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Portada de la novela Mi propio cliché

Mi propio cliché

La idea del amor tóxico me persigue sin descanso. Tras dudarlo mucho, decidí unirme a un grupo de apoyo para mujeres atrapadas en vínculos destructivos. Lo que inicialmente me pareció una tontería, se convirtió en un pilar esencial: un refugio donde la empatía y la escucha son la clave para sanar. En este espacio seguro y libre de críticas, compartir el dolor rompe mi soledad y me enseña que el respaldo mutuo es el único camino para poder avanzar.
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Capítulo 3

Despertar y que lo primero que veas sean esos maravillosos ojos cafés, que tiene Raúl, sería una verdadera fantasía.

Por desgracia, desperté en mi cama, sola. A pesar de dormir con Faco, él siempre se levanta primero y se va antes de que yo pueda despertar. Soy la única mujer (apare de su hermana) con que ha dormido en la misma cama, sin tener sexo.

Parezco su segunda hermana.

Después de una ducha y vestirme, bajo a la cocina para desayunar. El ruido de un plato destrozarse en el piso, me hace correr hacia el lugar, encontrándome con una divertida escena. Mi amiga parece estar enredada con los utensilios. Cualquiera diría que intentaba cocinar, pero en la mesa solo veo cereal y fruta a medio picar.

Mi amiga lloriquea y da saltitos, mientras sostiene su mano tapada con un pañito.

-¿Qué estas haciendo? – señalo el desorden.

-Intente hacer el desayuno – expresa.

-¿Y te cortaste? – alzo una ceja – Picando fruta. ¡Eres excelente! – bufo.

-No te burles de mí. Ya se que soy una inútil – arruga la cara.

Ruedo los ojos.

-No saber cocinar no te hace inútil – la tranquilizo.

Aunque cortarse picando fruta, te acerca un poco.

Busco mi botiquín para curarle la pequeña herida y colocarle una bandita. Tampoco fue gran cosa.

-¡Te adoro! – chilla.

-Y yo a ti, boba – doy un beso en su frente.

Preparo un desayuno rápido, mientras ella me mira con cautela, como si espera que le cuente algo.

-Ya... Pregunta de una vez – inquiero.

Se muerde el labio y sonríe como niña.

-¿Cómo te fue anoche? – pregunta coqueta.

La miro con el ceño fruncido. ¿De que rayos habla?

-Se más específica – invito confundida.

Ella bufa y rueda los ojos.

-Se que dormiste con Faco – murmura divertida.

-¿y? – pregunto alzando la ceja.

-¿No paso nada? ¡Que aburridos son! – hace un mohín.

No puedo evitar soltar una carcajada. Obvio que no paso nada, igual que las otras veces. Soy casi su hermana. Aunque....

Olvídalo Jen.

-¡Eres muy dramática! – ruedo los ojos - ¡Vámonos! Llego tarde

Salimos de mi casa y lo primero que nos encontramos es a mi sensual vecino, saliendo de su casa.

¡OMG!

Creo que me dará un infarto. ¿Cómo puede causarme estas sensaciones? Si solo lo he visto una vez. Pero es que se ve tan imponente con su traje, su cara esta tallada por los mismos ángeles.

Creo que fue amor a primera vista.

-¡Dios! ¿Y ese papi quién es? – escucho la voz de mi amiga.

Carraspeo – Mi vecino – digo fría – Y esta casado, así que entra al auto.

-Amargada – espeta. - Necesitas sexo.

Sonrío ante el comentario de Fabi. No soy amargada, ni necesito sexo.

Si ella entrara a mi cabeza por unos minutos, quedaría traumada.

A veces me gustaría ser más abierta y decir lo que pienso, como ella, pero me cuesta muchísimo hacerlo.

***************

Quisiera decir que mi día transcurrió normal, pero resulta que trabajo con niños, así que ningún día es normal para mí.

Hoy en particular, tuve un caos de pegamento. ¡si! Fue tan horrible como suena. Violetta piso accidentalmente su pegamento y termino empapada. El mismo salió volando, llenándole el cabello a Susi, quien molesta por eso, le pego una hoja al uniforme de Pedro.

Como dije, todo fue un caos. Había pegamento, niños llorando y desorden por todos lados.

Pero como siempre, lo pude solucionar.

Siempre tengo un uniforme extra para cada sexo, así que cambie a Violetta y a Pedro. Resolví el problema de Susi, lavándole el cabello. Ahora me quedaba limpiar el desorden.

Estaba impaciente para que los padres recogieran a sus hijos, así yo podría empezar a limpiar y me iría pronto.

¿Por qué no se lo pido al personal del colegio?

Soy la mejor maestra, debido a que todos mis desastres en clase no salen de allí, es decir, jamás se han enterado de días malos en mi salón. Porque para eso tengo todo lo que necesito en mi escritorio, armario de limpieza y baño.

Todos los niños han sido recogidos, menos Violetta. La verdad es que hoy no es un buen día para que me hagan esto, no puedo irme hasta limpiar el desastre, y si no la vienen a buscar, tendré que llevarla.

Casi como si oyera mis pensamientos, a la vista aparece Raúl, luciendo tan hermoso como en la mañana, solo esta vez no tengo tiempo para admirarlo.

-Allí está tu padre, corazón – señalo – Ya puedes irte. Hasta mañana – me despido rápido y la suelto.

Ni siquiera espero a verla irse. Me dirijo a paso rápido a mi salón de clases, donde el pegamento ya esta seco, lo que lo hará más difícil de quitar.

¡Rayos!

Cojo una espátula y me agacho para limpiar el pegamento y restos de plastilina que no había visto.

Escucho que mi puerta se abre y alguien carraspea, pero no me detengo, ni volteo a mirar. Estoy muy ocupada como para que las maestras vengan a fisgonear.

-Maestra Ross – escucho una voz.

No presto atención. Yo no me llamo así, de seguro se equivocó.

-Maestra Ross – repite.

-Se equivoco de aula señ.... – volteo a mirarlo y me paralizo.

Raúl está en la puerta. ¿No se había ido?

-¿Necesita algo? – digo con mi mejor cara de seria.

No te sonrojes Jen.

-Maestra Ross, venia a entregarle esto – me extiende un sobre.

Lo miro confundida.

-Los demás padres me dijeron que tenia que darle una colaboración – se explica.

¡Ah, eso!

-Si... Eehh – balbuceo – Mi nombre es Jenifer Evans – le extiendo la mano.

-Un placer. Soy Raúl Espinoza – sonríe.

Que bella sonrisa.

-Déjeme explicarle lo del bono – señalo el sobre – Eso es para casos de emergencia, por ejemplo, hoy: Tuve que cambiarle el uniforme a Violetta porque se lleno de pegamento.

Parece sorprendido por lo que acabo de decir.

-En serio es una maestra muy especial – comenta – Déjeme reponer el uniforme.

-No se preocupe, esto lo cubre – levanto el sobre.

-Entonces déjeme ayudarla a limpiar – ofrece.

¿En serio haría eso?

-Ehh... No... Ya terminé – tartamudeo.

¿Por qué me pone tan nerviosa?

-Bien, entonces mejor me voy. – parece decepcionado.

Antes de cruzar la puerta, se voltea a verme.

-Ah, maestra Ross, una cosa más – señala – Quería disculparme si le ocasione problemas con su esposo.

¿Esposo?

-Disculpe, pero en primer lugar soy Evans, no Ross. Y, en segundo lugar, no tengo esposo – frunzo el ceño.

-Oh! Disculpe, pensé que el señor Ross...

-¿Faco? – rio – No somos esposos.

Su mirada me dice que esta aliviado de escuchar eso, pero ¿Por qué?

-Bueno, la dejo Jenifer – se despide.

¿Ahora soy Jenifer? ¡Me está titubeando!

Cálmate, esta esperando tu respuesta.

Carraspeo – Hasta luego, Raúl – sonrío

Lo veo desaparecer y no puedo evitar morderme el labio ante aquella situación.

¿Estaba coqueteando conmigo? Estoy segura que sí, pero él está casado.

Soy una tonta, tengo que dejar de pensar esas cosas. No puedo coquetear con un hombre casado, por muy sexy que sea.

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