Portada de la novela Después que me caso, me entero... es mafioso

Después que me caso, me entero... es mafioso

9.3 / 10.0
Tras un matrimonio idílico, Rebeca descubre que Elvis es parte del narcotráfico. Con deudas y amenazas de muerte, su familia queda atrapada en este peligroso mafia novel. Lee esta historia en nuestra plataforma de web novels free y descubre si sobrevivirán a este intenso romance y mystery.
Resumen de Después que me caso, me entero... es mafioso
La vida de Rebeca parece perfecta junto a su esposo Elvis y su hija, rodeados de lujos pero bajo la sombra del misterio sobre el origen de su fortuna. Todo cambia cuando se revela la oscura realidad: Elvis integra una red de narcotráfico y ha perdido un cargamento invaluable. Enfrentando deudas mortales y el acoso de la mafia, la seguridad de su familia se desmorona. Ahora, Rebeca debe luchar por sobrevivir mientras el peligro acecha su hogar.
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Después que me caso, me entero... es mafioso Capítulo 1

Mi nombre es Rebeca y soy muy feliz en mi matrimonio. Soy

madre de una niña muy hermosa y mi marido me ama. Podría

decirse que es la vida que desee. Ya que tengo todo lo que

necesito, incluso en lo material.

Vivimos muy bien, Elvis tiene un trabajo estable y gana buen

dinero. Aunque no sé con certeza a que se dedica. No he sido

mujer de molestar haciendo muchas preguntas, por eso tenemos

un matrimonio armonioso, sin pleitos.

Mi marido es un buen hombre, incapaz de faltarme. Desde que

nos conocimos me hizo sentir segura de sus intenciones hacia mí.

Se organizó para viajar a verme cada dos meses. Reuniendo del

dinero que ganaba en Mérida, en un empleo que obtuvo en la

universidad donde estudiaba.

El no es andino, nació en Carúpano y su familia lo mandó a

estudiar allá, le pagaban una habitación en un apartamento donde

compartía con otros estudiantes, uno de ellos de nombre Klever,

su mejor amigo.

Resulta que la enamorada de Klever es mi mejor amiga. La

conoció en Caracas y se engancharon. Al punto que viajamos a

Mérida en unas vacaciones a visitarlo. Al terminal de autobuses

llegaron Klever y Elvis a recibirnos. La cosa se puso emocionante

para mí. Mi primera cita a ciegas, alucinante. Y así fue como el

destino unió nuestras historias.

Enamorados, nos vemos cada dos meses. Nos casamos en

menos de un año y me mudo con él. Dos años después recibe

una terrible noticia, su padre ha muerto, Y él debe regresar a

hacerse cargo de su madre y hermanos, no puede continuar

estudiando. Así fue como llegué a este pueblo.

Con el tiempo dejamos la casa de su familia y compramos una

casita. El lugar es maravilloso, frente al mar. Camino un poco

sobre la arena y ya estoy en el agua. Una vida espectacular,

soñada.

Elvis me compra todo lo que le pido, no escatima en nada. Una

muestra de que me ama. Mejor dicho, nunca me ha dado dolores

de cabeza. Ni razones para celarlo o dudar de él. Siempre lo he

visto dedicado a trabajar y a su familia.

Una noticia nos llena de alegría, estoy embarazada. Nuestro

primer hijo, algo que nos unirá por siempre. La ilusión es muy

grande. Comenzamos a vivir todos los días pensando en el bebé

y preparándonos para su llegada. Su habitación, ropa y algunos

juguetes, le esperaban ya en casa. Nunca vi a Elvis tan feliz. Se

involucró por completo, sin duda, va a ser un buen padre.

Una hermosa niña, de piel muy blanca y cabello rojizo, vino a

aumentar nuestra dicha. Mila es el nombre que le hemos dado a

la hermosa pelirroja. La niña nació llena de pecas y con mejillas

redondas y rosadas, muy llamativa.

Los gastos de la casa se incrementaron y la economía del país no

está en su mejor momento. Elvis estuvo nervioso unos meses.

Hasta que empezó en otro trabajo. Sus ingresos aumentaron y

volvimos a tener ahorros y una vida plácida. Se dedica a los

negocios y a veces hay altas y bajas, me explica.

La crianza de Mila me ocupa el día entero. Casi no descanso,

porque cuando duerme es que hago los oficios. Me la paso

cansada y cuando mi esposo llega a casa me encuentra dormida.

Su trabajo le exige mucho, se la pasa de viaje. Cada vez

compartimos menos y no me quejo, trato de entender que es una

etapa que pasará. Sin embargo, como mujer me resiento al no

tenerlo más tiempo a mi lado y me pongo a pensar cosas.

Tengo alguna que otra sospecha, no se trata de mujeres. Son los

hombres que lo frecuentan, su apariencia es muy rara. Algo no

me gusta, visten bien y andan pulidos, pero malencarados y con

marcas en el cuerpo.

Como quien no quiere la cosa, me le voy metiendo, buscando que

suelte prenda, pero nada. No acepta hablar del asunto. Me

cambia el tema, me rehúye. Yo trato de quedarme tranquila.

Como dice la abuelita, no hay que buscarle la quinta pata al gato.

Y yo con una niña pequeña menos, qué va.

Mi corazón se inquieta cada vez que viaja, por miedo a que no

regrese o a que le atrapen, que sé yo. Entre sobresaltos pasa el

tiempo.

Mila crece rápido y entra al kinder, ya tiene cinco años. La llevo

en las mañanas y luego disfruto de un valioso tiempo para mí.

Comienzo a trabajar con la lectura del Tarot, lo que me apasiona.

Elvis cada día está más distante. Al punto que me hace

sospechar que algo pasa. Su neviosismo me afecta y entro en

depresión.

Un día viene a casa contra el piso. Me cuenta que acaba de

perder su empleo y que tiene una gran deuda. Las cosas se salen

un poco de control y nos ponemos muy nerviosos. En ese

momento, me dice la verdad. El dinero con el que vivimos todos

estos años es producto del tráfico de drogas, en eso se

desempeña.

Forma parte de una mafia y los tres corremos peligro. Su rostro es

una mueca y sus ojos me transmiten terror. Mi esposo tiene

miedo, debe haber algo que no me ha dicho.

Siento que el mundo se me viene encima. Que se me acaba la

vida en un instante. Qué desgracia tan grande Dios mío.

— ¿Qué vamos a hacer? Elvis, yo no puedo perderte, no nos

puedes dejar solas. Haz algo.

 —Tranquila, yo hablé con él, solo que lo que le debo no se lo voy

a poder pagar en esta vida.

— ¿De qué estamos hablando? ¿Perdiste el trabajo o hay algo

más que no me has dicho?

— Hay algo más. e      l punto e que no solo estoy desempleado,

d

— Si no que la deuda que tengo con él tengo que pagar a costa

de mi vida. Lo que me preocupa no es eso. Son ustedes. No voy

a permitir que les pase nada.

— ¿De qué cantidad estamos hablando?

— Treinta mil dólares Rebeca. Como reúno yo esa plata.

— No me cabe en la cabeza como pudiste endeudarte asi, que

hiciste cn el dinero te volvidte loco

— Fue un peo con una mercancía, se perdió y me están culpando

a mí. Yo soy el responsable.

Me levanto y camino de un lado a otro, agarrando la cintura que

es donde me pegan los nervios.

Me seco las lágrimas y él también se está pasando la mano por la

cabeza.

Nos miramos sin saber qué decir.

—Me imagino que tú hablaste con el cómo la gente, te supiste

excusar que sé yo. Tiene que tener arreglo, hay que negociar.

—No mami, en este negocio esos pelones no se perdonan. Le

estoy ofreciendo la camioneta, pero nada, quedo debiendo plata

de más.

La angustia se apodera de ambos y pensamos en una solución

posible. Pero no hay nada que podamos hacer. El dinero que

debe es por una mercancía que se perdió y le han achacado la

culpa. El monto es tan alto que no podremos pagar.

Lo han amenazado de muerte.

Temo por mi vida y por la de mi esposo.

Pero lo que más me inquieta es mi inocente niña ¿Qué será de

ella si algo nos sucede?

Bueno, yo voy a quedarme esta noche hasta tarde. Me voy a

fumar un tabaco y a ver que me dicen los muertos mijo. Duerme

tú a la niña que necesito darme un baño antes y necesito hacerlo

con calma, concentrada.

—Si mami, yo me encargo de ella, tranquila y gracias por ser tan

comprensiva tenía miedo de tu reacción.

—En las buenas y en las malas mijo. Quédate quieto que todo se

va a arreglar.

Los años pasaron, ya llevamos tres años en esta angustia,

pasando trabajo y sobre todo hambre. Lo que me partía el alma

era mi muchacha. Tan bonita y sin nada, somos muy pobre,

después de haberlo tenido todo. En mala hora nos cambió la vida

de esta manera.

Cada ve que ese hombre salía a rebuscarse, por ahí quedaba yo

con el alma en un hilo, esperándolo sin dormir aterrada de que no

volviera.

Yo me arreglaba bien con la lectura de tarot, la gente es viciosa

de conocer el futuro y hay tanta superstición que gracias a la

virgencita el pan nunca nos faltó. Apretados pero palante. Hasta

con trueque me pagaban algunos necesitados. Yo compuse y

separé matrimonios. Cure gente, Encontré cosas perdidas.

Devele traiciones y sobre todo, mantuve unida a mi familia. Me di

a conocer entre la gente que venían con fe a consulta.

Mi muñequita esta grande ya, acaba de cumplir 5 años y ese día

sucedió algo muy extraño. Se presentó un tipo bien empintado.

Con pinta de plata, ropa buena, zapatos y una camioneta que me

dejo pasmada.

Elvis quien es ese tipo que lego allí.

Que te pasa, por qué pones esa cara.

Mami ese es el tipo al que le debo los riales.

Virgen del Valle, agarra a la niña que si pregunta por ti le voy a

decir que no estas.

Me sacudí la ropa y me puse a arreglar el frente. Cuando él entró

me dijo con cortesía si era la casa de Elvis. Yo nunca lo vi antes,

pero al parecer el sí a mí.

—¿De parte de quien?

—Soy Hernán, un placer. ¿Usted es Rebeca, verdad?

—Si, usted me conoce de donde?

—Su marido siempre hablaba mucho de usted.

—¿Hablaba?

—Sí, él fue mi empleado.

—La verdad nunca me dijo el nombre del patrón, salía a trabajar y

yo no preguntaba nada.

—Se ve que es usted una buena mujer. E puede decir que he

venid, que necesito que salga para conversar?

—No, pues es que él no se encuentra, Si me deja su número de

teléfono con gusto le doy su mensaje.

—Entiendo, basta con que le diga que Hernán quiere hablar con

él. Lo demás ya él lo sabe.

— No se preocupe, que este bine.

El hombre que se va y yo que corro a contarle lo que me dijo el

hombre. Abro la puerta de la habitación y lo agarro asustada. En

lo que le voy a dar el mensaje, la niña sale corriendo, menos mal

que ya la camioneta había arrancado.

Fue como un aviso y de inmediato capte el mensaje. Mis murtos

no me abandonan. No puedo dejar que vea a la niña. Es mi

tesoro, todo lo que tengo. Y es muy bonita, me muero de terror de

que le haga daño.

Elvis se detiene detrás de mí y nos abraza.

—Mija voy a ir a hablar con él. Además, ha pasado mucho tiempo

y no me hizo nada. Puede que me haya perdonado quien sabe si

me vino a buscar para trabajar de nuevo para él.

Seamos optimistas ¿Qué me dices, lo intento?

—Lo que dices es una locura. ¿Te vas a entregar? No cometas

ese error. Contamos contigo, ni siquiera soy de acá. Solo te

tenemos a y mi amor.

—Voy a dar la cara Rebeca porque andar escondiéndome es

peor. No me ha agarrado porque no querido. Ese tipo me

desaparece con un chasquido de dedos. Si eso quiere.

Confiemos

 De hecho, es en su casa, en el único lugar en que mis padres me

dejan quedarme a dormir. Cuando tenemos que hacer algún

trabajo o si hay una que otra reunión.

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Tabla de contenidos de Después que me caso, me entero... es mafioso

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