Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Mi versión de tí

Mi versión de tí

Mía y Sebastián protagonizan un romance marcado por la disparidad y una entrega total que desafía la realidad. Él le descubre un mundo de sentimientos desconocidos, protegiendo un interior complejo, mientras ella se sumerge en una pasión tan profunda como desgarradora. En medio de un tiempo adverso, ambos navegan entre la superación y la dependencia emocional. Es un relato sobre la lucha por soltar o resistir, indagando si amar es suficiente para sanar o si solo redefine el sufrimiento.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Noviembre 26, 2016.

Mia

—Ya, ya superala... —intenté decir colocando mi mano sobre la espalda de Dante, él es mi mejor amigo, nos conocimos en una fiesta hace dos años, desde entonces nos hemos vuelto muy cercanos en el plan él está mal, yo lo apoyo, yo estoy mal él me apoya y este es uno de esos momentos en los cuales me corresponde a mi apoyarlo, si se preguntan ¿Que le sucedió? Se enteró de que su novia o bueno ahora su exnovia Pars le fue infiel, Pars es una chica muy hermosa, tiene ojos cafés tan claros que parecen color miel y cabello castaño, su altura comprendería los 1.65 metros eso la hacia parecer tierna y tiene muchos chicos tras de ella, aún así, se veía tan enamorada de Dante que por un momento creí que podrían ser esa pareja inseparable, ella era mi amiga también, menos cercana claro que Dante, pero mi amiga.

—¿En serio crees que podría Mía?

—Te tomará tiempo pero lo harás —respondí suspirando.

—Quiero distraerme, cuéntame ¿Como van las cosas con Edwhard?

—Pues con él, van bien —respondí de forma seca, por más buen amigo que sea Dante no puedo perturbarlo hablándole de algo lindo y de amor cuando se que él está sufriendo, Edwhard es un chico alto, de tez blanca cabello negro con tendencia a ser rizado y ojos café, no falta mencionar que es mi primer amor, llevamos un año de relación, no es demasiado pero es suficiente como para saber que quiero pasar el resto de mi vida con él, pero en esos momentos no le puedo hablar a mi mejor amigo de lo maravilloso que es, solo quedaría frustrado, aún así se que notó que lo veía con una mirada compasiva, pues de inmediato se quitó los lentes, dejando ver sus ojos verdes e cerrandolos de inmediato llevó su mano a la frente dejando su cabello entre sus dedos, su cabello castaño lucia ya revuelto, Dante no era de esos chicos que se vestían con pants holgados y camisetas negras, pero su estado de depresión le dió un giro de 180 grados a su vida.

—Mia... Que esté mal, no significa que no pueda escuchar lo bien que te va a ti sentimentalmente.

—Es solo que no quería incomodarte —mencioné haciendo una pausa a lo que decía, es tan buen amigo que puede leer perfectamente en que estaba pensando, pero al parecer en lugar de hacer bien solo lo frustré más, pero aún así intenté hacer las cosas más amenas— Tu has estado para mi, esta vez quiero ayudarte yo.

—Quiero distraerme no recordarla ¿Podrías irte?

—Estoy haciendo nada malo —espeté inmediatamente, parecía cansado de hablar, talvez en cualquier momento perdería los estribos y levantaría la voz, pero no sucedió eso.

—Quiero jugar, por favor...

—Está bien —dando un suspiro me levanté caminando hacia la puerta a la cuál señalaba para que saliera de su habitación, voltee a verlo de reojo antes de salir y observé que jugaría la play, por eso decidí mejor cerrar la puerta y bajar por las escaleras al nivel de abajo.

Al llegar a este piso observé a su madre, ella compartía los mismos rasgos faciales que Dante, tez blanca, cabello castaño y ojos verdes, llevaba una bandeja con bocadillos para nosotros dos, pero me excuse diciendo que me debía retirar, definitivamente no quería subir de nuevo y ver la mirada de Dante insinuando que me había advertido que me fuera, deseaba poder ayudarlo como el me ayudaba a mi pero lo cierto es que no era buena con los consejos así que salí de su casa y empecé a caminar por los lugares transitables de la calle, definitivamente los bocadillos que preparó la madre de Dante se veían deliciosos, me abrieron el apetito, por lo tanto para remediar el hambre que me dió antes de dirigirme a casa entré a una cafetería, al abrir la puerta en seguida sonó la campanita advirtiendo que un cliente había entrado, pero mi sorpresa fue que en la primera de las mesas estaba nada más y nada menos que Pars, con un chico que no conozco, es obvio que es una cita. —valla que hipócrita eres le dije en voz alta, estoy perfectamente segura que me escuchó porque se quedó observándome, pero claro yo estaba muy ocupada caminando hacia una mesa vacía al fondo, en seguida se acercó a atenderme un mesero, le pedí un capuchino y caneles para acompañarlo, tomó mi orden y en seguida se retiró, desde aquella mesa podía observar como Pars y su acompañante... ¿Extraño? Charlaban pero claro solo volteaba a ver disimuladamente de vez en cuando, su charla más parecía una discusión, el mesero en seguida volvió a mi mesa dejando mi pedido y al momento que se retiraba noté como Pars también de su lugar y salía rápidamente de la cafetería mientras su acompañante se quedaba con una expresión de pesar observando hacia mi mesa, le hice una expresión de pesar fingida mientras le daba un sorbo al capuchino, se puso de pie pero en lugar de alejarse sus pasos se empezaron a aproximar hacia mi mesa, era un chico de cabello con tendencia a ser acolochado, ojos color marron, tez blanca, no tenía barba pero si que vestía una camiseta de color negro con una chaqueta de cuero del mismo color y unos vaqueros ajustados color negro, se quedó parado un momento frente a mi mesa, nuestras miradas parecían una competencia de "quien voltee pierde" fruncí el cejo y en seguida se sentó en un aciento frente a mí. —Oh claro que puedes sentarte —Le dije en un gesto de ironía pues no había permitido que lo hiciere, y el suspiró cerrando los ojos terminando con el juego de miradas mientras yo volvía mi vista a los caneles tomando uno dándole una mordida, concentrada en seguir comiendo e ignorar a aquel chico del frente, no se que quería pero definitivamente no me interesaba.

—Sebastián Estévez —Se presentó.

—A que bien —Dije sin prestarle importancia a lo que decía, aunque su apellido me pareció de procedencia española, Steivs en pronunciación, pero yo no iba a presentarme, solo seguía con la mirada fija en lo que estaba tomando lo cuál causó que él diera un suspiro de decepción.

—¿Está bien que actúes tan descortés?

—¿Está bien que te sentaras a una mesa sin ser invitado? —cuestioné sin alzar la vista— Solo falta que quieras que compartamos los aperitivos.

—No se responde una pregunta con otra y no me gusta lo dulce, no creo que una chica debería comer tanto dulce.

—Mmmm... —Dije haciendo únicamente ese sonido con los labios cerrados para posteriormente dándole otro sorbo al capuchino ignorándolo más.

—Okey, traté de ser amable, ahora iré directo al punto...

También te puede gustar

Portada de la novela El escolta extraño
7.9
La destacada militar Karen Sánchez recibe la misión de proteger a Yakov Bortnik, el millonario heredero de un gigante de la aviación rusa. Tras ser blanco de una peligrosa organización criminal, Yakov se oculta en el Caribe, donde queda fascinado por el carácter críptico de su guardaespaldas. Mientras las amenazas externas acechan, la obsesión del magnate por descifrar a Karen desata una tensión incontenible que pondrá a prueba sus límites.
Portada de la novela El Precio de Tu Desprecio
7.9
Durante la gala anual corporativa, la vida de Ricardo se quiebra tras una calumnia. Sergio, allegado de la CEO Camila, lo señala injustamente por el hurto de un reloj costoso. Sin el respaldo de Camila y ante el escarnio general, Ricardo es desterrado bajo las duras exigencias de su rival. Motivado por la enfermedad de su madre y el dolor de una traición amorosa, parte al exilio con una firme promesa: regresar para cobrar venganza contra quienes pisotearon su dignidad.
Portada de la novela El susurro de tu voz
8.2
Unidos por la traición de quienes amaban, Marcos y Sabrina se refugian en un vínculo prohibido que desafía cualquier juicio. Él es un hombre de presencia madura; ella, una bajista vibrante que despierta su pasión. Lo que comenzó como un alivio ante el dolor se transforma en una atracción indomable, donde cada encuentro íntimo desdibuja la culpa. Entre verdades compartidas y un deseo creciente, ambos exploran una conexión profunda que parece dictada por el destino.
Portada de la novela En Mi Vida Solo Tú
8.0
Amadeo y Anahí crecieron unidos por un lazo especial que parecía inquebrantable, hasta que él se marchó a Harvard y el silencio se impuso durante un lustro. Al regresar a Milán, Amadeo lo hace con un compromiso formal junto a Antonella, pero volver a ver a su amiga de la infancia reabre heridas y deseos ocultos. Ahora, él deberá enfrentarse a la certeza de que Anahí es irreemplazable, cuestionando su futuro y descubriendo un amor que lo cambiará todo.
Portada de la novela La esposa del Presidente
8.9
Tras años de ausencia, Rose Hamilton retoma su lugar como heredera, pero su regreso la obliga a casarse con Asher White, el influyente prometido de su prima Isabel. A pesar de recuperar su estatus, Rose enfrenta la hostilidad de Isabel, quien no se detendrá hasta recuperar al magnate. En medio de esta disputa, la aparición de un misterioso desconocido sacude el presente de Rose, amenazando los pactos familiares y cambiando el rumbo de sus vidas.
Portada de la novela La Esposa Virgen del Paralítico
8.3
Derek Dixon era un magnate brillante hasta que un trágico accidente lo postró en una silla de ruedas. Lejos de rendirse, el joven millonario lidera una fundación solidaria junto a su tío Brandon. En este camino de superación aparece Leah, una joven huérfana de alma pura que ha enfrentado una vida llena de adversidades. Al conocer a Derek, su destino cambia drásticamente, asumiendo el inesperado desafío de convertirse en la esposa virgen del paralítico.