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Portada de la novela Rechazada por un Alfa, Mimada por un Lycan

Rechazada por un Alfa, Mimada por un Lycan

Jasmine se enfrenta a la humillación pública tras ser despreciada por el alfa que amaba. Durante una fiesta, un desafío la obliga a elegir entre rogarle perdón a su antiguo amor o besar a un desconocido. Al optar por lo segundo, se encuentra con un misterioso hombre de aura imponente y posesiva. Este extraño resulta ser un poderoso Lycan, quien le ofrece un pacto inesperado que promete cambiar el rumbo de su vida y su destino para siempre.
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Capítulo 3

"¡Hola, zorrita!", dijo alguien, mientras la luz se encendía de repente.

Yo me sobresalté y me giré hacia la fuente del sonido, pues había creído que estaba sola.

Unos ojos fríos y tan duros como el acero me contemplaban. Los encontré hipnóticos y encantadores; además, por un momento sentí que podían ver hasta lo más profundo de mi alma.

"¿Quién eres?", tartamudeé, sintiendo de golpe la garganta seca.

Él sonrió con arrogancia. Se veía peligroso y estaba segura de que no se parecía a ningún hombre lobo que hubiera visto antes. Su cuerpo musculoso era casi visible, incluso con el traje que llevaba puesto. Me recorrió de arriba abajo, con su mirada oscura y misteriosa. En sus ojos había una chispa de burla.

"¿Así que aquí te escondes lejos del escándalo?", preguntó, mientras su sonrisa se convertía en una peligrosa mueca burlona. Me estaba provocando.

Yo apreté los dientes; una ira desconocida se apoderaba de mí. ¿Cómo se atrevía a recordarme la razón por la que estaba huyendo?

Como no estaba dispuesta dejar que me venciera, levanté la barbilla y lo confronté. "No es asunto tuyo a dónde decido irme. Ahora, si me disculpas", comencé.

Mientras hablaba, él empezó a caminar con decisión hacia mí. Yo retrocedí instintivamente. El desconocido era tan imponente que tenía que alzar la vista para mirarlo.

Parecía que disfrutaba de mi frustración, pues el destello de burla seguía presente en su rostro. Podía leer su expresión incluso sin que dijera nada: se estaba riendo de mi estatura. Como medía un metro setenta, nunca me había considerado chaparra hasta ese momento.

Dado que todos estaban en la fiesta, no pude evitar preguntarme qué estaría haciendo él ahí. Estaba segura de que era nuevo en la manada porque no lo había visto antes.

"Ryder Kael", se presentó, mientras una sonrisa burlona se extendía por su rostro.

No había dudas de que era guapo, aunque en honor a la verdad, se le podía calificar de peligrosamente guapo. Su cabello oscuro, su mirada peligrosa y sus musculosos y anchos hombros lo hacían destacar sin esfuerzo.

"Jasmine Thane", respondí, pues no creía que decirle mi nombre me hiciera daño.

"Ah, conozco la historia de la adoptada Jasmine Thane, quien era la pareja destinada de Jason, pero que terminó rechazada por no tener un lobo", comentó él, con una sonrisa.

Al escucharlo hablar de mi desgracia frente a mí, la ira se encendió en mi interior. ¿Cómo se atrevía? Nunca nadie me había hecho enojar tanto. Apreté los dientes. Un segundo estaba tratando de contenerme para no reaccionar, y al siguiente escuché una voz dentro de mi cabeza.

"Jasmine, no podemos dejar pasar esto. ¡Dale su merecido!", me susurró la misteriosa voz en el oído.

Sin dudarlo, le metí un puñetazo en la mandíbula a Ryder, antes de agarrarlo de cuello. Estaba cegada por la furia. Lo siguiente que supe fue que me salían colmillos de la nada y, sin dudarlo, los clavé profundamente en su carne.

De pronto, me di cuenta de lo que estaba haciendo, así que me detuve y retrocedí unos cuántos pasos.

¿Realmente había hecho eso? Pero, ¿cómo había pasado? Al ver mis garras, me quedé atónita. Incluso si había una explicación para eso, ¿cómo podía justificar lo de los colmillos?

"Al parecer, alguien finalmente logró sacar a su loba", pronunció el hombre en un tono burlón, como si pudiera leer mis pensamientos.

En ese momento, me percaté de algo. ¡¿Tenía una loba?! Sabía que debía tener una, pero había decidido mantenerse callada a mi lado. Sin embargo, algo en ese hombre la había despertado.

"Lo siento", susurré, aunque tenía claro que se merecía mis golpes. De cualquier forma, no debí haber sido tan dura con él.

Además, por fin tenía una loba, así que estaba eufórica. No podía agradecerle lo suficiente por ayudarme a sacarla.

Un minuto antes, lo único que quería era destrozarlo, pero ahora lo abrazaba.

"Muchas gracias", le dije, apretándolo con fuerza, y colocando mi cabeza en su hombro.

El errático latido de su corazón me hizo sentir en casa, como si perteneciera allí. Aunque esa era la primera vez que lo veía, algo en mí hacía que sintiera que nos conocíamos de toda la vida. Por alguna razón, él se sentía como mi refugio.

"Jason es un idiota por rechazar a una zorrita tan dulce como tú", gruñó, mientras sus manos recorrían libremente mi pelo.

"Soy Jasmine, no una zorra", lo corregí, sin darme cuenta de que seguía en sus brazos.

"¡¿Jasmine?!", exclamó una voz familiar, haciendo que nos separáramos de golpe.

Ruby sostenía una copa de vino, y nos miraba con incredulidad.

Yo tosí, mientras mis mejillas se teñían de rojo. "No es lo que piensas", comencé a aclarar, para borrar la mirada traviesa de su rostro.

"Sí, no es como si hubiéramos hecho algo", intervino el alto y robusto hombre, metiendo las manos en sus bolsillos, antes de guiñarle un ojo a mi amiga.

Sentí asco por su comentario y me pregunté si era tan coqueto. Él caminó hasta el final del jardín, antes de darse la vuelta y decirme: "¡Nos vemos adentro, zorra!". Una sonrisa genuina se extendió por su rostro, antes de desaparecer.

"¡Santo cielo! ¿Cómo lograste que el Rey Lycan se fijara en ti?", me preguntó Ruby, corriendo hacia dónde yo estaba.

"¿Qué quieres decir con Rey Lycan?", inquirí, con los ojos abiertos de par en par.

Solo lo hice porque quería estar segura, pero por supuesto que mis sospechas eran correctas: por su imponente figura, ese hombre fácilmente podía ser un Lycan. Me pregunté por qué no había notado eso antes.

"¿Te refieres a la manada Media Luna?", añadí, esta vez en un tono más agudo.

"Por supuesto, tus padres los invitaron para la fiesta de compromiso".

Si eso era cierto, definitivamente regresaría a la celebración, aunque no para buscar a alguien en particular.

"Vamos. Supongo que ya me perdí la mejor parte", expresé.

Apenas entramos, nos recibió una música estridente y gente bailando. Ruby y yo pronto nos unimos. Me dije que al menos estaba ahí para disfrutar del momento, y no dejaría que mi estúpido enamoramiento por Jason me arruinara la velada.

"Hola, hermanita, ¿a poco no vas a saludarme ahora que volviste?", preguntó una voz familiar, que hizo que se me detuviera el corazón por unos segundos.

Él sonaba diferente: antes siempre se escuchaba gruñón, cruel y rudo, pero ahora su tono era suave y amable.

"Eh... Los dejaré solos", soltó Ruby captando la indirecta, mientras agarraba una copa de vino de la bandeja de una mesera, antes de alejarse.

"Mmm... Hola, Jason", contesté con la voz entrecortada, mientras mi corazón latía como loco. ¿Cómo podría olvidar que una vez estuve profunda y estúpidamente enamorada de él?

"Te ves impresionante esta noche", comentó mi hermano.

Podía sentir su mirada recorriendo mi cuerpo. Años atrás, la adrenalina habría corrido por mis venas si él me hubiera mirado así, pero ahora encontraba su gesto insultante.

"Gracias", pronuncié con frialdad. No era más que un pervertido.

"Hola, zorrita. Me prometiste este baile, ¿recuerdas?", resonó otra voz familiar a mis espaldas.

Me giré y encontré al hombre de hace rato con la mano extendida hacia mí, mirándome con ojos brillantes. Luego volteé hacia Jackson, quien inmediatamente me agarró de la mano.

"¡Ella bailará conmigo!", objetó mi hermano con firmeza.

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