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Portada de la novela Mi eterno amor de verano

Mi eterno amor de verano

Tras tocar fondo por su propia inestabilidad y caprichos, Bruna es enviada a una isla apartada bajo el cuidado de su tía. En este refugio busca sanar y alcanzar la independencia, pero el destino la confronta con un romance tan profundo como desgarrador que sacude su fragilidad emocional. Cuando un secreto impactante sale a la luz, ella deberá decidir si finalmente supera sus heridas o si se entrega de nuevo a la espiral de autodestrucción.
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Capítulo 2

- A Catita todavía le gusta Adrián. No creo que alguna vez acepte perderlo por mí.

- No creo que lo que exista entre ellos vaya más allá de una amistad sincera. Y si yo fuera tú, no intentaría detenerlo. Se conocen desde hace mucho tiempo.

- Cassi, seguro que todavía le gusta.

- Nunca volverán a tener una relación, Brune. Olvídalo. No metas cosas en esa cabecita tuya.

- Me siento muy inseguro con respecto a ella .

- Adrian no es el tipo de hombre que haría eso... Además, te ama y todos lo saben.

- ¿Y si le vuelve a gustar?

Cassiane se levantó de la cama y dijo riendo:

- No puedo creer que esté escuchando esto, Bruna. Eres muy creativo en esa mente brillante que tienes...

- ¿Ya vas? - se lamentó Bruno.

- Necesito ducharme y dormir... Mañana es día de trabajo otra vez. Y de nada sirve que no me convenzas de acostarme contigo.

Cassiane dijo, bailando hacia la puerta.

- ¿Cassi? – llamó Bruno.

Cassiane volvió y asomó la cabeza por la puerta:

- Habla, querida.

- No hables con mamá sobre eso... Déjame hablar con ella... A mi manera.

- Sabes que nunca haría eso, aunque sigo pensando que estás loco.

Ella se rió y cerró la puerta.

Bruna se puso la bata de felpa que tanto le gustaba sobre su pijama corto y fue a la habitación de Angela, como hacía todas las noches. Llamó suavemente a la puerta.

- Entra, Bruno.

Bruna encendió el interruptor de la luz junto a la puerta, mirando a su madre acostada en medio de la cama, cubierta por un suave edredón.

- Te conozco hasta por la forma en que llamas a la puerta. Ángela confesó. – ¿Has venido a darte las buenas noches?

- Bueno... Eso y algunas cosas más.

- Soy todo oídos ... Solo habla.

Bruna se sentó en la cama de su madre y comenzó a hablar de sus sentimientos y planes, al principio un poco tímida, pero cuando se dio cuenta, estaba soñando en grande, contándole a Angela cada detalle. La opinión de Ángela fue lo que ya imaginaba:

- Siempre querré que seas feliz, Bruna. Si casarte con Adrian es lo que te traerá esta felicidad, te apoyaré sin pensarlo dos veces.

- Sabía que dirías eso, mamá. Hablaré con él hoy. – dijo alegremente.

- ¿Este Dia? ¿Pero ya es tan tarde? ¿Soñarás hasta entonces?

- Por supuesto que no... Voy a llamar.

- Bruna, esto es muy serio para hablar por teléfono. Creo que deberías esperar y hablar en persona.

- Hablamos de todo por teléfono, mamá. A Adrian no le importará si sale de esta manera.

- Si dices... Está bien.

Ángela abrazó a Bruna y luego pasó un rato mirando a los ojos a su hija.

- ¿Por qué me miras así, mamá? preguntó Bruno.

- Cómo me recuerdas a tu padre. - ella dijo.

- Me gusta tanto como me dices eso, mamá.

- No solo físicamente. Era como tú... Cuando se decidía por algo, nada le hacía cambiar de opinión. También creía mucho en la familia, en el amor para siempre... - Dijo Ángela, perdiendo la mirada ante la nada.

- Y fuiste muy feliz mientras vivisteis juntos, mamá.

- Cómo quisiera creer eso... Pero la felicidad no es eterna, hija mía. Si es así, hoy estaría con él... - se lamentó .

- Fueron felices hasta que la muerte los separe, como juraron ante el cura cuando se casaron.

- Seguramente murió seguro de que era feliz... Pero, ¿y yo? ¿Cómo es quién sobrevive? ¿Puedes explicar esto, Bruno?

- Mamá, lo que importa es que el tiempo que pasaron juntos fue bueno para los dos. Se amaban mucho y eran felices. Eso es lo que importa. Nunca lo has olvidado y estoy seguro de que nos está cuidando desde algún lugar y ayudándote a ganar todos los días. Nos bendijo para vivir sin él, tratando de ser felices todos los días. Y nunca lo olvidaremos... Pero supimos rehacer nuestra vida sin él... Gracias a ti, madre mía.

- Lo recuerdo diciendo que éramos las tres mujeres de su vida... Y ni siquiera veía todo lo que hacíamos sin él...

- Y siempre seremos las mujeres de su vida, mamá.

- Lo increíble es que después de tantos años lo sigo amando, como si fuera hoy. Nunca lo olvidaré.

- No deberías, mamá. Pero no creas que no me he preguntado tantas veces por qué nos lo quitaron...

- Podría haber sido peor, Bruna. Podríamos haber muerto con él, hija mía. Pero Dios fue tan bueno que te dejó con vida por mí . Por eso siempre te agradezco, hija mía, mi pequeño milagro.

- Me encantaría recordarlo ... Cassiane debe tener recuerdos.

- Era tan pequeña cuando él se fue... Creo que él tampoco recuerda muy bien.

- A ella realmente nunca le gusta hablar conmigo sobre eso.

- Cassi siempre trata de protegerte, Bruna. Y creo que lo hará para siempre. Ella solo quiere hacerte feliz y no meterse con malos recuerdos.

- Me hubiera gustado mucho haberlo conocido.

- Y estaría inmensamente feliz de ver lo hermosas e inteligentes que se han vuelto sus hijas.

- Te quiero, mami.

- Yo amo más...

- Buenas noches. – dijo Bruna dándole un beso a su madre.

Apagó la luz, cerró la puerta y volvió a su habitación. Sacó su celular y llamó al fijo de Adrian. Imaginó que en ese momento él no estaría cerca del celular.

- Buenas noches, señorita Juju. ¿Adrián ya llegó?

- Claro querida ... Está cenando. Espera un momento y te llamo.

Bruna esperó hasta que escuchó la voz de Adrian al otro lado de la línea:

- Mi amor, cuánto te extraño . - él dijo.

- Siento interrumpir su cena. - ella dijo.

- Llamaría tan pronto como fuera a mi habitación.

- ¿Como fue el juego?

- Sabes que nada tiene sentido sin tu presencia.

- No jugar. – se burló ella.

- Tu sabes que te amo. – dijo riendo.

- Creo que es muy bueno. ella bromeó. “Entonces cumplirás un deseo mío.

- Por supuesto, mi amor... Lo que sea.

Bruna estaba feliz de que la conversación tomara el rumbo que ella quería. En broma no tomaría el tono serio de una boda.

- Cásate conmigo. - ella dijo.

Se rio y dijo:

- Me voy a casar contigo.

- ¿Cuando? ella preguntó.

- ¿La próxima semana es buena para ti? – dijo en tono de broma.

- Es genial para mí.

Seguía riéndose sin parar y se dio cuenta de que no se lo estaba tomando en serio.

- Adrián, no estoy bromeando. dijo ella seriamente.

-Bruna...

- Adrián, creo que tenemos que hablar de esto.

- Bruna, lo hemos hablado varias veces y ya hemos tomado nuestra decisión, juntos.

- Quiero retomar este asunto y revisar nuestra decisión. - ella dijo.

- Mañana te paso a buscar para almorzar juntos en la universidad y hablamos mejor.

- Está bien, esperaré .

- ¿Bruna?

- Decir...

- ¿Estas hablando en serio? preguntó.

- Hablaremos mañana, Adrián.

- Hasta mañana.

- Hasta mañana.

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