
Regreso al Infierno: Mi Dulce Venganza
Capítulo 2
"Sofía, tienes que ayudarme. Conviérteme en ella."
La voz de mi hermana, Daniela, era un susurro urgente, cargado de una ambición tan densa que casi se podía tocar en el aire de mi laboratorio.
Sus ojos brillaban con una luz febril mientras señalaba la pantalla holográfica, donde el rostro de la señora López, la elegante y discreta esposa del magnate tecnológico Ricardo López, sonreía a la cámara de un evento de caridad.
"Quiero su cara, su vida, todo."
La miré, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda a pesar del calor del equipo.
"Daniela, eso es una locura. No es solo un filtro de redes sociales, es una clonación biométrica completa. Es ilegal, es peligroso."
"¡No me importa!", siseó, agarrando mi brazo con una fuerza sorprendente. "He secuestrado a la verdadera. Está en un lugar seguro. Nadie lo sabrá. Solo tienes que hacer tu magia, hermanita."
Un recuerdo amargo, una escena que ya había vivido, se proyectó en mi mente con una claridad espantosa.
En mi vida anterior, le había dado la misma advertencia.
Le dije que el señor López no era un idiota, que era un genio paranoico obsesionado con su esposa, conocido por sus métodos crueles. Le rogué que no lo hiciera, que si la descubría, el infierno parecería un paraíso en comparación.
Ella pareció escuchar. Asintió, me abrazó y me dijo que lo pensaría.
Esa misma noche, mientras dormía, sentí un pinchazo agudo en el cuello.
La cara de Daniela se cernía sobre mí, deformada por el odio y la envidia.
"¡Perra, no quieres ayudarme porque me tienes envidia!", escupió las palabras, mientras me inyectaba un virus de IA de diseño propio, una neurotoxina digital que frió mi sistema nervioso. "¡Si no puedo ser la esposa del magnate, tú tampoco vivirás!"
El dolor fue indescriptible. Mi cuerpo se convulsionó, mi mente se fragmentó. Lo último que vi fue su sonrisa triunfante antes de que la oscuridad me tragara.
Pero desperté.
No en un hospital, no en el más allá. Desperté en mi laboratorio, con el corazón martillando contra mis costillas, justo en el momento en que Daniela entraba por la puerta para hacerme su demencial petición.
Había vuelto. Había renacido en el día que lo cambió todo.
La miré, a mi hermana, a mi asesina, y una calma gélida se apoderó de mí. El miedo y la piedad de mi vida anterior se habían quemado, dejando solo cenizas y una determinación de acero.
Si Daniela estaba tan empeñada en correr hacia su propia destrucción, esta vez, yo no solo le abriría la puerta.
Le construiría una autopista directa al infierno.
"Daniela, eso es una locura", repetí las mismas palabras, pero esta vez, mi tono era diferente. No era una advertencia, era una afirmación, una observación desapasionada.
Ella, ajena a la tormenta que se gestaba dentro de mí, repitió su guion.
"¡No me importa! ¡Haré lo que sea para ser la señora López! ¡Imagínalo, Sofía! La riqueza, el estatus... ¡Nuestros padres estarían tan orgullosos! ¡Finalmente servirías para algo!"
Mientras hablaba, una notificación apareció en la pantalla principal del laboratorio. Era una noticia de última hora.
"URGENTE: Desaparece esposa de magnate tecnológico. Ricardo López ofrece una recompensa de cien millones de dólares por cualquier información que conduzca al paradero seguro de su amada esposa, Elena López."
La foto de la señora López, la misma que Daniela quería suplantar, llenaba la pantalla. La mujer parecía serena, ajena al destino que mi hermana le había preparado.
Daniela miró la noticia y una sonrisa cruel se dibujó en su rostro perfectamente maquillado.
"Cien millones...", musitó, casi para sí misma. "Pobrecito. Nunca la va a encontrar."
Se giró hacia mí, sus ojos brillando con una codicia pura y sin adulterar.
"¿Ves, Sofía? Todo está saliendo a la perfección. Él está desesperado. Creerá cualquier cosa."
Me miró con desdén, como siempre lo había hecho. Me veía como una herramienta, una nerd con un talento útil que podía ser explotado y luego descartado.
"Tú, con tu cerebro de genio, sigues atrapada en este laboratorio apestoso, mientras que yo, con mi belleza y mi astucia, estoy a punto de conquistar el mundo. ¿No te das cuenta de la oportunidad que tenemos?"
Imaginó su futuro en voz alta, hablando de yates, mansiones y joyas, de cómo se vengaría de todas las influencers que alguna vez la habían menospreciado. Su monólogo era un torrente de superficialidad y ambición desmedida.
Yo permanecí en silencio, dejando que sus palabras llenaran el espacio.
En mi vida anterior, había intentado razonar con esa locura. Ahora, la veía como lo que era: un síntoma de una enfermedad incurable.
Ella quería jugar un juego peligroso con un hombre que no jugaba.
Muy bien.
"Está bien, Daniela", dije finalmente, mi voz sonando extrañamente tranquila incluso para mis propios oídos. "Te ayudaré."
La sorpresa en su rostro fue reemplazada rápidamente por un triunfo arrogante.
"¡Sabía que entrarías en razón!", exclamó, aplaudiendo como una niña. "Eres la mejor, hermanita. Cuando sea la señora López, te compraré un laboratorio más grande."
Asentí, una leve sonrisa jugando en mis labios.
Sí, Daniela. Te ayudaré a conseguir exactamente lo que te mereces. Y disfrutaré cada segundo de tu caída.
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