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Portada de la novela Mi virgen Hermanastra

Mi virgen Hermanastra

Eduardo es un CEO divorciado que se amargo el alma debido a su ex esposa, pero conoce a su hermanastra una joven hermosa y virginal y se prenda de ella, decide follar con Marlyn a escondidas y la obliga a no decir nada, solo que a ella también le termina gustando follar con su hermanastro. De las simples atracciones sexuales siempre termina involucrándose el corazón... es el precio que debes pagar.
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Capítulo 3

Al siguiente día por la noche, Eduardo apaga el coche y observa la casa de su padre. Suelta el aliento contenido al saber que tenía que fingir ser buena persona ante una mujer solo por su propio dinero.

-¡Que patético!

Baja del coche más que cabreado, se encamina hasta la casa y abre la misma como de costumbre, en lo que cierra la puerta alza la mirada como siempre lo hace para ver hacia arriba, su padre siempre estaba allí cuando llegaba a casa.

Para su sorpresa, no era su padre quien se encontraba allí. De hecho, no había nadie allí, solo existía una figura femenina quien estaba bajando por las escaleras, Eduardo se quedará parado observando como aquella jovencita descendía por los peldaños.

Pensó que su padre había llegado al extremo...

Marlyn abandona su nueva habitación y se encamina hasta las escaleras para ir en busca de su madre, pero al empezar a bajar las escaleras se da cuenta de que alguien ingresa en la casa. Ella se detiene un momento para ver a esa persona.

Él también la observo fijamente como si estuviera esculcando su alma, aquella situación la hizo sentirse tensa e incómoda y prosiguió bajando las escaleras. Cuando llega al final de la misma nota que aquel hombre era enorme y tenía una mirada muy feroz.

Ella alza la mirada y lo observa cruzarse de brazos, Marlyn frunce el ceño levemente cuando él la mira fijamente, era como si estuviera juzgando por algo, pero ¿el que? No estaba en esa casa por voluntad propia.

-¡Así que eres tú! Nunca imagine algo así -Eduardo observa de abajo hacia arriba a aquella chica de cabello castaño.

-¿Perdón? -Marlyn no entendía que diablos quería decir ese extraño.

-Eres la que se ha involucrado con mi padre -la joven ensancha la mirada-. nunca imagine que él... ¿acaso no tienes vergüenza? -Eduardo le reclama ya que no soporta la idea de saber que esa niña era la esposa de su padre.

-¿Qué estás diciendo? Yo no...

-No intentes hacerte la víctima en todo esto -el CEO se inclina un poco hacia ella hasta que roza su mejilla con la suya propia -. No te quedaras con nada.

En ese instante Marlyn siente como los latidos de su corazón se aceleran al tener a ese hombre tan cerca de ella, se pone tan nerviosa que no sabe que responder. La verdad es que lo único que la mantenía tensa era la extrema cercanía de ese sujeto.

Se paraliza, pero logra mirarlo por el rabillo del ojo y puede ver la intensidad de sus ojos color café. Pudo vislumbrar unas motas verdosas que resaltaban bastante y convertían esa mirada en la de un león.

Marlyn se tensa al ver como él la estaba mirando, la joven parpadea y no sabe porque razón, pero todo su cuerpo estaba temblando, hasta las partes que no debían.

-¿Te queda claro?

-¿Eduardo? ¿Marlyn? ¡oh, vaya!, ya se conocen -el CEO se aleja de ella mientras que no le aparta la mirada.

-Si, ya tuve el placer padre -habla como si no hubiera hecho nada malo.

-me alegra mucho, yo solo espero que se lleven bien, porque a fin de cuentas ambos son hermanastros.

Claudio sonríe abiertamente al mismo tiempo que se sitúa al lado de Marlyn, en ese instante Eduardo observa a su padre con los ojos bien abiertos y la joven castaña también observa al viejo con sorpresa.

-¿Hermanastros? -dice el rubio mientras que mira a la castaña ante él.

-Ella es la hija de Mirella... no me dio tiempo de decírtelo ya que te fuiste muy rápido de casa, pero ella es Marlyn.

Ambos se miran a la cara con asombro, Eduardo nunca imagino que esa chica era la hija de la nueva esposa de su padre, él había creado que era su...

-Mucho gusto -dice ella con aquella voz tan dulce que lo obliga a fruncir el ceño.

-¡Oh! Querida, ya ha llegado mi hijo, ven a conocerlo.

Cuando el CEO gira el rostro puede ver que la esposa de su padre no era nada de lo que él pensaba que iba a ser. De hecho, era una mujer mayor, no tanto como Claudio, pero no era una niña como la que tenía en frente.

Vuelve la vista hacia Marlyn y esta observaba hacia otro lado, iba a tener que hablar con ella a solas para aclarar ciertos puntos. No importaba quien demonios era, su padre se casó con una mujer con una hija bastante grande, era evidente que esa herencia iba a estar muy reñida.

-Eduardo, que gusto verte. Tu padre me ha hablado mucho de ti-el rubio sonríe de medio lado, la verdad es que no deseaba estar allí, pero lo hacía por su empresa, no iba a perder todo solo por una mujer y su pequeña niña.

-Si, muchas gracias por invitarme a la cena.

-No pasa nada, esta es tu casa, solo quiero que todos nos llevemos bien.

Él asiente mientras observa las facciones de esa mujer, se notaba que era bastante sencilla, no parecía ser ese tipo de mujer que se le pasaba en una clínica retocándose el rostro. Mira a su padre y percibe como él la observa con tanta alegría.

Eduardo lleva la mirada hacia otro lado y nota como su nueva hermana lo estaba mirando, pero cuando se percató de ello volteo el rostro.

-Pasemos a cenar, antes de que todo se enfrié.

Claudio avanza con su esposa dejando atrás a Marlyn y Eduardo, ella camina tensa hacia el comedor mientras que Eduardo la mira de reojo notando lo muy pequeña que era. Luego niega y se pregunta cómo es que su padre se involucró con una mujer con una hija.

Durante la cena Eduardo no articulo muchas palabras, su tema de conversación era escaso, al igual que el de Marlyn, la joven se concentró en su cena, aunque el apetito que tenía era muy poco.

-¿Y qué edad tienes, Eduardo? Tú padre me conto que ya tienes tus propios negocios y que dependes solo de ti-él mira el rostro de esa mujer, era muy parecida a su hija, solo que ella no tenía los ojos grises como la hija.

-Tengo 40 años, y sí, soy bastante independiente -mira a Marlyn a quien le noto que ensancho la mirada al escuchar su edad.

-Marlyn ya tiene 18 años, pronto cumplirá los 19 -argumenta la madre y eso sorprende a Eduardo quien pensó que era menor de edad.

Mira a la joven con detenimiento dándose cuenta de que no era una chiquilla como pensó, sin embargo, le Valia mierda la edad que tuviera, tanto la madre como la hija eran un problema para él.

-Esperemos que nos acompañes para la celebración de su cumpleaños -Eduardo mira a su padre y este solo le propina una fiera mirada.

-Claro, porque no.

[...]

Al terminar la cena, Eduardo desapareció con la excusa de que había recibido una llamada, entre tanto Marlyn ya estaba aburrida de tener que ver a su madre sonreírle a su nuevo esposo. Así que se excusó con retirarse a su habitación.

Mientras que sube las escaleras se pregunta dónde se había metido ese tal Eduardo, era evidente que era muy arrogante, nada que ver tenía con su padre quien era muy amable. Bueno, era lo que le demostraba a su madre.

La joven niega...

Esa decisión de su mamá de casarse con ese hombre había sido muy precipitada, y sobre todo lo de mudarse a la ciudad tan repentinamente.

-¡Que molesto!

-¿Qué es lo molesto? -de la nada su cuerpo se vio contra la pared y con ello a Eduardo ante ella mirándola fijamente a los ojos.

-¿Qué es lo que haces?

-¿Qué es molesto? -ella frunce el ceño.

-Nada.

No podía hablar mal del padre de él, no estaba segura de como tomaría aquello. Además, si le iba con la cotilla al esposo de su madre podría causarle problemas a ella y era lo que menos deseaba, hacía muchos años que no veía a su madre sonreír de esa manera.

-¿Nada? -Eduardo frunce el ceño mientras que observa fijamente los ojos grises de esa chica -. Así que eres la hija de la esposa de mi padre.

-Si. Y no te preocupes, que no pretendo quedarme con nada del dinero de tu padre.

-Por tu bien, por el de tu madre y por el de mi padre será mejor que no hagas ese tipo de comentarios delante de ambos, ¿lo entiendes?

Marlyn lo mira fijamente, era un arrogante...

-Veo que no te agrado y mi madre tampoco.

-Estas en lo correcto, ninguna de las dos me agrada y no me gusta que estén aquí. Pero tu madre ya es la esposa de mi padre -Eduardo coloca una mano a un costado del rostro de ella lo que provoca que Marlyn se tense.

-Yo... yo espero que eso continue de esa manera y que tú no arruines ese matrimonio.

El CEO frunce el ceño cuando la oye hablar, gira un poco el rostro y piensa en algo descabellado, sin embargo, podía ser...

-¿Tú madre y tú están confabulando contra mi padre?

-¿Qué?

-¿Es eso? -Eduardo la sujeta del mentón para mantenerla sujeta mientras que la mira -. Por eso quieres que tu madre siga casada con mi padre, para quitarle todo.

-¡Estas loco! -Marlyn se libera de su agarre -. Por supuesto que no.

Ambos se miran a los ojos, Eduardo no entendía que diablos, pero el rostro de esa chica le parecía tan... tan llamativo. Mientras mantenía su mentón sujeto, sus labios se encontraban apretados y abultados.

Eran como una clara invitación a probarlo, pero ¿Por qué razón?

Entre tanto Marlyn estaba petrificada, ese hombre la mantenía sujeta de la cara y ella no lograba hacer nada para quitárselo de encima, ¿Qué demonios le pasaba? Parpadea varias veces mientras que observa esos ojos cafés.

Eduardo se concentra tanto en esos ojos grises que termina por aproximarse a los labios de Marlyn sin que él mismo pudiera evitarlo, al estar a poca distancia de los mismos, los roza y en ese instante una corriente eléctrica se apodera de su cuerpo.

Su mente se pone en blanco y acaba por probar la boca de su hermanastra, envuelve su cintura con uno de sus brazos e introduce su lengua en el interior de la boca de ella, devoro sus labios en cuestión de segundos mientras que estrecha el cuerpo de Marlyn contra el suyo.

La joven abre los ojos enormemente y coloca sus pequeñas manos sobre los músculos de Eduardo como para hacer el intento de alejarlo, pero realmente aquello era estúpido, él no se alejaría por un simple empujón de alguien que no tenía fuerzas.

Ella observa el rostro de ese hombre percibiendo la fuerza que mostraba al besarla, también podía sentir como la estrechaba, su cuerpo era tan frágil al lado de él quien era enorme y tan musculoso, sus ojos poco a poco van haciéndose más pequeños a medida que el beso se tornaba más intenso.

Algo no iba bien con ella...

Para cuando logra cerrar los ojos a su mente le vino la imagen de su madre sonriendo alegremente con su nuevo esposo mientras que ella se estaba besando con el hijo de su marido, ¿en qué estaba pensando? ¿pensaba arruinarle la felicidad a su mamá?

Termina por alejar a Eduardo y niega rápidamente.

-¿Qué haces? -niega -. ¿Por qué me besaste?

Eduardo no tenía idea de porque la beso, pero esa corriente que le hizo sentir esos labios lo supero, no lo hizo pensar con claridad.

-Esto puede arruinar la relación de nuestros padres.

-Parece que eso te importa mucho -responde con ira.

-Por supuesto que sí. Al parecer eres un idiota -ella se da la vuelta, pero Eduardo la coge del brazo y la obliga a regresar a su lado.

-¿Idiota? -gruñe contra el rostro de ella.

El rubio baja la mirada y observa los labios hinchados de Marlyn, al parecer las intenciones de esa chica eran muy claras. Y seguramente las de su madre eran las mismas, tenía que hacer algo al respecto para darle un escarmiento a esas dos.

Y pretendía empezar por su hermanastra...

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