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Portada de la novela Obligada a casarme con el CEO infiel

Obligada a casarme con el CEO infiel

Con solo diecinueve años, Elha es obligada por su padre a unirse en matrimonio con el influyente Massimo Rinaldi. A pesar de su amor por Adrián, la brecha social vuelve imposible su romance. Massimo, un CEO marcado por un antiguo abandono, también rechaza este pacto familiar. En medio de esta unión forzada, la astuta Irina empleará mentiras para quebrar la incipiente conexión entre ambos, desafiando la lealtad y el destino de la joven pareja.
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Capítulo 2

Capítulo 2

Verdades a la cara

La joven Elha viró sus ojos con molestia y golpeó fuerte al cerrar su libreta. La idea de almorzar con su padre le parecía realmente molesta.

Se levantó silenciosamente de su silla y caminó al comedor, donde espera al rededor de unos cinco minutos la llegada de su padre.

El hombre se sienta en la esquina derecha de la mesa y a un lado su esposa Martina.

-Pensé que no vendría hasta el final del verano -Elha interrumpe el silencio incómodo en la mesa-.

-Hola Elha; Estamos bien. Que gusto verte después de más de dos meses. También me alegra que estés de maravilla -responde Ricardo con sarcasmo-.

-Lo siento, papá -agacha su cabeza, nerviosa y guarda silencio unos minutos antes de continuar-. Quiero contarles una cosa.

-¿Qué cosa, cariño? -responde Martina y le regala una sonrisa repleta de hipocresía-.

-He invitado a alguien a almorzar con nosotros, quiero que lo conozcan -comenta sin levantar su mirada del plato que tiene al frente.

-¿Estás haciendo amistades nuevas? -pregunta Ricardo restándole importancia- ¿Se trata de alguna de las hijas de mis colegas?

-¿Tienes un amigo imaginario, cielo? -Martina se burla-.

-No... Sé llama Adrián.

-¿Adrián? Ese nombre no me dice nada, ¿Cuál es su apellido? -interroga Ricardo con voz rígida, poniendo a temblar a la chica-. No quiero sorpresitas, Elha. No es como si pudieses decidir algo en esta casa. Si es lo que estoy pensando jamás te daré el permiso. Ahórrame el disgusto. Ahora come y vuelve a tus clases.

A Elha le costó pasar saliva, se quedó inexpresiva y atemorizada. Sabía que hablar de Adrián con su padre no sería una tarea fácil y por un momento sintió miedo de seguir... Pero sabía que Adrián venía en camino y esta conversación sería inevitable.

Elha suspiró profundamente, le costaba levantar la mirada hacia su padre, sabía que lo que estaba a punto de hacer era lo una locura, pero no quería seguir escondiéndose de nadie y creía que hablar con su padre era necesario para dejar de ocultar su relación. Esperaba con todo esto, conseguir su permiso para casarse con él.

-¿De qué familia proviene tu "amigo", Elha? No conozco su apellido, ni tengo referencias de él -agregó Don Ricardo mirándola fijamente-. ¿Puedes decirme a que se dedica? ¿Y qué industrias manejan sus padres?

-López, Su nombre es Adrián López -responde temblando de miedo-. Y no sé a qué se dedica su familia.

-Pues no conozco a nadie con un apellido tan corriente como ese, así que tu amiguito no pondrá un pie en esta casa -agregó con molestia-. ¿Te quedó claro?

-Pero ¿Por qué? Si ni siquiera lo conoces. Solo dame una oportunidad para...

-Suficiente Elha -Don Ricardo gritó enfurecido-. He dicho que no y si no obedeces tendré que castigarte. Otra palabra más sobre este tema y tendré que enviarte a estudiar a Italia. Nadie que no te merezca puede tenerte. Eres una Brucelli, compórtate a la altura.

En ese momento se acerca Eva con la cara pálida y sus manos temblorosas acompañada de Adrián, la anciana estaba a punto de sufrir un desmayo, de lo nerviosa que se encontraba, solo miraba a Elha fijamente, que se encontraba en la misma situación.

-Buenas tardes, señor y señora Brucelli; me presento, soy Adrián López.

«"Esto no puede ser cierto, ¿En serio se atrevió a pasar a mi comedor?», -pensó Don Ricardo muy enojado, mientras tiraba la servilleta a un lado de su plato y soltaba un bufido de disgusto-.

-¿Así que tu eres López? Estoy seguro de que su rostro lo vi en una de las nóminas de trabajo -interrumpe Don Ricardo mirándolo de manera desafiante-. ¿Este no es el jardinero? -pregunta dirigiéndose a Eva-.

-Es mi maestro de música, papá -respondió Elha, casi en un susurro- Y mi novio.

Don Ricardo se ahogó con el agua que recién se llevaba a la boca, haciendo un terrible desastre al toser y esparcir el líquido sobre la mesa.

-¿Qué Diablos acabas de decir, Elha? -gritó- ¿Cómo que tu novio? ¿Te has vuelto completamente loca? ¿Quién te ha dado autorización para buscarte a un pata en el suelo como este?

-Papá, por favor -suplicó Elha, avergonzada.

-¿Qué futuro vas a tener a su lado? ¿De verdad planeas dedicar tu vida a lavarle las medias a un tipejo que no podrá darte ni para ir de compras?

-Cariño -intervino Martina-, baja la voz. No es algo de otro mundo, son jóvenes y los jóvenes hacen tonterías, se le pasará en unos días.

-Yo también lo fui, y no tomé decisiones tan ridículas como esta. ¿Qué sigue? ¿Va a abandonar sus estudios para dedicarse a criar a los hijos del asalariado profesor de piano? No merece sentarse en mi mesa, ¿Qué le hace pensar que puede merecer a mí hija?

-Cielo ¡Ya basta!, deja que la niña te explique bien las cosas -agregó Martina una vez más, con una leve sonrisa de burla en su rostro-.

-¿Cómo crees que puedo calmarme? -gritó-. Esto es algo realmente intolerante y estúpido. ¿Qué se ha creído esta insulsa como para atreverse a decir semejante estupidez?

Don Ricardo estaba enrojecido de cólera, sin poder entender como su hija había sido capaz de ligarse con un hombre de bajos recursos, sabía que esta acción podría destruir su reputación en un segundo.

-Anhia.. Ella tiene 17 y ya ha tenido más de cuatro novios legales, pensé que yo... Quizás podía tener solo uno -respondió Elha en un hilo de voz, muerta de miedo, sabía de lo que su padre era capaz de hacer al contradecirlo-.

-¿Pensaste? -Don Ricardo gritó enfurecido-. ¿Desde cuándo piensas? Si usarías un poco esa cabezota y una pizca de sentido común te darías cuenta de que no debes meterte con gente como él. La prensa nos haría picadillo en un segundo. No pienses solo en ti.

-Pero Anhia...

-Deja de compararte con tu hermana y acepta de una vez que tú no eres igual a ella -comentó Martina tratando de arrojarle más leña al fuego-. Mi niña, si tus hormonas comenzaron a revolotear tenemos al chico perfecto para ti.

-Disculpe mi Don-interrumpió Adrián muy ofendido por su comentario y el de Martina-. Sé que yo no poseo sus mismas riquezas, pero estoy seguro de que su hija estará bien conmigo. Trabajaré duro, me aseguraré de tenerla cómoda y que viva como lo que es, una princesa.

-"Esto se pone bueno" -murmuró Martina, con una sonrisa malintencionada-.

-Tú ni te atrevas a decir una palabra más, con tu salario difícilmente puedes mantenerte con vida, ¿Cómo es que piensas darle a mi hija todos los gustos a los que ella está acostumbrada? -Don Ricardo lo mira fijamente desafiándolo-. ¿Si mi hija se enferma a donde la llevarías? ¿Al dispensario público del pueblo? Pues déjame decirte que ella está acostumbrada a los mejores especialistas del país. ¿Tienes al menos para costearle un control pre menstrual? ¿Sí se embaraza crees que puedas costear los gastos de su bebé, sin descuidar los de ella?

-Honestamente no podría llevarla a una de sus clínicas privadas, pero daré lo mejor de mi para que ella sea atendida de manera adecuada, no importa donde sea, el dinero no lo es todo en la vida -responde Adrián seguro de si mismo-. Mientras más insista en separar a su hija de mi, más le voy a gustar. Nadie ha dicho que hay que ser multimillonario para tener un amor bonito.

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