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Portada de la novela Mi Hermanastro Mi Tentacion

Mi Hermanastro Mi Tentacion

La impecable carrera de Ginebra LeBlanc se tambalea cuando su pareja la traiciona. Tras este golpe, decide refugiarse en una noche de pasión desenfrenada con un misterioso hombre, ignorando el giro que dará su destino. El caos estalla en el enlace nupcial de su madre al descubrir que aquel extraño es Jordan Sinclair, su nuevo hermanastro. Atrapados entre el escándalo y una química imparable, ambos enfrentarán un amor prohibido que podría arruinar sus vidas.
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Capítulo 2

Capítulo 2 - Lo de los pétalos de rosa, no te lo creas

Narrador:

Una vez que llegaron al hotel, se dirigieron al bar del mismo, Ginebra caminaba con dificultad, pues le costaba coordinar, inclusive, ya casi estaba arrastrando las palabras. Se sentaron en la barra y él pidió dos bebidas

-¿No vinimos a tomar café?

-Sí, pero para la resaca, primero hay que beber esto

-Ok -y se lo bebió de un solo trago

-¡Wow! Despacio o te vas a desmayar -le apoyó la mano en la barbilla y con el pulgar, le acarició el labio inferior -no me has dicho tu nombre por cierto

-Tampoco tú el tuyo

-Tienes razón me llamo Jordan

-Encantada señor Jordan. Yo me llamo Ginebra-y le estiró la mano

-Es un placer, señorita Ginebra -estrechó la mano que ella le ofrecía, pero de la nada, la joven se paró, se abalanzó sobre él y le dio un beso. Beso que fue correspondido, pero luego la separó -¿no era que tú tenías novio?

-El muy desgraciado me ha dejado, por irse de fiesta con sus amigos, y a ésta hora estará revolcándose con su amiguita Melanie

-¡Ah, ya entiendo!, igual deberías ir con calma con los extraños, pues nunca sabes las cosas que te pueden hacer

-¿Qué me podrías hacer que ya no me hayan hecho? -obviamente Ginebra, no tenía ni idea de lo que le estaba hablando Jordan y ella simplemente hablaba de partir el corazón, sin embargo él no precisamente el corazón quería partirle

-Yo puedo hacerte muchas cosas que no te han hecho -la jaló del pelo de la nuca, eso hizo que ella levantara la cabeza y le pasó la lengua por la mejilla -¿quieres saber de qué se trata? -Ella no le respondió y dejó escapar un suspiro -ven, el café, lo tomaremos en mi habitación.

Se dejó llevar sin poner resistencia, es más, en el fondo de su corazón, era lo que estaba buscando, alguien que le hiciera olvidar al cretino de Brian.

-Linda habitación -fue lo que se le ocurrió decirle al entrar

-No es mía, es del hotel, pero gracias igual -y sonrió -voy a hacerte dos preguntas y quiero que me seas sincera, porque luego no habrá marcha atrás

-Hazlas, no tengo nada que ocultar

-La primera es; ¿está segura de qué quieres hacer esto?

-¿Y la segunda?

-Supongo que eso es un sí para la primera, la segunda es; ¿has estado con un hombre antes?

-¡Sí, por supuesto!, ¿no te dije que tenía novio?

-¡Perfecto!

Jordan era un experto amante y lo sabía, le gustaba alardear con eso y que luego las mujeres hablaran entre ellas y dijeran lo locas que habían quedado por él, pero esta chica en particular le llamaba la atención, así que tenía que esmerarse. La tomó de un brazo y lo dobló hacia su espalda, con la otra mano aprisionó su nuca. De esa forma quedó totalmente inmovilizada. Clavó sus ojos en los de Ginebra y luego en sus labios, entonces la besó casi con ira. Esa demostración de testosterona encantó a la joven, que se resistió un poco, haciendo que él ejerciera más fuerza sobre ella. En ese momento abrió su boca todo lo que pudo y le metió la lengua, supo que le gustaba porque sintió de inmediato su erección contra la pierna. Entonces deslizó su mano y le tomó con firmeza la entrepierna. Jordan la miró maliciosamente con una chispa de lujuria. Pelearon por unos instantes sus lenguas mientras ambos jadeaban. En un momento le soltó la nuca y la giró, quedando de espaldas a él y de frente pegada a la pared. Le recostó a los glúteos su miem*bro y comenzó a besarle el cuello, la mano que le quedó libre la deslizó por debajo de la falda y la metió directamente dentro de sus bragas, la obligó a separar un poco las piernas y jugó con sus dedos en la húmeda intimidad

-Estás mojada... -le susurró al oído -eso me excita muchísimo

La dio vuelta, quedando frente a él, comenzó a besarle el cuello y pasó por sus pechos, por encima de la ropa. La observó y al ver que no se resistía, le quitó la ropa de arriba por completo, entonces jugó con su lengua en los senos de Ginebra, mientras le bajaba la falda junto con las bragas hasta los tobillos. Estaba totalmente desnuda ante él, se alejó un paso y la observó

-¡Por Dios, Ginebra, te ves deliciosa!, creo que voy a disfrutar mucho contigo

Por primera vez en todo el rato que hacía que estaban entre besos y caricias, ella se ruborizó y cubrió sus pechos. Jordan se acercó, le quitó las manos de ellos y volvió a besarlos. La tiró al suelo y recorrió todo su cuerpo con la boca. En un momento la tomó por los tobillos y separó sus piernas. Hizo una mueca de satisfacción. Se acercó muy lentamente, el corazón de la joven palpitaba a mil por hora y su respiración era agitada, y comenzó a jadear cuando Jordan, con su lengua, le separó los labios inferiores para jugar con lo que había en el medio de ellos. Le levantó las rodillas para que sus besos fueran más profundos aún, haciéndole el amor con la lengua. Ella no pudo evitar emitir un grito al llegar al clímax y su cuerpo sucumbió en un temblor general. Fue allí cuando él terminó de quitarse la ropa, su miem*bro estaba sumamente erguido, Ginebra lo tomó con sus manos y se lo llevó a la boca. Él se separó

-No voy a correrme en tu boca, quiero hacerlo entre tus piernas -De pronto se puso a toda prisa un preservativo y se subió encima de ella haciendo que sus piernas le rodearan la cintura y se metió dentro -Con solo gritar, mira como me pusiste, ahora voy a tener que entrar en ti y cabalgarte como te mereces -Al principio fue muy suave, pero una vez que sintió la excitación de la joven, comenzó a embestirla con un movimiento perfectamente acompasado -¡por Dios Ginebra! eres muy estrecha, me estás volviendo loco ¡Mie*rda, no voy a poder aguantar mucho -Pero ella no hablaba, solo gemía y jadeaba, el único sonido en la habitación, era la voz cada vez más ronca de Jordan y el choque de los cuerpos, empapados en transpiración y deseo. De pronto Jordan se puso rígido y se detuvo, a lo que Ginebra abrió los ojos y lo miró, logrando que él sonriera -quieres que me corra ¿verdad? -ella sintió con la cabeza -pues estás demasiado apretada como para poder evitarlo -Unos segundos después su vaivén se volvió más fuerte, y más fuerte, hasta que lo escuchó gritar y se desplomó sobre ella. Luego de unos segundos levantó la cabeza y la miró con una sonrisa

-¿Estas bien? - y giró para salir de encima de ella

-No lo sé, hace un rato casi lloraba por el engaño de mi novio y ahora estoy aquí, y la que lo engaña soy yo

-Si me dejas, yo te ayudo a olvidarlo. Solo tienes que entregarte a mí. Puedo ser tan tierno o tan fuerte como desees. Puedo ser el amante dulce que pone pétalos de rosas sobre la cama, o el que te arranca la ropa y te hace el amor a la fuerza contra cualquier mueble en cualquier lugar que se me antoje -le sonrió con esa sonrisa maliciosa, que más tarde ella descubriría le era característica -aunque lo de los pétalos no te lo creas -y se puso boca arriba cruzando las manos por debajo de su cabeza

A Ginebra eso le sonó adorablemente pervertido. No podía creer que el simple hecho de imaginarlo había hecho que se excitara nuevamente. Y él lo notó, así que la tomó del brazo y la puso de pie, se acercó muy lentamente hacia sus labios para besarlos de una manera atroz. Luego la puso de espaldas y la inclinó sobre la mesa, separó sus piernas y sin decir nada la penetró hasta lo más profundo, haciendo que ella gritara, pero no de dolor sino de placer, entonces le tapó la boca con una mano, mientras que con la otra le jalaba del pelo

-Shhhh...sé que te gusta -le susurró al oído -pero tranquila -le soltó la boca -siente mi mano entre tus piernas... sabroso... ¿verdad?

Besó su cuello mientras sus dedos jugaban con su punto de placer, para así obligarla a correrse junto con él. Ella nunca había sentido esa perversión con un sesgo de ternura y brutalidad, era algo totalmente nuevo en su vida. Al llegar al clímax sus piernas se aflojaron por completo.

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