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Portada de la novela Placeres Prohibidos

Placeres Prohibidos

Ricardo, un militar de principios rectos, siempre respetó el vínculo de sus compañeros hasta que Milena, la esposa víctima de los abusos de Lucho, desata en él un deseo irrefrenable. Lo que surge como una transgresión carnal evoluciona hacia un amor intenso y peligroso. Mientras ella protege secretos sombríos, Lucho planea vengarse de antiguas traiciones. En este escenario de celos y pecado, el descubrimiento del romance provocará un enfrentamiento letal.
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Capítulo 2

Podría relatar desde la primera, pero sería algo tedioso y no podría escribir tanto, no por ahora, pero lo que sí podría decir, es que recuerdo absolutamente todo de cada una de ellas a quienes he poseído, aunque en este momento las que se me vienen a la memoria, son las mujeres más importantes que he tenido.

Sé que ustedes quisieran saber a fondo de todas ellas y, tal vez, en cada línea que yo escribo y ustedes leen, sentir un poco de todo aquello que les hice sentir a ellas, como las acaricié, como hurgué en sus entrepiernas, como me fui adentrando en cada una de ellas, como gozamos en nuestra intimidad...

Mujeres prohibidas...

Que supuestamente, amaban a sus esposos o a sus novios, pero que en mí encontraron algo más... Todo lo que ellos, no les daban, lo buscaban en mí y hallaban más que eso.

Gracias a todas ellas, soy lo que soy y tengo el conocimiento de todo cuánto sé. No me afano de saberlo todo por completo, pues siempre debe haber algo por aprender o algo nuevo por conocer con alguien, y eso me va dando cada vez más experiencia, la cual, puedo utilizar con la siguiente que llegue y, así sucesivamente.

Cada una de ellas, me deja un poco de sus experiencias y estas, las voy empleando a medida que voy conociendo a más mujeres, es como un ciclo, que me ha dejado muy buenos resultados.

A mis 18 años de edad y siendo ya militar, no tenía novia, solo tenía a las mujeres que iba conociendo en cada lugar y en cada momento. A esas féminas, que la vida me iba poniendo en el camino. Fui siempre "perfil bajo", como decimos aquí en el medio, o sea nunca me di a conocer ante los demás quien era en verdad, ni cuales eran mis intenciones. De alguna manera, pensaba que era mejor mantenerse así, por ciertas razones.

Los años fueron pasando y mi estancia como militar, me iba dando más maneras, mañas o métodos para conquistar a las mujeres que me gustaban, siempre buscaba la manera de aplicar una técnica infalible y diferente para cada conquista.

Yo tenía por regla propia, tener a una mujer que fuera solo para mí, es decir, que no hubiera sido de otro militar, pero eso fue al principio porque después entró a mi mente una extraña aberración sexual por el gusto hacia las mujeres que fueran esposas o novias de mis compañeros, eso se volvió un vicio, pero era algo nuevo para mí y me gustaba ese morbo que genera el hecho de estar haciendo lo prohibido con una mujer que ama a otro y, como todo lo malo es lo que se queda, se mantiene y se hace más divertido, así me he mantenido.

Ahora llevo casi 17 años de antigüedad en el medio militar y considero que, en todo ese tiempo no he logrado tener amigos, sí muchos compañeros, ¿cómo no? pero ninguno que yo considere mi amigo de verdad.

Las mujeres solteras me gustan mucho, no lo voy a negar, pero las mujeres casadas y prohibidas, esas me apasionan muchísimo más, me fascinan y me vuelven loco.

Les cuento acerca de mi primera mujer casada...

Tenía 20 años de edad en ese entonces y llevaba dos de antigüedad en el Ejército. En ese tiempo tenía un compañero que se llamaba Luis, él era militar como yo, no éramos amigos, pero sí nos llevábamos muy bien o al menos, eso me parecía a mí. Un día en un destacamento, él me mencionó que lo iría a visitar su esposa y que le llevaría algunas cosas, por lo que me preguntó si yo necesitaba algo pues siendo así, ella lo podía llevar sin problema alguno.

Yo le dije que no me hacía falta nada por el momento, le di las gracias por ese gesto amable de su parte, con todo y que no éramos amigos, él tuvo una pequeña y cortés atención.

El que aquella mujer fuera su esposa, me daba igual, pues en ese entonces aún no había probado del fruto prohibido que representa para mí la mujer de otro hombre, tampoco me daba morbo por verla y saber qué apariencia tenía, mi ética de hombre, en aquel momento, no me lo permitía.

Pasaron unos minutos y llegó una muchacha de estatura media al destacamento, de piel morena clara o trigueña, su cabello era ondulado, su rostro afilado y lindo, sus piernas y todo su cuerpo era perfecto, todo estaba en su santo lugar, era sin duda una tentación exquisita, que mis ojos por primera vez estaban disfrutando.

Nunca me hubiera imaginado que una mujer como ella fuera esposa de mi compañero, pero así era, ella era todo un bombón.

Desde que la vi me entró el morbo al momento de observar su cuerpo con lascivia.

Tres días después...

Mi compañero tal vez me consideraba su amigo, pero yo a él no, un día de esos tantos en los que estábamos de guardia, me pidió prestado mi celular para hacer una llamada, nunca me dijo con quién hablaría y tampoco me interesaba saberlo y sin pensarlo, se lo di. Al fin y al cabo, un favor, no se le niega a nadie y mucho menos a un compañero de trabajo.

Por la noche me llenó de intriga saber a quién le había marcado mi compañero, ya había morbo en mis intenciones de saber si era su esposa o no, así que me tomé el atrevimiento, de agregar el número, pero no marqué ni le envié ningún mensaje.

Unos días después...

Llegó un mensaje de texto donde me decían:

«Oiga, disculpe la molestia, puede por favor decirle a mi esposo Luis, que me conteste la llamada».

Leí lo que recibí, pero no contesté el mensaje y en unos minutos más tarde, ella me marcó. Sabía quién era pues la había registrado como "De Luis" haciendo referencia a que era la esposa de mi compañero o a quien hubiera llamado.

Y así empezamos ella y yo.

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