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Portada de la novela Mi infierno eres tú

Mi infierno eres tú

La existencia radiante de Maddy se desmorona cuando Alexander reaparece en su camino. Aunque ella intentó ignorar sus sentimientos, el reencuentro la sumerge en el sombrío mundo de un hombre cargado de misterios. Ahora, como un implacable líder criminal, Alexander intenta resguardarla de las amenazas de la mafia y de su propia naturaleza. En medio de una pasión desmedida y placeres intensos, la pareja deberá encarar un futuro marcado por la oscuridad.
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Capítulo 3

Maddy

Ya ha pasado una semana y hoy será el día en que me mude a casa de Helen, me prometo a mí misma que solo serán dos meses. Tengo todo calculado, lo único que necesito es conseguir un trabajo que me permita costear mis gastos, sé que eso es muy difícil por ahora, pero estoy segura de que pronto encontraré algo.

Ayer Helen estuvo en mi departamento ayudándome a empacar mis cosas, he guardado mis libros y mi ropa. Salgo del departamento llevando conmigo una pequeña maleta y una mochila. El resto lo recogeré más tarde. Me siento un poco nerviosa, pero sé que voy a estar bien. 

Miro las calles buscando la dirección, no me pude dar el lujo de gastar en taxi y el transporte público me ha dejado lejos. Parece mentira que nunca haya venido antes a su casa, siempre nos encontrábamos en mi departamento o en el campus de la universidad, así que será la primera vez que conoceré su casa.

Ya llevo varios minutos caminando por algunas calles y no me ubico, eso sin contar que es muy difícil caminar jalando la maleta. Anoche llovió demasiado y las calles están un poco resbaladizas.

Agacho la mirada y noto que las agujetas de mis zapatillas deportivas están desatadas, si continúo caminando así puedo caerme en cualquier momento. Me detengo para amarrarlas, así que me agacho. De pronto alguien choca conmigo cuando he terminado y estoy por ponerme de pie. Este choque hace que me tambalee y caiga sobre la banqueta mojada. Me he mojado el trasero con un pequeño charco de agua en el piso.

—¡Qué hacías agachada! —Escucho una voz gritarme y levanto la mirada sintiéndome enojada. 

Únicamente me quedo en silencio tratando de controlar mi respiración, me he quedado sin aliento, no pensé que lo volvería a ver. Parpadeo un par de veces incrédula y vuelvo a la realidad cuando me doy cuenta de que aquel hombre no parece reconocerme y sigue molesto a pesar de que fui yo la que se llevó la peor parte.

Dice algunas palabras incomprensibles y avanza dispuesto a continuar con su camino. Muevo la cabeza como queriendo salir de su embrujo armándome de valor.

—¡Oye! —le grito mientras me pongo de pie y sujeto su brazo haciendo que voltee a verme— Tú eres el que chocaste conmigo, estoy bien… gracias por preguntar —no puedo evitar usar el sarcasmo y expresarme con voz dura.

Ambos cruzamos miradas y nos quedamos en silencio por unos segundos, por unos instantes espero que me reconozca, pero no lo hace. Solo me queda admirar nuevamente sus hermosos ojos azules que brillan como dos zafiros y su cabello alborotado color castaño. No hay duda, es él. Nunca olvidé su mirada.

—No te pregunte nada —responde al fin sin quitarme la mirada.

—¡Apúrate! —Alguien lo llama y se suelta de mi agarre para seguir su camino mientras lo veo alejarse. 

No se acordó de mí, la tristeza me embarga. Si no lo hizo fue porque esa noche no significó nada para él, o al menos no como fue para mí. Los recuerdos de esa noche aparecen y una lágrima corre por mi rostro, la limpio inmediatamente para luego respirar profundo. Espero no volver a encontrarlo, agarro nuevamente mi maleta y me obligo a sonreír.

Tengo que olvidar este percance y no volver a pensar en él. Me siento dolida porque no se parece en nada al chico que conocí esa noche. 

Continúo buscando la calle y más allá por fin encuentro la casa de Helen, arreglo mi ropa y me preparo para tocar el timbre, voy a conocer a su hermano y tengo que dar una buena impresión. Toco el timbre y respiro profundamente, hoy empieza un nuevo reto.

La puerta se abre y aparece una Helen emocionada detrás de ella. 

—¡Llegaste! —Me abraza emocionada.

—Fue difícil dar con la dirección —expreso exhausta.

—Estás loca, es fácil —se hace a un lado para dejarme pasar—, seguro el taxi se equivocó y te dejó lejos.

Sonrío y pienso guardarme la información de que vine caminando. Al ingresar me quedo admirada ante la belleza de su casa, nunca había estado en un lugar tan bonito y elegante.

—Vaya, tu casa es hermosa —admito contenta.

—Y no has visto nada, ven te enseñaré —hace que deje mi maleta, mochila y sujeta mi mano para guiarme en un paseo por la casa.

Me lleva a la sala, comedor, cocina, salón de televisión, la verdad es que estoy asombrada con la moderna y elegante decoración. Salimos al enorme jardín de la propiedad para que me enseñe el jacuzzi y la piscina con cascada que cae de una pared.

—Vamos a qué conozcas tu habitación —Sujeto mi maleta mientras ella agarra mi mochila y subimos las escaleras.

Helen no deja de mirarme emocionada y yo también le sonrío contenta. Nos detenemos frente a una puerta blanca.

—Esta es tu habitación —Gira la manija de la puerta.

—Es muy bonita y grande —una vez más esta casa me sorprende—, únicamente la habitación y el baño son del tamaño de mi antiguo departamento —Sonríe curiosa.

Doy unos pasos admirando la decoración, hay un closet grande pegado a la pared, una cómoda como la que usan las modelos con todo y focos pequeños, no he tenido una así antes y sonrió al ver el escritorio, también veo una cama de dos plazas, mesas de noche y una lámpara.

—Espero te sientas cómoda —Helen me sonríe.

—¿Bromeas? Me encanta… gracias —le devuelvo la sonrisa—, aunque solo serán por unos meses.

Helen pone los ojos en blanco cuando hago esa referencia.

—¡Ya lo sé! —me toma de la mano— Vamos, te muestro la mía.

Me conduce por el pasillo, dejándome con la boca abierta al ver el dormitorio de Helen, es precioso y enorme, está decorado con tonos rosa pastel y blanco, no tiene nada que enviarle a una habitación de Disney. Después de que termina de enseñarme todo, salimos hasta que nos detenemos frente a una puerta grande.

—Esa es la habitación de mi hermano, tenemos prohibida la entrada —Me sonríe y seguimos nuestro camino sin prestarle más atención a ese dormitorio prohibido para nosotras.

Las horas han pasado y ya se hizo de noche, por fin he logrado terminar de acomodar mi ropa y las pocas cosas que traía. Decido ingresar a la ducha por un baño refrescante y que a la misma vez me permite relajarme. Ha sido un día agitado, salgo de la ducha y después de secar mi cuerpo me coloco un pijama que consta de un pequeño short y un polo de tiras de seda. Escucho la voz de Helen, llamarme apurada y corro para darle el encuentro, cuando estoy en el primer piso, me doy cuenta de que estoy en pijama y decido regresar para cambiarme o ponerme algo que me cubra más.

—Maddy, ¿a dónde vas? —me llama cuando me ve en las escaleras—, ven para ver una película.

—Excelente, pero no demoro —Empiezo a subir las escaleras.

—¿A dónde vas? 

—Voy a cambiarme, estoy en pijama, va a llegar tu hermano.

—No te preocupes, estás bien… tampoco es que estuvieras desnuda —me sonríe y me alcanza las palomitas de maíz—, además él no vendrá hasta muy tarde, no creo que lo conozcas hoy.

Me fijo en que Helen tiene puesta su pijama que es parecido al mío. Nos dirigimos a la sala de televisión, ella se pone a buscar algo que ver. Estamos contentas y tranquilas, creo que no me equivoqué en aceptar su oferta.

Hemos elegido la película y se sienta cómoda a mi lado mientras que la función empieza. A la media hora la puerta de la cochera se abre y debo admitir que me pongo un poco nerviosa de saber que por fin conoceré a su hermano. Ese ser misterioso del que solo he escuchado hablar. Se escuchan unos pasos y unas llaves que son dejadas a un lado. 

Llevo mi atención hacia la entrada de la sala de televisión, tiene puesta ropa deportiva, parece que llegara del gimnasio. Él nos saluda y por fin me encuentro con su rostro, mi mirada se cruza con la mía y solo atino a ponerme de pie para saludarlo.

“No puede ser… es él”

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