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Portada de la novela Mi ex, mi nuevo jefe

Mi ex, mi nuevo jefe

La vida de una mujer da un giro drástico al ingresar a su nuevo empleo y descubrir que el dueño de la empresa es su antiguo novio. Años atrás, la falta de dinero los separó, pero ahora él es un magnate poderoso. Entre oficinas y reuniones, ambos enfrentan el rencor acumulado por su ruptura y una atracción que se niega a morir. Trabajar bajo las órdenes de su ex pondrá a prueba sus sentimientos en un juego de poder, éxito y recuerdos dolorosos.
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Capítulo 2

Ana había estado en ese edificio solo unas horas, pero ya sentía cómo el peso de todo lo que había dejado atrás se acumulaba sobre sus hombros. La imponente entrada del rascacielos, con sus paredes de cristal reflejando la luz del sol, había sido solo el primer indicio de lo que estaba por venir. En la recepción, la cordialidad de la recepcionista fue la primera capa de un formalismo que ocultaba las miradas curiosas que Ana sentía sobre su espalda. Nadie sabía que había regresado a la ciudad, y mucho menos que el dueño de la empresa era Lucas Ortega, el hombre al que había amado y abandonado.

-Bienvenida, Ana -dijo la recepcionista con una sonrisa profesional, dándole un pase de seguridad y señalando hacia el ascensor. -El director Carlos Rodríguez la espera en la sala de conferencias, en el piso 15.

Ana asintió, tomando el pase y caminando hacia el ascensor, sin poder evitar que sus pensamientos volvieran a su encuentro con Lucas. La imagen de él seguía fresca en su mente, como si el tiempo no hubiera pasado. Y aunque sabía que debía concentrarse en su trabajo, esa sombra del pasado se colaba en cada rincón de sus pensamientos. ¿Qué habría sido de él? ¿Cómo había llegado tan lejos? Y, sobre todo, ¿qué tan diferente sería de la imagen que tenía de él antes de su partida?

El ascensor ascendió rápidamente, y la presión en su pecho aumentó conforme se acercaba al piso donde se llevaría a cabo su primer encuentro con el director, el hombre que ahora era la figura más poderosa de la empresa. Mientras el número de los pisos descendía en el panel, Ana se preguntó por qué lo había dejado en primer lugar. Lucas había sido su vida, su apoyo, su fuerza... pero en su momento, todo eso parecía insignificante cuando se encontraba frente al abismo de lo que ella creía que debía ser su futuro.

El sonido del ascensor deteniéndose en el piso 15 la sacó de sus pensamientos. Las puertas se abrieron, y la recepcionista del piso la saludó con una sonrisa que no llegaba a los ojos. Ana pudo sentir la tensión que había en el aire. Algo se movía en este entorno de éxito profesional, algo que no estaba dispuesto a ser sencillo.

Carlos Rodríguez, el director con el que iba a reunirse, la recibió en una elegante sala de conferencias. Era un hombre alto, de cabello oscuro con algunas canas y una mirada calculadora, con un aire de autoridad que ya había comenzado a sentirse en su presencia. Ana le tendió la mano, pero su mente seguía distante.

-Ana, es un placer tenerla aquí -dijo Carlos, haciendo un gesto hacia una silla frente a él-. He oído mucho sobre su trabajo. Su perfil encaja perfectamente con lo que necesitamos en esta fase de la empresa.

Ana asintió con una sonrisa, intentando parecer relajada mientras se sentaba. La conversación comenzó con formalidades. El director le habló sobre los proyectos que tenía entre manos y las expectativas de la empresa. Todo parecía correcto, pero Ana no podía dejar de pensar en lo que realmente había venido a hacer aquí. ¿Qué había cambiado en la empresa en todos estos años? ¿Cómo se había metido Lucas en este mundo de poder y dinero?

De repente, Carlos cambió el tono de la conversación, como si hubiera percibido la tensión de Ana.

-Antes de seguir, debo decirle que me complace mucho que haya decidido regresar a esta ciudad. En mi opinión, el talento como el suyo siempre ha sido necesario aquí. Y sé que su trabajo hará una gran diferencia -dijo Carlos, dando un giro a la conversación.

Ana frunció el ceño ligeramente. Algo en esa afirmación le pareció excesivo, demasiado elogioso para ser solo por su trabajo. La luz de la oficina reflejaba una claridad que hacía todo parecer más limpio, más pulido, pero la sensación de incomodidad en su estómago seguía presente. ¿Había algo más detrás de esas palabras?

-Gracias -respondió Ana con un tono controlado. -Estoy aquí para contribuir al éxito de la empresa.

Carlos no pareció satisfecho con esa respuesta tan diplomática. En lugar de seguir con el tema de los proyectos, decidió cambiar la dirección de la conversación, como si ya no estuviera interesado en los detalles del trabajo de Ana.

-Pero eso no es todo, Ana -dijo Carlos, dejando un silencio en el aire-. Sabemos que su regreso no es solo profesional. Hay algo más aquí, ¿verdad? Algo que tiene que ver con nuestro CEO... Lucas Ortega.

El nombre de Lucas cayó en la sala como una bomba. Ana sintió una punzada en el corazón. Había intentado no pensar en él, pero escuchar su nombre en ese contexto era como abrir una herida que nunca había cicatrizado del todo.

-No entiendo a qué se refiere -respondió Ana, forzando una sonrisa-. Mi regreso es únicamente para ayudar a la empresa a alcanzar sus objetivos.

Carlos observó sus ojos con intensidad, como si estuviera leyendo cada palabra que decía.

-Lo sé, lo sé -respondió, levantando las manos con una sonrisa irónica-. Pero todo el mundo aquí conoce su historia. La historia de usted y Lucas. No me malentienda, Ana. Lo que hicieron en su momento fue algo personal, y todos respetamos eso. Pero también sabemos que las cosas han cambiado. Y eso... eso es lo que quiero que entienda. El hombre con el que estará trabajando ahora no es el mismo de antes.

Ana no pudo evitar sentirse incómoda. Sabía que no tenía sentido negar lo evidente. Su pasado con Lucas era conocido por todos, y aunque había pasado mucho tiempo, la sombra de esa relación seguía presente.

-Lucas no me afecta -dijo Ana con más firmeza de lo que sentía-. Lo que haya pasado entre nosotros es historia. Lo que importa ahora es lo que puedo aportar a la empresa.

Carlos asintió lentamente, pero había algo en su mirada que le decía a Ana que él no creía del todo en sus palabras. De repente, la conversación tomó un giro inesperado.

-Mire, Ana, no quiero hacerle sentir incómoda. Pero quiero que sepa una cosa -dijo Carlos, inclinándose hacia adelante, como si compartiera un secreto-. Lucas ha cambiado. El hombre que conoció en el pasado, el hombre que alguna vez fue tan... accesible, ya no existe. Él ha dejado todo atrás. Y eso es lo que debe entender. Lo que usted dejó atrás no es lo que encontrará cuando vuelva a enfrentarse a él.

Ana tragó saliva. Las palabras de Carlos resonaban en su cabeza como un eco. ¿Cómo podía saber tanto sobre su relación con Lucas? ¿De qué forma la vida de Lucas había cambiado tanto que ella ni siquiera lo reconocería cuando lo viera? No sabía si estaba preparada para esa confrontación.

-Gracias por la advertencia -respondió Ana con una leve sonrisa, sin querer profundizar más en el tema.

Carlos no insistió más, pero la conversación había dejado una marca profunda en ella. El regreso a esta ciudad no solo significaba trabajo, no solo significaba una nueva oportunidad. Significaba enfrentarse a las decisiones de su pasado, aquellas que había tratado de borrar, pero que ahora la seguían de una forma que nunca imaginó.

Cuando terminó la reunión, Ana se levantó, agradeciendo a Carlos por su tiempo, aunque no podía dejar de pensar en sus palabras. "El hombre que conoció en el pasado ya no existe". Era algo que no podía entender por completo, pero sabía que tendría que descubrirlo por sí misma.

La puerta se cerró detrás de ella con un suave clic, y Ana se encontró de nuevo frente a la realidad: su vida profesional y su historia personal se cruzaban en este preciso momento. Y ese cruce, ahora más que nunca, parecía inevitable.

El pasado de Lucas y el suyo se iban a encontrar nuevamente. Y, aunque intentara evitarlo, ya no podría escapar de él.

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