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Portada de la novela Relatos del Olimpo

Relatos del Olimpo

Descubre los enigmas del Olimpo mediante una serie de crónicas dedicadas a sus deidades más influyentes. Esta recopilación explora los intensos vínculos afectivos y romances que nacen entre figuras legendarias como Zeus y Apolo, junto a otros integrantes del panteón griego. Sumérgete en un universo fantástico donde los secretos sentimentales de los dioses salen a la luz, revelando la faceta más íntima y humana de los mitos clásicos tradicionales.
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Capítulo 3

El muchacho miró estupefacto, deslumbrado por toda esa maravilla. Entonces el gran Dios le dirigió esa mirada a la que nada escapa y dijo

"Faeton, hijo mío, ¡si eres mi hijo! un hijo al que yo jamás negaré ¿porque estás aquí que te trajo a esta fortaleza?

Faeton contestó

"Oh, tú, luz para todos en este vasto mundo. Oh,febo, mi padre si me permites usar esa palabra y si climene no esconde alguna vergüenza detrás de tu nombre, dame una prueba sólida hazle saber a todo el mundo que soy tu hijo; aleja toda duda"

Su padre se quitó la corona de luz cegadora y le indicó a faeton que se acercará para luego abrazarlo.

"No temas llamarme padre, tu madre dijo la verdad. para liberarte de dudas pídeme algo lo que sea te prometo que lo tendrás Y aunque nunca he visto esa laguna de infierno por la cual todos los dioses en el cielo hacemos inviolables nuestros juramentos, invocó a esa laguna como testigo de este juramento"

Febo ni siquiera había terminado, cuando ya faeton le pedía el carro del Sol y conducir todo un día los caballos alados.

Su padre se echó para atrás; casi maldijo su juramento, movió la cabeza como si tratara de romper lo prometido.

"Tus tontas palabras me muestran el trágico disparate de las mías; no sé cómo tragarme mi promesa, nada te negaría excepto esto. quiero persuadirte de que el peligro que pides es infinito para ti mismo y para toda la creación. las fuerzas, los materiales, las leyes de toda la creación están balanceadas sobre el curso de ese carro y esos caballos. Un muchacho no puede controlarlos. Tú eres mi hijo, pero mortal, ningún mortal debe sentirse capaz de llevar esas riendas, ni siquiera a los dioses se les permite tocarlas. Ni el más arrogante de ellos soñaría con salir con vida luego de conducir un día las ruedas de fuego.

Si ni siquiera Júpiter, (Zeus) el Dios más alto de todo el cielo cuya mano acuna el rayo, intenta poner un dedo en esas riendas ¿Y quien compite contra el?.

Nuestro primer tramo es casi vertical, aunque están descansados los caballos apenas logran subirlo, luego cuando llegamos a la mitad del cielo da terror mirar hacia abajo, hacia la nada, hacia la tierra y el mar tan pequeños; el corazón casi se me sale del cuerpo cuando el carro se ladea, luego la zambullida hacia el atardecer ahí uno requiere una fuerza sobre las riendas. Tetis, Qué espera a recibirme en sus aguas, siempre teme que me vuelca y caiga dando tumbos con la cabeza y los talones enredados en un solo amasijo.

Recuerda también que todo el cielo gira sus constelaciones, sus planetas en todo mi camino, tengo que luchar en sentido contrario. Para que no me lleven hacia atrás como a los otros astros. ¿Qué harás con tus pies amarrados al carro las riendas en tus manos y tengas que ponerte al tiro Neo de los polos en rotación, cuando el eje del mundo busca llevarte en su vértigo?

Tal vez esperas atravesar deliciosa ciudades de los dioses, templos y arboledas bellamente dispuestos como en la tierra; no es así, lo que hay son oscuras quebradas con monstruos Y aunque fueras capaz de aferrarte a la ruta ,debes pasar entre los cuernos del gran toro, las flechas turbias del centauro de Tesalia, las fauces abiertas del león enfurecido y del escorpión el pincho levantado y las pinzas acercándote del cangrejo, sus dobles tenazas echando las contra ti y todo al mismo tiempo.

¿Y como controlarlas los caballos? Incluso para mí no es nada fácil, una vez que los caballos están encendidos con los terribles quemadores que ellos atizan en sus amplios pechos y que arrojan llamas por sus narices y sus bocas, ya con la sangre en lo alto, los caballos apenas me obedecen. eso que me conocen.

Piénsalo de nuevo No me pidas lo que habrá de destruirte, me pides prueba sólida de que eres mi hijo, mis temores por tu vida son pruebas y sólida. mírame, si tan sólo sus ojos pudieran ver en mi corazón y verlo llena de pena paterna. escoge cualquier otra cosa de la creación. Es toda tuya, pero lo que has escogido no me atrevo a concedero; escoge de nuevo faetón, no me has pedido un honor, Cómo supones ,sino un castigo; mira hijo mío esto no es un honor ¡es un castigo!

Me echas tus brazos al cuello y persistes. no tienes noción de lo que estás pidiendo, pero es jurado por la estigia tendrás lo que deseas tan sólo pide hijo mío otra vez algo esta vez diferente y más sabio.

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