.

Una vez leí página tras página, captando cada cosa importante y haciendo marcas con mi lápiz, me detuve abruptamente a mitad de la quinta hoja al ver por primera un nombre, bueno, era el nombre de una compañía, pero un nombre después de todo.

Kravec Company.

Mi boca se abrió con absoluta sorpresa y sin dudarlo un solo segundo tomé mi móvil y puse en el buscador el nombre de dicha compañía encontrando cientos de resultados, pero lo que me terminó helando toda la sangre, fue el encontrar el nombre del dueño de la compañía, el hombre que probablemente daba los fondos que sustentaban a este orfanato.

Kadet Kravec.

Un hombre que en vez de empresario parecía modelo. Y de cierto modo entendí por qué quería seguir de incognito, no era como si quiera que esa imagen de hombre rudo que se carga se viera desmentida al mundo enterarse de lo que hace por un orfanato de niños de todo tipo y de todas las edades.

-Por eso el señor Wolsky me dijo que leyera bien -susurré para mis misma.

Porque él siempre supo el nombre del benefactor y sabía que su apellido estaría en estas líneas.

-¿Me puedes explicar por qué las pirañas se fueron tan rápido? -fue inevitable no echarme a reír al escuchar el nuevo nombre que se le había sido otorgado a las rubias despampanantes que nos mantenían a raya.

-No mucho, solo vinieron a dar una breve información.

Tiara frunció el ceño ante mis palabras y ladeó su cabeza al verme analizando los documentos de forma poco interesada solo para no tener que mirarla a la cara y que notara la emoción que brillaba en mis ojos.

-¿Qué información? -cuestionó esta vez acercándose.

-Pues que el señor Wolsky se retiró definitivamente -los ojos de Tiara se abrieron enormemente y llevó una mano hacia su boca para tratar de ocultar su sorpresa ante mis palabras.

-Ay no, no me digas que una de las arpías vendrá como directora -yo negué con una sonrisa de absoluta felicidad.

-La nueva directora del orfanato soy yo, Tiara ¡me han puesto como directora a mí!

Y ella literalmente soltó un grito que retumbó en toda mi oficina y probablemente en parte del orfanato.

Sus ojos se llenaron de lágrimas casi de inmediato y vi en primera plana lo feliz que se había puesto ante algo que no la inmiscuía, pero que ciertamente le alegraba,

-Estoy tan feliz por ti, pequeña, ya era hora de que reconocieran todo el esfuerzo que has estado haciendo por este lugar y por estos niños.

-Lo único que me desagrada de todo esto es que ya no veremos tan seguido al señor Wolsky -ella hizo un ademán restándole importancia.

-Es hora de que disfrute, Fany, sabes que su esposa se quejaba de que nunca tomaran vacaciones más largas que un fin de semana, es hora de que salga a conocer el mundo, él sabe que el orfanato estará en buenas manos, las tuyas son las perfectas.

Sin dudarlo me levanté y me acerqué para envolverla en un abrazo fuerte que me dio la confianza que necesitaba.

En pocas horas oficialmente sería la nueva directora y debíamos informárselo a todos los niños y los encargados de cada área, por lo que agradecí haber ido vestida más decentemente.

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