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Portada de la novela Mi ex esposa multimillonaria

Mi ex esposa multimillonaria

Después de un lustro atrapada en un matrimonio sin afecto con el magnate Lucien Albrecht, Ariadne elige recuperar su libertad. Tras solicitar el divorcio en pleno aniversario, deja atrás su rol de esposa sumisa para revelar su origen secreto: ella es Alexandra Grey, la influyente heredera de Grey Enterprise. Mientras lucha por el dominio de su corporación, Lucien intenta reconquistarla, pero Alexandra solo busca consolidar su poder y autonomía.
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Capítulo 1

El suave «tic-tac» de un reloj de pie llenaba la silenciosa y amplia cocina, en la que Ariadne terminaba de preparar su cena de aniversario.

El melódico tono de su teléfono rompió el silencio, y, sacudiéndose las migajas de las manos, estiró una para agarrarlo.

Había estado esperando esa llamada.

"Hola, ¿sí?", saludó con una alegre sonrisa.

"Señora. ¿Ariadne? Llamamos para informarle que el pedido personalizado, encargado hace unas semanas, está listo. ¿Le gustaría proceder con la entrega?".

"¡No!", rechazó por instinto. Hasta parecía una actitud cotidiana.

Aunque había estado casada por cinco años con Lucien Albrecht, un importante hombre en la industria de los negocios, nadie lo sabía.

En otras palabras, a pesar de ser su esposa, todos pensaban que estaba sola.

Y luego de tanto tiempo casados, él nunca le había colmado con el afecto que ella quería. Pero tampoco lo esperaba. Después de todo, en ese momento, sólo se habría casado con ella para cumplir el último deseo de su madre.

Estaba consciente de que su matrimonio no había tenido un inicio perfecto, pero estaba dispuesta a esperar el día en el que él la mirara y se diera cuenta de lo que tenía en frente. 

No quería nada más. Sólo eso.

Luego de tanto tiempo, al fin había logrado que en su noche de aniversario, él aceptara cenar con ella. Claro, no quería que sus esfuerzos fueran en vano.

"No se molesten, yo pasaré a buscarlo de inmediato", respondió. Tenía la esperanza de que esa noche le brindara a su matrimonio un nuevo comienzo.

Al llegar a la relojería, miró su reflejo, arreglándose el pelo castaño antes de entrar. Sin embargo, ni bien pasaba por la recepción, la conversación de las vendedoras captó su atención.

". No es broma. Vi al señor Albrecht en el Restaurante Rose Garden. Estaba con una hermosa mujer", susurraba una de ellas, que era gordita y de piel morena.

"¿Qué? ¿Lucien estaba con una mujer?", repitió la otra.

Parando la oreja, Ariadne escuchó los chismes sobre su marido. Según su memoria, él odiaba las interacciones con las mujeres, incluyendo a su esposa.

Pensó que esa vendedora de seguro se estaba inventando un rumor para llamar la atención.

Ignoró la conversación, dispuesta a seguir con su camino. Sin embargo, la mujer regordeta emitió un chillido.

"¿Es ella?", preguntó mientras apuntaba su dedo índice a la pantalla del teléfono de su amiga. En él, se podía apreciar a una hermosa mujer de pelo negro.

Sus facciones sólo se podían definir con una palabra: Celebridad.

"Sí. ¿No fue su amante hace unos años? Es Octavia Barrette, una estrella en ascenso", siguió emocionándose al reconocer a la dama de la imagen.

Ariadne sintió como si el suelo se hundiera bajo sus pies, y como si todos los sonidos de su alrededor se desvanecieran.

¿Octavia Barrette?

No podía ser cierto. Se negaba a creer lo que esas personas estaban diciendo.

Cuando se casaron, Lucien y Octavia ya se habían separado debido a la enfermedad de la segunda.

Recordaba lo decidida que estaba esa mujer a pesar de lo mucho que su esposo sufría por ella. Así que él nunca volvería con quien lo había abandonado hacía tantos años.

Pero por más que intentaba convencerse a sí misma de eso, se encontró llamando a su esposo al segundo siguiente.

Parada en el mismo lugar, escuchó el timbrado que nadie contestó. Intentó volver a llamar, pero la historia se repitió. En el tercer intento se detuvo y decidió colgar.

«¿Qué haces, Ariadne Albrecht?», pensó. Soltó una risita mientras volvía a guardar su teléfono celular.

«Estás aquí escuchando rumores en lugar de ir a buscar el regalo de Lucien. Ve a lo que viniste», se regañó mientras enderezaba la espalda.

Luego de convencerse de que la vendedora se había confundido de persona, decidió dejar de perder tiempo y se dirigió a la entrada principal. Recogió el presente. Luego, volvió a casa.

Debido el pesado tránsito, ya era bastante tarde para cuando llegó a la residencia. El tiempo había pasado volando. Y al percatarse de que Lucien llegaría pronto, se dispuso a hacer los preparativos para la cena de aniversario.

Adornó la mesa con unos hermosos pétalos de rosas, encendió algunas velas aromáticas en los rincones, y sirvió el mejor vino sin alcohol que encontró.

En todos esos años, era la primera vez que festejaban su aniversario, así que se sentó feliz en la mesa, mientras esperaba que llegara.

Sin embargo, una hora se convirtió en dos, y dos en tres. Empezó a sentirse abatida luego de múltiples intentos de comunicarse con él.

Cuando el reloj marcó la media noche, suspiró y se cubrió el rostro con las manos.

«Claro que lo olvidó. ¿Acaso alguna vez recuerda ese aniversario?», pensó mientras las lágrimas amenazaban con derramarse.

No era la primera vez que Lucien olvidaba un compromiso que tenía con ella. Ya sean cumpleaños suyos, aniversarios, etc. Parecía tener una excusa para cada ocasión, dándole siempre una nueva razón para que ella se replanteara sus sentimientos por él.

¿Valía la pena todo lo que había soportado en los últimos cinco años?

¿Cuánto más tendría que soportar antes de terminar con todo?

El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus miserables pensamientos.

«¡Volvió!», pensó. Un vistazo fue suficiente para eliminar todas sus dudas y penurias, como si nunca las hubiera sentido.

"Bienvenido a casa", lo saludó mientras se levantaba, haciendo todo lo posible por disimular el hecho de que estaba llorando.

Esto lo hacía porque era consciente de que él odiaba cuando las mujeres lloraban.

Pero sus palabras fueron en vano, porque mientras ella hablaba, Lucien caminaba tambaleándose hacia las escaleras. Parecía que sólo quería llegar a la habitación.

Ella se percató de inmediato y corrió a apoyarlo, rodeándole un hombro con el brazo. Frunció el ceño al percibir el olor a alcohol que emanaba.

"Lucien estabas. ¿Bebiendo?", preguntó sorprendida. Recordaba muy bien que a él no le gustaba el alcohol.

Y mezclado con el olor a licor, Ariadne percibió algo más.

«¿Es perfume de mujer?», se percató.

Estaba segura de que no era el suyo, y la colonia que Lucien usaba era un olor fresco con notas de sándalo.

«¿Entonces de quién.?», sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sus ojos grises se posaron en la mancha de labial rojo plantada en la camisa blanca del hombre.

Sintió cómo su corazón se apretaba, ya que la tomó por sorpresa.

Había una cosa que siempre había estado segura que no pasaría, ¡pero en ese momento estaba sucediendo!

¿Cómo dem*nios había llegado esa mancha de labial en la camisa de Lucien? ¡Ese tipo siempre había rechazado el contacto femenino! ¡Incluso el de su propia esposa!

Involuntariamente, recordó la conversación de las vendedoras en la tienda.

Parpadeó incrédula mientras seguía mirando la marca. Sus labios se movieron sin que pudiera controlarlos:

"Lucien acaso. ¿Eras tú el que.?", tartamudeó. Le costaba mucho hablar a pesar de sus intentos. Era como una bola de ácido atascada en su garganta, y estaba desesperada por deshacerse de ella. Sin embargo, no podía.

¿Acaso tenía miedo?

¿Pero a qué podía temerle? ¿A la reacción de él, o a la respuesta que le daría? Tal vez incluso eran ambas cosas.

Mientras Ariadne se perdía en su pequeño mundo, Lucien se zafó de su agarre y le lanzó una mirada gélida.

Pero a pesar de que lo vio, no la afectó. Si luego de cinco años de matrimonio no podía soportar algo así, entonces no sería una digna hija de su madre.  

"Ariadne.", la llamó con una voz fría y carente de sentimientos, que combinaba con su mirada.

Ella no desvió los ojos, a pesar de que sentía cómo su corazón se apretaba. Lo vio apretar la mandíbula antes de seguir hablando, y sus siguientes palabras la dejaron extremadamente conmocionada:

"Te enviaré los papeles de divorcio".

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