Portada de la novela Reclamada por el Alfa. El hermano de mi pareja

Reclamada por el Alfa. El hermano de mi pareja

9.0 / 10.0
Clarisse ha dedicado tres años a Noah, el Beta de la Manada Fuego de Luna, pero su lealtad es pagada con una traición cruel. Mientras ella lidia con su infertilidad, él la engaña con su mayor enemiga. Tras una ruptura de vínculo que casi le cuesta la vida, el poderoso Alfa Aiden interviene en su rescate. Para salvarla, Aiden rompe su celibato con la pareja de su hermano, desatando un romance prohibido y secretos que transformarán sus destinos.

Reclamada por el Alfa. El hermano de mi pareja Capítulo 1

Clarisse

Durante tres años, he estado casado con Noah, el Beta de la Manada Fuego de Luna: la manada más fuerte del Territorio de Lobos. Ni una sola vez me reclamó por ser una hembra sin lobo, ni por ser incapaz de darle un hijo.

Durante tres años, he sido la pareja que él ha esperado. Nunca me he entrometido en los asuntos de la manada a menos que se me lo pida, tampoco lo obligo a llevarme a eventos en los que no me pide que lo acompañe, mucho menos le he exigido que me dé más de lo que esté dispuesto a dar.

Nunca me ha dado razones para pelear ni sentirme menospreciada, ni una sola vez me hizo sentir que me estaba escondiendo o que se avergonzaba de mí. Pero, sobre todo, nunca me había dejado plantada en nuestro aniversario.

Miro el reloj una vez más. Las dos de la mañana.

La comida se ha enfriado y mi copa de vino está igual de vacía que la botella. He bebido tantas copas en la espera que perdí la cuenta.

No ha respondido a las tres llamadas que le di en diferentes horas. Nunca lo molestaría con llamadas incansables, claro que no, sé lo ocupado que está los últimos días. Sería imprudente reventar su teléfono con llamadas cuando quizás esté en una reunión de manada.

Pero es extraño que no se haya tomado la molestia de llamarme en las últimas cinco horas.

Con un suspiro, cojo mi teléfono y, sintiendo los dedos temblorosos, llamo a la única persona que podría saber de su paradero.

-¿Clarisse? -La voz enronquecida del Alfa Aiden suena desde el otro lado de la línea.

Trago saliva. Es una tontería molestarlo a estas horas, sobre todo cuando suena tan cansado. La culpa pellizca mi consciencia en un parpadeo.

-Alfa Aiden, perdón que lo llame a esta hora, yo... -El calor sube por mi cuello -. Estoy preocupada por Noah. ¿Sabe si está en alguna reunión? ¿O está ahí con usted?

Escucho el sonido de las sábanas y una exhalación. Eso quiere decir que estaba en su cama y acabo de despertarlo. Me siento más avergonzada. No estaba en ninguna reunión.

Noah dijo que estaría con el Consejo, que su hermano lo había llamado.

Alfa Aiden no me responde durante un doloroso e interminable minuto.

-Clarisse, mi hermano no está aquí -dice por fin -. ¿Has intentado llamarlo a su teléfono?

-¿Crees que te llamaría a ti si no lo hubiera hecho ya?

Las lágrimas caen de mis ojos ahora. Mi cuñado suspira desde el otro lado.

-La reunión debió haberse alargado. Déjame llamarlo a ver si sigue ahí o si está en camino a casa... -Hace una pausa como si acabase de recordar algo -. ¿No es hoy su aniversario?

-Lo era.

Aiden maldice una serie de palabras antes de volver a hablar conmigo. Yo me llevo una mano a los ojos y froto la humedad que se acumula bajo mis pestañas.

Es casi infantil molestarlo con algo tan trivial. Noah es un adulto, es su Beta, la segunda autoridad de la manada, y yo molesto al Alfa para saber de su paradero porque no se molestó en avisarme que no llegaría a nuestra cena anual. Aiden siempre ha sido considerado conmigo, aunque en público es bastante frío y evita decirme más de dos palabras, pero sé que puedo confiar en él. Lo conozco lo suficiente para saber que, si mi llamada lo molestase, no diría una palabra para no ofenderme.

Me hace sentir el doble de tonta y culpable por irrumpir su sueño. Ha estado muy ocupado las últimas semanas y vengo a molestarlo con tonterías. «Estúpida emocional».

-Voy a llamarlo, ¿de acuerdo? -Su voz, aunque ronca, tiene un timbre suave y calmante -. No te desesperes. Lo enviaré contigo apenas pueda contactarlo, ¿si? Te avisaré en cuanto responda.

Con un suspiro, me dejo caer en el respaldo de mi silla. Definitivamente soy una ingrata por molestarlo a esta hora. Me sentiría mejor si detectara el mínimo rastro de irritación.

-Gracias -le digo con sinceridad.

-No me agradezcas -Casi puedo escuchar algo de culpa en su voz, pero lo dejo pasar.

Corta la llamada antes de que pueda volver a agradecerle. Y espero.

El reloj marca las tres de la mañana cuando cierro los ojos.

***

Unos golpes en la puerta me hacen despertar sobresaltada.

Alguien está intentando abrir la puerta, suena como si su cuerpo estuviera golpeando contra la madera una y otra vez, pero no como si la empujara, más bien como si se tropezara.

Mi pecho se aprieta y corro hacia la puerta, medio adormilada y casi tropezando con mis tacones.

-¿Noah? -pregunto en voz alta.

Él no me responde, pero nuestro vínculo de pareja me dice que es él.

Cuando abro la puerta, me tambaleo hacia atrás. El cuerpo de Noah se tropieza con el mío al pasarme de largo y me agarro del pomo para no caerme. El olor a cerveza barata me llega a la nariz y me entran arcadas.

-¿Noah? -lo llamo, preocupada cuando sus pasos se vuelven inestables mientras camina a la sala de estar -. ¿Estás borracho?

Una pregunta bastante tonta, admito.

Trato de agarrarlo del brazo, pero él me aparta con un movimiento brusco que casi me hace caer. Jadeo, sorprendida.

-Suéltame -gruñe, enfadado.

Se deja caer sobre el sofá de cuerpo entero, tiene el ceño fruncido y la mandíbula apretada.

Me quedo paralizada. Nunca me había hablado así, tampoco lo había visto así.

Como tampoco había llegado a casa a las cinco de la mañana, borracho hasta la médula y oliendo a cerveza asquerosa y a...

Mi corazón se acelera dolorosamente.

-N-Noah, ¿dónde has estado?

Me encuentro temblando por miedo a la respuesta. En lugar de eso, me enseña los colmillos en una clara advertencia.

-Eso no es de tu maldito asunto, Clarisse.

Sigo olfateando el aire, tratando de convencerme que estoy confundiendo las cosas. Sin embargo, puedes engañar el olfato de un lobo de muchas formas, como loba de bajo rango, es mucho más fácil engañar mi olfato, pero ni así se puede camuflar su traición.

Huele a otra mujer. No a perfume ni a jabón, no, huele a otra mujer. Tiene su olor en todas partes. Ese olor que no puedes camuflar, no cuando...

No.

No, no y no. Noah no me haría esto.

-Noah, he estado preocupada por ti toda la noche. ¿Por qué no respondiste mis llamadas? Llamé a tu hermano para que me dijera donde estabas y él parecía no saber nada de ti. Me tenías asustada. -Al ver que mis palabras no provocan nada en él, me rompo un poco más -. ¿Siquiera sabes qué fecha fue ayer?

Noah murmura unas palabras ininteligibles mientras yo me deshago por dentro. Por la Diosa, apenas sabe quién es. ¿Cuánto bebió? Se necesita una buena cantidad de alcohol para derribar a un lobo. ¡Él es el Beta, por amor a la Diosa! No se supone que caiga tan fácil por un poco de cerveza. Eso solo quiere decir que lleva muchas horas bebiendo licor y dudo mucho que desde que acabó la reunión hasta ahora haya sido suficiente tiempo para llenarle la sangre de alcohol. Eso quiere decir que me mintió.

-Dime que al menos lo sientes -sollozo cuando me ignora. Ni siquiera se toma dos segundos para mirarme y fingir que lo lamenta -. Dime que sabes qué día te perdiste.

-Uno nada importante como para interrumpir mi sueño -responde a secas. Las lágrimas caen antes de que pueda contenerlas. No lo recuerda o, si lo hace, ha decidido que no le interesa -. Cállate la boca de una maldita vez y déjame dormir. ¡Maldición!

Arroja un vaso de vidrio que halló en la mesa a su lado, directo hacia mi cabeza y grito, horrorizada de lo que acaba de hacer. Apenas consigo esquivar el objeto antes de que impacte contra la pared a mis espaldas. Los cristales explotan y un trozo de vidrio logra darme en el borde del ojo.

Me quedo paralizada, incapaz de mover un solo músculo. Estoy aterrada e incrédula por cómo su agresividad verbal ha trascendido a lo físico en menos de diez minutos. Con cuidado, usando mis manos temblorosas, me quito como puedo los diminutos trozos de vidrio de mi ropa y mi pelo.

Mis lágrimas, que un día lo habrían conmovido, ahora parecen ser detonantes para su rabia, pues sus ojos me miran de una forma tan amenazante que temo lo peor.

A pesar de que me muero del miedo y que mi voz suena llorosa cuando hablo, también alberga resentimiento puro. La ira me sobrepasa lo suficiente como para pronunciar las siguientes palabras:

-¿Con quién pasaste la noche, Noah?

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