Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La receta amor: la pueblerina es una doctora extraordinaria

La receta amor: la pueblerina es una doctora extraordinaria

Verena, una talentosa doctora de pueblo con dones curativos, se une en matrimonio con Isaac para salvarlo tras un grave accidente. Él ha perdido la memoria, está inválido y ha olvidado el amor que sentía por ella, recibiéndola con desprecio y la promesa de no amarla jamás. Ante su frialdad, Verena responde con una paciencia inquebrantable y cuidados constantes. Su ternura logrará que Isaac, poco a poco, redescubra sus sentimientos más profundos.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

Al llegar marzo, varias noticias impactantes sacudieron Shoildon. Primero, se difundió que Isaac Bennett, el primogénito de la familia más rica e influyente de la ciudad, había sufrido un grave accidente automovilístico que lo había dejado parapléjico. Segundo: la prestigiosa familia Bennett había decidido concertar un matrimonio con la familia Willis, nueva en la escena de los ricos.

Sin embargo, la mayor sorpresa la dieron los protagonistas de la segunda noticia: el novio era nada menos que el propio Isaac, y la novia, la hija mayor de los Willis, una joven criada en una apartada zona rural, lejos del refinamiento de la urbe.

Mientras tanto, a kilómetros de la ciudad, Verena Willis, cuyo nombre estaba en boca de todos, permanecía en Trisas, el lugar que siempre había sido su hogar.

Ella recibió un mensaje, que rompió el silencio de la modesta sala donde se encontraba. Al ver la pantalla, descubrió que era su asistente, quien le decía: "Evelyn, tengo un paciente con un caso sumamente raro. Lleva seis meses esperando que le atiendas. ¿Cuándo podrías revisarlo?".

Verena presionó el botón de bloqueo, oscureciendo la pantalla; sus delicados dedos se detuvieron sobre el dispositivo. Segundos después, un destello de tristeza apareció en sus ojos claros.

En todo el mundo la conocían como Evelyn Rowe, la doctora milagrosa, pero la fama no significaba nada para ella desde que había fallado en salvar a la persona que más amaba. Su abuela había fallecido justo cuando ella estaba a punto de agarrar el bisturí, como si no hubiera podido esperar ni un instante más.

A sus espaldas, la chica escuchó las voces apagadas de sus padres; su discusión se filtraba a través de las delgadas paredes.

"Laura, ¿no tienes ni un poco de tacto? ¡Acabamos de enterrar a mi mamá y tú ya estás hablando de irnos!".

"Alec, en la empresa no se dan abasto con el trabajo y Kaia está a punto de cumplir dieciocho años. Dime, ¿qué es más importante? ¿Un montón de asuntos pendientes y una gran celebración familiar, o una persona muerta? Además, necesitamos que Verena regrese a la ciudad para que aprenda modales. ¡Si se comporta como una pueblerina cuando se incorpore a la familia Bennett, pondrá en vergüenza el apellido Willis!".

"¡Deja de llamarla pueblerina! ¡Es tu hija!".

"Si no lo fuera, ¿crees que me habría molestado en venir hasta aquí a buscarla?".

Verena sofocó una risa amarga mientras la discusión continuaba. Las personas que peleaban eran Alec y Laura Willis, sus propios padres.

Hubo una época en la que fueron empleados comunes, pero ascendieron poco a poco, hasta que alcanzaron el éxito. Durante sus primeros años, en los que apenas tenían lo suficiente para subsistir, no tenían tiempo para criar a su hija, así que su abuela, Shawna Willis, la acogió cuando apenas tenía un mes de nacida

Aun con sus apretadas agendas, Alec y Laura se acordaban de ella de vez en cuando y, si podían, le enviaban algún mensaje o un regalito.

El cambio en sus prioridades comenzó cuando su negocio despegó y fundaron su propia empresa. Verena tenía siete años cuando nació su hermana menor, Kaia. A partir de ese día, el interés de sus padres por ella comenzó a desvanecerse. Conforme la fortuna de los Willis crecía, estos se integraron sin dificultad en la alta sociedad.

Laura llamaba de vez en cuando, pero sus conversaciones nunca trataban sobre la educación o la salud de Verena, sino de Kaia. Decía que su hija menor era el amuleto de la suerte de la familia. De hecho, parecía que su única misión era presumir a su segunda hija, quien supuestamente había llevado prosperidad a su vida.

Cuando Kaia cumplió tres años, sus padres fueron a Trisas de visita. Alec propuso llevarse a su hija y su madre a Shoildon, pero Verena notó la tensión en la sonrisa forzada de su madre.

Poco después, Laura le susurró algo a su esposo, que fue suficiente para que él descartara la idea por completo. No había pasado mucho tiempo desde que volvieron a Shoildon cuando ella volvió a quedar embarazada y dio a luz a otro hijo.

Desde ese momento, toda la atención de Laura y Alec se centró en Kaia y en su nuevo hijo. Y aunque seguían enviándole dinero a su primogénita con regularidad, no volvieron a poner un pie en el pueblo durante quince años.

Verena no tenía dudas de que, si Shawna no hubiera fallecido, sus padres habrían seguido ignorando su existencia.

...

Solo después de que terminaron los ritos funerarios, Verena aceptó viajar a Shoildon con sus papás.

Estos le hablaban con falsa calidez. Fingían que estaban ansiosos por tenerla cerca, pero ella comprendía sus verdaderas intenciones. Después de todo, no era difícil enterarse de las noticias de Shoildon con una simple búsqueda en internet.

Laura rompió el silencio cuando se acercaban a su casa en la ciudad.

"Verena, recuerda que si alguien pregunta por tu educación, dirás que te graduaste de la Facultad de Medicina de Acorith con una maestría y que estás a punto de empezar tu internado...".

En su mente, su primogénita no era más que una simple doctora de pueblo, pues veía Trisas como un pueblucho perdido en las montañas.

De hecho, creía que Verena no había cursado la universidad, así que asumía que solo había aprendido algunas técnicas básicas de los médicos locales. Después de todo, por los pocos comentarios que había oído de Shawna sobre los estudios de medicina de su nieta fueron suficientes para que se aferrara a esa idea.

El programa de Medicina de Acorith era considerado el mejor del país, y a Laura no le importaba usar el prestigio de la facultad para mejorar su propia imagen. Por ende, la idea de que alguien descubriera que su hija mayor ejercía la medicina en un pueblucho del campo le resultaba humillante.

Verena esbozó una mueca de desdén ante la vanidad de su madre, consciente de que esta nunca se había molestado en conocerla de verdad.

Irónicamente, apenas el mes anterior, la misma Facultad de Medicina de Acorith la había invitado a dar una conferencia a sus alumnos.

En toda su vida, Laura nunca le había preguntado por su educación. Sin embargo, en una ocasión Verena faltó a dos exámenes por enfermedad y obtuvo bajas calificaciones. Al enterarse, la madre concluyó que su hija no era lo suficientemente lista para cursar estudios universitarios.

Y cuando Shawna intentó darles la buena noticia a su hijo y su nuera de que Verena había sido admitida en una universidad de primer nivel, ambos minimizaron el logro, mencionaron asuntos de trabajo y terminaron la llamada abruptamente. Desde entonces, la chica y la anciana dejaron de intentar compartir con el matrimonio cualquier cosa verdaderamente importante.

"Nunca estudié en la Facultad de Medicina de Acorith", respondió Verena con calma, mirando directamente a los ojos a su madre.

Su franqueza hizo que Laura apretara los labios. En su opinión, la negativa de su hija a seguirle el juego no era una muestra de fortaleza, sino de simple terquedad.

Por supuesto que sabía que ella nunca había estudiado allí; esa era precisamente la razón por la que le pedía que mintiera. Si comparaba a sus hijas, era evidente que Kaia no era igual de hermosa que su hermana, pero sí tenía muchos logros de los que podía presumir, lo que hacía que Verena no fuera más que una vergüenza.

Antes de que pudiera regañar a su hija mayor, Alec tosió a propósito, obligándola a tragarse sus palabras.

Laura dejó el tema de lado y, con un tono más suave, aunque evidentemente condescendiente, explicó: "Por cierto, tu hermana está acostumbrada a que la consientan. Procura no provocarla, ¿de acuerdo?". Se enoja con facilidad y se niega a comer cuando está de mal humor".

A Verena le pareció francamente ridículo que alguien de casi dieciocho años actuara como una niña. No tenía dudas de que su hermanita era la viva imagen de una chica consentida

La conversación terminó cuando el auto se detuvo frente a una imponente villa, una clara ostentación de la nueva riqueza de los Willis. Verena salió primero y contempló la fachada.

En la entrada se encontraba una joven, con una blusa bonita y una falda corta, quien no dudó en correr hacia los recién llegados. Se trataba de la enérgica y juvenil Kaia.

"¡Papá, mamá, por fin regresaron!", exclamó, con un tono claro y entusiasta.

Sin embargo, su alegría se esfumó apenas vio a Verena. Se quedó observándola unos segundos, examinándola de pies a cabeza.

Vestida con una sencilla sudadera color crema, pantalones de un amarillo pálido e impecables tenis blancos, le pareció que su hermana tenía una apariencia ordinaria. Sin embargo, sus delicadas facciones, su piel perfecta y su aura serena y distante le conferían una belleza imposible de ignorar. Además, nada en ella delataba que se hubiera pasado años viviendo en la ciudad.

Kaia sabía exactamente a quién miraba: su hermana mayor, con la que nunca había compartido techo.

A ella, la vida en Shoildon la había convertido en la princesa de la familia Willis, el tesoro que sus padres más valoraban, así que la reaparición de Verena le causó una sutil opresión en el pecho.

"Ay, Kaia, ¿cómo te atreves a salir tan primaveral? ¿No tienes frío?", le preguntó Laura, al ver la ropa ligera que llevaba, antes de quitarse rápidamente su propio abrigo para ponérselo encima.

"Ja, ja, ja. Mamá, de verdad que no tengo nada de frío", respondió Kaia, tras soltar una risita, recargándose en su mamá.

La escena era tan cálida que podría haber derretido el frío del ambiente, pero Verena nunca había sido parte de momentos así. Kaia y Laura entraron en la casa riéndose, dejándola de pie en el mismo lugar, como si ya se hubieran olvidado de su llegada.

Mientras caminaba, Kaia se giró un instante para lanzarle a su hermana una mirada larga e inescrutable por encima del hombro.

Al ver a su hija menor, Alec suavizó su expresión. Luego se volvió hacia Verena para intentar tender un puente.

"Esa es tu hermana, Kaia. Le ha ido muy bien. Sacó excelentes calificaciones en los exámenes de ingreso a la universidad y ya tiene asegurado su lugar en la Facultad de Medicina de Acorith...".

También te puede gustar

Portada de la novela Amor de ensueño: ¡me casé con el hombre más rico del mundo!
8.4
El día de su boda, Alana es abandonada por su prometido, lo que la impulsa a casarse con un desconocido mediante un sistema aleatorio. A pesar de las burlas sociales por elegir a un simple conductor y del desprecio de su ex, ella defiende su decisión. No obstante, el misterio se resuelve en una importante gala: su esposo es en realidad el magnate más poderoso del planeta, quien finalmente revela su fortuna para protegerla y darle una vida de lujos.
Portada de la novela El Grito Silencioso de la Esposa Sustituta
9.3
Forzada por su origen ilegítimo, ella suplanta a su hermana en un matrimonio con el magnate Fletcher Garza, iniciando una vida de tormentos. Tras sobrevivir a un abandono en el mar, un aborto impuesto y acusaciones falsas, es tratada como un objeto desechable. La crueldad culmina cuando Fletcher elige salvar a otra mujer durante un secuestro. Ante tal desprecio, ella decide saltar al océano, fingiendo su muerte para escapar de su infierno.
Portada de la novela El precio de la segunda oportunidad
8.4
Después de sufrir una humillación pública al ser abandonada en el altar, una mujer resurge de sus cenizas hasta triunfar en su carrera. No obstante, su nueva estabilidad se tambalea cuando el destino la obliga a colaborar con Alexei Volkov, el exnovio que la traicionó. Él, ahora un influyente magnate de la tecnología, busca redimirse mientras el dolor del pasado resurge. Entre ambiciones y tensiones, ambos enfrentarán el reto de perdonar.
Portada de la novela Madre sustituta
8.5
Tras la separación de sus padres, las gemelas Dalia y Mariana crecieron en mundos distintos. Al fallecer Mariana, su esposo Damián, un gélido y poderoso director ejecutivo, se sume en la amargura. No obstante, la vida lo pone frente a Dalia, una madre soltera de origen humilde. Impactado por el idéntico físico que comparte con su difunta mujer, Damián decide contratarla para que cuide de su pequeño hijo. ¿Podrá Dalia derretir el hielo del CEO?
Portada de la novela Me Perteneces.
9.7
Dentro de la cúpula del poder ruso, las hermanas Petrov exhiben naturalezas opuestas: Annia domina los negocios con mano de hierro y Arika revoluciona la moda con su valentía. Pese a su invencibilidad, el destino les depara un giro inesperado. Ismael Popova, el implacable jefe de la Mafia Roja, experimenta un cambio radical al cruzarse con Annia. Entre conspiraciones y ambición, se desata una red de deseos prohibidos donde el honor y la traición colisionan.
Portada de la novela Mi vida de mentira, destino fatal
8.5
Isabella Vargas descubre que no es la legítima heredera de su familia vitivinícola, perdiendo su estatus y cayendo en manos de Mateo Herrera. Él la obliga a un compromiso basado en la obsesión, del cual ella intenta escapar huyendo a Uruguay tras un accidente que le causa amnesia a su captor. Sin embargo, Mateo recobra sus recuerdos y la somete a un tormento constante. Decidida a no sufrir más, Isabella planea una venganza letal para destruir a su verdugo.