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Portada de la novela No soy tuyo, Alfa

No soy tuyo, Alfa

Dominic es un alfa influyente que, tras adquirir una empresa en problemas, descubre que su pareja predestinada es Aidan, un jefe de área que finge ser beta. Aidan rechaza cualquier vínculo, complicando todo debido a que ambos poseen compromisos con terceros. A pesar de la negativa y el misterio sobre la identidad real de Aidan, Dominic se propone desvelar los secretos ocultos, decidido a no renunciar a lo que el destino les ha impuesto.
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Capítulo 2

-Es imposible- varios exclamaron a la vez, recibiendo de respuesta una ceja levantada del alfa, ante la nueva propuesta que había dado.

Dominic era alguien rápido y que tenía prioridades en su vía. Ahora mismo, su pareja no era una de ellas. Sino era el trabajo y la reunión delante de él. Por lo que se había recompuesto después del impacto de conocer a ese extraño joven y proseguía. Aun así no podía evitar mirarlo disimuladamente.

-En ese caso solo tendré que buscar personas más competentes que desarrollen el proyecto- dijo serio.

-Por favor, presidente cálmese- uno de los ejecutivos del área de producción habló algo alarmado. Casi todos estaban entrando en un estado de crisis nerviosa.

Si ellos supieran que era él el que tenía realmente razones para entrar en crisis en ese momento dado que estaba en la misma habitación de su pareja destinada y podría entrar en celo en cualquier momento y violarlo allí mismo delante de todos…mejor no, delante de todos no porque se vería arrancándoles la cabeza por haberlo visto desnudo. Pero…

-Estoy calmado- dijo sin más

El hombre tragó duro antes de volver a responder.

-A lo que nos referíamos es que es imposible realizar todo el trabajo de tres meses en solo 15 días, son muchos pasos y conceptos que arreglar y...-

-Entonces buscaré personal calificado- volvió a responder -Sabes cuantas personas estarían dispuestas a estar tu lugar a cambio de trabajar más- el beta al que eran dirigidas esas palabras apretó los puños debajo de la mesa. Este odiaba tratar con alfas, eran tan prepotentes como el cielo mismo- Lo dije y lo repito, este concepto que tenían planteado no resaltara en el mercado, muchas marcas han optado por esta tendencia que propongo y la competencia estará muy reñida este año y ustedes no se pueden dar el lujo de perder ventas-

A pesar de que el hombre hablaba como todo el todopoderoso tenía razón en lo que decía. Estaban en la quiebra, el jefe anterior se había estado gastando el dinero en parejas de una noche y estaban cortos de presupuestos. No había espacio para el fracaso.

-Creo que podemos lograrlo- Aidan dio su opinión después de escuchar el planteamiento de su nuevo jefe y de ver las expresiones atormentadas de sus compañeros

-Es una locura- el jefe de editorial con el que normalmente tenía serios problemas y que se sentaba frente a él protestó- ¿Acaso te quieres lucir porque tenemos nuevo directivo y deseas sus favores? -

El rostro del joven no se inmutó y los demás presentes solo se mantuvieron en silencio. Bien era sabido de las peleas de ambos y de las palabras poco suaves por parte de Aidan.

-Cuide sus palabras señor Seft, estamos en el mismo rango y exijo el mismo respeto con el cual yo me dirijo a usted- tajante y tono neutro. El hombre solo pudo tragarse la lengua, otra vez. Algunos hasta lo daban como una causa perdida, ese tipo no aprendía, muchos habían insinuado que le gustaba el chico.

Aidan suspiró y prosiguió.

-Durante la reunión analicé el nuevo concepto del presidente y a pesar de que hay cambios significativos podemos trabajar sobre la base de lo que está hecho-

Dominic se enderezó en el asiento. El joven se había dado cuenta de su punto. Demasiado rápido para su gusto. Era bueno.

Les explicó el procedimiento con el que podrían trabajar y acelerar el proyecto quedando prácticamente los días exactos que se exigía.

-La mayor parte recae en mi departamento- concluyó- No se quejen tanto-

-¿Cuántos diseñadores son?- Dominic, no había tenido tiempo en indagar en todos los trabajadores.

-Además de mí, seis -

-¿Y con ese número reducido cree que pueda realizar todo el cambio?- ponía en duda su capacidad. En la empresa de su padre el equipo de diseño, mínimo tenía que tener 15 personas.

-No nos subestime, presidente. El anterior dueño era igual de impredecible y nos acostumbramos a grandes cambios en las últimas horas. Solo se resume a dos palabras. Horas extras, que por supuesto, usted va a pagar a final de mes, no trabajamos gratis-

Atrevido. Pensó Dominic

-¿En serio?- cuestionó dudoso

-Eso es algo que no podemos refutar presidente- a Dominic le molestó que aquel hombre se metiese en la conversación entre él y su supuesta pareja destinada, el cual aún no acababa de responder a su presencia.

Acaso no sentía el olor de su alfa, su rostro y su cuerpo parecía tranquilo, sin ningún atisbo de reacción, aunque tal vez no era una buena idea tener a un omega en celo allí mismo. Prefería tenerlo para él solo en la intimidad, tanto de su oficina como de su cuarto y él enterrado profundamente dentro del delgado cuerpo.

Tal vez transcurrieron tres horas más cuando el joven director de diseño salió de la reunión y dejó caer los papeles con un ruido sordo sobre la mesa en su departamento.

-Chicos- sus compañeros dejaron lo que hacían para atender a Aidan- Grandes cambios, quince días de plazo y un jefe imperfecto, a trabajar se ha dicho-

***

Aidan guardó el último documento delante de la computadora para seguir organizando la carpeta y los materiales que iba a cambiar. Revisó la hora y ya eran pasadas las 9 de la noche. Tenía hambre, le dolía la cabeza y estaba cansado. Algo muy de costumbre en su rutina.

Estiró los brazos cuando un correo llegó al buzón de su laptop. Lo abrió y para su sorpresa era su querido y adorado nuevo jefe. Ese que había agarrado mirándolo más de una vez y de una forma un poco…incecente.

Asco

No quiso hacerse ideas erróneas pero…

-Y ahora que quiere este, no le bastó con jodernos con todo el trabajo de hoy- soltó un suspiro intentando no molestarse.

Se levantó y se dirigió a su oficina. Al parecer eran los únicos en todo el edificio porque no se oía un alma y los otros departamentos estaban oscuros. Se paró en seco delante del elevador sin tocar el botón.

Aquello no le olía nada bien, y si él quería…Podía ser un hombre bien vestido, relativamente joven, eso no quitaba que fuera un pervertido dentro de él. No lo conocía lo suficiente para que pudiera pensar lo contrario.

Solo por si acaso revisó en su bolsillo y encontró la llave de su casa y la agarró. Había aprendido en un programa de tv que las llaves podían ser armas letales utilizadas de la forma adecuada. Y dado que era un edifico, de noche y ellos solos, como que tenía intenciones de llegar a su casa…completo.

Tocó la puerta de la oficina al llegar y esperó respuesta. Entró con cautela solo para paralizarse.

El ambiente cargado de feromonas lo golpeó haciéndole retroceder y pegarse al cristal nevado detrás de él como un soporte. ¿Qué demonios? Para que un beta como él sintiera eso, solo significaba una cosa, alguien estaba en celo o estaba entrando en esa fase.

Movió sus ojos de un lado a otro y buscó a su espalda la manigueta de la puerta pero se encontró tan mareado que no podía coordinar bien sus dedos. Pero hubo algo que le hizo dejar de respirar, cuando de entre las sombras de la oficina en penumbras alguien comenzó a cercarse a él. Solo podía ser una persona.

Sus ojos más verdes de lo que recordaba, el cabello rubio algo largo alborotado, sin su pulcra chaqueta y los dos primeros botones de su camisa blanca abierta mostrando el pecho grande y fuerte. Y lo peor, lo miraba como si él fuera una deliciosa presa.

Aidan apretó la llave en su palma hasta sangrar, para intentar calmar el miedo que sentía. Su amiga omega le había contado que tener un alfa delante le hacía derretirse. Ya le pegaría una buena cuando la viera porque tenía razón. Sí, se estaba derritiendo, pero no de deseo. Él no sentía lo mismo de los omegas. Demonios. No era un omega.

Ese alfa parecía querer aparearse y estaba soltando sus feromonas a diestra y siniestras, buscando estimular a su presa, en este caso a él, aunque no había citado un pequeño detalle. Aidan no se excitaba con las feromonas de un alfa aun si podía percibirlas. Una rara característica que tenía a pesar de ser declarado una beta durante su examen.

Al contrario, se tocó el pecho cuando empezó a doler faltándole el aire y la sangre bombeando quemándole por dentro. Su vista se volvió negra de pronto y su conciencia algo perturbada se desvaneció en contra de su voluntad.

Sí, había un problema.

Algo no estaba bien y su cuerpo se había desconectado.

Acaso su jefe quería que él entrara en celo con todas aquellas feromonas. Eso era imposible. No podía entrar en celo.

Dios, era un maldito beta.

¿Qué parte del alfa no entendía de eso?

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