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Portada de la novela Placeres Prohibidos

Placeres Prohibidos

Ricardo, un militar de principios rectos, siempre respetó el vínculo de sus compañeros hasta que Milena, la esposa víctima de los abusos de Lucho, desata en él un deseo irrefrenable. Lo que surge como una transgresión carnal evoluciona hacia un amor intenso y peligroso. Mientras ella protege secretos sombríos, Lucho planea vengarse de antiguas traiciones. En este escenario de celos y pecado, el descubrimiento del romance provocará un enfrentamiento letal.
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Capítulo 3

Domingo por la tarde...

Para un hombre como yo y teniendo el trabajo que tengo, cualquier día sea festivo, sábado o domingo, es un día normal, como cualquier otro. Estaba fastidiado y sin nada que hacer en ese momento, nada me sacaba de ese estado tan aburrido. Al ver que la esposa de mi compañero me estaba marcando, no contesté.

Sabía muy bien que ella lo volvería a hacer, pues casos como ese ya había tenido muchos y por experiencia propia, tenía claro que insistiría. Ella volvió a marcar, pero esta vez, que ya era la segunda que lo hacía, sí respondí, pues pensé que algo le había pasado a mi amigo pues desde muy temprano, él se había ido franco.

En la llamada...

-¡Hola, buenas tardes! Disculpe que lo moleste, soy Milena, la esposa de su compañero Luis, hace unos días él me marcó de su teléfono y, a decir verdad, agregué su número aún sin su consentimiento, para cualquier cosa, pues una nunca sabe lo que pueda pasar -me dijo una dulce voz de mujer al teléfono.

-Hola, buenas tardes, no se preocupe, claro que me acuerdo perfectamente de usted ¿En qué la puedo ayudar, señora? -respondí de manera cortante. En ese momento, estaba aplicando una de mis técnicas infalibles.

-Pues en primera, quisiera saber ¿Cómo está mi esposo? ¿Sabes si está bien? y en segunda, si efectivamente está bien, puede decirle por favor que responda su teléfono, estoy muy preocupada por él, pues desde ayer en la noche, me dijo que saldría a patrullar y estas son las horas, en las que no sé nada de él, no se conecta al WhatsApp -me dijo con un tono de voz de preocupación.

Al escuchar lo que quería, sabiendo que él estaba bien, no sabía que decirle a la señora, la escuchaba preocupada, yo tenía muy claro que lo que mi compañero le había dicho a su esposa era mentira, pues ayer en la noche no salimos a patrullar, y él desde la tarde había pedido permiso para salir, pues indicó a nuestro superior, que según, debía ir a su casa por una emergencia. Entonces era lógico, que mi compañero nunca fue a donde dijo que iría, por lo que ya había dicho dos mentiras.

Obviamente no me correspondía a mí directamente decirle la verdad a su señora, ya que, se vería muy mal de mi parte decirle cosas de su esposo sobre todo si este le había mentido, algo le estaría ocultando y lo mejor era no inmiscuirse en donde no me habían llamado, sobre todo para evitarme problemas que, al fin y al cabo, ni me iban ni me venían. Además, nunca lo haría y mucho menos, para conquistar a alguien o quedar bien con esa persona, que no conozco. Así que me vi obligado a mentir y tratar de cambiar la conversación.

-¡Oh sí!, ayer salimos toda la noche a patrullar y llegamos hasta hoy, de hecho, no tiene mucho tiempo, la verdad nos desvelamos mucho. Él está bien, está dormido ahora, descansando, pero si usted quiere lo puedo despertar y le digo que le habla usted -le dije aun sabiendo que mentía y arriesgando que ella dijera que sí quería hablarle, sin embargo, una parte de mí, me decía que podría estar tranquilo, pues si había llamado, solo quería saberlo bien y no lo iba a querer molestar si estaba descansando de la supuesta fuerte jornada que ya le había descrito.

-No. No, así déjelo, es mejor que descanse, solo estaba muy preocupada desde que me dijo que saldría y al no responderme, pues imagínate, una se preocupa, quizás demás de lo que debería, pero lo que quería saber, ya lo sé y si está bien pues no hay problema. Además, él es muy celoso, incluso si sabe que le marqué, seguramente voy a tener serios problemas. Si no es inconveniente para usted, podría prometerme que no se lo dirá, porfis -me dijo utilizando un tono de voz muy diferente al del principio, tal vez, con algo de temor en cada palabra emitida.

La manera en que ella me decía las cosas cambió todo, era como si ella y yo, pudiéramos tener un secreto, a menos eso comprendí y eso era bueno para mis perversas intenciones.

-No se preocupe señora, créame que no le diré nada a su esposo de esta llamada, será nuestro secreto, además usted no ha hecho nada malo, solo estaba preocupada por él y eso es muy normal, yo en su lugar creo que hubiera hecho lo mismo -le dije utilizando un doble sentido en mis palabras.

-Pues se lo agradezco mucho de verdad, sé que no estoy haciendo nada malo, pero mi esposo no lo entendería de la manera en que es y la verdad ya no quiero tener problemas con él -me dijo casi en voz baja.

-La entiendo señora y le vuelvo a repetir que no se preocupe porque de mí, no saldrá nada de esta llamada y mucho menos si la fuera a perjudicar -le dije para que entrara en confianza-, por cierto, me llamo Ricardo -me presenté caballerosamente, para que casi se viera obligada a darme su nombre, aunque al principio de la llamada ya lo había hecho, esta era una manera de hacerlo más formal.

-Mucho gusto Ricardo, pues yo me llamo Milena. Bueno lo dejo descansar porque imagino que al igual que mi esposo, ha de tener sueño y quisiera dormir un rato -dijo.

-No se preocupe por eso, cuando necesite algo no dude en marcar, sea la hora que sea, yo le responderé la llamada -todo era parte de mi estrategia.

-Pues de verdad le agradezco muchísimo, bueno, cuídese, hasta luego -finalizó la llamada.

Me quedé pensativo... ¿Había sido una buena estrategia? Yo estaba seguro de que ella, me buscaría, solo faltaba dar unos pasitos nada más.

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