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Portada de la novela Mi infierno eres tú

Mi infierno eres tú

La existencia radiante de Maddy se desmorona cuando Alexander reaparece en su camino. Aunque ella intentó ignorar sus sentimientos, el reencuentro la sumerge en el sombrío mundo de un hombre cargado de misterios. Ahora, como un implacable líder criminal, Alexander intenta resguardarla de las amenazas de la mafia y de su propia naturaleza. En medio de una pasión desmedida y placeres intensos, la pareja deberá encarar un futuro marcado por la oscuridad.
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Capítulo 2

Sonrío ligeramente negando con la cabeza.

—No, gracias.

—No tomes mi ofrecimiento a mal, mi casa es grande y vivo solo, puedes quedarte el tiempo que gustes —Me parece que su ofrecimiento es sincero.

—Muchas gracias, Charles, lo tendré en cuenta. 

(…)

Los días pasan y me desespera el hecho de que no puedo conseguir nada, busco por todos lados y no hay un trabajo de medio tiempo que me permita concentrarme en mis estudios. Quizá debería dejar de estudiar, inmediatamente me cacheteo mentalmente por esa idea, ¡eso nunca! No me he quemado las pestañas todos estos años para terminar botando todo por la borda.

Suspiro cansada, ya casi es de noche y todo está aparentemente tranquilo, el clima es cálido y el olor a pan recién horneado de la pastelería cerca de mi departamento entra por la ventana. Ya llevo varias horas revisando todos los anuncios que pueda encontrar en línea, buscando un dormitorio más pequeño donde pueda mudarme para reducir gastos, ya que mi economía no es la mejor de todas en este momento.

El ruido de mi puerta me hace brincar, los golpes son repentinos y muy fuertes. Debo admitir que me da un poco de miedo asomarme a la mirilla, no sé que loco pueda estar suelto por las calles a estas horas.

Me asomo asustada y me asombra ver a Helen. Tiene el rímel corrido y está un poco despeinada, me apresuro a abrir la puerta.

—Helen, ¿qué te pasó? —pregunto preocupada.

—Rompí con Martín…. Es un imbécil —Me abraza cuando ingresa al departamento.

Le doy una sonrisa triste, pero la conozco y sé que es temperamental y precipitada y que sobre todo a pesar de sus peleas, siempre terminan volviendo porque los dos se aman.

—Pasa y relájate, ya hablarán cuando estén más tranquilos.

—Lo dudo mucho, a veces me hace desesperar. 

—¿Qué estabas haciendo? —pregunta al ver la laptop.

Acomodo la pantalla de mi laptop para que Helen pueda verla. 

—Terminé de estudiar y estaba buscando un dormitorio donde me pueda mudar para reducir gastos —agacho la mirada y suelto un suspiro triste—, ya ves que no he podido encontrar un trabajo y pronto se acabaran mis ahorros si sigo pagando un lugar como este.

Mi pequeño departamento no es de lujo, pero está ubicado en una zona segura y eso tiene su costo.

—¿Y las entrevistas de ayer? —pregunta sentándose a mi lado.

—Una quería pagarme una miseria que no me alcanzaría ni para cubrir las copias de la universidad y la otra me necesitaban para todo el día, la paga es buena, pero no puedo dejar mis estudios. Tú sabes cuánto me he esforzado por ganar y mantener la beca como para perderla ahora.

—¿Por qué no te mudas a mi casa? —Helen me pregunta emocionada, al parecer ha dejado a un lado su pelea con Martín.

—No podría hacerlo, no me gusta incomodar, aparte vives con tu hermano y él se molestaría… Ni siquiera lo conozco.

Helen siempre me ha hablado de él, pero nunca me lo ha presentado ni me lo he cruzado. Eso me parece raro, pero parece que es un hombre muy ocupado.

—Mi hermano es buena onda y muy comprensivo… Estoy segura de que no tendrá ningún problema en que vengas a vivir con nosotras.

—No podría Helen… Muchas gracias por la oferta, pero no quiero incomodarlos —respondo apenada.

—Para nada, tú eres como mi hermana y estaríamos juntas conversando, haciendo pijamadas, la pasaremos bien, mi hermano se la pasa con sus amigos y yo siempre estoy sola…. Además, tu misma dices que se te están acabando los ahorros, déjame ayudarte —Sonríe feliz.

—Agradezco mucho tu oferta, pero prefiero alquilar algo pequeño —Le sonrío, aunque por dentro estoy dudando

—¡Es suficiente! Me molesta que nunca quieras ayuda de nadie —se cruza de brazos—, créeme que solo seriamos nosotras porque mi hermano solo llega a dormir y me siento sola durante el día.

—No lo sé.

Me cuesta aceptarlo, pero es verdad que aun alquilando algo pequeño mis ahorros no me alcanzan, sobre todo si no consigo un trabajo pronto.

—Anímate, la pasaremos bien.

—Ayudaría en los gastos y solo sería por dos meses, hasta que me vuelva a estabilizar —Mi voz es firme.

—El tiempo que quieras —Da cortos brincos de felicidad y me abraza

—¿Cómo harás para convencer a tu hermano? —pregunto preocupada.

—¿Bromeas? No le puede decir que no a su princesa y esa soy yo —Se señala sonriente y orgullosa por lo que acaba de decir.

—¡Helen! En serio me da mucha vergüenza —manifiesto apenada.

—Deja la vergüenza que ya está dicho… ¡Te mudas a mi casa!, mañana mismo le digo a mi hermano —voltea la mirada—, por ahora —se pone de pie sacando de su bolso una botella de vino— me acompañarás a ahogar mis penas.

—Cuenta con eso —Le guiño un ojo sonriente.

No me queda más que reír y asentir con la cabeza, Helen toma dos copas de la cocina y abre el vino.

—Vamos a brindar ¡Para que todos los hombres se vayan al cuerno! —grita Helen.

—¡Salud! —Ambas brindamos entre risas, canciones y bailes.

Helen pasa la noche en mi departamento, al despertar le presto unos lentes oscuros para cubrirse, debido a las bebidas del día anterior su cabeza no puede aguantar los rayos del sol y la mía tampoco. Se despide para ir a su casa a cumplir con lo prometido. Me muerdo las uñas y me pongo nerviosa al pensar en que Helen tiene que convencer a su hermano.

Ellos viven solos porque sus padres murieron cuando Alexander, el hermano de Helen, tenía veinte años y ella quince. Su hermano se ha encargado de ella dándole todo lo que necesita y más. Prácticamente, se ha convertido en un padre para ella.

Alexander

Me siento en el comedor con una taza de café, un jugo de naranja y unos huevos revueltos con tocino, esto será mi desayuno esta mañana. Me siento un poco cansado, pero no es nada que una buena taza de café no solucione. Llevo mi mirada hacia las escaleras y miro mi reloj, ya es tarde, Helen debería haber bajado a desayunar, aunque no sé a qué hora ha llegado, anoche, llegué muy tarde y fui directo a mi cama.

Escucho el sonido de la puerta al cerrarse y mi gesto se frunce. Helen ingresa y respira profundo el aroma del café recién pasado.

—¿Recién llegas? —pregunto desde mi lugar de la mesa.

Helen se acerca a darme un beso en la mejilla y a servirse una taza de café bien cargado.

—Me quedé a dormir en casa de Maddy —menciona despreocupada e intento recordar de quien habla.

—¿Maddy? —después de pensar un poco logro recordar de quién me habla— ¿Cuándo conoceré a tu amiga misteriosa?

—De eso te quería hablar hermanito precioso —Levanto la ceja con una ligera sonrisa dibujada en mis labios, ella solo usa esa palabra cuando quiere pedirme algo.

Se sienta a mi lado en la mesa con su taza de café en la mano.

—¿Precioso? —repito divertido— ¿Qué es lo que quieres pedirme?

—Lo que pasa es que mi amiga perdió su trabajo de medio tiempo y ya se le están terminando sus ahorros…. Y… le dije que se podía mudar con nosotros —Helen me sonríe.

—¿Está pasando malos momentos? —Me preocupa que una chica de la edad de mi hermana esté pasando penurias— ¿Y su familia?

—Sus padres viven lejos, no tiene a nadie y se ha mantenido siempre ella misma, es becada en la universidad, así que lo que ganaba era para sus gastos.

Helen lleva una tostada a su boca.

—Si es becada es inteligente —sonrío—, quizá su influencia, teniéndola bajo el mismo techo te ayude con tus clases —me pongo de pie recogiendo mis platos sucios—, te enseñé hace poco y pude notar que no eres muy lista… diría que eres media tonta —La fastidio sacándole la lengua.

Tengo veinticinco años, pero cuando estoy con mi hermana me porto como un niño malcriado. ¿Qué puedo decir? Es mi diversión molestarla.

Helen termina su café y lo lleva a la cocina.

—¿Por qué dejó el trabajo? —pregunto intrigado.

—Un cliente en el restaurante donde trabajaba quiso pasarse de listo con ella y por supuesto que lo puso en su sitio, pero eso al gerente no le gustó y la despidió.

Helen se encoge de hombros y se levanta recogiendo sus cosas de la mesa. Asiento afirmativamente con la cabeza.

—Tenemos una habitación libre de visitas y… creo que no habría problemas en que venga por un tiempo —afirmo y Helen brinca de alegría para luego darme un abrazo.

—Gracias hermanito.

—Pero tendrá que ayudar con las cosas de la casa —advierto.

—Ella está dispuesta a pagar por la comida y…

—No, no me refiero a eso —la detengo—, lo que quiero es que ayude a mantener la casa limpia, no puede dejar su ropa tirada ni dejar sus platos sucios.

—Ella está acostumbrada a vivir sola y es muy limpia, no tendremos problemas con eso. Iré a darle la buena noticia —Helen se aleja y sube corriendo las escaleras.

Me quedo pensando en que si habrá sido buena idea aceptar, espero que sí. Después de todo, ¿qué problemas puede haber? Me pregunto cómo será ella, siempre la he escuchado mencionar, pero no la he conocido. Espero no estarme equivocando, saco un cigarrillo de mi bolsillo y salgo al jardín para encenderlo. 

Mi teléfono suena y mi gesto se frunce al ver el nombre de quien está al otro lado de la línea.

—Aló —contesto y expulso el humo.

—Te estamos esperando —su voz gruesa y rasposa me causa fastidio.

—Ya voy.

Respondo seco y cuelgo la llamada. Me dirijo a la cochera y subo a mi Lamborghini rojo. Es hora de trabajar, solo espero hoy también volver vivo.

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