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Portada de la novela Mi virgen Hermanastra

Mi virgen Hermanastra

Eduardo es un CEO divorciado que se amargo el alma debido a su ex esposa, pero conoce a su hermanastra una joven hermosa y virginal y se prenda de ella, decide follar con Marlyn a escondidas y la obliga a no decir nada, solo que a ella también le termina gustando follar con su hermanastro. De las simples atracciones sexuales siempre termina involucrándose el corazón... es el precio que debes pagar.
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Capítulo 1

Cada beso era mucho más apasionado que el anterior, el nivel de calentura de su blanquecino cuerpo era cada vez mayor. Estaba a punto de explotar en miles de pedazos, situación que la hace sonreír.

Aprieta la ancha espalda de su amante hasta el punto de enterrar sus uñas en su piel, muerde ferozmente los labios de ese hombre como si quisiera arrancárselos entre tanto la verga de ese sujeto entra en su vagina sin piedad.

Riana inclina la cabeza hacia atrás y suelta un largo jadeo al sentir que estaba a punto de correrse.

-Vamos, metete la polla más adentro, quiero sentirte más.

-Joder siiii...

Su amante la sujeta por la cintura mientras que su pene entra y sale del interior de esa pelirroja, todo su cuerpo sudaba al punto de salpicar de sudor la piel de Riana. Baja la mirada para ver sus tetas firmes, las aureolas de su pezón eran un poco oscuras, pero se encontraban rígidas.

La piel bronceada de su cuerpo ya estaba toda erizada y brillante, era una mujer deliciosa, deliciosamente prohibida pensó el joven sobre ella.

Inclina la cabeza hacia abajo para tomar posesión de una de sus tetas, al meterla en su boca empieza a chupar con fuerza al mismo tiempo que la oye jadear con mucha más insistencia. Ella se aferra a su cuello mientras que él mete su verga en su vagina.

Desciende una de sus manos hacia la curva del culo de ella y aprieta hasta que ella se sobresalta, alza la mirada mientras que no suelta el pezón y puede ver como ella muerde levemente sus labios con mucha lujuria.

Eso lo motiva a penetrarla con arrebato.

-¡Ah! ¡Ah! Siii, mierda que rico me coges.

Riana suelta a su amante y termina por desplomarse en la cama mientras que su vagina es penetrada ferozmente por ese hombre, su cuerpo se retuerce de miles de manera entre tanto goza del placer que le propinan.

-Chúpame el coño, vamos, baja y lámelo todo -ordena.

El joven obedece y saca su polla del interior vaginal de Riana para luego agacharse y queda justo frente a los muslos abiertos de ella, separa los mismos un poco notando como las manos de ella empiezan a masajear su vientre hasta que uno de sus dedos llega a la altura de la protuberancia de su vagina.

-Vamos, no seas tímido, quiero que me la chupes.

El chico inclina la cabeza hacia el coño abierto de esa mujer, observa como ella se masturba la protuberancia y retuerce su cuerpo, él acerca su boca a la vagina de ella y pasa su lengua por el centro de la misma.

-¡Ahhhh! Si, de eso hablo, lamela.

El cuerpo de Riana se arquea un poco al sentir la tibia lengua de ese muchacho, ella muerde sus labios y frunce el ceño puesto que la sensación era increíblemente deliciosa. Estaba a punto de correrse, y quería hacerlo en la boca de ese chico.

-Chupa, chupa -demanda justo cuando sujeta su cabeza para acercarla más a su coño.

Él sorbe el interior de esa vagina saboreando el propio sabor de su polla y la esencia de Riana, se aferra a los muslos de ella para poder mientras que chupa con intensidad provocando sonidos morbosos.

-¡Aahhh! De eso habloooo...-arquea su cuerpo mientras que siente esa lengua entrar en la cavidad de su vagina.

Riana sonríe un poco cuando siente que ya estaba por correrse, ejerce presión de la cabeza del chico contra su vagina y esto lo lleva a él a proporcionar lamidas más intensas y punzantes que aceleraron la llegada del orgasmo.

-¡Aaahhh! Si ¡Ahhhh! Joder, que ricooooo-grita con todas sus fuerzas.

Su cuerpo se tensa por completo mientras que aquel joven sorbe los fluidos de su interior, luego libera su cuerpo, pero él sigue metido entre sus muslos situación que a ella no le disgusta.

Pero su mágico e inolvidable momento se ve arruinado por el sonido del abrir de la puerta de la habitación, ella abre los ojos y mira hacia la misma y cuando ve quien estaba parado bajo el marco de la misma sus ojos se ensanchan.

-¡Eduardo!

Eduardo Simonovi observa a su esposa desnuda y con las piernas abiertas para un sujeto que evidentemente no era él, el CEO vislumbra a un joven que al verlo se aleja de su mujer y muestra una expresión de asombro y miedo.

-Riana...

-Eduardo, yo...-ella se sienta en la cama y rápidamente toma una sábana para envolver su cuerpo -. Cariño, esto es...-señala la cama y todo lo demás.

-¿Qué? -él frunce el ceño al mismo tiempo que se cruza de brazos.

-Yo -la mujer peina su rebelde cabello.

-No tienes que decir nada, creo que lo que he visto aquí es más que suficiente para mí.

Ella alza la mirada y rápido se pone en pie para ir hacia donde estaba él, pero Eduardo da dos pasos hacia atrás cuando nota las intenciones de su mujer.

-¿Qué quieres decir? Si, me equivoque, yo reconozco que me equivoque, pero al menos pregunta porque he llegado a esto.

-¿Qué tienes que decir al respecto? -él espera paciente una respuesta aceptable por parte de ella.

-Yo, tú, es que tú me has olvidado en muchos aspectos, solo te concentras en trabajar y...

-¿Esa es tu excusa, Riana?

Ella muerde sus labios, no tenía excusa ya que no era la primera vez que le era infiel a su marido. La verdad es que no lo amaba desde hace mucho tiempo, pero tampoco podía dejarlo ya que él le propinaba la estabilidad que a ella le gustaba.

Sin embargo, aquella era la primera vez que la descubría siendo infiel. Quizás si lograba convencerlo pudiera lograr que la perdonara. Y para la próxima vez tendría que evitar follar en su propia casa.

-No puedes culparme de caer en la tentación cuando tú me has dejado sola muchas noches.

-Te he pedido muchas veces que me acompañes a esos viajes de trabajo, te lo pedí, no sé cuántas veces te dije que fueras conmigo. Eres mi esposa, mi compañera, ¿Qué más quería que hiciera? He estado para ti muchas veces, y así es como me pagas.

Ella frunce los labios, no podía dejarse ganar por esa tontería, ella no le gustaba viajar con él, prefería quedarse en casa follando con sujetos que si la llenaban.

-No quería viajar contigo por negocios, sino por placer.

-¿Acaso no lo he hecho todo eso por ti? -la mira fijamente mientras que la decepción hace mella en él.

-No fue suficiente, quiero que las cosas sean diferentes entre nosotros. Esto solo ha sido un error que no volverá a pasar.

-¿insinúas que es la primera vez que lo haces?

-Si, por supuesto mi amor.

El CEO observa a su esposa a los ojos y no se cree que ella tenga el descaro de seguir mintiéndole en la maldita cara. Él voltea a ver a ese sujeto que aún sigue en el suelo asustado, y por la expresión que él hace sabe que no era la primera vez que su mujer lo engañaba.

Era decepcionante...

Todo lo que sentía por Riana se desvaneció tan rápido, era increíble como puedes sentir amor por alguien y que de un momento a otro todo se termine.

Ese día casualmente había dejado unos documentos importantes en su despacho y tuvo que regresar a casa a por ellos para la junta de esa tarde, pero cuando ingreso en su residencia observa que el coche de su mujer más otro desconocido se encontraban aparcados en la entrada.

Le resulto extraño porque ella debía de estar en sus rutinas y no en casa a esa hora, y hasta donde recordaba sus amigas no usaban un modelo de coche tan peculiar y robusto. La curiosidad lo llevo a entrar a la casa con prisa y no más al ingresar escucha que su mujer estaba gimiendo.

No tenía que ser muy astuto para saber que su esposa estaba follando con un sujeto en su propia casa. Era una maldita perra.

Aunque no quería ver aquella escena, lo creyó conveniente ya que era lo que necesitaba para dar el paso final a esa maldita relación que al parecer era una completa farsa.

Y justo al entrar encuentra a un tío chupándole el coño a su esposa. Aquella vagina que muchas veces hizo suya, de solo recordar esa escena le hacía hervir la sangre.

Observa a su mujer con seriedad mientras que ella se mostraba como esperanzada.

-Búscate un abogado Riana, lo vas a necesitar.

La pelirroja siente un escalofrió recorrer por todo el cuerpo, parpadea varias veces. Sus piernas comenzaron a temblar, ella mira hacia atrás y ve a su entrenador mirarla asombrado. Luego reacciona y va detrás de su marido.

-Eduardo, Eduardo, por favor espera, no te vayas mi amor. Necesitamos hablar, perdóname, te juro que solo ha sido solo una vez, yo nunca...

-¡Cállate! Cállate de una maldita vez Riana -vocifera mientras que baja las escaleras.

-No, escucha, yo no...

Él se detiene al pie de las escaleras para verla detenerse mientras sujeta su sabana alrededor de su cuerpo. Era desagradable verla en ese estado, saber que se había revolcado con otro en su propia cama donde muchas veces ellos habían hecho el amor.

Esa maldita casa ya no era su hogar, solo era un cementerio de mierda.

-Puedes quedarte con esta casa donde seguramente has estado follando infinitas veces con tus amantes, pero eso será lo único con lo que te vas a quedar.

-¿Qué? No puedes, no puedes hacerme esto, Eduardo.

El CEO sigue su camino hasta la salida, sale al exterior y se dirige hacia su coche. Sabe que su mujer lo sigue sin importarle nada.

-Eduardo, no puedes hacerme esto maldita sea, escúchame -él hace amago de subir al coche y la ve que se coloca frente a su coche para no dejarlo salir.

-Quítate de allí.

-No me dejaras en la calle.

-¡Ya lo hice!

-Soy tu esposa legalmente, me corresponde la mitad de todo lo que te pertenece.

Eduardo sonríe de medio lado mostrando su lado traicionero.

-Lo único que está a mi nombre es esa casa, el resto no está a mi nombre.

-¡¿Qué?! -ella mira la casa y luego a él.

-Todos mis bienes están a nombre de mi padre, mis coches, mi empresa, todo lo demás... lo único que me pertenece es esa casa donde evidentemente tú la usas como burdel.

-No, no, eso no es cierto.

Él no era un idiota, siempre se aseguró de que sus bienes estuvieran bien protegidos, y casarse era como tener una perdida masiva ya que nunca se sabía si la esposa elegida era la indicada. Y mucha razón tuvo al poner sus bienes a nombre de su padre.

Lastimosamente, Riana no era la mujer indicada para él. Y esas alturas de su vida, sospechaba que no existía ninguna mujer que fuese capaz de ser fiel y leal a él. Baja la mirada al sentir tanta decepción e ira por dentro por culpa de una mujer.

-¿Tu padre? Todo está a nombre de tu padre, ¿enloqueciste?

-Mi abogado tratara contigo sobre el asunto del divorcio, como entenderás no pretendo seguir casado contigo -se sube al coche.

-¡Eduardo! ¡Eduardo! -grita mientras que golpea el capo del coche, pero Riana escucha que lo enciende y se asusta -. No hemos terminado de hablar, no puedes hacerme esto, ¿Cómo fuiste capas de engañarme todos estos años? ¡maldito desgraciado mentiroso!

El CEO tensa la mandíbula, ella lo llamaba mentiroso cuando era ella quien se estaba revolcando con otro en su propia cama. Acelera el coche y ella se hace a un lado de inmediato lo que le permite salir de la residencia en la que pensó que alguna vez fue feliz.

Fue en ese instante que se dio cuenta de que esa mujer lo había cambiado por completo, ese hombre dulce y tierno que una vez fue, ya no quedaba nada. Mierda, no creía que nadie se mereciera su amor.

-¡Eduardooooo! -mira por el retrovisor viendo como Riana corre detrás del coche.

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