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Portada de la novela Mi propio cliché

Mi propio cliché

La idea del amor tóxico me persigue sin descanso. Tras dudarlo mucho, decidí unirme a un grupo de apoyo para mujeres atrapadas en vínculos destructivos. Lo que inicialmente me pareció una tontería, se convirtió en un pilar esencial: un refugio donde la empatía y la escucha son la clave para sanar. En este espacio seguro y libre de críticas, compartir el dolor rompe mi soledad y me enseña que el respaldo mutuo es el único camino para poder avanzar.
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Capítulo 2

Salgo de la ducha, secándome el cabello con una toalla y escucho sonar el timbre. Ruedo los ojos, sin la intención de abrir la puerta, pero el golpeteo frenético me hace adivinar de quien se trata.

Fabi, mi mejor amiga, tiene el cabello negro, es alta y tiene facciones de modelo, además de la autoestima más alta de este país (O eso pienso yo). tiene la costumbre de golpear impacientemente mi puerta, hasta lograr que abra.

Aún estoy en ropa interior, así que decido tomar mi teléfono y enviarle un mensaje.

Jen: "Llave debajo del tapete"

Pulso enviar.

Escucho la puerta abrirse y sus pasos en las escaleras. Por suerte yo ya me he vestido con una pijama de seda color azul.

-¿En serio? – habla en la puerta de mi habitación - ¿Debajo del tapete? ¡Eres muy obvia!

Fabiola es mi mejor amiga desde que entre a la universidad, aunque ella estudiaba Administración. Desde entonces no se ha separado de mí, lo cual agradezco, porque no soy buena haciendo nuevos amigos.

-Quédate la llave. Un día de estos vas a tumbar mi puerta – rio.

-Gracias amiga – abraza la llave.

¡Es muy dramática!

La miro como se acuesta en mi cama, colocando su brazo sobre su cara.

-¡Me muero! – lloriquea dramáticamente.

En serio eres bipolar. Hace un segundo estabas riendo.

-¿Qué pasa ahora? – me siento a su lado.

-Me dejo – explica con un puchero – después de todo un mes.

Típico de Fabi, enamorarse de un desconocido cada semana y luego llorar cuando la botan. Ella no entiende que sexo no significa amor. Su relación mas larga hasta ahora, ha sido esta, y apenas duraron un mes.

-Tranquila, no era el indicado – acaricio su cabello.

Por supuesto que no lo era. Los bares son para conocer personas de una sola noche.

-¿A caso no merezco amor? – me mira triste.

-Claro que sí. – la tranquilizo – Ya encontraras a Alguien especial.

Ni yo misma me creo mis palabras, pero debo consolarla o terminara llorando.

-Quiero salir esta noche – se levanta.

¡Aquí vamos de nuevo!

-Yo no quiero salir. Además, mañana es viernes, debo trabajar – me encojo de hombros.

-¡Eres muy aburrida! – me saca la lengua – Llamare a Faco

Facundo es el mellizo de Fabiola, ellos dos son básicamente mis únicos amigos. Faco es una persona muy seria ante la vista de todos, él se encarga de llevar la agencia de modelos de la que ambos son dueños, es muy sobreprotector con nosotras, pero también es divertido y amigable. Eso sin contar que es muy guapo.

Cuando los conocí, se convirtió en mi crush, pero esos sentimientos se fueron desvaneciendo.

Mi amiga se aleja para hablar por teléfono y cuando vuelve, no tiene una expresión muy amigable.

-Faco tampoco quiere salir – hace un puchero – dice que mejor viene y vemos una película aquí.

¡Gracias al cielo!

-Perfecto, dile que pase por un helado. Yo hare palomitas – salgo hacia la cocina.

Una hora después, nos encontramos los tres acurrucados en mi sofá, viendo una película de piratas. Estoy a punto de quedarme dormida en el hombro de Faco, cuando mi timbre suena.

¿Quién rayos será?

Por la mirilla de la puerta, solo puedo ver a un hombre extremadamente guapo y me paralizo. Un segundo timbre, me hace volver a la realidad y abro la puerta calmadamente, tratando de normalizar mi respiración.

-Buenas noche – habla el sujeto.

-¿En que puedo ayudarle? – hablo calmada.

Sonríe.

¡Oh mierda! Que sonrisa mas hermosa.

Concéntrate, Jen.

-Usted es la maestra de mi hija, Violetta. – explica – Quería agradecerle por traerla hoy. No sabíamos lo del trasporte.

¡Que mal! Es el esposo de la bruja de enfrente.

Aunque eso no le quita lo sexy que es. Tiene mucho sentido que su esposa se mantenga como una modelo. Con semejante esposo, hasta yo lo haría.

¿Y su voz? Es tan profunda que se tatúa en mi cerebro.

-Si... bueno – carraspeo

Una voz en mi espalda me hace voltear y su mano en mi cintura me sobresalta.

-Jen, ¿Estas en pijama recibiendo visitas? – pregunta divertido

¡Santa mierda! Estoy en pijama, y muy corta para colmo.

¡Que vergüenza!

Mis ojos se abren mucho y mi cara se vuelve muy roja.

-¿Quiere pasar? – balbuceo - Yo voy a cambiarme – señalo las escaleras.

Los ojos de Faco se enfocan en mi vecino.

-Raúl, ¿cómo estás? No sabia que vivías por aquí – lo saluda Faco.

¿Se conocen?

Además, se llama Raúl, que bonito nombre.

-Si, me mude ayer. – sonríe – Bueno, ya tengo que irme. De nuevo, gracias.

Hace un ultimo gesto con la mano y se va, mientras yo cierro la puerta.

-¿Lo conoces? – interrogo a mi amigo.

-Si, nosotros hacemos la campaña publicitaria para sus bebidas. – explica.

-Entiendo... - digo pensativa.

Entonces tiene su propia marca de bebidas. Con razón parecen tener mucho dinero.

-Vamos a terminar la película – me toma de la mano.

No me di cuenta cuando terminó la peli, me quedé dormida de repente. Cuando desperté, iba en brazos de Faco, mientras subía las escaleras.

-¿Y la película? – pregunto cuando me deja en mi cama.

-Te quedaste dormida, como siempre – sonríe.

Es cierto, casi siempre termino igual, durmiendo en los brazos de Faco.

-¿Se van a quedar? – hablo adormilada.

-Fabi esta dormida desde que te vio a ti durmiendo.

Miro que se aleja, pero lo detengo.

-Quédate – toco mi lado de la cama.

Me mira sorprendido. Aunque son sea la primera ves que nos quedamos dormidos juntos, creo que le sorprende que se lo pida.

-¿Estas segura?

Asiento con la cabeza y el me hace caso. Se quita la camisa, dejando ver su torso bien tonificado, seguido por sus zapatos y cuando espero a que se quite el pantalón.... No pasa, solo se acuesta en la cama.

¿Por qué me decepciona? No lo veo con otros ojos. Es solo mi amigo.

Creo que haber visto a mi vecino, me afecto un poco el cerebro.

-Duerme, pequeña – acaricia mi mejilla.

Su roce con mi piel, me dio escalofríos. Espero que él no lo notara.

¿A caso siento algo más?

Déjate de pensamientos estúpidos, Jen.

Después de darle una ultima mirada, cierro mis ojos y el mundo se desvanece.

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