Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Mi Dulce Pecado Prohibido, El  Secreto de Padre Gabroel

Mi Dulce Pecado Prohibido, El Secreto de Padre Gabroel

Aria Moretti vive atrapada en el internado San Judas Tadeo, destinada a un matrimonio arreglado que detesta. Su rebeldía la lleva a cruzarse con el Padre Kyler Lombardi, un hombre a punto de consagrar su vida a Dios. La fuerte atracción entre ambos pone en riesgo la castidad de Kyler y la libertad de Aria. Entre confesiones y secretos, inician un romance clandestino que desafía toda norma religiosa, entregándose a un deseo capaz de condenar sus almas.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

La campana del internado San Judas Tadeo repicó con una puntualidad quirúrgica a las siete de la mañana. Era un sonido que solía infundirme una sensación de propósito, pero esa mañana, el eco metálico golpeó mis sienes como un presagio. Apenas había pegado ojo; la imagen de Aria Moretti, con su mirada de fuego y su perfume de perdición, se había filtrado en mis oraciones como una mancha de tinta en un pergamino sagrado.

Me acomodé la estola con manos firmes y entré al aula de Ética. El murmullo de los estudiantes cesó al instante, pero mis ojos buscaron automáticamente un lugar específico: el pupitre del fondo, junto a la ventana. Estaba vacío.

—Buenos días a todos —dije, proyectando una seguridad que no sentía del todo. Abrí el registro sobre el escritorio de madera oscura—. Antes de comenzar la lección sobre las virtudes cardinales, procederé a pasar lista.

Recorrí los nombres habituales. Todos estaban allí, sentados con sus uniformes impecables y rostros somnolientos. Al llegar al final de la lista, hice una pausa necesaria.

—¿Señorita Aria Moretti?

El silencio que siguió fue denso. Noah, que estaba sentado cerca de la puerta, me lanzó una mirada de advertencia. Nadie respondió. Cerré el libro con un golpe seco que resonó en las paredes de piedra.

—Parece que la señorita Moretti cree que las reglas de asistencia son opcionales —comenté, tratando de que mi voz no delatara mi irritación—. Continuemos. Hoy hablaremos de la templanza, esa virtud que nos permite moderar nuestros impulsos y...

No pude terminar la frase. A través de la ventana que daba al patio de los laureles, un estallido de risas masculinas interrumpió la solemnidad de mi clase. Reconocí las voces: eran algunos de los chicos de último año, los mismos que solían ser ejemplares. Me acerqué al ventanal, con los puños apretados detrás de la espalda.

Lo que vi me hizo sentir un calor súbito subiendo por mi cuello.

Allí estaba ella, sentada sobre una de las mesas de piedra del jardín, rodeada por tres compañeros que parecían hipnotizados. Aria no vestía el uniforme como las demás; había subido la falda de tablas grises varios centímetros por encima de lo permitido, dejando al descubierto unas piernas largas que desafiaban la moral del recinto. La camisa blanca estaba desabrochada en el primer botón y su corbata colgaba floja, como un adorno sin sentido.

Estaba riendo, moviendo el cabello con una libertad que resultaba insultante en aquel lugar de recogimiento. Uno de los chicos le ofrecía un cigarrillo —estrictamente prohibido— mientras otro intentaba llamar su atención con bromas tontas.

—Quédense en sus asientos —ordené a la clase, mi voz sonando como un latigazo.

Salí del aula a grandes zancadas. El aire fresco del patio no logró enfriar mi sangre. Al verme llegar, los chicos se pusieron de pie de un salto, palideciendo al instante.

—¡Lombardi! —balbuceó uno de ellos, intentando esconder el cigarrillo tras su espalda—. Nosotros solo... estábamos dándole la bienvenida a la nueva.

—A sus clases. Ahora —sentencié, sin quitarle la vista de encima a Aria, que permanecía sentada en la mesa, balanceando una de sus piernas con total indiferencia.

Los jóvenes se dispersaron como hojas al viento, dejándome a solas con ella. Me planté frente a la mesa, tratando de ignorar la forma en que el sol de la mañana iluminaba su piel.

—Señorita Moretti, la clase de Ética comenzó hace quince minutos —dije, manteniendo un tono gélido—. Y su uniforme es una ofensa a la decencia de esta institución.

Aria bajó de la mesa con una parsimonia exasperante. Se acercó a mí, pero esta vez no había rastro de seducción en sus ojos; solo había un desafío puro y una falta de respeto que me quemaba las entrañas.

—¿Una ofensa, Kyler? —preguntó, usando mi nombre sin el título, como si fuéramos iguales—. Me parece que lo que te ofende es que alguien aquí se atreva a respirar sin pedirte permiso.

—Aquí no se viene a respirar, se viene a aprender —repliqué, dando un paso hacia ella—. Usted no es especial, Aria. Es una alumna más y debe respetar a sus superiores. Su actitud con esos chicos es inapropiada y su vestimenta es motivo de sanción inmediata.

Ella soltó una risa nasal, cruzándose de brazos. El movimiento hizo que la tela de su camisa se tensara, y tuve que obligarme a mantener la vista fija en sus ojos desafiantes.

—¿Superiores? ¿Tú? —me miró con un desprecio absoluto—. Solo eres un chico que tiene miedo de vivir y se esconde detrás de un disfraz negro. No te equivoques, "profesor". No me quedé a tu clase porque me parece una pérdida de tiempo escuchar a un hombre hablar de moral cuando ni siquiera se atreve a mirarme a los ojos sin temblar de indignación... o de algo más.

—¡Suficiente! —mi voz tronó en el patio vacío—. No permitiré que me falte al respeto ni que corrompa la disciplina de mis alumnos. Vaya ahora mismo a la dirección a que le ajusten ese uniforme y luego se presentará en mi despacho para cumplir su castigo.

—¿And if I don't want to? —retó ella, dando un paso que casi eliminó la distancia entre nosotros. Podía sentir el calor que emanaba de ella, una energía caótica que amenazaba con derribar mis muros—. ¿Qué vas a hacer, Kyler? ¿Vas a pedirle a Dios que me castigue? ¿O vas a tener que ensuciarte las manos tú mismo conmigo?

El silencio que seguido fue insoportable. Mi corazón latía con una violencia que me asustaba. Aria no estaba tratando de seducirme con palabras dulces; estaba tratando de romperme, de demostrar que mi autoridad era de papel. Y lo peor de todo es que, por un segundo, su rebeldía me resultó más honesta que todas las oraciones que había recitado esa mañana.

—Al despacho —repetí, mi voz ahora era un susurro ronco, cargado de una tensión que no supe ocultar—. Después de las clases. Y asegúrese de que esa falda esté donde debe estar.

Aria me dedicó una última mirada cargada de victoria. Se dio la vuelta sin decir una palabra más, caminando hacia los dormitorios con ese contoneo que era una bofetada a mis votos.

Me quedé allí solo, bajo los laureles, sintiendo que el suelo bajo mis pies empezaba a agrietarse. Ella no me respetaba. Ella no me temía. Y lo más peligroso de todo era que, a pesar de su insolencia y de su uniforme desastroso, una parte de mí —una parte que yo creía muerta— se sentía terriblemente viva ante su presencia.

Aquel día, la lección sobre la templanza fue la más difícil de mi vida, porque el primer impulso que tuve que moderar no fue el de mis alumnos, sino el deseo de alcanzar a Aria y demostrarle que, debajo de la sotana, el hombre que ella despreciaba era capaz de sentir un fuego mucho más peligroso que su propia rebeldía.

También te puede gustar

Portada de la novela Antologias de Amor
9.7
Esta recopilación literaria ofrece una mirada profunda a las relaciones de pareja en la sociedad actual. Mediante un conjunto de historias independientes, la obra retrata diversos vínculos afectivos, destacando la complejidad de los sentimientos modernos. El lector descubrirá relatos sobre encuentros fortuitos y los dilemas emocionales que definen el romance hoy. Es un compendio polifacético que explora la esencia del amor contemporáneo y sus múltiples matices.
Portada de la novela Cicatrices de Vino y Sangre
8.5
Iván arruinó mi vida con calumnias que mataron a mi padre, pero la traición más cruel vino de mi esposo. Tras tres años de matrimonio, descubrí que Máximo orquestó mi desgracia para proteger a mi hermanastra. Destrozada y encinta, decidí abortar para negarle un heredero al hombre que amaba. Ahora, con los restos de mi hijo y una barriga falsa, regreso del abismo. No busco perdón, sino una retribución sangrienta contra el verdugo que fingió ser mi salvador.
Portada de la novela Divorcio del Tirano: Enamorado de Mi Tentadora Esposa
9.3
Un hombre implacable, habituado a los peligros y excesos, enfrenta el colapso de su realidad tras un encuentro fortuito. Aunque su vida ha sido un búnker de temeridad, una mujer logra desarmar su voluntad. Ella esconde su origen tras un velo de mentiras, pero él ya se ha rendido ante su magnetismo. Atrapado en una red de engaños y deseo, este magnate sucumbe al juego de seducción de quien ahora controla su destino con absoluta astucia.
Portada de la novela DONDE ME LLEVA EL AMOR
8.1
Mi matrimonio con el magnate Daniel Marshall parecía un cuento de hadas tras nuestra luna de miel, pero un secreto altera mi realidad: espero un hijo. Mientras mi padre sale de prisión al ser exculpado de asesinato, me angustia cómo impactará el bebé en nuestra vida y en el turbio pasado de Daniel con Brenda. Durante una cena privada, intento encontrar el valor para confesar esta noticia que cambiará el rumbo de nuestro destino para siempre.
Portada de la novela Entre Cenizas: Un Nuevo Pacto
9.3
El futuro de la chef Sofía Romero se desmorona cuando Daniela Vargas, movida por la envidia, destruye su obra y le fractura la mano. Ante la traición de sus allegados y falsas acusaciones de robo, Sofía queda humillada y sin rumbo. En ese momento crítico aparece Ricardo Vargas, quien conoce los antiguos pactos familiares. Él la rescata de la ruina, ofreciéndole una alianza inesperada para protegerla y reconstruir su vida desde las cenizas.
Portada de la novela Esposa abandonada: La venganza del multimillonario
8.0
El día de su boda en San Patricio, una mujer es abandonada mediante un mensaje: su prometido huye con su dama de honor. Tras sufrir el desprecio de su suegra, ella revela la infidelidad ante los invitados y escapa. En su camino aparece Julián de la Vega, un gélido heredero en silla de ruedas que le propone un trato inesperado. Para proteger su libertad y el orgullo de ella, ambos sellan un matrimonio por conveniencia que cambiará sus destinos.