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Portada de la novela ¿Que pasa si no te supero?

¿Que pasa si no te supero?

Tras una traición impulsada por la codicia, Blake Stewart perdió su identidad y a Logan Christian, su único amor. Diez años después, el destino los cruza nuevamente durante un violento conflicto de poder entre Nashville y Chicago. Mientras Logan se ha convertido en un guerrero implacable, Blake guarda el secreto de un embarazo de alto riesgo. Entre conspiraciones y peligros mortales, ambos deberán encarar su pasado para proteger su vida y su vínculo.
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Capítulo 2

Diez años atrás...

Refunfuño a la nada mientras observo a la chica ojerosa y despeinada que me devuelve la mirada desde el espejo. Tiene esa expresión de querer morir que tanto conozco. Nunca he sabido mentir; soy un libro abierto incluso para mí misma. No puedo fingir ni una sonrisa frente al cristal; cuando lo intento, parezco un chihuahua a punto de atacar. De hecho, tengo la estatura de uno.

-¡Blake! ¡Vamos a llegar tarde! -El grito de mi hermano, Jagger, atraviesa las paredes con la fuerza de un huracán. Es un pesado, un bruto de primera, pero es mi hermano y lo quiero.

-¡En veinte minutos estaré lista! -le devuelvo el grito.

Escucho una orquesta de maldiciones y algo que suena a que apuesta su trasero a que no lo lograré. Pobre de su trasero. Doy un último vistazo a mi reflejo deprimente y, decidida a cambiarlo, me meto a la ducha. Agradezco al Todopoderoso por la economía de mi familia; vivir en una casa donde cada uno tiene su propio vestidor y baño es un privilegio que no doy por sentado.

Salgo de la ducha con el tiempo justo. Me enfundo en mis vaqueros favoritos, ajustados y de tiro alto, y los combino con una sudadera negra crop-top que deja apenas un rastro de piel a la vista. Completo el look con mis botines rockeros de cadenas rose gold y salgo de la habitación con exactamente un minuto de ventaja.

-¿A quién le vamos a regalar tu asqueroso trasero, Jagg? -pregunto bajando las escaleras.

-Muy graciosa, pitufa. Vámonos, siempre llego tarde por tu culpa.

-Si no hubieses estrellado tu camioneta contra el primer idiota que se te cruzó en la autopista, no tendrías que depender de mi coche.

Con un Jagger de un humor de perros, salimos hacia nuestro último primer día de instituto. Estábamos en el último año de preparatoria y, según Emily, mi mejor amiga, somos la maldita realeza de Northside College High. Yo prefiero pensar que simplemente llevamos demasiados años aquí. Jagger y Chase son los capitanes de los equipos de fútbol y natación; Will y Rose son las estrellas de los musicales. Emily y yo... bueno, somos conocidas por estar con ellos.

Aunque Emily, con su ego del tamaño de un estadio, jamás admitiría que sin su hermano Chase nadie sabría de nuestra existencia. Según ella, nosotras somos el "flow" del grupo. Hablando del diablo, la morena aparece como por arte de magia y se une a nuestro paso.

-Jagger, quita esa cara de culo, que es el primer día -suelta Emily con una sonrisa provocadora.

Le encanta sacar de quicio a mi hermano; es su deporte olímpico favorito. Yo tengo mi propia teoría sobre por qué se pelean tanto, pero la única vez que la mencioné, Jagger me dejó de hablar una semana entera.

Emily enlazó su brazo con el mío.

-Dicen que el rarito que trabaja en la cafetería ahora estudia con nosotros -cuchicheó.

Mi corazón se saltó un latido. Ella no podía imaginar que aquel "rarito" era la única razón por la que habíamos visitado la cafetería cada bendito día del verano. Emily juraba que yo había desarrollado una adicción al té helado con menta; no sabía que mi verdadera adicción tenía nombre y apellido, aunque yo aún no supiera cuál era.

-¡Blake! -Rose se unió a nosotras y me lanzó "la mirada". A diferencia de Emily, Rose sabía todo sobre mi obsesión silenciosa por el chico tímido de la barra.

Al llegar al salón, Will y Chase ya nos esperaban. La escena fue un caos de hormonas adolescentes: Will levantó a Rose para plantarle un beso de esos que calientan la habitación, mientras Jagger y Chase se enfrascaban en una charla técnica sobre piezas de camionetas.

Todo iba "normal" hasta que Tina, nuestra archienemiga, entró en escena. Sin previo aviso, la muy idiota le plantó un beso a mi hermano en toda la boca. Si eso no fuera suficiente sorpresa, la cara de limón agrio que puso Emily se llevó el premio. Furiosa, Emily se levantó y pasó por el lado de Tina, dándole un empujón de hombros que casi la manda al suelo. Mi teoría sobre ellos dos volvió a zumbar en mi cabeza.

-¿Es que no ves por dónde caminas? -chilló Tina con un sonido que me recordó a un hámster asustado.

Intentó abalanzarse sobre Emily, pero Jagger la detuvo en seco. Chase se puso en guardia. Yo tomé a Emily del brazo, rogando que no hubiera sangre el primer día.

-Sí, veo por dónde camino -respondió Emily con una frialdad cortante-. Solo estoy acostumbrada a ignorar a las moscas; generalmente se apartan cuando paso.

Un "¡Uhhh!" colectivo llenó el salón. Tina se lanzó de nuevo, pero el grito de Jagger nos congeló a todos.

-¡BASTA! -rugió, fuera de sí-. Estoy hasta la mierda de tus juegos, McCarthy. Decídete de una vez y deja de meterte en mis asuntos.

Se giró hacia Tina y su mirada se volvió de hielo puro.

-Y tú, ten dignidad. Fue cosa de una vez. El verano terminó, no soy tu novio y no necesito que marques un territorio que no te pertenece. No vuelvas a acercarte así o pondré una orden de restricción.

Jagger agarró su mochila y salió del salón, dejándonos en un silencio sepulcral.

Estaba por preguntarle a Emily qué demonios había sido eso, cuando el dueño de todas mis fantasías entró por la puerta. Era alto, perfecto, con el cabello rubio oscuro recogido en una pequeña coleta en la nuca. Vestía totalmente de negro, como si el destino hubiera decidido combinar nuestras ropas. Me obligué a desviar la mirada cuando sus ojos chocaron con los míos.

El profesor de Literatura, el Sr. Poulsen, entró tras él. Todos tomaron asiento, pero mi respiración se detuvo cuando el responsable de mi distracción caminó directamente hacia mi mesa. Emily no estaba; se había esfumado tras la pelea.

-¿Está libre? -Su voz era una melodía grave que me dejó hipnotizada.

-Eh... sí. Sí, puedes acompañarme... digo, puedes sentarte -balbuceé. Bravo, Blake, seguro piensa que eres idiota.

Rose, desde el otro lado, abrió la boca formando una "O" perfecta y me hizo señas de corazones con las manos. Quise matarla.

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