Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Renacida, adiós a la esposa del Don

Renacida, adiós a la esposa del Don

Tras ser forzada a casarse con Gideon, el implacable Don de la mafia que la despreciaba por creerla una usurpadora, la protagonista vive un infierno de desprecio que culmina en su trágica muerte y la de su hijo en una montaña nevada, abandonada por su esposo y sus propios padres. Al reencarnar justo el día del regreso de su hermana, decide romper el ciclo. En esta nueva vida, rechazará mendigar el afecto de su familia y del frío mafioso, decidida a reclamar su propio destino y libertad.
Capítulos
Compartir

Capítulo 6

No sabía cuántos días habían pasado. Solo recordaba que los guardias trajeron comida dos veces, y que el sol, a través de esa pequeña ventana, se puso dos veces.

Hoy, arrojaron otro recipiente dentro de la celda.

Ni siquiera me moví. Las últimas veces solo me dieron pan duro, casi imposible de tragar, y el agua turbia. Sabía que si seguía así, no pasaría del tercer día.

—¡Apúrate y come de una vez! —me gritó el guardia, impaciente—. Hoy te tocó un trato especial.

Eso me hizo voltear. Esta vez sí había algo diferente: unos trozos de pescado. Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiera procesarlo. Me arrastré y empecé a devorar la comida como si no hubiera comido en años. El guardia soltó una carcajada burlona.

—Mira cómo estás. Una vez fuiste la señora Wade, pero ahora estás peor que un guardia como yo.

Lo ignoré y me concentré en lo mío.

Tenía que sobrevivir. Tenía que aguantar hasta que Zerrick viniera por mí... nada más importaba.

Fue entonces cuando, en el fondo del recipiente, vi un papelito doblado. Lo abrí y leí: "Evelyn, Gideon y yo nos vamos a casar."

No hacía falta ser un genio para saber quién había enviado la comida.

Me quedé viendo esas palabras un buen rato antes de tirar el papel y seguir comiendo.

Bella no tenía por qué molestarse tanto en intentar provocarme. Desde aquella vez que me dejaron morir en la nieve en mi otra vida, dejé de esperar cualquier cosa de Gideon. Su boda, fuera cuando fuera, ya no tenía nada que ver conmigo.

Me enteré de que mi falta de reacción la puso furiosa. Me contaron que estalló en un ataque de ira y que empezó a romper todo lo que encontraba a su paso.

***

Al día siguiente, la puerta de la celda se abrió de par en par. Ahí estaba Bella, viéndose radiante y con aires de grandeza.

La pequeña herida en su abdomen ya se había curado, y su piel brillaba. Claramente, la habían cuidado bien.

Me agarró del brazo y me sacó de un tirón.

—Vas a ser testigo de mi boda con Gideon —me siseó al oído—. Vas a ver con tus propios ojos el amor que me tiene, ese que tú nunca pudiste tener. Invitamos a lo más selecto, a toda la élite. Él va a anunciar ante el mundo entero que yo soy la mujer a la que ama.

Me apretó más fuerte el brazo, con una sonrisa burlona.

—Y tú, su supuesta esposa, te vas a tener que conformar con mirar desde lejos.

Escuché en silencio, sin decir una palabra.

Abrí a escondidas el chat de Zerrick y le mandé mi ubicación. En realidad, que me sacaran de la celda no era tan malo. Al contrario, era mi mejor oportunidad para escapar.

Dudaba mucho que Gideon supiera que Bella me había sacado a escondidas.

Recordé que, hace poco, escuché a un guardia hablando por teléfono. La voz del otro lado era gélida, pero me resultaba familiar.

—¿Aún se niega a comer?

El guardia solo gruñó en respuesta y Gideon soltó un suspiro.

—Terca como siempre. Solo sigan mandándole las cosas que le gustan. Ah, y ¿el doctor ha estado tratando sus heridas en silencio?

Parecía que hablaba de más, incluso sonaba preocupado.

Pero yo ya lo conocía bien: lo único que le importaba era que no me muriera tan rápido. No había nada más allá de eso. Su cabeza ya estaba en otra parte, ocupada con su boda.

Toda la familia estaba trabajando a toda máquina para preparar todo. Incluso aquellos que estaban fuera en misiones regresaron para ayudar.

Nunca había visto a los Quinn tan animados; todos llamaban a Bella "Señora Wade".

Ese era el título con el que tanto soñé en mi otra vida.

Solo Randel lo usaba de vez en cuando por costumbre.

Los preparativos iban a toda marcha. Bella probó una docena de vestidos de novia en un solo día. Cada uno valía una fortuna.

Verla brillar de emoción solo me causó diversión.

Al notar que no lograba sacarme de mis casillas, su sonrisa se borró. Entonces, como si se le acabara de ocurrir una maldad, se me acercó y me susurró con burla:

—¿Sigues fingiendo que no te importa? Déjame contarte otro secretito: el bebé que perdí ese día ni siquiera era de Gideon.

Hizo una pausa y soltó una risita cínica.

—Ya sabes lo estricta que es su familia con esas cosas. Si se enteraban después, me iba a ir peor. Era mejor deshacerse de él a tiempo, ¿no crees? Así que, en realidad, debería darte las gracias, hermanita.

Mis pupilas se contrajeron.

De repente, todo tuvo sentido.

Mi mano se fue por instinto hacia mi vientre. Me pregunté si algún día Gideon sabría la verdad. Si algún día se daría cuenta de que él mismo, con sus propias manos, había matado a su único hijo de verdad.

—Ni lo menciones. Te deseo que seas muy feliz —le respondí con una sonrisa tranquila.

Ella me soltó una maldición, diciendo que yo estaba loca. Pero pronto perdió el interés y se alejó de ahí, dándose aires de grandeza.

No perdí la cabeza. Simplemente, ya no me importaba.

La señal de Zerrick estaba cada vez más cerca. Faltaba muy poco para irme de este lugar para siempre. Ni Bella, ni los padres que me trajeron al mundo, me volverían a ver la cara jamás.

***

Finalmente llegó el gran día. Ahí estaba yo, afuera, viendo desde lejos cómo se armaba todo el espectáculo de la boda.

Vi a Gideon apoyado contra un árbol, fumando un cigarro tras otro con la mirada perdida en la nada. Supuse que seguía de luto por su hijo.

Después de todo, nunca podría tener otro.

Me pregunté si, de saber que yo también había perdido a mi bebé, sentiría algo de lástima por mí. Pero lo dudo... lo más seguro es que me echaría la culpa por habérmelo callado, por no haber sabido protegerlo.

Por un breve momento, casi me sentí aliviada de que el niño ya no estuviera.

Con un padre tan frío y controlador como él, ese hijo jamás hubiera conocido la felicidad.

Aparté la mirada y caminé hacia el interior. A mitad de la ceremonia, un profundo sonido retumbó en el aire.

—¡Un helicóptero! —gritó alguien.

Los invitados empezaron a murmurar, asombrados. Bella se giró hacia Gideon con los ojos iluminados por la emoción.

—¿Gideon, es tu sorpresa para mí?

Gideon miró hacia arriba, hacia el helicóptero, y sus ojos se oscurecieron. Antes de que pudiera decir algo, una lluvia de dinero comenzó a caer desde el aire.

La multitud estalló en murmullos de asombro mientras Randel se acercaba a toda prisa.

—No se preocupe, jefe. Al parecer es un regalo de la familia Shane.

—¿La familia Shane? —Gideon frunció el ceño—. ¿Zerrick Shane?

Randel asintió.

Gideon apretó los puños mientras una chispa de furia cruzaba sus ojos. Después de todo, este era su territorio. Zerrick había logrado superar todas las capas de defensa. Su poder no debía subestimarse.

Para él, la lluvia de dinero no era un gesto amistoso, ¡sino una provocación!

—No pongas esa cara, mi amor. Es el día de nuestra boda —intervino Bella con voz melosa.

La expresión de Gideon se suavizó un poco. Se giró hacia Randel y dio una orden.

—Aseguren la seguridad. Nadie más entra.

Como era de esperarse de Gideon, era meticuloso en sus pensamientos y despiadado en su ejecución. Pero, lamentablemente para él, se le escapó un pequeño detalle: tal vez ya nadie más podría entrar, pero ese helicóptero estaba ahí para salir.

El helicóptero aterrizó en la cima de una montaña, y Zerrick salió lentamente.

Al ver mis manos vendadas y lo frágil que estaba mi cuerpo, sus ojos se nublaron por la rabia.

Sin decir una palabra, me tomó en sus brazos con una delicadeza absoluta y me llevó de vuelta a la cabina.

Me aferré a su cuello y le susurré apenas:

—Algún día te lo voy a pagar.

Él mantuvo la vista al frente y me respondió con una voz pausada, pero firme:

—Estaré esperando.

Cuando las hélices del helicóptero cobraron vida, finalmente dejé escapar un suspiro. Mirando hacia abajo, vi a mi padre entregando a Bella en el altar.

Gideon estaba ahí, esperando a su novia.

Vi cómo unían sus manos y alcancé a distinguir el "sí, acepto" de Bella.

El sacerdote se giró hacia Gideon.

—¿Y usted, señor Wade, acepta a Bella como su legítima esposa?

El estruendo del viento se hizo más fuerte, y sus voces se perdieron en la distancia.

Respiré hondo y miré al sol que empezaba a ascender en el horizonte. Sentí cómo su calor me envolvía la piel. Por fin... por fin iba directo hacia mi libertad.

Todo lo que dejaba atrás ya no era más que cenizas del pasado.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Busca “B47722” en goodnovel para leer el libro completo.
Copia el código y busca en la app Goodnovel para continuar leyendo.
B47722
Copiar

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Diabólico
9.3
Tras la quiebra de su linaje aristocrático, Celia cae bajo el yugo de Hogan, un director ejecutivo tan déspota como gélido. Lo que comienza como una relación forzada por la necesidad y el carácter autoritario del millonario, se transforma cuando ella descubre una calidez oculta en él. No obstante, este idilio se desmorona al revelarse una verdad devastadora: el mismo hombre que la adora está destinado a ser el artífice de su mayor sufrimiento.
Portada de la novela Amor Exento del Tiempo
9.5
No todos los vínculos se forjan con amor; el mío nació de una traición devastadora. Mi propia madre me drogó para entregarme a Robbie, pero el destino me unió en matrimonio con su hermano. En ese mundo de riquezas, descubrí que la gloria y el abismo están separados por una línea muy fina. Entre lujos que esconden verdaderos infiernos, la incertidumbre reina mientras busco sobrevivir a una conspiración cruel donde nadie sabe quién quedará de pie.
Portada de la novela CEO gelido, amor ardiente
7.8
Después de un año de casados sin pasión ni cercanía, Scarlett decide pedir el divorcio a su frío esposo, un poderoso CEO. Ante su sorpresa, el magnate se niega a dejarla marchar y empieza a mostrar una faceta desconocida para retenerla a su lado. Entre el entorno corporativo y una atracción latente que resurge, la pareja se enfrenta a un dilema crucial: luchar por reconstruir su vínculo o aceptar el final definitivo de su matrimonio.
Portada de la novela De Cenicienta a Reina de Nueva York
9.6
La vida de Angelina se quiebra cuando su madre la obliga a un matrimonio pactado con Eduardo Garza. Al mismo tiempo, Daniel e Ismael, sus amigos de siempre, la dejan de lado por Judith, una becaria manipuladora. Tras un accidente y una grave crisis de salud ignorada por su entorno, Angelina despierta a la realidad. Decidida a ser libre, rompe sus lazos afectivos y planea abandonar México para dejar atrás la traición y comenzar de nuevo lejos de todos.
Portada de la novela El amante que se convirtió en mi asesino
9.4
Después de ocho años construyendo un imperio, ella sufre la traición más cruel: su pareja la entrega a sicarios y le arrebata a su hijo por salvar a otra mujer. Mientras agoniza, se siente una reina descartada por un peón. No obstante, el destino le otorga una oportunidad al despertar en el pasado, el mismo día que comenzó su desgracia. Con el conocimiento del futuro, decide reescribir su historia y proteger su vida antes de que la tragedia se repita.
Portada de la novela El Legado de un Amor Prohibido
8.8
Después de un exilio de cinco años en España, vuelvo a México con la pequeña Luna. Ricardo, el tío que me desterró por amarlo en secreto, me recibe con desprecio. Durante una cena, su esposa Elena intenta humillarme con mentiras para apartarme. Para defenderme y herirlo a él, aseguro que Luna es mi hija y que estoy casada. La batalla ha comenzado; no dejaré que me derroten de nuevo mientras enfrento las sombras de este amor prohibido y peligroso.