Portada de la novela Reclamando su corona, paso a paso

Reclamando su corona, paso a paso

8.0 / 10.0
En la novela Reclamando su corona, paso a paso, Noelle abandona a su familia para aliarse con un hombre poderoso. Mientras revela su talento oculto en este romance, el desprecio se vuelve arrepentimiento. Lee esta billionaire romance novel y descubre su ascenso en esta popular web novel.
Resumen de Reclamando su corona, paso a paso
Noelle, la heredera legítima, decide romper con una familia que siempre la despreció para favorecer a una sustituta. Al forjar una alianza con un hombre de gran influencia nacional, su verdadero talento como campeona en diversas disciplinas comienza a deslumbrar al mundo. Mientras sus padres y hermanos buscan su perdón ante su ascenso, su esposo la resguarda con firmeza, asegurando que quienes la traicionaron ya no tienen lugar en su nueva vida.
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Reclamando su corona, paso a paso Capítulo 1

"Noelle, ¡arrodíllate y pídele perdón a Willa ahora mismo!", resonó la fría y dura voz de un hombre por todo el salón.

Noelle Moss se quedó congelada en el centro de la habitación. Bajó sus largas pestañas, mientras apretaba con fuerza la grabadora de voz que tenía en la mano. Alzó lentamente la mirada y la clavó en la persona que estaba en el sofá: se trataba de su tercer hermano, Gerard Moss.

A su lado estaba Willa Moss, la hija adoptiva de la familia. A pesar de que no estaban emparentados por sangre, su propio hermano mayor le ordenaba que se arrodillara y se disculpara con ella.

"Empujaste a Willa por las escaleras a propósito. ¿Cómo puedes ser tan cruel? ¡Eres absolutamente despreciable! ¡Me niego a reconocer a alguien como tú como mi hermana!", espetó Gerard.

'¿Absolutamente despreciable?', repitió Noelle mentalmente, bajando nuevamente la mirada e intentando contener la presión en su pecho. "No lo hice...", comenzó.

"¡Cómo te atreves a negarlo!", la interrumpió su hermano, agarrando un vaso de la mesa y lanzándoselo con fuerza.

Este la golpeó en el pie, antes de estrellarse contra el suelo, rompiéndose en innumerables fragmentos.

Al instante, a Noelle se le puso rojo su delicado pie y comenzó a hinchársele. Finas astillas de vidrio cortaron su suave pierna, dejando caminos de sangre fresca y brillante.

Pero ella no se inmutó; simplemente se quedó allí como si nada de eso le doliera.

Esa no era la primera vez que Gerard le gritaba así o la lastimaba.

"Por favor… No seas tan duro con Noelle", intervino Willa rápidamente, con voz ligera y suave. "No me empujó a propósito. De hecho, no fue su culpa. Todo fue un accidente. En realidad, fue culpa mía".

"¿Por qué sigues defendiéndola? ¿Pensaste en lo que habría pasado si la caída te hubiera dejado una cicatriz? Eres una chica, ¡así que no puedes tomar el asunto a la ligera!", la confrontó Gerard, cuyo corazón se había suavizado de golpe ante sus palabras.

"Pero…".

"Suficiente. Ya no la defiendas. Y acércate. Quiero revisar que no estás herida".

"Estoy bien. De verdad no es nada".

Al ver a esos dos desempeñando sus roles familiares, Noelle sintió que un profundo y extenuante cansancio la invadía.

Gerard estaba muy preocupado de que Willa terminara arruinando su apariencia, pero segundos antes le había lanzado un vaso, cortándole la pierna en el proceso. ¿Acaso creía que a ella no le salían cicatrices? ¿No importaba que su hermana con la que sí compartía sangre también se preocupara por su aspecto?

Noelle había aprendido a sobrevivir sola desde joven, pues creció en un orfanato, sin nadie en quien apoyarse. Más tarde, una pareja de ancianos, Jeffery y Babette Hobbes, la acogieron y la criaron con cuidado y cariño. Bajo su cuidado, nunca conoció el maltrato ni se sintió como una carga.

Después de revisar a Willa, Gerard se giró y vio la leve y burlona sonrisa en el hermoso rostro de Noelle, lo que prácticamente lo enloqueció. "¿De qué te ríes? Dejamos todo claro cuando te trajimos de vuelta a la familia hace dos años: Willa creció aquí; aunque no esté relacionada por sangre con nosotros, esperamos que la trates como tu verdadera hermana. Y como la mayor, se supone que tú debes protegerla, ¡consentirla! Pero, ¡¿qué has hecho desde que regresaste?!".

Noelle sonrió con amargura. Sus labios, suaves y color rosa, temblaron ligeramente.

Dos años antes, cuando la familia Moss la buscó y la reclamó como uno de los suyos, pensó que finalmente había encontrado a su gente. Jeffery y Babette ya habían fallecido, y como no tenía a nadie más en el mundo, se aferró a la idea de reunirse con su familia. Incluso rechazó la generosa oferta de Levi Martin, un viejo amigo de Jeffery, quien estaba dispuesto a acogerla, solo para irse a vivir con los Moss.

Durante dos años, había hecho todo lo posible por encajar. En el proceso, terminó soportando más que cualquiera, retrocediendo siempre para no incomodar. No solo le daba a Willa las cosas más bonitas, sino que prácticamente aceptaba lo que ella rechazaba. Vivía a su sombra, sin pedir nada más.

Y todo porque realmente creía que si seguía siendo paciente y amable, su familia la aceptaría gradualmente, hasta que sus padres y cinco hermanos la aceptaran como uno de los suyos.

Sin embargo, lo único que recibió fueron incontables reproches y regaños, mientras a Willa la colmaban de elogios. Siempre que pasaba algo malo o cometía un error, a ella la culpaban sin dudarlo.

Un día, escuchó algo que la destrozó por completo: "Si tan solo Noelle se hubiera muerto, nuestra familia se habría librado de una pesada carga".

'¿Si tan solo me hubiera muerto?', pensó la chica.

Naturalmente, esas palabras se quedaron grabadas en su mente y le destrozaron el corazón. Después de escucharlas, no podía respirar ni moverse.

No entendía por qué la odiaban tanto, ni qué había hecho para que su propia familia la tratara con tal frialdad. ¡Desconocía qué cosa la hacía tan insoportable para ellos, que preferían que hubiera muerto a que regresara a su lado! Y había una cuestión que la inquietaba aún más. Si la odiaban tanto, ¡¿por qué la habían reincorporado a la familia dos años atrás?!

Noelle cerró los ojos. En ese momento, sintió su corazón vacío. Ya no quedaba rastro de emoción en él. Había llegado a su límite. No quería más a su familia. Se había cansado de intentar conseguir la aprobación de personas que solo la veían como un error.

Cuando Gerard volvió a mirarla, descubrió que su expresión había cambiado por completo. No había dolor, ni tristeza, solo una calma tan absoluta que lo inquietó. Parecía que ella finalmente había dejado ir algo. Sin embargo, eso no lo detuvo para alzar su mano, listo para cachetearla.

"¡Si no te arrodillas y le pides disculpas a Willa, te daré una lección!", le advirtió.

Sin embargo, antes de que pudiera golpearla, Noelle levantó su mano y le detuvo la muñeca

para impedírselo.

"Tú...", soltó su hermano, mirándola con incredulidad. Durante dos años, esta nunca había luchado. Siempre había aceptado cualquier castigo que le dieran. Pero ahora… ¿se atrevía a enfrentarse a él?

Al notar la sorpresa en su rostro, su interlocutora dejó escapar una risa silenciosa y sarcástica. Su impresionante rostro resplandecía con una audacia recién descubierta. "Dije que no empujé a Willa", declaró.

"¿Sigues mintiendo? ¡Vaya que eres atrevida!", contestó él. No le creyó en absoluto.

"Gerard", comenzó Noelle, mientras su mirada se tornaba fría y cualquier emoción desaparecía de sus ojos. "Si demuestro con pruebas que no la empujé, ¡ella y tú se disculparán conmigo de rodillas!".

"¿Qué dijiste?", soltó el hombre; por un segundo pensó que había oído mal. Luego estalló: "¿Quieres que me arrodille ante ti? ¡Eres una chica insolente!".

¡Él jamás admitiría que tal bestia era su hermana!

En el sofá, Willa había estado disfrutando del caos, esperando con ansias a que Gerard pusiera a Noelle en su lugar. Sin embargo, cuando escuchó las palabras de esta última, un destello de duda cruzó por sus ojos.

'¿Pruebas? ¿Qué tipo de pruebas podría tener?', se preguntó, reemplazando su actitud burlona por una gentil mientras se levantaba. "Gerard, por favor, deja tu enojo a un lado. Olvídate de este asunto. No vale la pena que...".

"¡Deja de defenderla!", espetó él, con una voz atronadora. "¡Quiero ver sus dizque pruebas!".

Sin inmutarse, Noelle metió su mano en un bolsillo y sacó un dispositivo elegante.

Willa sintió que el corazón se le hundía al darse cuenta de lo que era. Por un segundo, todo el color abandonó su rostro, pues frente a ella estaba una grabadora de voz. '¡¿Cómo es posible que me tendiera esta trampa?! ¡¿De dónde sacó una grabadora de voz?!', pensó.

La acusada no dijo nada; simplemente presionó el botón "Reproducir".

"Noelle, ¿qué piensas de este lugar?", resonó una voz dulce y cuidadosamente controlada, tras unos breves segundos de estática.

Gerard reconoció de inmediato la voz de Willa.

"¿Por qué estás parada al borde de las escaleras?", preguntó otra voz, calmada y ligera.

Él sabía que esa era la de Noelle.

"Si le digo a Gerard que me empujaste por las escaleras, ¿cómo crees que te castigará?", resonó nuevamente la voz de Willa, aunque en esta ocasión, sus palabras estaban cargadas de malicia.

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Tabla de contenidos de Reclamando su corona, paso a paso

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