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Portada de la novela Mi vecino, mi tormento

Mi vecino, mi tormento

Ellos eran vecinos, sus casas estaban pagadas. Emanuel era engreído y hasta déspota en su manera de actuar, y le molestaba bastante que su vecinita prescindiera de su saludo y que con su hermano fuera pura simpatía. Hasta que coincidieron una madrugada, a la salida de una discoteca y terminaron teniendo relaciones sexuales. Al día siguiente él la humilló apenas la vio, es que estaba acompañado por su futura esposa y evitó problemas. Solange sintió que el mundo se le venía abajo, la noche anterior le había entregado su virginidad y creyó que habían comenzado una relación. Las consecuencias llegaron al mes siguiente, cuando a Solange le faltó la regla, ella, con odio hacia Emanuel, por las humillaciones recibidas, nunca confesó de quién era el bebé. Sus padres estaban avergonzados de que su hija adolescente estuviera embarazada y la enviaron a Italia, con una tía que nunca pudo tener hijos. La vida cambió para Solange, porque fue recibida con verdadero cariño. Años después, al fallecer su tía, ella se convirtió en la dueña de un imperio económico. Sus caminos se cruzaron nuevamente al tener negocios en común, en dónde ella tenía el poder. La vida para Emanuel, en el plano personal, había cambiado, descubrió que su esposa lo había engañado, que el que creía su hijo, no lo era y que el interés de la mujer que tenía a su lado, era lo que regía su vida. Sin embargo, él seguía siendo el arrogante como siempre. La atracción que sentía por Solange era tan fuerte, que se convirtió en una obsesión, pero al no reconocerlo, solamente planeaba hacerla pasar malos ratos, desatando momentos desopilantes, porque Sol siempre lograba dar vuelta la situación y dejarlo mal parado. Hasta que descubrió que tenían un hijo en común y dejó de lado su infantil comportamiento, dando paso a un amor pocas veces visto.
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Capítulo 2

Por Emanuel

El ruido de unas bandejas de metal chocando entre sí, me trajo a la realidad, me había perdido en mis pensamientos, esos que son recurrentes, es que tengo mucho resentimiento dentro mío.

-No mamá, no es para tanto.

Dije mientras le daba un beso en la frente.

Mi padre estaba dando unas instrucciones a la gente que estaba por allí.

No entiendo la necesidad de festejar el cumpleaños en casa, nos podríamos haber trasladado a la casa de fin de semana, o haberlo hecho en un salón, pero ella eligió pasarlo en casa.

-Voy a verificar cómo está quedando todo.

Dice mi padre, mientras se dirige al parque trasero de la propiedad.

Lo sigo por inercia, o, mejor dicho, porque también estoy acostumbrado a controlar absolutamente todo y sé que lo hago bien.

Aprendí a delegar, eso me costó, pero al hacerlo, me pude concentrar en lo importante y expandir varias de nuestras empresas.

Es cierto que mis suegros o ex suegros, tienen un 20% de sus empresas y que yo, con el 80 % restante y hubiera podido darles más vuelo a esas empresas, pero no quiero hacerlo, posiblemente estoy siendo mala persona, o tal vez sólo justo, pero, en definitiva, tengo el poder.

Los empleados que están trabajando en la casa de mis padres, preparando todo para el cumpleaños número 55 de mi madre, apenas me miran, creo que no les caigo muy bien y no me importa caerles bien, mi padre es un poco más agradable con ellos y mi madre les permite una confianza con la que no estoy de acuerdo.

Estos últimos años hemos crecido mucho y para dar el gran salto final, solamente nos falta cerrar un trato muy importante con una empresa italiana, tengo entendido que la CEO, ya llegó a nuestro país, ya que la reunión está programada para la semana próxima.

-Ema, por favor, no quiero distraer a los empleados de sus labores ¿Te podrás fijar que le sucede, nuevamente al tanque?

Mi padre da muchas vueltas, posiblemente el tanque de agua no tenga nada, pero le gusta estar seguro, sobre todo quiere que esa noche todo sea perfecto.

Años atrás me molestaba revisar personalmente ese tanque, una vez se rompió el flotante y mi padre, desde ese momento, cada 3 meses, lo revisa, o mejor dicho, me pide que lo revise, para eso tengo que subirme, por no decir treparme, por la pequeña escalera para llegar a ver si todo está en condiciones, la altura en donde pusieron el tanque es imponente.

Subí sin problema y tal vez, y sólo tal vez, con un poco de ansiedad, es que al ver a Solange charlar con Morena en la puerta de su casa, tuve algunos recuerdos de una situación que sucedió unos cuantos años atrás.

Me fijé rápidamente de que todo estuviera bien, y luego, miré con una ansiedad desmedida, el parque de nuestros vecinos.

La vi, estaba tan hermosa como siempre, aunque sus rasgos eran menos infantiles que hace 6 años atrás.

Ella estaba en bikini, y jugando con un niño.

Mi ansiedad era porque necesitaba ver ese cuerpo y no sólo recordarlo, porque sabía cuánto le gustaba a ella estar en el parque, al sol o en la piscina.

Recuerdo que a veces ella, tomaba sol desnuda...

Nunca me imaginé que estaría jugando con su sobrino, el hijo de su hermano mayor.

Escuché una voz masculina y pensé que era Eduardo, su hermano.

-Cielo, ya le dije a la mucama que nos sirva algunos refrescos.

¿Cielo?

Pensé en mis adentros.

Algo no me gustó.

El hombre se acercó a ella y la abrazó sin pudor.

El niño se alejó un poco de ambos.

-Solange, estabas jugando conmigo.

Le reclamó a mi bella y antipática vecina.

-Sí mi cielo y podemos jugar los 3.

-No me parece.

Le contestó la criatura, mientras veía como daba unos cuantos pasos hacia atrás y luego de mirarlos, ellos seguían abrazados, comenzó a correr hacia la piscina, se había alejado para tomar carrera.

No sé si lo calculó, el tema es que saltó a la piscina, tirándose estilo "bomba", cerca de donde estaban ellos, salpicándonos con ganas.

-¡Dante!

Lo regañó Solange.

-Ya te dije, Solange... Sola... no tenés que estar con él, tenés que estar sola o conmigo.

El niño me cayó muy bien.

Porque algo me molestó en ese abrazo, que no terminó en caricias más profundas o en besos apasionados, por el accionar de esa criatura.

Mi sonrisa, no la pude evitar.

Calculé rápidamente y ese niño llamado Dante, tendría la misma edad de Bruno...

Suspiré profundamente antes de bajar.

Espero que Solange esté sola, como desea su sobrino, así se la van a bajar esos humos, de creerse la mujer más hermosa, de creerse la Venus de Milo, solamente es una chica bonita, como cientos de miles...

Pero ella se cree única, siempre se sintió poderosa.

Una cuota de ese poder, se la quité yo, al menos eso intenté...

Bajé lentamente por esa escalera tipo caracol y con una baranda demasiado baja para mi altura, mientras bajaba, recordé la primera vez que mi padre me exigió revisar ese tanque, el día que de verdad se había roto el flotante, no recuerdo si continuamente rebalsaba el tanque o nos habíamos quedado sin agua...

Recuerdo mi enojo por tener que revisarlo yo.

- ¿Por qué tengo que hacerlo yo?

Le reclamé a mi padre en ese momento.

-Sos más joven que yo y tenés más estabilidad.

No me refería a eso y él lo sabía.

Decidí ser más claro, yo era bastante inmaduro y me llevaba el mundo por delante, o al menos, pretendía hacerlo.

-Contratá a alguien o decirle al jardinero, sólo es fijarse si el tanque de agua está limpio. 

No sabía por qué, me molestaba un sábado a la mañana, no era tan temprano, es verdad, pero seguía siendo la mañana y era un sábado que por fin no cursaba en la facultad.

Ese día no había clases, por desinfección del edificio en donde cursaba y mis planes eran dormir hasta el mediodía.

Pero no, mi progenitor quería que yo lo ayude con ese maldito tanque, creo que lo hacía sólo para molestarme, al menos en aquel momento pensaba eso, porque entendía que de eso se tenía que ocupar el jardinero.

Para eso estudio, para ganar dinero y no tener que ocuparme de estas tonterías, pensaba y no sé porque recuerdo tanto esa conversación y lo que pensaba, eso había sucedido... Trato de hacer cuentas, hacía más de 6 años....

-También le podés decir a Beto.

Le había reclamado a mi progenitor.

-Es más chico.

-Sí, de edad, pero tiene mi tamaño.

-Subí de una vez, por favor, destapá el tanque y si está en condiciones lo tapás y listo y si algo está mal, le digo al jardinero.

-¡Él puede hacerlo!

-Sos caprichoso, es hora de que aprendas a hacer el mantenimiento de una casa.

No estaba de acuerdo, pero decidí subir, porque él no iba a cambiar de opinión y de todos modos ya me había levantado.

Recuerdo que se escuchaba la música que nuestros vecinos ponían a un volumen bastante fuerte.

Odiaba esa música y a esos vecinos, bueno, no a todos, sino a la hija más chica de esa familia, era antipática como ella sola, era una mal educada, jamás saludaba y siempre me miraba por arriba del hombro.

Entendía que era casi una criatura, en aquel tiempo debía tener 16 o 17 años, pero no era tan chica como para pasar sin saludar.

El hermano sí me saludaba, es algo más grande que yo, por eso tampoco teníamos mucho contacto, sólo un simple saludo.

El tanque de agua de nuestra casa estaba sobre una especie de torre, cerca de la medianera que separa los dos terrenos, creo que ellos tienen una pequeña piscina, eso había comentado mi madre alguna vez, yo no lo sabía con exactitud y tampoco me importaba.

Tal vez yo también era antipático.

En realidad, no me metía en la vida de los vecinos, pero ellos sí se metían conmigo al escuchar esa música tan alta.

Música pop, debe ser la madre de Solange la que está escuchando, no me caía tan mal esa señora, pero no podía escuchar tan fuerte.

No podía dejar de pensar en ese momento... o en lo que sucedió ese día por la noche...

Subí, más bien prácticamente trepé, la escalera era incómoda, aunque no era tan insegura porque tiene una especie de contención, pero a medida que pasaron los años, siempre pensé que debíamos haber hecho más alta la baranda.

Escuché que cambió la música, era un tema en inglés, me pareció raro.

Mi humor cambió, porque ese tema sí me gustaba, pero igual lo escuchaban muy alto.

Nada me venía bien ese día.

Seguí subiendo y cuando estaba arriba, otra vez cambió la música, habían puesto reggae.

Me asombro de mi memoria y de todos los detalles que voy recordando.

Miré hacia el parque del vecino, no sabía quién escuchaba música tan variada.

Yo era más cerrado al escuchar música.

Escuché risas y mis ojos buscaron a las dueñas de esas carcajadas.

Veo a la antipática de Solange y a una amiga de ella, que también es del barrio, se llama Morena, era la que estaba charlando con ella, cuando hoy entré a la casa de mi madre, esa chica, de adolescente al menos saludaba cuando la encontraba por el barrio.

En aquella ocasión, me quedé quieto por un momento, estaban tomando sol casi desnudas, en bikini, sí, pero sin la parte de arriba.

Mis ojos no podían apartarse del cuerpo de Solange.

¿Qué comió?

Por eso recuerdo todos los detalles, verla así, en aquel momento, me comió la cabeza.

Mierda...

Ella, ajena a mi presencia, se levantó para cambiar otra vez la música, estaba escuchando a través de su celular, que estaba en la sombra, pero debía tener conectado algún parlante, porque de verdad se escuchaba muy alto, aunque en ese momento yo había dejado de prestarle atención al sonido.

Morena era más rellenita, sin llegar a ser gorda, pero Solange era...

Mi miembro se endureció al mirarla...

Sus tetas no eran muy grandes, pero... eran tan paraditas que me dieron ganas de chuparlas hasta desfallecer.

Cuando se paró, para cambiar de canción, mis ojos se fueron a su culo.

Al verla caminar por su parque, yo estaba tan duro como el cemento.

Ella, ajena a todo, volvió a su lugar, bailando al son de la canción que había puesto.

- ¡Qué contenta, amiga!

Le dijo Morena.

No me importaba para nada esa mocosa y sin embargo había perdido el control de mi cuerpo, claro que en esa época yo tendría 22 o 23 años.

-Sí, hoy vamos a bailar y lo voy a ver.

Así que tenía un noviecito o algo, pensé.

Muero por saber a dónde van a bailar, iría y si la cruzo...

¡Lo que le podría hacer!

Mi desprecio por Solange, en aquellos años, era mucho y mi deseo, también.

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