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Portada de la novela Mimada por el despiadado jefe clandestino

Mimada por el despiadado jefe clandestino

Tras pagar tres años de prisión por un delito que no cometió, Khloe sale libre solo para enfrentar la traición de su prometido y su hermana. Su familia intenta venderla a un hombre mayor usando a su madre como rehén, pero su suerte cambia al cruzarse con Henrik. Él es un frío y poderoso líder mafioso que decide ampararla bajo su influencia. Con el respaldo de este implacable jefe, Khloe buscará la justicia y la venganza contra quienes destruyeron su vida pasada.
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Capítulo 2

Esa noche, el auto estaba yendo por las calles desiertas, con los faros delanteros penetrando en la oscura noche.

De repente, un disparo rompió el silencio.

Había sido ensordecedor y ominosamente cercano.

El vidrio se esparció por los asientos cuando la ventanilla explotó y los fragmentos resplandecieron bajo las tenues luces de la calle.

Fue entonces cuando se desató el infierno. En la calle, se escucharon gritos aterrorizados mientras las pocas tiendas que quedaban bajaban sus persianas a toda prisa.

El pálido y tembloroso conductor dio la vuelta al auto, pero este patinó y sus neumáticos chirriaron antes de estrellarse contra la acera. El hombre se desplomó hacia delante, inconsciente.

A su lado, Khloe parpadeó, desorientada por el impacto.

Con una mano presionando su cabeza palpitante, intentó comprender lo que había sucedido. A través de la ventana agrietada, vislumbró unas parpadeantes llamas anaranjadas a poca distancia.

"¡Oh, no!".

Había entrado al mortal fuego cruzado de un tiroteo.

Tal vez era una guerra territorial entre dos pandillas que se había vuelto fea.

Para tranquilizarse, Khloe abrió la puerta y se agachó para caminar lentamente hacia el costado de la carretera.

Sin embargo, antes de que pudiera seguir avanzando, una figura emergió de las sombras. Era alto, de complexión fuerte y se movía rápido.

Aunque una mascarilla ocultaba casi todo su rostro, podía ver sus ojos intensos y el puente nasal alto.

Una mancha oscura se extendía a un costado de su torso, filtrándose a través de su ropa. Era sangre.

Se tambaleó hacia ella, respirando con dificultad, y se desplomó a sus pies.

De repente, unos hombres corpulentos emergieron de la oscuridad, cada uno armado hasta los dientes. Tenían tatuajes en las manos y expresiones de feroz determinación.

"¡Perfecto! Está herido. ¡Acabemos con él!".

El líder, calvo y gruñón, levantó su arma y apuntó hacia el hombre caído, pero entonces vio a Khloe.

Estaba vestida con todas sus galas, como si fuera un regalo para un hombre.

El vestido rojo ajustado abrazaba su perfecta figura, acentuando sus curvas y complementando con su piel tersa. Su cabello brillante caía sobre sus hombros, enmarcando un rostro delicado, con ojos grandes e inocentes.

Parecía una visión de ensueño, o la tentación de un hombre personificada.

La sonrisa del hombre calvo se volvió más amplia y sus ojos brillaron con lujuria.

Nunca había visto a una mujer tan hermosa, y no estaba dispuesto a dejar pasar esa oportunidad.

"Mientras lo matan, yo disfrutaré de esta belleza".

Abalanzándose, empujó a Khloe contra la ventana destrozada y se presionó contra ella.

"¡No, por favor!", suplicó ella con voz temblorosa mientras intentaba alejarse. "Por favor, no me hagas daño".

"¿Por qué lastimaría a una belleza como tú?", preguntó él burlonamente. Agarró su hombro con fuerza y se inclinó más cerca, hasta que ella sintió su aliento caliente sobre su piel. Detrás de él, los demás hombres lo animaban mientras disfrutaban del espectáculo.

Pero Khloe movió la mano casi imperceptiblemente y la metió en su bolso. En un rápido y desesperado movimiento, sus dedos se aferraron a un bolígrafo y lo clavó en su cuello ferozmente.

El hombre calvo abrió mucho los ojos cuando la sangre brotó de la herida, por lo que aflojó su agarre.

Khloe ya no tenía la mirada de una damisela en apuros, sino que sus ojos, antes temerosos, ahora se veían amenazantes.

La delicada y angelical belleza se había transformado en una rosa manchada de sangre, oscura y peligrosa.

"¡Perra, tú te lo buscaste!".

Los secuaces se congelaron por una fracción de segundo, pero luego se enfurecieron y avanzaron para atacarla con intenciones asesinas.

Sin embargo, ella exclamó autoritariamente a través del caos:

"¡No se muevan o sacaré el bolígrafo y se desangrará en el acto!".

Los hombres se detuvieron de inmediato. Nadie se atrevió a moverse.

De repente, el hombre que había estado inmóvil cobró vida y, pistola en mano, desató una lluvia de balas sobre los aturdidos matones.

Se movía con tanta agilidad que resultaba evidente que su lesión solo había sido una artimaña.

Incluso el hombre calvo que Khloe tenía como rehén se desplomó en un charco sangre, ya que una bala le había destrozado el cráneo.

Ella giró la cabeza justo a tiempo, evitando que el líquido rojo la manchara. Pero su ropa y sus piernas no corrieron la misma suerte, por lo que terminaron con sangre pegajosa y caliente.

"¡Puaj!".

El enfermizo olor metálico hizo que su estómago se revolviera.

No pudo evitar vomitar y sus rodillas se doblaron mientras se desplomaba.

Sin embargo, antes de que tocara el suelo, un brazo rodeó su cintura y la ayudó a levantarse. El hombre la agarraba firmemente, con una mirada divertida.

"Pequeña luchadora, ¿no te habías puesto muy ruda hace apenas un segundo? ¿Qué pasó?".

Khloe retrocedió y lo empujó con una mueca desafiante.

"¡Suéltame!".

Antes de que pudiera decir algo más, unos hombres vestidos de negro surgieron de las sombras, con rostros severos y miradas mortales.

Incluso había siluetas de esos hombres en los tejados circundantes, controlando todos los puntos de francotirador.

Cada uno se movía con una precisión tan letal que Khloe no tardó en darse cuenta de que eran asesinos experimentados.

Blandían ametralladoras y lanzacohetes con tanta naturalidad que parecían objetos de uso cotidiano.

En resumen, eran como un pelotón de ataque de élite que se había vuelto letal en batalla.

Inesperadamente, todos comenzaron a caer de rodillas, como si se inclinaran ante un rey.

Eran miles de ellos.

"Esperamos sus órdenes, señor Watson", anunció el líder con reverencia.

Khloe sintió que su respiración se entrecortaba. "¿Es usted Henrik Watson?".

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