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Portada de la novela Podría llegar tan bajo por ti

Podría llegar tan bajo por ti

Holly Ryan sobrevive al maltrato de su pareja, Tim, bajo una peligrosa codependencia. Su destino da un giro cuando Ascher, un misterioso joven, interviene para salvarla de una agresión. Mientras él intenta mostrarle el significado del amor propio, una conexión intensa surge entre ambos. No obstante, Ascher guarda un secreto sobre quién es realmente. Ahora, él debe elegir entre revelar su identidad o perder a Holly mientras intentan consolidar su relación.
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Capítulo 3

—¿Eres mocho o qué? —dice ella irritada a sus espaldas y él se ríe.

—Podrías hacerlo como parte del agradecimiento —sugiere.

—Pensé que ya te había agradecido —bufa y él suspira.

—Necesito las dos manos para llevarte —dice en tono de obviedad.

—Te tengo una solución... ¡Bájame! —propone Holly, esperanzada.

—Te bajaría, preciosa, pero eso me costaría mucho.

Ascher rió, de pronto divirtiéndose con la situación.

—No te cuesta nada, aparte es mejor, así no te avergüenzas de que vea tu trasero —dice creyendo que con ese argumento podría dejarlo como amenaza, pero él solo se burló.

—Primero, si me cuesta, ya que si te bajo te irías caminando a tu casa y no puedo permitirlo... Segundo, sé que estas disfrutando de esa vista, así como yo disfruto sostenerte en mi hombro y debo decir que no te avergüences por querer ver tu lindo trasero. —Dicho esto muy hedonista comienza a caminar hacia el auto.

—Pero que idiota, luego dices que mi novio es el… —Ascher la interrumpe.

—Hacerte cumplidos no es lo mismo que él hace contigo —Holly se queda sin palabras.

Durante un rato se quedan en silencio, Ascher meditando la situación y Holly tratando de descubrir las intenciones del chico misterioso.

—¿Por qué eres así? —pregunta ella rompiendo el silencio.

—¿Cómo así?

—No lo sé, no sé cómo explicarlo.

Recorren el camino hasta el estacionamiento en silencio, una vez que están frente al automóvil, Ascher la baja y le sonríe. Holly siente un cosquilleo en el estómago ante la sonrisa. El rubio comienza a vestirse delante de ella para asegurarse de que no escape. No va a fallarle a su mejor amigo, pues si Holly se va, probablemente sus amigas también.

—Ya estas abajo, ¿Podrás vivir sin mí? —dice en tono juguetón y le guiña el ojo, un calor agradable aparece en el pecho de Holly.

Ascher está sorprendido ante su actitud tan juguetona, por alguna razón desconocida, la chica saca ese lado que parecía tan escondido. Lo peor y lo que más le llama la atención es que disfruta hacerlo.

—Claro que puedo vivir sin ti —responde, orgullosa y alza la cabeza dignamente.

—Qué lástima, porque me encanta ayudarte y admirar lo hermosa que te ves cuando te enojas conmigo —Le lanza un beso y las mejillas de ella comienzan a arder, agradece que al menos no hay mucha luz para verla.

—Estoy empapada, mejor me voy caminando para no mojar tu auto —dice incómoda.

—Yo te puedo secar sin ningún problema.

La mirada entre perversa y juguetona que le lanza Ascher, provoca en Holly un hormigueo que desecha rápidamente, se cruza de brazos y le lanza una mirada molesta.

—¡Hablo en serio! —frunce el ceño intentando parecer enojada.

—Yo también —Ascher le guiña el ojo, suelta una pequeña risa y suspira—. Tu amiga se ofreció a traernos toallas y nunca las trajo.

—Tal vez porque no la esperaste —replica, gruñona—. Seguramente Sam le dijo que ya no era necesario porque ya nos íbamos.

—No me culpes, tú estabas descontrolada, no tuve opción —se justifica—. Además, eso es lo menos importante cariño, puedes entrar como tú quieras —ya vestido, se acerca a ella y la toma del mentón para verla—. Créeme que no te dejaría ir caminando, eso no sería muy caballeroso de mi parte —acaricia su mejilla y luego le abre la puerta.

Por más que Holly busca alguna razón para replicar, no la encuentra, así que sube al automóvil como toda una chica obediente.

Ascher entra de piloto y enciende el auto, pone el auto en marcha, su rumbo no es tan lejos pues la noche es larga y van a disfrutar, Holly se sienta sobre las piernas de Mónica, Sam se posiciona en el medio y Jack en el otro extremo. Trevor, en el asiento del copiloto, se nota menos fastidiado que cuando estaban en la fiesta. Ascher lanza miradas a Holly de vez en cuando por el espejo retrovisor, el placer del triunfo al haberle ganado en su juego tan odioso es casi glorioso.

Antes de llegar al destino, hacen una parada en el supermercado, pues necesitan provisiones para la playa, el sitio perfecto para una noche romántica.

Después de unos minutos, cada cual se mete en sus asuntos; Sam y Jack se bañan en el agua tibia bajo la luz de la luna, Trevor charla tranquilamente con Mónica y tanto Holly como Ascher están detrás del automóvil apoyados en el maletero mientras miran las estrellas brillando en el cielo. Holly podría protestar, armar un revuelo hacia Ascher y alejarse de él, sin embargo, no quiere arruinarle la noche a sus amigas.

—Por cierto, te compré algo —dice Ascher sacando un chocolate de su bolsillo—. No te conozco de casi nada, así que no sé si te gusta, pero puede dar pie a que ya no seas tan complicada conmigo.

Ascher ofrece el chocolate, después de unos segundos de titubeo, Holly lo acepta, tímida.

—Más que un chocolate para mí —dice Holly mientras toca su labio roto—, debiste comprarte una vendita para ti.

—No había —sonríe coqueto—. Además, si comes el chocolate, me curaré.

—Eso no tiene sentido —Holly lo mira con los ojos entrecerrados.

—Para mí, si lo tiene —insiste él.

—El chocolate es el remedio para la reconciliación —esboza una sonrisa—. No es que sea complicada, es que tengo novio.

Holly se encoge de hombros, cabizbaja, deja el chocolate de lado.

—Sí y se ve que te emociona mucho —bromea Ascher, pero no es divertido para ella—, conozco chicas con novios y no son tan altaneras como tú, son más amigables con las personas. —sonríe amablemente.

—Lo siento, si es complicado —dice incómoda—. Gracias —señala el chocolate, lo abre y le ofrece un trozo— ¿Por qué eres así conmigo? —cuestiona azorada.

—Pues simplemente soy caballeroso, educado y amable, no hay que mal pensar, pero ya me tienes como ejemplo, ¿Cómo alguien que no te conoce te trata mejor que tu novio? —Holly aparta la mirada.

—No quiero hablar sobre eso.

—Está bien, lo entiendo, discúlpame por insistir.

Ascher la toma del mentón y atrae su mirada, al ver aquel rostro triste, su corazón se estruja, él no quería hacerla sentir mal, no quería lastimarla, solo quería hacerla reaccionar ante esa relación tan tóxica que tiene, por su mente no pasó nunca el avergonzarla, desconoce la razón por la que están juntos, pero si es para que ella se sienta bien, se esforzará por no sacar ese tema, a menos que ella lo quisiera.

—Entonces... ¿Eres muy caballeroso? —Le da media sonrisa.

—Sí, sea quien sea, me comporto como tal, a menos que me hagan enojar mucho —admite, ella ríe.

—Perdón por hacerte enojar y jorobarte tanto —Él le sonríe.

—Todo está bien, tranquila, no pasó nada e igual te veías preciosa así —coloca su brazo alrededor de su hombro para acercarla a él.

—No me digas así —frunce el ceño mientras se separa un poco de él.

—¿Cómo así? —pregunta bromeando, sabiendo perfectamente a qué se refiere.

—No me digas preciosa —Se cruza de brazos y él se ríe.

—Es que te ves tierna cuando te enojas, pareces un ratoncito enojón —se burla y ella lo mira mal.

—¿Me estás diciendo enana? —Él se muerde el labio aguantando la risa mientras afirma con la cabeza, ella lo mira divertida y se prepara para defenderse—. No soy enana amigo, tú tienes un problema de altura —se burla segura de sí misma, él abre su boca en admiración.

—¿Crees que soy raro por ser más alto que tú? —ríe, ella asiente y el rubio niega con la cabeza riendo—. Me agrada tu forma de elevar tu autoestima, cosa que hasta eso es más alto que tú —No para de reír y Holly lo aporrea levemente con el codo en la costilla—¡Auch! Está bien, te ves bien como estas —Trata de elogiarla.

—Gracias —Se separa de él y le extiende la mano—. Bailemos —ofrece.

Ascher la mira, confundido, el cambio repentino, aunque para bien, le toma por sorpresa.

—¿Sin música? —pregunta, azorado—. Porque si me das chance, puedo poner una en la camioneta ahora —Señala hacia atrás con su pulgar.

—No la necesitamos, ¡Ven!

Ante la insistencia, Ascher acepta la mano de Holly.

Comienzan a bailar, giran de un lado a otro como un vals, ambos sonrientes y calmados, él la sostiene de la cintura, mientras que ella envuelve sus brazos alrededor del cuello. A pesar del momento cómodo, surge una nube de confusión, la sensación es agradable; de amistad. Ella consciente de su noviazgo y él solo se deja llevar. Ascher es amable, ni siquiera le pasa por la cabeza que Holly pudiera gustarle.

La noche continúa sin imprevistos, después de bailar, se juntan todos para platicar animadamente.

—Creo que me van a regañar, no pedí permiso para quedarme al día siguiente —le comenta Holly a Ascher, preocupada.

—Hablaré con ella, me echaré la culpa si es necesario para que no te digan nada.

Más que ofrecimiento, suena como un decreto, Holly intenta negarse, pero Ascher insiste con tal de poder arreglar las cosas con ella.

Todos suben al auto y dejan a cada chica en su casa, Holly es la última en llegar a casa, no es sorpresa que su madre se encontrara afuera; su rostro detonando enfado. Holly salió del automóvil seguida de Ascher.

—¡¿Por qué llegas a estas malditas horas?! —exclama histérica, Holly camina con la cabeza baja.

—Señora, yo le puedo explicar.

Ascher se adelanta sin preguntar, sus pasos decididos y su cuerpo tan galante como todo un caballero.

—Holly, ¿Quién es este? —La morena se encuentra enfrente de su madre, sin atreverse a mirarla—. Yo te doy permiso hasta cierta hora y amaneces con un chico, quién sabe haciendo qué —dice colocando sus manos en la cintura—. No te mandas sola, aún tienes dieciséis, jovencita.

Ascher arruga la nariz en desagrado ante el comentario, pero al hablar, su voz suena solemne.

—Señora... Me disculpo por traerla a esta hora, se me pasó, pero no hicimos nada malo, yo soy muy respetuoso, no la reproche tanto, la fiesta terminó tarde y en el momento que estuve disponible me ofrecí a traerla, por lo menos agradezca que no se fue caminando y que está bien.

La madre de Holly lo mira como si fuera una escoria, sus ojos centelleando de furia y las aletas de su nariz dilatándose.

—¿Así que fuiste a una fiesta?

La madre de Holly ruge y la abofetea, Ascher, sorprendido, se interpone entre Holly y su madre mientras Holly se soba la mejilla enrojecida.

—¡¿Qué le sucede?! —cuestiona casi desesperado—. Yo debería ser maltratado, no ella, fue mi culpa su tardanza.

Ascher ahora ve que Holly es maltratada tanto por su madre como por su novio, su vida parece un infierno.

—Ella es mi hija —lo mira severa—. Es su culpa, así que no se entrometa.

Toma a su hija haciéndola entrar a la casa y cerrando de un portazo. Ascher se queda perplejo por un momento, jamás le habían cerrado una puerta en la cara. Decide dejar pasar esa situación, pero buscará a Holly más adelante, pasaría a ver si estaba bien. Su vida se nota injusta y él no es partidario de lo injusto.

El camino de regreso a su casa lo pasa discutiendo la situación con sus amigos, Ascher también aprovechó para pedirle al mayordomo que si podía avisar a Tamara que les hiciera el desayuno.

Entran al recinto abriendo el portón con un control, este portón tiene una “B” en el medio, la letra inicial de su apellido, luego sigue su camino y una fuente familiar de oro les da la bienvenida; están sus padres, su hermana y él cuando eran pequeños. Ascher estaciona frente a la redoma.

Se bajan del vehículo y Ascher le da las llaves al valet personal quien se lleva el automóvil a la cochera. Los tres amigos suben los escalones para llegar a la puerta principal en dónde el mayordomo ya los espera.

—Buen día, joven Basquin, joven Thorner y joven Stone, ¡Bienvenidos! —Se hace a un lado en casi reverencia para dejarlos entrar.

—¡Buen día! —dicen al unísono al entrar a la mansión.

—Gracias Fredycsen... Mis padres, ¿Aún no llegan? —Ascher lo mira extrañado.

—Alfred salió hace un rato al aeropuerto, no deben tardar en llegar, y la señora Tamara les ha servido el desayuno joven Basquin... ¿Algo más? —pregunta esperando otra orden.

—No, Fredycsen, gracias... Puedes retirarte —responde Ascher amablemente, el mayordomo asiente, cierra la puerta y se va.

Los chicos van al comedor; el salón es color azul claro, las paredes adornadas con cuadros de pinturas familiares. El piso de cerámica, la mesa del comedor demasiado larga para tan pocos miembros de la familia y en el centro de mesa guinda un candelabro cristalizado. Toman asiento y se deleitan con el plato servido en la mesa: Un plato inglés, el favorito del joven Basquin; panceta, huevos, tomates fritos, champiñones fritos, pan tostado, salchichas y una taza de té.

Para reposar la comida, los tres se adentran en el jacuzzi.

—¿Y les gustó la experiencia? —pregunta Jackson mientras toma el sol.

—No, no es mi tipo, solo fui por ti —admite Ascher sin ninguna expresión, Jack entrecierra sus ojos en forma de aprobación.

—Ok... Lo siento por eso

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