
Mi Corazón Renacido
Capítulo 2
Miro el techo del hospital, las manchas de humedad parecen formar caras que se burlan de mí, el olor a antiséptico inunda mis pulmones y cada respiración es un esfuerzo. Me estoy muriendo, lo sé, es una neumonía que no quise tratar, o más bien, que no pude pagar. Mi carrera como diseñadora de moda se fue al caño, mis sueños se hicieron polvo, todo por él.
Ricardo Gómez.
El recuerdo de su nombre me provoca una tos seca y dolorosa, pienso en él y el monitor a mi lado empieza a pitar con más insistencia.
Hace años, yo era Sofía Pérez, una joven diseñadora con un futuro brillante, tenía una beca para estudiar en Milán, la oportunidad de mi vida, pero Ricardo, mi novio de entonces, un aspirante a chef, me miró con esos ojos de perro abandonado que tan bien sabía poner.
"Mi amor", me dijo, "con ese dinero podemos abrir mi primer restaurante, será nuestro, te lo juro, en un año te compro un boleto a Milán en primera clase".
Le creí, como una tonta le creí.
Renuncié a Milán y le di todos mis ahorros, el dinero que mis padres me habían guardado con tanto esfuerzo, trabajé como mesera en su restaurante, lavé platos, limpié pisos, todo para que su sueño se hiciera realidad, porque su sueño era el mío.
El restaurante, "Sabor de Musas", fue un éxito rotundo, y justo cuando las ganancias empezaban a llegar, Ricardo me dejó, me echó a la calle con una mano adelante y otra atrás.
Su "musa" culinaria, Laura Sánchez, la chef de repostería que él contrató, se convirtió en su nueva inspiración y, poco después, en su esposa.
Los vi en las revistas, sonrientes, exitosos, inaugurando una cadena de restaurantes, mientras yo me hundía en la miseria, trabajando en empleos mediocres, apenas sobreviviendo, con el alma rota.
Anoche, antes de que me trajeran al hospital, los vi en la televisión, Ricardo estaba en una entrevista, hablando de su éxito, a su lado estaba Laura, embarazada y radiante, él la miraba con una devoción que a mí nunca me mostró.
Y luego, borracho en la fiesta de celebración que transmitieron en vivo, se acercó al micrófono.
"Quiero agradecer a mi verdadera musa", dijo arrastrando las palabras, "a mi esposa Laura, sin ella, nada de esto sería posible, ella es mi inspiración, no como otras... que solo sirvieron de escalón".
El mundo entero lo escuchó, y yo también.
Esa fue la última gota, el aire dejó de entrar en mis pulmones, un frío intenso me recorrió el cuerpo y todo se volvió negro.
Siento que mi cuerpo se eleva, una paz extraña me invade, el pitido del monitor se hace cada vez más lejano, hasta que desaparece.
De repente, una luz me ciega y un ruido ensordecedor me golpea.
Abro los ojos de golpe, estoy sentada en la vieja banca de un parque, el sol de la tarde me calienta la cara, a mi lado, un joven Ricardo me mira con impaciencia.
"Entonces, ¿qué dices, Sofi? ¿Me vas a apoyar? Es la oportunidad de nuestras vidas".
Reconozco la escena, es el día, el maldito día en que renuncié a mi sueño, en mi mano siento el papel arrugado, es la carta de aceptación de la academia de Milán.
Estoy viva, he vuelto.
Miro a Ricardo, el mismo hombre que me destruyó, el mismo que se burló de mi sacrificio, pero ahora lo veo con otros ojos, veo la ambición, la manipulación, la mentira detrás de su sonrisa encantadora.
Una sonrisa helada se dibuja en mis labios, la siento extraña, como si no fuera mía.
"No", digo, con una voz firme que no sabía que tenía.
Ricardo parpadea, confundido.
"¿Cómo que no? Sofi, no juegues, es nuestro futuro".
Me pongo de pie y lo miro desde arriba.
"No, Ricardo, es tu futuro, no el mío".
Doy media vuelta y empiezo a caminar, dejándolo con la palabra en la boca.
Siento su mirada en mi nuca, una mezcla de sorpresa y enojo, y entonces, escucho algo que me hiela la sangre.
"No cometas el mismo error dos veces, Sofía", dice en voz baja, casi un susurro.
Me detengo en seco, mi corazón martillea contra mis costillas.
¿Cómo es posible?
Me giro lentamente y lo encaro, su rostro ya no muestra confusión, sino una astucia fría y calculadora que nunca antes le había visto tan claramente.
Él también recuerda.
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