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Portada de la novela ¿Que pasa si no te supero?

¿Que pasa si no te supero?

Tras una traición impulsada por la codicia, Blake Stewart perdió su identidad y a Logan Christian, su único amor. Diez años después, el destino los cruza nuevamente durante un violento conflicto de poder entre Nashville y Chicago. Mientras Logan se ha convertido en un guerrero implacable, Blake guarda el secreto de un embarazo de alto riesgo. Entre conspiraciones y peligros mortales, ambos deberán encarar su pasado para proteger su vida y su vínculo.
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Capítulo 1

Emily gritó tan fuerte que el sonido rebotó en las paredes de mármol del salón. Mi madre soltó la revista de alta costura que sostenía y, por un segundo, vi cómo su aliento se detenía. Entonces, ella también empezó a gritar, una mezcla de júbilo y alivio que pronto fue secundada por Ross y Joey. Lo que hace un momento era un santuario de sofisticación y calma, se transformó en un gallinero de emociones desbordadas.

Aquello solo significaba una cosa: había encontrado el vestido ganador. Pero, por alguna razón que se me escapaba, yo no me sentía una ganadora.

Dianne, mi asistente y la única persona que mantenía la cordura en medio de aquella locura nupcial, me tomó suavemente de los hombros. Su reflejo en el espejo me observaba con una mezcla de orgullo y advertencia.

-Estás preciosa, Blake -susurró cerca de mi oído, con esa voz de nana que lograba calmar mis tormentas más salvajes-. Pero recuerda: el vestido tiene que gustarte a ti. Sin importar lo que el resto del mundo grite.

Asentí con una sonrisa mecánica y fijé la vista en el espejo. La mujer que me devolvía la mirada era, objetivamente, una visión. El color perla del satén abrazaba mis curvas como una segunda piel, deslizándose con elegancia hasta abrirse en una "A" perfecta que moría en una cola infinita. Miles de cristales de Swarovski estaban bordados a mano, capturando la luz y transformándola en destellos que me hacían parecer envuelta en polvo de estrellas. Estaba impresionante. Era la novia que cualquier revista de sociedad mataría por tener en su portada.

Sin embargo, al bajar la vista hacia mis propios ojos, vi la grieta. No había brillo ahí, solo una tristeza sorda y antigua, la misma que se siente en los velorios. Estaba a punto de casarme con Chase, uno de los solteros más codiciados del país, el hombre que me había dado estabilidad durante seis años... y aun así, sentía que me estaba vistiendo para mi propio entierro.

De pronto, la imagen en el espejo se distorsionó. Por un segundo, no vi el lujoso salón de pruebas, sino unos ojos color ámbar que me observaban desde el pasado. Un rostro que había enterrado bajo toneladas de voluntad se reveló ante mí con una nitidez aterradora.

Sacudí la cabeza, sintiendo cómo mi pulso se disparaba de cero a cien en un latido. No, ahora no, me supliqué.

-Es perfecto -mentí en voz alta, mi voz sonando extraña a mis propios oídos.

-¡Es más que perfecto! -exclamó Emily, rompiendo el hechizo-. A mi hermano se le va a parar el corazón en medio del altar en cuanto te vea.

-¡Emily! -mi madre soltó un chillido de horror y, tras enrollar su revista, le dio un golpe juguetón a su nuera-. No seas vulgar. Es la boda del siglo, nada de comentarios impropios.

Mi madre se acercó y me pellizcó las mejillas con ternura. Sus ojos brillaban con un sueño que era más suyo que mío.

-Estás perfecta, mi niña. La novia más hermosa que ha visto el mundo.

-Gracias -respondí, aunque la palabra me supo a ceniza.

Alegando que no quería estropear la tela, me refugié en el probador con Dianne. Necesitaba salir de ese vestido; sentía que los cristales de Swarovski empezaban a pesarme como piedras de molino. En cuanto la cortina se cerró, el hoyo negro en mi estómago se expandió.

Rose entró poco después para ayudarme con las horquillas. Me observó en silencio mientras yo me apresuraba a ponerme mi blusa rosada de botones, como si necesitara ocultar mi piel de la mirada del destino.

-¿Por qué siento que quieres salir corriendo y no precisamente hacia el altar? -soltó Rose de repente.

Me quedé congelada con un botón a medio cerrar. Suspiré y me desplomé en el sillón acolchado, hundiendo el rostro en mis manos. Rose siempre había tenido esa capacidad casi sobrenatural para leer lo que yo intentaba esconder bajo llave.

-No lo sé -confesé con la voz quebrada-. Estaba bien. Estaba emocionada hasta que me pusieron esa cosa encima.

-Yo sí lo sé, Blake. Es que hasta que no abras la caja de Pandora y busques las respuestas que te deben, vas a seguir sintiéndote así. Atormentada.

-No puedo, Rose. No sabemos ni por dónde empezar... Han pasado diez años. Es mejor seguir adelante. No puedo vivir aferrada a un fantasma.

-Es un fantasma porque permitiste que te convencieran de eso -sentenció ella con dureza-. Tu madre, Emily, incluso Chase... todos te vendieron la idea de que olvidar era la solución. Pero lo que tenías que hacer era subirte a aquel maldito avión y no detenerte hasta encontrarlo.

-¡Ya basta! -el grito salió de mi garganta cargado de dolor-. Él nunca volvió. Jamás le importé.

Rose me observó con una lástima que me dolió más que su regaño. Entonces, sacó un sobre azul de su bolso y me lo tendió.

-Sé que harás lo correcto. La historia que nos contaron está incompleta, Blake. Ve a buscar la pieza que falta. No es justo que vivas a medias, y tampoco es justo para Chase casarse con una mujer que tiene el corazón en otro lugar. Si de verdad lo amas, ve y extermina tus fantasmas. Cuando estés lista, regresa y cásate. Pero no antes.

Me quedé mirando el sobre azul como si fuera una granada a punto de estallar. Mi mente era un caos. Ir en busca de la verdad significaba destruir la paz que tanto me había costado construir. Significaba decepcionar a mi madre y romperle el corazón a Chase.

-Soy una cobarde, Rosie -susurré.

Ella no respondió, solo se quedó a mi lado en un silencio solidario hasta que salimos a reunirnos con las demás.

Poco después, nos despedimos. Cada una volvió a su rutina, a su trabajo, a su vida perfecta. Pero mientras conducía de regreso, el sobre azul quemaba en mi bolso. Después de diez años de silencio, el pasado acababa de enviarme una invitación. Y por primera vez en una década, no estaba segura de poder ignorarla.

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