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Portada de la novela Mía.

Mía.

Un influyente magnate se esfuerza por evadir el encuentro con su pareja predestinada, pero su esencia de lobo se rebela cuando ella surge en su vida. La joven, una humana común que solo desea empezar sus prácticas laborales en la empresa, desconoce el lazo místico que los vincula. Aunque él intenta imponer frialdad para resistir la conexión, la química resulta imparable. ¿Logrará el empresario vencer su instinto y el destino que los reclama su alma?
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Capítulo 3

ERIC

–Buenos días jóvenes – hablo captando la atención de todos los pasantes –. Como saben tenían hasta hoy viernes para entregar sus trabajos, así que los quiero sobre mi escritorio ahora.

Varios de ellos se miraron con miedo, ninguno avanzo para entregarlo y ya comenzaban a enojarme. Se supone que son dedicados, esto vale una nota en su universidad ¿y nadie lo hizo? Abro mi boca para comenzar a lanzar insultos, pero me cayo cuando mi hermosa compañera se abre paso entre todos con carpeta en mano.

–Es demasiado hermosa – susurra Owen como si alguien más pudiera oírlo –. ¿podemos probarla?

–No.

–Aquí esta el mío señor Black – habla dejando la carpeta sobre mi escritorio sin mirarme demasiado.

–Gracias señorita Parson.

Espero que me mire, que me sonría, pero solo asiente y vuelve a su lugar. Mi ceño se frunce ante su rechazo.

–Fuiste muy duro con ella el primer día, ahora no nos quiere – me reclama mi Lobo –. Solucionémoslo con un besito.

La tentación de rodar mis ojos es alta, pero me contengo.

–No podemos besarla, soy su jefe, además no la quiero.

–Pero yo sí.

–Pues te jodes.

Poco a poco varios comienzan a acercarse dejando sus trabajos y por sus caras sé que son un asco. No pienso corregirlos, se los daré a alguien más. El único que si revisare es el de ella.

–¿Y podemos compensarla con besos cuando veamos que es bueno?

–Ya te dije que no. Además, quizás ni besar sepa.

–Mucho mejor, nosotros le enseñamos – ronronea.

–¡Diosa! Dame paciencia – digo para luego ignorarlo.

Continue admirando a cada estudiante antes de hablar sobre lo que les vendría la siguiente semana, este solo era un trabajo introductorio a lo que harían y luego de este comenzaría a contar en su nota final. Al cabo de veinte minutos los despache fuera quedándome solo con Antonio.

–Tu cara de culo solo los espanta más – ríe con ganas sentándose frente a mi escritorio –. ¿Iras mañana a la fiesta de la empresa?

–Joder, lo había olvidado completamente, pero no creo que asista.

–¿Seguro? – me da una sonrisa cómplice.

–¿Qué sucede? – alzo una ceja.

–Escuche a tu mate hablar con el tal mateo – un gruñido sale de mi pecho –. Creo que tiene intenciones de invitarla.

–¿Qué el qué? – prácticamente gruñí.

–Sí – asiente aun con la sonrisa en su rostro –. Aunque ella no le da mucha atención.

–¿En serio? – pregunte con asombro.

–Ajá.

Asiento con la cabeza complacido con su comentario, no le da atención. ¿Por qué lo habrá hecho? ¿acaso por mí? No lo creo, aun no sabe nada sobre nuestra existencia. Agarro mis cosas para salir de la oficina seguido de Antonio y camino hacia el ascensor. El delicioso aroma a caramelo inunda mis fosas nasales haciendo ronronear a Owen en mi interior, me voltee para buscarla porque sabia que estaba justo tras de nosotros esperando el ascensor y ahí estaba con la vista en su celular. Mire de reojo a Antonio que tenía y sonrisa burlona en la cara. El pitido de que había llegado a nuestro piso me saco de mis pensamientos y me adentre en el junto a todos los demás.

Mi espalda quedo pegada contra la pared dándome una deliciosa vista de mi compañera que quedo justo frente a mí. La falda de tubo de adhería a sus caderas y trasero de una manera espectacular, sus tacos pronunciaban el musculo de sus piernas, su cabello caía sobre su espalda ocultando el blazer que llevaba puesto ese día y su esencia calaba en mis fosas nasales nublándome el juicio.

–¿Entonces con quien vendrás a la fiesta? – escucho que me pregunta Antonio.

Frunzo el ceño mirándolo sin entender, le dije que no vendría.

–Dudo que asista – volví a recordarle.

–¡Oh vamos! Estará divertida – me alza las cejas repetidas veces.

–No lo sé, quizás le diga a María que me acompañe.

Siempre he recurrido a ella para cosas como estas, no me gusta sociabilizar mucho y ella siempre esta disponible cuando la requiero. En todos los sentidos.

–Lo más seguro es que te diga que sí – blanquea sus ojos –. Siempre está disponible para ti.

Abro la boca para responder, pero nuevamente el sonido de que llegamos a nuestro piso me desconcentra, las puertas se abren y mi compañera sale rápidamente de la caja metálica. Le doy una ultima mirada viendo como sale por las puertas de vidrio hacia la calle antes que las puertas vuelvan a cerrarse dirigiéndose al estacionamiento.

¥

SOFÍA

¿Acaso a dicho que siempre tiene a alguien disponible? ¿Quién es maría? Supongo que alguna de las mujeres que debe frecuentar, dudo que alguien tan guapo como él este solo. Espera, acaso dije ¿tan guapo como él? ¡Dios! Por qué pienso en eso.

Salgo del edificio con una presión extraña en el pecho, debo comer algo, él haberme saltado el almuerzo no fue una buena idea. Se me debe haber bajado el azúcar y por eso siento esta incomodidad, pero no tengo tiempo. Debo comprar un vestido, así que comprare algo para ir comiendo mientras vitrineo.

Compro un pequeño sándwich a una señora en la calle y comienzo a caminar por las tiendas, en busca de un vestido. Me adentro en una donde puedo ver en vitrina las lentejuelas rosadas que llaman inmediatamente mi atención, pero me detengo a rebuscar en mi bolso cuando el sonido de mi celular llama mi atención.

–Diga – respondo sin fijarme quien llama.

–Hola Sofía – la voz de Mateo llega a mis odios –. ¿Cómo te encuentras?

–Todo bien, ¿y tú?

–Bien, mira llamaba para consultarte algo que ronda por mi cabeza hace días.

–Soy toda oídos – respondo indicándole a la vendedora el vestido de la vitrina.

Digo mi talla tapando el micrófono de mi celular y la sigo cuando me responde que si la tiene.

–Entonces ¿Qué me dices?

Frunzo el ceño volviendo a concentrarme en la conversación.

–Discúlpame ¿Qué decías? Me desconcentre.

–Te preguntaba si querías ir conmigo a la gala – habla con un suspiro.

¿Ir con él? Bueno, no tengo pareja para la gala y no me gustaría ir sola, mas que no conozco a nadie. Si no contamos a Antonio y al jefe, y ellos irán acompañados. O al menos el jefe lo hará, con la tal María.

–¿Sofía? – vuelvo a escuchar su voz contra mi oído.

–Sigo aquí – respondo meditando por unos segundos –. Si esta bien, acepto ir contigo.

–Genial – su voz se escucha entusiasta –. Pasare por ti a las 8, me envías tu ubicación.

–De acuerdo.

–Nos vemos hermosa, adiós.

–Adiós – me despido sintiéndome ligeramente incomoda por la forma en que me llamo.

Solo espero que no confunda las cosas.

¥

Termino de dar unos últimos retoques a mi maquillaje y me levanto de mi tocador para colocarme el vestido. Siempre lo coloco al ultimo para evitar ensuciarlo, me quito la bata de seda y comienzo a deslizar el vestido por mi cuerpo.

Es realmente hermoso, esta repleto de lentejuelas rosadas, pero no un rosado fuerte sino mas bien un rosado pastel. Tiene un escote en la parte frontal que llega un poco más abajo que mis pechos, cubre hasta la mitad de mis muslos y mi espalda queda descubierta con dos tiras entrelazadas que lo mantienen firme.

Doy una sonrisa a mi aspecto final, me gusta lo que veo.

Me coloco mis tacones que combinan perfectamente con el vestido y luego echo un par de cosas en una pequeña cartera. Camino hacia mi pequeña sala de estar para tomar mi abrigo y esperar a Mateo, pero el citófono me interrumpe.

–¿Diga? – consulto apretando el botón.

–Sofía, soy yo – escucho la voz de Mateo del otro lado.

–Bajo enseguida.

Agarro un abrigo y salgo de mi piso dejando la puerta bien cerrada, bajo el ascensor hasta el vestíbulo. Las puertas se abren y puedo divisar a Mateo de pie con una rosa en la mano.

–Estas muy linda – me sonríe entregándome la flor.

–Gracias – respondo aceptándola.

–¿Vamos?

–Sí – camino junto a él hacia fuera del edificio.

Nos adentramos en su auto y lo pone en marcha moviéndonos por la ciudad. La conversación fue trivial, si bien no me desagrada pasar tiempo con él, dudo que alguna vez podamos ser algo más porque no me llega a interesar más que una posible amistad.

Unos cuantos minutos y llegamos hacia el edificio donde se realizará la gala, muchas personas se encuentran fuera esperando entrar y cientos de reporteros se encargan de sacar fotos o entrevistar a los empresarios más importantes. Mateo se estaciona a unos cuantos metros de la entrada y caminos hacia ella manteniendo nuestra relajada conversación.

Comenzamos a subir las escaleras siendo encandilados por los flashes, agradezco que nosotros solo seamos pasantes y no tener que posar o dar entrevistas, no podría hacerlo. Nos adentramos en el edificio siguiendo a las personas que caminan en la misma dirección, hasta que llegamos a un salón decorado elegantemente, varias mesas se encuentras organizadas, personas de catering se pasean con bandejas de comida y bebestibles y una pequeña banda se encuentra sobre el escenario tocando una delicada melodía.

–Iré a revisar cual es nuestra mesa – me informa Mateo –. Espérame aquí.

–Iré a la barra – contesto antes de que se vaya.

–De acuerdo, te buscaré ahí.

Camino hacia la barra para conseguir algún jugo ya que no soy muy fanática de las bebidas alcohólicas, el barman inmediatamente me atiene y mientras espero inspecciono el lugar y las personas. Intentando buscar a alguien en particular el cual no sé porque estoy buscando.

–Sofía – escucho una voz familiar que logra sobresaltarme –. Tanto tiempo sin verte.

Volteo en dirección a la voz justo cuando el barman se acerca a entregarme mi jugo, agradezco con una sonrisa tensa y luego conecto mis ojos con aquellos ojos marrones que reconozco muy bien.

–Tomás – mantengo la sonrisa lo mejor que puedo en mi rostro –. La verdad si, mucho tiempo.

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