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Portada de la novela Reclamando su corona, paso a paso

Reclamando su corona, paso a paso

Noelle, la heredera legítima, decide romper con una familia que siempre la despreció para favorecer a una sustituta. Al forjar una alianza con un hombre de gran influencia nacional, su verdadero talento como campeona en diversas disciplinas comienza a deslumbrar al mundo. Mientras sus padres y hermanos buscan su perdón ante su ascenso, su esposo la resguarda con firmeza, asegurando que quienes la traicionaron ya no tienen lugar en su nueva vida.
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Capítulo 2

Gerard giró la cabeza rápidamente para mirar a Willa, con los ojos bien abiertos de incredulidad. ¿La dulce hermanita a la que siempre había protegido había dicho algo así?

"¡Gerard, no! ¡Así no sucedieron las cosas! ¡No es cierto!", intentó excusarse rápidamente la mentirosa, con el pánico brillando en sus ojos y el corazón acelerado.

Sin embargo, a la grabación no le preocupaban sus excusas. Siguió reproduciendo claramente su voz, dejando en claro su culpabilidad.

"Willa, ¿estás segura de que quieres hacer eso?", resonó la voz de Noelle, firme y tranquila, aunque tenía un dejo de advertencia.

"Incluso si intentas detenerme, nada funcionará. Sabes perfectamente que Gerard siempre se pondrá de mi lado. Nunca cree lo que le dices", contestó la aludida, con un tono cruel. Luego, lo cambió por completo, adoptando uno lleno de falso miedo. "¡Ay! ¡Gerard, ven rápido! ¡Noelle quiere tirarme de las escaleras! Dijo que no merezco ser parte de la familia Moss, que no pertenezco aquí. ¡Quiere correrme de la casa! Tengo mucho miedo. ¡Ayúdame, por favor!".

En ese momento, el hombre se quedó congelado, mientras finalmente lo entendía todo. Noelle no había empujado a Willa; ¡todo era un engaño! Esta última había ido hasta el borde de la escalera y fingió que estaba asustada, solo para incriminar a la otra. ¡Noelle había sido inocente, y él... había caído en la trampa! ¡Acusó a su propia hermana!

Invadido por la culpa, Gerard apartó la mirada. Luego frunció el ceño y soltó en un tono defensivo: "Noelle… incluso si me equivoqué, ¿por qué no explicaste todo antes claramente?".

'Por supuesto. Mi hermano finalmente descubrió que está equivocado, pero de alguna forma, todo es mi culpa por no explicarme mejor', pensó la chica, con un destello mezcla de frialdad y diversión en sus ojos.

"Gerard, parece que a pesar de que eres joven, la memoria ya te está fallando".

"Yo…", comenzó él, pero no encontró las palabras.

De golpe, recordó que su hermana biológica había intentado hablar segundos antes. Le había dicho claramente que no empujó a Willa, pero él la había interrumpido sin darle siquiera la oportunidad de terminar, mucho menos de creerle una sola palabra. ¡Y no solo eso, en un arrebato había agarrado un vaso y se lo había lanzado! ¡Aún podía ver la sangre escurriendo por su pierna, pues las esquirlas de vidrio le habían cortado la piel!

Con la vergüenza y la decepción ardiendo en su interior, Gerard se giró lentamente hacia Willa.

Esta, temblorosa, tenía los ojos llenos de lágrimas y estaba pálida. "Gerard… sé que me equivoqué. No debí haber mentido sobre Noelle. Lo que pasa es que... no quería perderte. Ni a nadie de la familia", se justificó.

"¿De qué estás hablando?", inquirió el hombre, con el ceño fruncido.

Al notar que su actitud se había suavizado, Willa percibió una oportunidad. Pensó que tal vez todavía podría arreglar el asunto, así que adoptó una expresión más lamentable y lloró con más intensidad. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas sin pausa.

"Desde que tengo memoria, he vivido en la casa de los Moss. Por eso, siempre te he visto como mi verdadero hermano, y he amado a tus padres como si fueran los míos. Pero desde que Noelle regresó, he vivido con el miedo de que dejen de quererme. Me aterra pensar que todos me dejen de lado porque ella es la verdadera hija... y mucho más hermosa que yo. Tenía tanto miedo de perderlos que, en mi desesperación, hice algo horrible en su contra. Sé que me equivoqué, ¡pero te juro que no volverá a pasar!".

Al verla llorando, Gerard ya se había ablandado y, tras escuchar su sincera confesión, se sintió profundamente conmovido. ¿Cómo podría alguien como Willa tener malas intenciones? ¡Lo único que había pasado era que se preocupaba demasiado por su familia!

"Ella solo mintió porque tenía miedo de perder a su familia. Además, no terminaste realmente herida, ¿verdad? Como eres la hermana mayor, ¿qué te parece si actúas con madurez? ¡Deja pasar el asunto y perdónala por esta vez!", le dijo a Noelle, en un tono más suave, mirándola.

Esta sintió la amargura expandiéndose por su pecho. Su propio hermano acababa de descubrir la verdad y aun así, en lugar de defenderla, ¡le pedía que perdonara a la persona que la había incriminado!

¡La situación era completamente absurda!

Ya no podía soportar ni un segundo más en esa casa, ¡pues encontraba insoportables y nauseabundos los dobles estándares de la familia Moss!

"Noelle, si eres incapaz de superar esto e insistes en culpar a Willa, ¡entonces no te quejes cuando te corra de esta casa!", prosiguió Gerard, como si tuviera la razón, ajeno a lo retorcidos que sonaban sus pensamientos.

La amenazada no reaccionó. De hecho, se mantuvo estoica; su hermoso rostro era inescrutable, pero en sus ojos había cierta frialdad.

"No tienes que correrme, porque yo estoy harta. A partir de este momento, ¡no tengo nada que ver con la familia Moss! ¡No pasaré ni un segundo más en este lugar!", declaró.

Sin decir más, se dio la media vuelta y se metió en su habitación.

Le parecía absurdo que, tras vivir dos años bajo ese techo, apenas tuviera pertenencias suficientes para llenar una maleta.

Empacó rápidamente, agarrando las pocas cosas que eran suyas, así como sus documentos. Luego, ignorando el dolor punzante en su pierna, se limpió la sangre con un pañuelo. No tenía tiempo para tratar sus cortes como era debido, así que optó por colocar curitas sobre ellos. Después, se cambió el vestido por uno largo, para cubrir sus heridas, cerró su maleta y la sacó de la fría y vacía habitación que una vez había intentado llamar hogar.

Cuando Gerard la vio salir con su equipaje, comprendió que no estaba haciendo un berrinche: se iba de verdad. Ella estaba completamente lista para romper todo vínculo con la familia Moss.

"Noelle, piénsalo bien. Si sales por esa puerta hoy, ¡ni sueñes en regresar arrastrándote! ¡Te juro que te arrepentirás!", soltó con el rostro contraído por la ira.

"¡No me arrepentiré!", respondió la aludida, sin inmutarse ni darse la vuelta.

Willa, parada en la sala, veía la escena con el corazón rebosante de alegría. ¡Noelle finalmente se iba! Ahora que estaba fuera de escena, todo lo que por derecho le pertenecía pasaría a sus manos: el amor y la atención de la familia Moss, pero aún más importante, ¡su parte de la riqueza familiar! Todo sería suyo.

A pesar de su felicidad, logró mantener su expresión controlada. "¡Gerard, ve tras ella! ¿Qué haremos si algo le pasa allá afuera? Está sola, ¿y si alguien la lastima?", expresó, con falsa preocupación.

"¡Déjala!", bufó él, con los ojos llenos de desdén. "¡En unos días, rogará para que la aceptemos de vuelta! ¡Y cuando eso pase, me aseguraré de que aprenda cuál es su lugar!".

Justo en ese momento, un guardaespaldas entró corriendo, sin aliento y con los ojos muy abiertos.

Apenas saludó a Noelle mientras pasaba junto a ella y su maleta, pues todos en la casa sabían la verdad: esta joven realmente no importaba. Como no tenía estatus, no era alguien a quien necesitaran mostrarle respeto. Únicamente respondían ante Willa.

"Señor y señorita Moss, ¡ha llegado un invitado importante! Estacionó su auto justo afuera. ¡Creo que es… de la familia Martin!", informó el empleado con urgencia.

'¿La familia Martin?', pensaron Gerard y Willa, intercambiando miradas atónitas, mientras su emoción crecía.

¡Dicha familia era la más distinguida entre la élite de Cielrora! Era verdad que los Moss tenían riqueza y estatus, pero si se comparaban con los Martin, eran prácticamente nada, ¡pues el poder de estos últimos se extendía por generaciones! De hecho, su estirpe era la definición de verdadera nobleza.

Durante años, la familia Moss había intentado conectar con ellos, soñando con una alianza comercial, pero no habían tenido éxito. Y ahora... ¡¿uno de los Martin había ido a verlos?!

"¡Rápido, vamos a darles la bienvenida!", dijo Gerard, con la voz temblorosa de la emoción, mientras se acomodaba la ropa y le pedía al guardaespaldas que lo guiara.

Tras arreglarse el vestido, Willa lo siguió. Se había sonrojado por la anticipación de descubrir al misterioso visitante. No podía dejar de pensar en quién habría enviado la familia Martin. ¿Podría ser… él?

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